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Acerca de nino dentici

Nino Dentici es el crítico musical del diario “El Correo”. Especialista en canto, lleva más de treinta años ejerciendo como conferenciante, escritor y miembro de jurado en Concursos Nacionales e Internacionales de canto. Desde muy temprana edad desarrolló una extraordinaria afición a la lírica dedicándose de lleno a este apasionante arte.

BELLO Y VARIADO RECITAL

Recital de Canto. Solistas: Elena Sancho Pereg (S); Paula Iragorri (M); Grman Ormazábal (piano). Obras de Haendel, Offenbach, Bernstein, Saint Saens, Sorozábal- Quincena Donostiarra 25-VIII-20

Elena Sancho

Cuando se da la circunstancia de que los intérpretes son los primeros en divertirse con lo que cantan, es inevitable que los espectadores nos sumemos a su divertimento. La soprano Elena Sancho y la mezzo Paula Iragorri depararon un atractivo y variado concierto que reflejó su comodidad y  compenetración en un inteligente programa. A la luz de la voz clara y penetrante de la soprano,  se acomodó la andrógina y aterciopelada de la mezzo logrando un bello colorido en los hermosos dúos cantados. En ambas apreciamos un minucioso control en la intensidad  con lo que  lograron el acierto  en la consecución de la expresividad requerida. Desde  el inicio con Haendel  sabíamos ya que se decantaban por la interpretación de dúos y así pudimos disfrutar de aquellos integrados en las  óperas Rodelinda  y Serse. Al abordar a Offenbach  indefectiblemente escuchamos la barcarola de Los Cuentos de Hoffmann, la cual es difícil que se cante mal por su bien escrita melodía. La parte teatral, la de la mímica y jovialidad llegó con la obra Candice de Leonard Bernstein  en cuyos números brilló sobre todo la soprano Pereg por la gracia y la ligereza de su actuación. La soprano  donostiarra apuntó algo de coloratura en alguna que otra pieza, primordialmente picados y escalas, pero su bien timbrada voz se ajustó más al canto spianato. La facilidad de su canto, su pulcra emisión dejan adivinar que será una Adina de éxito en Bilbao. En cuanto a la mezzo  y también donostiarra Paula Iragorri destacamos en ella su musicalidad, su concentración en buscar y lograr la correcta afinación, la búsqueda de la conjunción y máxima expresividad. Se  trata de una voz cálida y su canto es muy intimista arropada por el buen gusto. El final del programa resultó magnífico y la interpretación del “Desdichado” de Saint Saens encontró  la cúspide de la calidad, únicamente igualada por la exquisita versión del “Biotz Bat” de Sorózabal como propina y precioso cierre. Por otro lado, comprobamos  las grandes virtudes del pianista Germán Ormazábal a quien siempre ligamos con puestos administrativos en organismos musicales. De ahí que nuestra grata sorpresa se viera reforzada por su acompañamiento paciente y la limpia digitación en el teclado. Ciertamente un precioso y variado recital.


