Excelente concierto en la Bilbaína Música Sacra

BAS. Música Sacra. Título “In Furore”. Maria Spada (s). Obras de  Locatelli, Pergolesi, Vivaldi e Iribarren. Orquesta Barroca de Sevilla. Director: Pablo Valetti.  Iglesia de la Encarnación. Bilbao 7-IV-14
Cuando una música cualquiera se ejecuta en un lugar idóneo y  en un ambiente favorable, el resultado de la audición suele ser satisfactoria. De ahí que  los cantos en forma de Salve de Pergolesi y  el Lamento de Locatelli  nos hicieran disfrutar del recogimiento y de la sensibilidad musical que aflora en las obras sacras. Claro que la interpretación debe ir en consonancia con el lugar y con la obra que se canta y desde  ese  apartado  no hubo ningún  atisbo de inquietud. La soprano pacense Maria Spada mostró una musicalidad tan fina y  tal afinación en su dulce línea de canto que la respuesta del auditorio fue  la total entrega  a su arte. Con el navarro sangüesino Juan Francés de Iribarren, la soprano se desenvolvió con firmeza y rotundidad vocal y a continuación muy pocas semi notas se le escaparon de su brillante coloratura al interpretar  el allegro de la obra  In Furore  de Vivaldi que daba título al concierto. En una velada tan atractiva no pudo faltar un buen acompañamiento musical y esta faceta fundamental en el ritmo y en la sensibilidad barrocos llegó de parte del conjunto orquestal barroco sevillano que lidera el violinista Pable Valetti. Una bella velada barroca a cargo de especialistas en el género tanto del ámbito vocal como del instrumental.

Magnífica interpretación belcantista de I Puritani en Bilbao

“I Puritani” de Bellini. Repaerto: Elena Mosuc (s); Celso Albelo (t); Gabriele Viviani (bar); Simon Orfila (b); Giovanna Lanza (m); Fernando Latorre (bar); Alberto Nuñez (t). Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Navarra, Dirección de Escena: Alfonso Romero. Dirección Musical: J.M.Pérez Sierra. Palacio Euskalduna 5-IV-14.
No falló el ámbito interpretativo en las expectativas puestas, todo lo contrario, porque al deseo de escuchar nuevamente  al tenor Celso Albelo, se unió la extraordinaria actuación de la soprano Elena Mosuc, con lo que la interpretación canora de la hermosa música de Bellini quedó a la altura de una representación de referencia en el futuro. A la elegancia del canto de Celso Albelo en su aria “A Te o Cara”, respondió la soprano Elena Mosuc  con un  canto lleno de arabescos ya desde la polaca “Son vergin vezzosa”.   A  la belleza tímbrica de la voz del tenor canario, a esa  facilidad  suya  en cantar en  tesitura alta  y en la  extrema, contestó la soprano rumana con un acentuado sentido dramático y un efectismo teatral admirable, sobre todo en su “escena de la locura”. Ambos no cesaron de ofrecer un amplio abanico de lo que significa belcanto, de ese canto de fina coloratura, soportada en una técnica envidiable. Si la voz de Albelo  se proyectaba con claridad y la palabra nos llegaba a través de un bello fraseo, la voz de Elena Mosuc   ofrecía una rica y variada pirotecnia vocal en la que no faltaron  filados imperceptibles y un complicado canto di sbalzo. Tal vez el equilibrio entre ambos se rompiera en el aspecto dramático, pues mientras Celso Albelo  no llegaba a caracterizar correctamente el papel de Arturo, pareciéndose  más al atolondrado  Nemorino,  que al noble  lord Arturo Talbot, ella, la soprano, se mostró en todo momento inmersa en su papel, enseñando un canto muy expresivo. En una escala algo inferior, pero únicamente a causa de la altura artística del binomio mencionado,  cabría citar al barítono Gabriele Viviani. En su presentación en Bilbao se mostró como  un  barítono lirico, de voz con un timbre agradable y sobre todo, cómoda en las notas altas, aunque adoleciera de volumen. Constituyó un tercer pilar importante en la consecución del éxito de la representación. Del bajo Simón Orfila habría que comentar  su lejanía del terreno belcantístico. Se preocupó de enseñar la potencia vocal más que de cantar con dulzura y no alcanzó corregir la brusquedad en algunas notas que emitía demasiado abiertas y altisonantes. Gustó el cálido  color vocal de la mezzo Giovanna Lanza y siempre es destacable la profesionalidad  de las segundas partes de Fernando Latorre y Alberto Nuñez. Resultó  excelente la dirección del maestro Pérez Sierra al mando de la Sinfónica de Navarra  dejando cantar con amplio  y laxo tempo a los protagonistas. Para finalizar y en cuanto a la producción, hoy día va siendo en vano comentar acerca de las fantasías de un montaje que  llevó tanto  a los Cronwelistas  como a los Estuardos  a una guerra moderna en un campamento inglés, que vistió al coro femenino como monjas y a la protagonista como una enfermera que no dejaba de subir y bajar por una incómoda escalera de caracol.

