Archivo del Autor: nino dentici

Acerca de nino dentici

Nino Dentici es el crítico musical del diario “El Correo”. Especialista en canto, lleva más de treinta años ejerciendo como conferenciante, escritor y miembro de jurado en Concursos Nacionales e Internacionales de canto. Desde muy temprana edad desarrolló una extraordinaria afición a la lírica dedicándose de lleno a este apasionante arte.

CANCIONERO VASCO

AMORIOA. Participantes: Katia y Marielle Labeque (Piano); Carlos Mena (Falsetosta); Elena Martinez de Murguia (viola de gamba); Thierry Biscary y Elaut Elorrieta (Cantantes). Coro Escolania Easo y Araoz Gazte Abesbatza. Teatro Arriaga 15-XI-18.

Amorioa era el título con el que se nos presentó el espectáculo musical en el teatro Arriaga y que abarcó algunas muestras del cancionero popular vasco desde el siglo XV hasta nuestros días. En realidad Amorioa es una canción melódica y sentimental que habla sobre la ingobernabilidad del amor. La cantó con mucho gusto Thierry Biscary, el mismo que luego abordaría sin abandonar la delicadeza “Elurra Iruñan”, acompañado de las pianistas Labeque y el precioso dúo dialogante de los agotes con Carlos Mena. Aunque la primera parte del programa tuvo al falsetista vitoriano Carlos Mena como centro canoro, habría que hacer mención así mismo del gerniqués Eñaut Elorrieta por su entrega, su afinación y su musicalidad. En cuanto a Carlos Mena, se encargó de cantar al renacentista Joanes Antxieta y ofrecernos en lengua árabe la pieza de gran dificultad técnica titulada “Kaddish”. Añadamos que a su maestría en manejar la voz en cabeza y la afinación en el canto a capella, Carlos Mena también mostró sus aptitudes musicales tocando el txistu. En la variedad del cancionero y de los intérpretes, contamos con la participación de Elena Martinez de Murguía y del percusionista Ander Zulaika y  se sumó el coro de la Escolanía Easo y el Araoz Gazte Abesbatza que no es sino parte del mismo Easo. Ambos nos ofrecieron como pieza destacada un precioso Ave Maria de Guridi  Digamos que las hermanas Labeque, tantas veces contrastadas pianistas de élite, se limitaron a acompañar, lo que fue un lujo. Salvo el “Oñazez” que interpretó una de ellas y el soporte básico en el “Bolero” de Ravel, cedieron el protagonismo al falsetista, a los solistas cantantes y coros, sin olvidarnos de los dos magníficos  intérpretes de Txalaparta, Harkaitz Martinez y Mikel Ugarte.

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“MIMÍ LESCAUT”

La Bohme de G.Puccii. Reparto: Ainhoa Arteta (S); Teodor Llincai (T); Artur Rucinski (Bar); Jessica Nuccio (S); David Menendez (Bar); Krysztof Czyk (B); Fernando Latorre (Bar); Coro de la Opera de Bilbao. Orquesta Sinfonica de Euskadi. Dirección de Escena: Mario Pontiggia. Dirección Musical: Pesro Halffter. Palacio Euskalduna. Bilbao 20-X-18.