FULGURANTE CAMBIO DE VOZ

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Hacía tiempo que no escuchábamos al tenor Xabier Anduaga. Dos pequeñas participaciones en el 2015 y en el 2018 eran nuestro  bagaje auditivo en directo sobre aquella voz ligera. Su andadura internacional desde entonces, ha creado unas grandes expectativas y la verdad es que el cambio artístico  ha sido radical. El timbre vocal del tenor guipuzcoano ya no es tan ligero y se acerca al del lírico con el cuerpo y la brillantez de esta tipología vocal. Su canto es fácil, cómodo en la tesitura alta y sus agudos bien sostenidos y brillantes. La técnica que posee le permitió utilizar con efectismo la media voz,  así como tenues filados y enseñó además un buen fiato. En resumen, todo para triunfar. En Donizzeti  interpretó maravillosamente  el aria de los nueve DO  de  La Fille du Regiment , “AH, mes Amis”, mostrando una absoluta seguridad.  Sin embargo,  ese empeño o generosidad suya en empezar un concierto con un aria muy difícil como es “Cessate di piú resistere” del Barbero de Sevilla de Rossini, que no siempre se canta por su dificultad, al final  le pasó factura. Al artista donostiarra le gusta cantar al compositor de Pésaro, pero como él mismo sabe, esta aria requiere una agilidad vocal extrema de la que él carece.  De ahí que sus rápidas notas las  cantara sin limpieza. Así mismo, en varias ocasiones, nos pareció que acudía más de lo normal a la media voz y esta licencia hizo que su versión de la napolitana “O Sole Mio” resultara sin pasión ni corazón. Incluso percibimos que había bajado una pizca la tonalidad original, lo mismo que hizo cuando interpretó  “Granada”.  Gracias al brillante arropamiento orquestal  bajo la excelente batuta de Robert Treviño, ambas canciones citadas pasaron de largo y volvimos a disfrutar con la nana vasca  “Haurtxo  Polita” que la cantó magistralmente, o sea, con hondo sentimiento y delicadeza. Quedémonos con el  Xabier Anduaga de bella voz,  con el artista de fácil y bien proyectada  emisión vocal, con un  artista al que por su calidad artística es fácil augurarle grandes éxitos.


AGUA PARA EL BARITONO LABORERIA

Recital de Canto. Solistas : Juan Lanorería (BAR); Javir Gonzalez Sarmiento (Piano). Obras de Aita Donosti, Guridoi, Duparc, Beethoven, Grieg, Tchaikovsky etc.  Lugar: Tabacalera.Quincena Musical de San Sebastian. 13-VIII-20

Juan Laboreria + Javier Glez Sarmiento

Recital all´aperto en la hermosa terraza de la Tabacalera de San Sebastian en la que asistimos a la presentación del joven barítono Juan Laboreria. La pequeña brisa existente, se transformó al final en una  molesta lluvia que hizo suspender el recital casi al final del mismo. El artista guipuzcoano dividió su programación en cuatro bloques, canción vasca, lieder alemán, canción francesa y arias de ópera. En cada uno de los idiomas que cantó mostró un fraseo claro, reflejo de sus conocimientos idiomáticos, además de un canto afinado. Se empeñó, suponemos que fruto de su juventud, en enseñarnos que se trata de un barítono cercano al bajo, recalcando una y otra vez el valor de sus notas graves. Tras cantar con sentimiento las canciones vascas, en el apartado de la canción francesa, su línea de canto no siempre fue segura y en su deseo de control vocal  y de expresividad, en alguna de ellas pareció que cantaba temeroso o preocupado. Juan Laboreria, hijo de la conocida mezzo Aimhoa Zubillaga, es todavía muy joven para cantar con afecciones y con deseos de ser un Barítono-Bajo. Lo que le diríamos es que cante natural, sin sombrear el natural timbre de su voz, porque los graves que ya apunta, vendrán con más terciopelo con el tiempo. Es decir, que cuide también la emisión de las notas altas. No le podemos pedir todavía que guarde el estilo de lo que canta, como por ejemplo el aria de Belcore  “Vome Paride Vezzoso”, que la interpretó muy serio en lugar de  forma ligera, muy formal en lugar de chulesco. Sin embargo, De todos modos, es lo que se puede intuir de una voz y no aseverar u opinar, porque el micrófono deforma el color del timbre de la voz, aumenta su volumen  y nos hace parecer que esa voz sea mayor o más extensa de lo que en realidad pudiera ser. Por  ahora nos quedaremos con su buen gusto y el terciopelo de su voz en la tesitura central. Desgraciadamente cuando iba a bordar a Bellini la lluvia desbarató la velada.