RECOGIMIENTO EN LOS LIEDER DE BRAHMS

Al estar tan mezcladas las voces del coro  de Colonia con las de la Coral bilbaína, no sabríamos decir la aportación de cada una de ellas a la obra, pero sí diríamos que reinó la armonía y compenetración en el conglomerado vocal para la interpretación de l intimismo de Brahms. Plasmaron dulzura en un fraseo quedo en la primera pieza y luego solvencia  cómoda en la segunda obra de tesitura más alta para el canto de  las diferentes secciones del coro. Tanto el Chorus Koln como el maestro Spering  son habituales en las celebraciones del ciclo musical y se puede decir que si bien algo exagerado en el gesto, el maestro proporcionó la espiritualidad  y el intimismo que afloran en cada obra. De manera pausada y solemne atacó su parte la mezzo Ingebord Danz, con bellos filados entre los acordes tenues que acompañaban suavemente su voz. Una voz  tal vez  poco voluminosa, pero de agradable color y proveniente de una cantante de mucho gusto. En fin, felicitémonos por la calidad del ciclo en general, por el multitudinario favor del público  y que basándonos en la letra de esta última Rapsodia de Goethe, con música de Brahms “Nos ha aclarado los ojos nublados para que podamos ver mil fuentes musicales”.

heroico Egmont con narrador y soprano

 

No suele ser muy habitual presenciar la obra Egmont de Beethoven en comunión con la letra de Gotehe . Lo normal es que se escuche aislada la ejecución de su preciosa obertura. En esta ocasión, el maestro Ros Marbá, al frente de la excelente Orquesta Ciudad de Granada ha tenido a bien ofrecernos la obra con la teatralidad  inherente  que conlleva en la descripción de la vida del héroe conde Egmont. El maestro Ros Marbá fue desgranando cada una de las diez secciones que consta la obra, describiendo con lectura clara las marchas, las alegrías y los sufrimientos de un pueblo frente a su opresor. Beethoven expresó sus preocupaciones políticas a través de la exaltación del sacrificio heroico del conde Egmont condenado a muerte y a su vez, la soprano Carmen Solís encarnó a su mujer, Clara, a través de sus dos bellos líeder. La primera de ellas, “Die Trommel geruhret” (El tambor conmueve) fue un allegro a modo de marcha en la que la soprano pacense mostró el calor tibio de su timbre vocal y luego, en el segundo “Freudvoll und Leidvoll” (En la alegría y en la Pena)  con un canto en una tesitura más alta, reflejó su la brillantez.  Esta versión teatralizada, tiene también un narrador  que va describiendo las vicisitudes  de la historia y el encargado de ese relato recayó en Rafael Taibo, declamador de  fraseo claro y sonoro, aunque tal vez algo tajante en la entonación o si se quiere una pizca falto de matiz. Una obra espléndida en la que  se distinguieron no solo las cuerdas, sino también unas limpias trompetas, sobre todo en el brioso allegro final.

 

 


Dos corales para iniciar Musika-Música en Bilbao

 

 

 