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En el canto además de la voz y la  expresividad, ambos imprescindibles y esenciales, también es importante guardar el estilo y más aún, el uso de la voz apropiada para interpretar un concreto personaje. En este sentido, en la primera mitad de esta ópera pucciniana nos pareció que la soprano Arteta exageraba en la intensidad vocal. La lentitud con la que abordó el aria “Si mi chiamo Mimí” afectó a su línea de canto, por lo que notamos un claro vibrato. Su generosidad en la entrega vocal hizo que nos pareciera que se trataba más de una soprano  acorde con Manon Lescaut que de la enfermiza Mimí de La Boheme. Afortunadamente la soprano guipuzcoana, siempre inteligente y teatral, moderó su avasalladora voz y  se adentró  con el tercer acto en la languidez fúnebre de una moribunda. Entonces su canto fue delicado, a media voz y  patéticamente teatral. Contó con la competencia vocal del tenor rumano Teodor Llincai, una voz muy generosa que compitió con el poderío vocal de ella. El tenor rumano cantó muy brillante el famoso racconto del primer acto y sostuvo muy bien el Do de pecho en el dúo O Soave Fanciulla” que cerraba el acto. Ciertamente  nos enseñó una voz con notas en la tesitura alta muy brillantes y seguras y no dudó en acudir a ellas cada vez que tenía la posibilidad, aunque a decir verdad, también nos sonó altisonante  y nos parecía que cantaba enfadado. Recordamos su actuación en la Quincena de San Sebastian en una Tosca en la que admiramos su precioso color de tenor lírico-spinto.  En el terceto que compone la buhardilla parisina, mencionemos en primer lugar al barítono Artur Rucinski, a quien recordamos en una Traviata  de años atrás. Su voz no es igual a la de entonces, pero mantiene el color de una voz grata y un canto con gusto. Nos gustó la soprano Jessica Nuccio encarnando el rol de Musetta pues en su famoso vals aportó no solo bello timbre, sino gracia canora y moderación gestual. El bajo Krysztoff Czyk nos deparó un aria “Vecchia Zimarra” cantada con corrección, tal vez falto de una pizca de brillo en las notas altas. Tanto David Menendez como Fernando Latorre colaboraron con su saber y veteranía en la animación de la buhardilla, un comienzo de acto este, siempre tan complicado pues requiere mucha naturalidad en la acción. El coro de la Opera de Bilbao, estuvo solvente como siempre y una sincera felicitación al maestro Pedro Haffter por su dirección sin mácula, siempre atento con la escena y muy claro con los maestros de la Sinfónica de Euskadi. Un estreno de temporada de nivel.


DE BUHARDILLA A GARAGE

Opera-Garage. La Boheme de G.Puccini. Reparto: Mariola Cantarero (S); Francisco Corujo (T); Borja Quiza (BAR); Ruth Terán (S); Javir Galán (BAR); Stefano Palatchi (B); Gexan Etxabe (BAR). Dirección de Escena: Ana Garay y Emiliano Suárez- Dirección Musical: Borja Mariño. Garage San Mamés.Bilbao  5-X-18.

 

Todo lo que se cree para fomentar el bello género de la Ópera, bienvenido sea. Por eso se ideó lo que llamamos la ópera en versión concierto. Sólo que las obras sin escenificar o semiescenificadas  pretenden difundir composiciones difíciles de poner en escena por su alto coste económico o por la exigencia de un reparto canoro numeroso y de gran nivel. Esta Boheme que se ha escuchado en el Garage bilbaíno cumplía con uno de los requisitos básicos, el de un reparto equilibrado  y de buen nivel. Discrepamos de la presentación de una ópera cercenando un acto por carecer de coro y aunque tampoco había orquesta, podemos aplaudir el excelente trabajo de Borja Mariño al piano. Nos parece que lo lógico hubiera sido representar una obra a la que no le hiciera falta ninguna eliminación y así mantener su originalidad e integridad musical. Ya resulta exagerado que nos desvirtúen la ambientación, vestuario y decoración  en las producciones modernas. En un rectángulo alargado, con paredes y ventanales de obra, la suerte de poder estar atento y apreciar las voces, radicaba en la situación de cada uno en el recinto. Por ello, las voces de los barítonos  Borja Quiza y Javier Galán eran más audibles al cantar con más fuerza y potencia. La voz de la soprano Mariola Cantarero siempre ha sido penetrante y  amplia, pero además, cantó también con cuidado en su intensidad por lo que su canto en su aria “Si mi chiamo Mimí” resultó muy aplaudido. El tenor Francisco Corujo  explayó su arte en un canto provisto de gran gusto y musicalidad. Dominó la media voz y con el color ligero de su timbre voló al Do de pecho en el bonito dúo “O soave  fanciulla” de final del primer acto, tras el muy correcto racconto. El veterano bajo Stefano Palatchi aportó su experiencia  y cerró su actuación con una bien cantada “Vecchia zimarra”. Participó la soprano Ruth Terán  como Musetta,si bien su voz tan ligera no fuera la ideal para cantar su famoso vals. En fin, otra alternativa, otra iniciativa para el fomento lirico aunque se tomen algunas libertades, sobre todo producto de la precariedad.