AL RESCATE DE JOYAS BARROCAS

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Con el debido protocolo y con las limitaciones exigidas por la situación del momento, asistimos el pasado lunes al concierto protagonizado por el falsetista alto o mezzosoprano Carlos Mena y la soprano Jone Martinez. Lo primero que habría que destacar es el rescate musical por parte de Carlos Mena de algunas obras de varios compositores preclásicos o barrocos al programar piezas semi olvidadas y cuyos nombres en la actualidad  se hallan en el olvido. Además y a falta de programa de mano por exigencias sanitarias, el cantante alavés explicó  la importancia de autores como Francesco Durante o Agostino Steffani, en su tiempo, además de centrar también las vicisitudes musicales y expresivas de las piezas cantadas. La base de la programación del recital fueron las Cantatas cuyos hiperbólicos textos tuvieron tanto en el falsetista como en la soprano un sinfín de inflexiones y  una suma expresividad. Tanto él como ella mostraron una gran compenetración y lograron un bellísimo color en los dúos que interpretaron. Lógicamente se adivinó de inmediato un arduo trabajo previo de ambos y en el estudio de esa preparación programática e interpretativa el resultado dio lugar a una exquisita velada. A sus respectivos claros fraseos y  a la dulzura lineal de sus cantos, cuando cantaron las Cantatas de Bononcini y Haendel exhibieron una agilidad vocal sin mácula. El canto en adagio, sentimental y melancólico había dado paso al allegro ágil y trepidante en los que ambos reflejaron su excelente técnica. Se iba oscureciendo y el claustro de San Telmo entraba en la penumbra cuando los artistas dejaron de cantar y los dedos de Carlos García Bernalt  dejaron de presionar las teclas de su clave. Previamente el clavecinista salmantino nos había deleitado con una pieza de Steffani y siguió deleitando con un acompañar pausado e inteligente. En resumen, una velada de  gran nivel interpretativo  y muy interesante por ese rescate y estudio posterior de obras llenas de sentimiento y expresividad.


LO ACIAGO EN EL CANTANTE

Recital de Canto. Solista: Andeka Gorotxategi (T) y Rubén Fernández Aguirre (Piano). Obras de Tosti, Aita Donostia, Puccini etc. Teatro Arriaga 15-VI-20.

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El instrumento musical más perfecto, sin duda, es la voz humana, pero también es el más complicado. Depende de muchos elementos para su buen funcionamiento y al ser siempre cambiante y tan dependiente, es el que más riesgo suscita en su ejecución. Lo ocurrido en este recital al tenor Andeka Gorrotxategi  en el teatro Arriaga, entra de una normalidad bastante generalizada entre los cantantes.  El quiebro de la voz y la subsiguiente inseguridad en el canto, no es una cuestión del directo, ni que tenga que pasar, sino que la causa proviene de la falta de un previo calentamiento de las cuerdas vocales y de un sostén técnico sólido.

 La voz de Gorrotxategi  es heroica, difícil de dominar por su robustez corporal y la hermosura de las notas graves y centrales y además,  sin exención de la brillantez con la que alcanza la nota SI. La generosidad del tenor de Abadiño al acometer algunas napolitanas que exigen gran intensidad, como es el caso de  “L´Alba separa della luce l´ombra” y el hecho de obligarse también a acceder a notas agudas complicadas desde el inicio del recital, podrían pasar factura y así fue.  Al notar el artista el pequeño carraspeo o la llegada de una flema a la garganta, le obligó a forzar más la voz y con ello, el inútil intento de superar el inconveniente. Sin embargo, el daño se hizo mayor y un aria tantas veces cantada por él como “El adiós a la vida” de La Tosca, le hizo detenerse porque no podía.

Con los brazos abiertos traduciendo su extrañeza y su pesar al público y ante lo aciago de la situación, alguien soltó a su pequeño en el escenario, lo que rompió el hielo y acrecentó los aplausos de ánimo por parte de los asistentes. Respondiendo a su prurito profesional y descontento con lo sucedido ante su público, volvió a  abordar el programa, pero en el aria de Don José de Carmen la voz le volvió a decir que no y a continuación la sencilla romanza de la “Tabernera del Puerto” tuvo también un final amargo. Una noche aciaga para un artista que antes de la llegada de la pandemia ha estado recorriendo con éxito muchos teatros importantes.