Una equilibrada sonoridad por parte de la Sociedad Coral bilbaína y la buena musicalidad de la Sinfónica de Bilbao bajo la impecable batuta del maestro Neuhold  inició con  majestuosidad el ciclo Musika-Música de este año. En los atriles de los  miembros de l orquesta, la hermosa partitura de  Coral de Beethoven. Tras el adagio primero, con la destacada participación de los trompetas y timbales, seguida de la graciosa fuga del segundo movimiento y la serenidad  trasmitida por  las cuerdas en el tercero, los contrabajos aviaron con gravedad  la entrada al culmen coral de la obra. El maestro Neuhold que en todo momento daba muestras fehacientes del su conocimiento de la obra al dirigir sin partitura, hizo levantarse al coro para interpretar la parte cantada con solemnidad  Con gesto claro, dirigió al nutrido grupo coral de modo irreprochable y de manera también impoluta  la coral bilbaína sentó las bases garantes del éxito. De entre los solistas destacó la voz de la soprano Daniela Koler, muy sonora, así como también gustó la recia del barítono López al irrumpir  con autoridad en la entrada  a  la oda de la libertad  de Schiller. A partir de ahí la magnificencia, la armonía entre instrumentos y voces. Un comienzo digno con el que el público llenó el Auditorio  dando la salida  a  un ciclo musical que va siendo multitudinario.


La Carmen de Bizet divide al público bilbaíno

“Carmen” de Bizet. Reparto: Giuseppina Piuntii (M); Aquiles Maxchado (T); Carlos Alvarez (Bar); Maite Alberola (S); Itxaro Mentxaka (M); Elena Sancho (S);Vicenc Esteve (T); Damian del Castillo (Bar). Coro de la Opera de Bilbao. Orquesta  Sinfónica de Euskadi. Dirección de Escena: Calixto Bieito. Dirección Musical: Jean Ives Ossonce. Palacio Euskalduna 15-II-14.
Se recurrió a la bandera rojigualda  y al toro de Osborne para indicarnos  la españolidad de un argumento readaptado de una adaptación ya existente. Se quiso explicar la libertad  amorosa de Carmen y sus compañeras con alegorías y con escenas próximas a lo real, pero expuestas al público  de manera  vulgar. Más adelante es probable que algún otro regista  readapte  lo  ya readaptado, nos exponga su personal fantasía  y así sucesivamente. Mientras que  la música sonaba espléndida con la Sinfónica de Euskadi en el foso bajo la experta batuta del maestro Jean Ives Ossonce, la escena tenía dificultades en acompañar y llenar el espacio de la nueva acción creada y que gracias a veces al coro, se llenaba. Desde el principio nuestro coro bilbaíno se amoldó a un nivel muy alto en lo canoro y más aún en la acción, sobre todo en el recibimiento de la inexistente  cuadrilla, a la cual Calixto  Bieito  no supo transportar a su idea. En la primera mitad  se sucedieron las procacidades, la agresividad exagerada y el exhibicionismo. En ese exhibicionismo sensual, la mezzo Giuseppina Piunti no podía evitar que su voz, cansada con tanto vaivén  en escena , perdiera su brillo y fuera irregular. Además no es una voz tan sólida en cuanto a técnica se refiere, como para soportar exabruptos.  A su vez, la valenciana Maite Alberola  ofrecía  una aria de presentación académica, pero sin dulzura, entregada  a un canto firme y sonoro, pero sin inflexiones y justita  en su registro agudo. De manera que la primera mitad, entre sórdidas estampas y un lamentable canto en  falsete utilizado por el tenor Aquiles Machado al finalizar su primer dúo con la mezzo, se llegó al entreacto. En la segunda mitad Carmen enseñó menos pierna, parecía que  Bieito había ordenado una mayor moderación y se palpó en el ambiente que quería teatro de verdad. Compareció el barítono Carlos Alvarez, tanto tiempo ausente,  para engalanar el conjunto y cantó el aria del toreador con su voz siempre aterciopelada e igual, con la facilidad  que le concede la amplitud vocal que posee. De ahí también que la mezzo Giuseppina Piunti cantara más cómoda y mejor, tal como le escuchamos tras la revelación del naipe  que le indica la muerte, un pasaje que lo cantó con gran expresividad. El tenor Aquiles Machado había vuelto a usar el falsete cuando Carmen le posee entre sus piernas y a decir verdad, en esta ocasión hasta podía ser justificado ese falsete.El tenor dejaría la impronta de su bella voz en el aria de la flor que fue lo más aplaudido y sobre todo en el final de ópera en el que se mostró tan entregado, tan real y dramático. Aquí es donde se volvió a ver  la mano de la dirección de escena, como también se había comprobado en el movimiento del coro tan conjuntado y rítmico y en el total dominio del espacio escénico. La vizcaína Itxaro Mentxaka y la guipuzcoana  Elena Sancho contribuyeron perfectamente a la idea teatral  con la garante experiencia de la primera y la alegría escénica de la segunda. En fin, pataleo por unos y bravos por otros en una comida a la que le salvó el postre final.