UN OTXOTE DE LUJO

Conciertos de Zenarruza. Asier Polo (Violonchelo) y Otxote Txanbela. Zenarruza 15-IX-2018.

 

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Asistimos a la colegiata cercana a Bolivar con la intención de escuchar el violonchelo de Asier Polo. Un hermoso día invitaba a deleitarnos en el idílico paraje, con la destreza de Asier Polo como así fue.  Tres completas Suites (1,3 y 6) ocuparon parte del tiempo programado. El conocido violonchelista vizcaíno se lució sobre todo en la tercera Suite, o sea, en la Nº 6 en Re Mayor, con la que convenció a expertos y profanos.

Sin embargo, nos llamó la atención que el concierto se iba a culminar con la actuación de un Otxote recién formado, cuyo nombre, “Txanbela”, hace referencia a un instrumento vasco antiguo, parecido al oboe moderno. La información escrita rezaba que  el grupo surgió de una idea del director Juanjo Mena para presentarlos en USA. En verdad y es justo decirlo, no conocemos una agrupación vocal de este tipo tan equilibrado, con tanto gusto interpretativo y con tanta calidad entre los solistas.

Empezamos por percibir un gran poderío y seguridad en la voz del tenor Eduardo Zubikoa, auténtico soporte del grupo, quien cantó muy cómodo el difícil Alare del Mendi Mendiyan de Usandizaga. No fue el único en cantar solo, pues tanto los otros dos tenores como barítonos y bajos cantaron romanzas de Gabriel Olaizola o J,Mª Iparraguirre. Incluso el director del grupo, el maestro  Josean Vega cantó  la parte solista de Maite de Pablo Sorozábal.

El concierto finalizó dos horas y media después, con la colegiata aún llena y con el público puesto en pie aplaudiendo al Txanbela que cerró el concierto con el Boga Boga de Guridi , arreglado por Tomás Aragüés.


UN MAGNO REQUIEM

  • Gran Misa de Muertos de H.Berlioz. Reparto: Maximillian Schmitt (T); Orfeón Donostiarra; WDR Sinfonieorcvhestra de Coloniua. Dirección Musical: Jukka_Pekka Saraste. Quincena San Sebastian 1-IX-18.

     

    Sinfónica de Colonia y Orfeón clausuran la Quincena con "Réquiem" de Berlioz

    El Réquiem de Berlioz es una de las obras más importantes de su producción musical e incluso el autor mismo decía que, si una obra tuviera que salvarse entre todas las suyas elegiría el Réquiem. El uso instrumental en esta obra  se convierte en el símbolo de lo que es. El texto resulta de importancia secundaria, ya que por encima de todo está la música.El efectivo instrumental requerido para la interpretación del Réquiem es cuantioso, si bien no es únicamente en esta obra en la que Berlioz utiliza un formato orquestal considerable. Hay que apuntar el hecho de que el uso de orquestas de gran dimensión era habitual en las obras corales realizadas en el entorno de la Revolución Francesa. Existe pues, en este Réquiem, una necesidad de magnificación instrumental y un coro en el cual se suelen utilizar hasta doscientos intérpretes, aunque el Orfeón se nos presentara con ciento treinta aproximadamente. A esta orquesta, de por sí ya considerable, se le añadieron además cuatro pequeñas orquestas de instrumentos de viento, con dos de ellas dispuestas a los lados del escenario y otras dos en lo alto del auditorio. De este modo el Res Tremenda resultó aterrador e impactante. Por si no bastara seis timbalistas con tres timbales cada uno, se sumaron al efectista movimiento que causó un magno fragor. El tenor Maximillian Schmitt se encargó de cantar desde las alturas el Sanctus, con una voz de tenor spinto, con un cierto vibrato vocal,  interpretando el movimiento con seguridad y gusto. El maestro Jukka Saraste dominó la grandiosa obra controlando con destreza y veteranía a los más de doscientos coralistas e instrumentistaspor lo que el cierre de la Quincena tuvo un meritorio broche final.