Un tenor spinto, es decir, de las voces caras y escasas, que precisamente por la manea de la emisión “de bostezo” y de empuje, requieren un calentamiento previo de la voz y cuando este tipo de artista nota que la mente les confía una seguridad, entonces son capaces de superar los más complicados escollos vocales. Deseamos fervientemente presenciar de nuevo  y escuchar el arte canoro de un artista que, primero con control y moderación y luego con prodigalidad y alarde, se deleite


UN JARDIN PARA VIVALDI

Recital de Canto. Intérpretes: Jone Martinez (S); Maite Maruri (M); Orquesta Pazzameco Antico.  Dirección Escénica: Calixto Bieito. Obras de Vivaldi. Teatro Arriaga 8-VI-20

Lo cierto es que la aportación teatral efectuada por  Calixto Bieito al recital vocal vivaldiano le proporcionó otro aire. Ello, no sólo por la estética al transformar el escenario en un florido jardín, sino por la idea de presentarnos en camisón de raso a las dos jóvenes cantantes y exigirles una expresividad y unos movimientos escénicos lejos de un recital de canto barroco.

Inmersos en la sensualidad manifiesta de las dos intérpretes y en la placentera música de Vivaldi transcurrieron las arias da capo y los dúos seleccionados concernientes casi en su totalidad a la feminidad y sus vicisitudes amorosas. Desde el punto de vista vocal, nos gustó la agilidad con la que la mezzo Maite Maruri interpretó “Armate Face” del oratorio Juditha Triunfans . Lo hizo de manera pulcra, sin ninguna oquedad y una voz clara. Luego, subida en alto, nos brindó el aria que canta el personaje de  Irene “Sposa son Disprezzata” en la ópera Bajazet. Su versión nos pareció que tenía un tempo un tanto más rápido de lo habitual, pero no le faltó la hondura expresiva que requiere esta bella aria utilizada también por Haendel en su “Tamerlano”. A la soprano Jone Martinez le correspondió cantar primero un motete sagrado con texto latino y a continuación otro motete también que incluyó un recitativo, un aria y un Alleluia final. En esta última Jone Martinez pudo mostrar tanto su delicado canto piano como el de su coloraturesca agilidad. Su voz está muy timbrada y se hace muy audible y como a su compañera, no le faltó musicalidad y sentimiento.

Ambas cantantes vizcaínas entonaron al unísono el dúo “In braccio de Contenti”  proveniente de la cantata “Gloria e Imeneo” un encargo que se le hizo al compositor con motivo de los esponsales de Luis XV. Los dos personajes, Gloria e Himeneo, tienen el fin de tan solo cantar una loa exaltando la monarquía francesa. Fue un momento muy bello pues soprano y mezzo lograron una perfecta conjunción al ofrecer tan bello dúo.

Los violinistas Pedro Gandía y Giulia Brinckmeler,  el cello de Mercedes Ruiz y el clave de Juan Manuel Ibarra fueron suficientes para deleitarnos con la sutileza del  estilo y la dulzura etérea tan esenciales en la música barroca. Un agradable recital.


CANTO SEFARDÍ

Recital de Canto. Intérpretes: Alicia Amo (S); Lucía Astigarraga (declamación); Ruben Fernandez Aguirre (Piano). Obras de Beethoven, Schubert, Mendelsshonn, Aita Donosti, E,Haffter,  J,Rodrigo, Garcia Morante, Ravel. Teatro Arriaga 1-VII-20

A pesar de que no tuvo nada que ver la primera parte romántica del recital, nos llamó la atención la pródiga expresividad  que la soprano Alicia Amo mostró en la segunda mitad al cantar canciones hebreas. Esa música sefardí o sefardita que nació de los judíos españoles instalados en Castilla y Aragón que adaptaron canciones populares castellanas hasta su expulsión en tiempos de los Reyes Católicos, siendo una fusión de la música árabe y la cristiana. Árabe en el ritmo y los instrumentos y cristiana por el idioma en que se cantaban, que era el castellano.

Desde el primer momento, al iniciar el recital con lieder de autores alemanes románticos como Beethoven, Schubert o Mendelsshonn, la soprano burgalesa nos manifestó su seguridad escénica y  su gran intencionalidad en el texto que ya nos había leído previamente y sin mácula la actriz Lucía Astigarraga.