La soprano Mariola Cantarero exuberante de gracia

“El Duo de la Africana” de Fdez. Caballero, Reparto: Mariola Cantarero (s); Javier Tomé (t); Felipe Loza (actor); Sandra Fdez.Aguirre (actriz); Enrique Viana (actor); Gurutze Beitia (acriz); Lander Iglesias (actor); Esther Velasco (actriz); Loli Astoreka (actriz); Mikel Santamaría (actor); Carlos Roo (actor). Escena: Emilio Sagi. Música: Rubén Fdez.Aguirre.Teatro Arriaga 13-II-14
                                   ¡
Aunque se presencie con cierta asiduidad la zarzuela “El Dúo de la Africana”, si está bien interpretada, como es este el caso, no deja de entretener, es más, de hacernos reir a gusto.  Emilio Sagi remarca mediante la farsa, la parodia y la caricatura, los entresijos de una modesta compañía operística ahondando en una acción teatral que  incluyó la algarabía final. Naturalmente esa acción, según sea una protagonista u otra la que interprete el papel de la lozana soprano andaluza, difiere considerablemente. Tuvimos la suerte de contar con Mariola Cantarero, la cual ofreció una actuación llena de gracia, salero y naturalidad, pues no en vano es andaluza de tronío. Su derroche de arte solo fue comparable a su canto en forma de sevillanas y coplas cantadas de manera envidiable. La risa general se ralentizó notablemente al comparecer en escena, con su trasnochado monólogo, Enrique Viana, travestido de señora. Si bien es justo indicar que fue aplaudido, consideramos excesivo el tiempo que está en escena. El tenor Javier Tomé exhibió facilidad en su canto, una emisión limpia y muy buena afinación. A su voz lo único que le falta es una pizca de calor, de terciopelo, pero claro, es una lástima que esto no dependa de él. La labor de Felipe Loza encarnando a Cherubini fue de menos a más y terminó desatado y en comunión total con los femeninos ademanes y posturas de la soprano y la teatralidad burlesca de Sandra Fernandez Aguirre, perseguida por el Bajo cantante de la compañía, Mikel Santamaría empeñado en dar notas graves en su particular Don Carlo verdiano. El actor Landr Iglesias dejó como siempre su impronta de su naturalidad escénica y Gurutze Beitia armó la marimorena con su  desenvoltura. En un plano más prudente, propicio al cotilleo, resaltemos también la sencillez teatral de Esther Velasco y Loli Astoreka. En la jota final el tenor Tomé le canta a la soprano “No cantes más “Africana”. Nosotros respondemos lo contrario, que siga y siga haciendo reir.

La soprano Arteta con Racine y su Fedra

Una  maravillosa ejecución musical de la Sinfónica de Bilbao  y el magnífico trabajo del maestro Carminati reflejando su fuerza y  su destreza en solventar tantas rápidas  intervenciones de tan distintas voces,  no llegaron a colmar nuestros deseos. Tan solo el barítono Luca Salsi, dominador de la escena y artista de voz muy agradable se erigía en sustentador  y firme columna de la obra. Su actuación se hizo muy natural y su canto siempre atractivo. La aparición en escena de la soprano Ainhoa Arteta no causó el efecto esperado en ese primer instante. Siendo una presentación muy teatral, la resolución del aria  Io son l´umile ancella  no  satisfizo porque su voz, aún sin rodaje, evidenciaba un vibrato molesto que impedía que su canto spianato fuera bello. Fue tras la exposición del gran retrato colgante de Racine cuando todo cambió y hasta el tenor, estático y muy poco musical, se envalentonó y consiguió equilibrar vocalmente sus dúos con la soprano. La soprano guipuzcoana empezó a ser la actriz que representaba tras el monólogo, con el aria Poveri Fiori  no exenta de filados y dulzura y con el espectacular final No, la mia fronte  de manera entregada y pletórica de voz. Ni en los filados, ni cuando la voz se ve exigida en alta tonalidad le surge el vibrato y es cuando su color de voz, cálido y  pasional comulga con su trabajo de actriz. Del tenor Bruno Ribeiro tan solo cabe decir que estábamos equivocados con el recuerdo de su intervención en Il Corsaro de hace un par de años. Dió las notas,pero con ahogo y  no ofreció ni gusto ni pasión en su canto como requiere su papel y el color de la voz del personaje. La mezzo Luciana D´Intino,  al igual que Arteta y como rival teatral y vocal, ofreció un dúo creíble porque ese momento, de ambas en incógnito, fue hermoso y sentido y en ese pasaje  la mezzo enseñó una voz poderosa y oscura, además de aristocrática altivez. Nos gustó el buen trabajo tan franco y natural del tenor Francisco Vas, que hizo el rol del abate,  poseedor de una voz limpia y de buen fraseo. Nos gustó la intervención del bailarín Igor Yebra, cuya coreografía tuvo que adecuarse al espacio que dejó el coro  en escena. Si la parte musical tuvo dos fases, con el común denominador de la feliz dirección general del maestro Fabrizio Carmnati, la producción se mostró elegante, con un vestuario de época y el modernismo de la ágil movilidad de los elementos.