UNA OBRA DEL MOZART SOLEMNE

Las Visperas Solemnes del Confesor. de W.A.Mozart. Solistas: Christina Landshamer (S); Oline Vermeulen (M); Xabier Anduaga (T); Konstantin Wolf (B). Orfeón Donostiarra y Budapest Festival Orcvhestra. Dirección Musical: Ivan Fischer. QWuincena Donostiarra 27-VIII-18.
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Las Visperas Solemnes del Confesor es una de las últimas piezas que Mozart compuso en Salzburgo durante su etapa como compositor de Hieronimus Collado e incluye seis movimientos. No obstante solo hay un movimiento para solista, que es el hermoso “Laudate Dominum” que cantó la soprano y que diríamos incluso que está entre las melodías más bellas escritas por Mozart. Como la palabra Solemne indica que la obra requiere una orquesta importante, la Quincena nos brindó la oportunidad de escuchar y a la vez admirar a la Budapest Festival Orchestra, magníficamente dirigida por Ivan Fischer. Como se ha dicho, las cuatro voces solistas cantan al mismo tiempo y en breves intervenciones y aún así, pudimos apreciar y calibrar que la calidad vocal se hallaba en la voz del tenor Xabier Anduaga, más audible y de más bello color que las de sus compañeros, la mezzo Oline Vermuelen o la del barítono-Bajo, Konstantin Wolf. En cuanto a la soprano que cantó el “Laudamus Dominum”, la alemana Christine Landshamer, lo interpretó con gusto y control en la intensidad, un control que careció en las precedentes intervenciones al apreciársele cierta estridencia y un metálico color en su timbre de voz. En este ámbito vocal, la obra se sustentó en el buen hacer del Orfeón Donostiarra. Una vez más, el gran conjunto donostiarra solventó con solemnidad y magnificencia una obra muy propia para su lucimiento. Fue un lujo que el Orfeón preparado por Sainz Alfaro estuviera también al alcance y engrandecimiento de un gran maestro como es el húngaro Ivan Fischer.


ELEGANCIA Y EXPRESIÓN

NDR Elbphilarmonie Orchestra. Solista : Christian Gerhaber (BAR). Obras de Mahler y Brahms. DirecciónMusical : K.Urbanski. Quincena Donostiarra 22–VIII-18.

                            NDR Elbphilharmonie Orchester - Hamburgo

Aunque los poemas habían sido utilizados por varios compositores, fue Gustav Mahler quien  musicó  y dedicó una colección como un ciclo de canciones, aunque no fue compuesto con esa intención. La Quincena ha programado parte de esa colección de y acertadamente ha llamado al barítono alemán Christian Gerhaber para su interpretación. Difícilmente se podría escuchar los lieds de Mahler con la elegancia y expresividad con las que ofreció el barítono alemán. Su fraseo fue perfecto, su intencionalidad evidente y la seda con la que envolvió su media voz resultó cautivadora. No se trata de una voz poderosa  y hasta el color tiene bastante de tenor, pero su manejo, el dominio y afinación de su clara dicción, no tuvieron mácula. Su elegancia contó con la de una orquesta formidable, unísona y con un acompañamiento delicado y tan meritorio en una orquesta de ochenta músicos. Aunque el joven maestro K.Urbanski se mostró elegíaco en el gesto y dirigió de memoria la segunda de Brahms, la atención general se centró en el cantante, largamente aplaudido. No en vano el público se vuelca instintivamente cuando encuentra algo que le conmueve. En Christian Gerhaber la emción se basó en la finura de su decir, en la claridad vocal al cantar los poemas, en la sencillez de un canto superior.