El teclado de Rubén Fernandez Aguirre ya nos había llamado la atención en la dulzura de su acompañamiento en “T’ intendo si mio cor” de Beethoven, luego en la limpieza con la que ejecutó la primera de Schubert y en la delicadeza con la que acarició el piano en “Oñazez del padre Donostia.

Ya en la segunda parte del programa, se hizo evidente la buena técnica de la soprano, la hermosura de su canto melismático y su exquisita musicalidad, Su timbre vocal parecía de soprano  ligera, pero cuando exigía intensidad a su voz, se transformaba en soprano lírica, con un centro y una notas graves hermosas y sonoras. En este contexto sefardí nos gustó la pieza “Gerinaldo” de Haffter y naturalmente la canción fúnebre  “Kaddish” de Ravel  en la que la joven soprano centró todo su sentimiento y hondura expresiva.


REAPERTURA DEL TEATRO Arriaga

Recital de Canto. Intérpretes: Vanesa Goikoetxea (S); Mikeldi Atxalandabaso (T), Rubén Fernandez Aguirre (Piano). Obras de Guridi, Uandizaga, Sorozabal, Arrieta. Teatro Arriaga 23-VI-20.

La pandemia tan solo ha podido retrasar el renacimiento cultural, en este caso el Lírico. Volvió el canto como ave fénix  que desafía al mal que vino en forma de virus y no de fuego. Cierto es que el virus ha precarizado el momento y como prueba de ello  el limitado aforo ni siquiera dispuso de programa manual y un estricto e intimidatorio protocolo se erigió en protagonista colateral. En consecuencia no hubo ensordecedores aplausos, pero sí arropamiento a los artistas, sí tuvimos la satisfacción de escuchar con agrado  a dos conocidas voces de nuestro entorno, En realidad el innominado concierto podía haber llevado el título de “Opera y voces vascas”.

El programa centrado en compositores vascos, con la inclusión del riojano Arrieta, tuvo como bastiones vocales a la soprano Vanesa Goikoetxea y al tenor Mikeldi  Atxalandavaso. Cada uno de ellos se lució más en sus intervenciones en solitario, es decir, en las romanzas individuales más que en los dúos. Lo decimos porque los duetos amorosos tan frecuentes en la zarzuela, carecieron de teatro, de cercanía o muestras de amor como consecuencia del impedimento impuesto por el  coronavirus.

Vocalmente ambos artistas se preocuparon de lanzar al vuelo sus voces con potencia, sin apenas recogimiento o intencionalidad. De ahí que no tuvo nada que ver la calidad, el control y la delicadeza lineal con la que interpretó la soprano las romanzas  de Las Golondrinas o  Katiuska, con el estruendo mostrado en el dúo de Marina. Luego, Vanesa Goikoetxea se lució sobremanera al cantar con bellos filados y mucho gusto la “romanza de Aascensión” del Manojo de Rosas y una maravillosa versión, con la voz controlada casi a media voz de la romanza “Goizeko Eguzki argia” de Mirentxu en euskera. Un euskera que también el tenor Atxalandabaso brindó al interpretar  “Alare” del  Mendi Mendiyan con perfecto y claro fraseo, y refinado gusto, tras haber cantado con anterioridad la romanza de Joxe Mari del Caserío en la que el artista afloró sentimiento y recogimiento. El tenor se mostró en todo momento seguro y confiado en sus intervenciones con lo que los agudos tuvieron un sello brillante.

De nuevo felicitemos al pianista acompañante Ruben Fernadez Aguirre pero tan solo desde el punto de vista técnico y no tanto por la falta de respeto al contraponer su camisa de colorines a la corrección en el vestir de los dos cantantes.


ANDANZAS DE IPARRAGUIRRE

 

Festival Loraldia. “Iparraguirre”. Reparto: Joli Pascualena (cantante y actriz); Ainara Ortega (cantante y actriz); Ana Gabarain (cantante y actriz), Angel Unzu (Guitarra); Dirección Artística : Fernando Berrués. Teatro Arriaga 11-III-20.

                               Iparragirre, bihotzeko Jose Mari

Precioso espectáculo el ofrecido el pasado miércoles en el Teatro Arriaga. Con el único acompañamiento de la guitarra de Angel Unzu y tres cantantes- actrices, tuvo lugar un recuerdo al bardo en el doscientos aniversario de su nacimiento. Para ello, tanto la donostiarra Ane Gabarain, como las navarras Ainara Ortega y Joli Pascualena fueron encarnando a los personajes femeninos que rodearon en vida a Iparraguirre. A través de ellas que se pusieron en la piel de esposa, amante e hija, nos llegaron sus vivencias en textos escritos por Iñigo Legorburu, Aizea Goenaga y Arantza Iturbe.

El guitarrista Angel Unzu con gran sutileza y refinamiento no paró de tocar mientras las citadas cantantes y a la vez actrices, desarrollaban magistralmente su trabajo. Las canciones conocidas como “Ara nun diran” o Ume eder Bat” y demás que interpretaron, las escuchamos a un ritmo distinto al original y las bonitas melodías discurrieron a modo de rumbas, blues o incluso de tango.

Distinguiríamos a las tres intervinientes en su faceta de actrices, bien por su naturalidad en escena o  bien por la palabra siempre limpia y fluida en sus inmaculados recitados en euskera. Eso no quiere decir que no gustaran en el ámbito del canto, siempre afinadas y con exquisito gusto y musicalidad, pero el hecho de servirse de altavoces resta en toda valoración.

Un aplauso para Fernando Berrués, el director y coordinador de un espectáculo elegante en su sencillez y atractivo en su concepción. Una distinción así mismo para Joli Pascualena, quien además de su participación como actriz, intervino también  en la dirección y adaptación musical. Al finalizar disfrutamos con un “Gernikako Arbola” cantado a vivo y marcial ritmo  y coreado con las palmas de los asistentes contagiados por el  nuevo y ágil ritmo.


INÉDITAS AUTORAS VASCO-NAVARRAS

 

Inéditas

Llegaba al teatro Arriaga lo que la Fundación March rescató del olvido hace unos meses, la música compuesta por autoras vasco-navarras. Con el impulso de la pianista Susana García Salazar y la colaboración de la soprano Eugenia Boix, de la chelista Teresa Valente y de la actriz Charo Martinez de Urízar, escuchamos una serie de canciones de cuatro mujeres compositoras que carecieron del reconocimiento debido en vida.

Una de ellas, Emma Chacón, estudió con Granados antes de trasladarse a vivir a Bilbao y entre las  composiciones que figuraban en el programa, destacamos el bello Nocturno escrito para cello y piano, con una sentida y  delicada interpretación por parte de la pianista García Salazar y la chellista Teresa Valente.

Otra de las “Inéditas” presentadas fue la navarra Emilia de Zubeldia, quien se formó en la Schola Cantorum de Paris y se marchó luego a vivir a México. Resultó interesante que la actriz Charo Martínez de Urizar se nos apareciera en un palco dando voz a este personaje para darnos a conocer sus cuitas y preocupaciones en cartas dirigidas al padre Donostia.

La aportación compositiva de Zubeldia tuvo el común denominador de la brevedad y de la sencillez de las canciones.  De la argentina, de procedencia vasca  Ana Idiartborde nos gustó el que aportara al programa dulces canciones a capella. Finalmente de la zuberotarra Julie Carricaburu escuchamos los maravillosos cantos escritos en vasco suletino. De todas ellas, es decir de las obras de las cuatro compositoras, la voz comunicante vino por parte de la soprano Eugenia Boix. La soprano montisonense, (Monzón-Huesca) enseñó una voz de precioso color. Una voz cristalina y luminosa dando además la sensación de un perfecto dominio técnico. Cantó a capella de manera inmaculada alguna de las canciones exhibidas  y las que interpretó en euskera  no las hubiera cantado mejor ni una soprano que fuera suletina.

En fin, una  buena muestra de las más de setenta compositoras que habría que rescatar, empezando por las contemporáneas como Maria Luisa Ozaita recientemente fallecida, la algorteña  Isabel Urrutia o la vitoriana  Zuriñe Gerenabarrena, por no citar a anteriores como Maria Antonia de Mazarredo o Epifanía de Argaiz y Munibe.