El Alcalde de Bilbao, la medalla de oro y brillantes de la ABAO y el Artista

Tras dos años de espera, el alcalde Iñaki Azkuna,  pudo permitir que el presidente de la ABAO le colocara en la solapa de su traje la medalla de oro y brillantes del colectivo que como melómano belcantista tanto  ha apoyado.  La cerrada y sincera ovación de los asistentes no  impidió escuchar el agradecimiento y a la vez  la salutación del alcalde hacia el representante de una Asociación que cumplía sesenta años de existencia. En el concierto hubo arte con mayúsculas y este vino de parte del barítono Leo Nucci. La verdad es que difícilmente se puede explicar tanta generosidad en un programa abarrotado de “tours de forces”. La selección de las arias fue inteligente y aquello que nos parecía difícil, en la voz de Leo Nucci se convirtió en un arma de lucimiento. En la exigencia a su voz estuvo el secreto, porque el barítono italiano posee  notas como Sol y La, que son como dos valiosas gemas brillantes. El veterano y  a la vez joven artista derrochó expresividad y  alardeó de interminable fiato a través de una voz que se mantuvo en todo momento incólume. Mientras el artista embelesaba con su arte, detrás, un quinteto de cuerdas nos deleitaba con su elegancia y nos hacía disfrutar de unos preciosos arreglos que servían de introducción a las arias de las óperas que el barítono ofrecía. A final, el artista bajó del escenario, cantó para Azkuna, junto a él  y entonces fue cuando automáticamente el público se puso en pie para unirse al tierno abrazo que ambos se dispensaron. Un señalado día de recuerdo.

un magno requiem de verdi para despedir el año por la asociación amigos de Kraus

Requiem de G.Verdi. Solistas: Carmen Solís (s); Mª Luisa Corbacho (m); Andeka Gorrotxategi (t); Ruben Amoretti (b). Orfeón Donostiarra y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director: Oliver Diaz, Palacio Euskalduna, Bilbao 30-XII-13
Ya en el aterrador Kyrie del comienzo del Requiem verdiano, el Orfeón guipuzcoano empezó a dar muestras de la magnitud y fuerza  que atesora en esos momentos  y otros momentos en los que la batuta del maestro Oliver Diaz  exigía lo máximo.  En ese contexto magno y efectista, el director había situado  a las trompetas a en lo alto, a ambos lados del escenario, ofreciendo un bello juego sonoro.  Luego, los chelos acompañaron el profundo “Mors Stupebit” del bajo. Un cantante este, de agradable color vocal, con notas graves envueltas en terciopelo, aunque una piz ca falto de potencia. Se podría decir que le faltó la potencia que sobraba a la mezzo Mª Luisa Corbacho, solo que  la mezzo mallorquina, casi soprano,  careció de dulzura  en su canto altisonante. El tenor Andeka Gorrotxategi no fue la luz que iluminara como ocurre otras veces con su bien timbrada voz  y su “Ingemisco” apenas trascendió. Puede que el lirismo que encierra la  obra no le proporcione la comodidad a una voz como la suya llamada a partituras más heroicas. La soprano Carmen Solis deparó musicalidad y expresividad  con su cálida voz. Bien valió  toda su parte final “Libera Me”, para inclinar la balanza  hacia la interpretación positiva en unión de un coro espléndido y una dirección escrupulosa, muy  indicativa de los más mínimos detalles, al frente de una orquesta conjuntada y de valía como es la BOS.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar