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AL RESCATE DE JOYAS BARROCAS

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Con el debido protocolo y con las limitaciones exigidas por la situación del momento, asistimos el pasado lunes al concierto protagonizado por el falsetista alto o mezzosoprano Carlos Mena y la soprano Jone Martinez. Lo primero que habría que destacar es el rescate musical por parte de Carlos Mena de algunas obras de varios compositores preclásicos o barrocos al programar piezas semi olvidadas y cuyos nombres en la actualidad  se hallan en el olvido. Además y a falta de programa de mano por exigencias sanitarias, el cantante alavés explicó  la importancia de autores como Francesco Durante o Agostino Steffani, en su tiempo, además de centrar también las vicisitudes musicales y expresivas de las piezas cantadas. La base de la programación del recital fueron las Cantatas cuyos hiperbólicos textos tuvieron tanto en el falsetista como en la soprano un sinfín de inflexiones y  una suma expresividad. Tanto él como ella mostraron una gran compenetración y lograron un bellísimo color en los dúos que interpretaron. Lógicamente se adivinó de inmediato un arduo trabajo previo de ambos y en el estudio de esa preparación programática e interpretativa el resultado dio lugar a una exquisita velada. A sus respectivos claros fraseos y  a la dulzura lineal de sus cantos, cuando cantaron las Cantatas de Bononcini y Haendel exhibieron una agilidad vocal sin mácula. El canto en adagio, sentimental y melancólico había dado paso al allegro ágil y trepidante en los que ambos reflejaron su excelente técnica. Se iba oscureciendo y el claustro de San Telmo entraba en la penumbra cuando los artistas dejaron de cantar y los dedos de Carlos García Bernalt  dejaron de presionar las teclas de su clave. Previamente el clavecinista salmantino nos había deleitado con una pieza de Steffani y siguió deleitando con un acompañar pausado e inteligente. En resumen, una velada de  gran nivel interpretativo  y muy interesante por ese rescate y estudio posterior de obras llenas de sentimiento y expresividad.


LO ACIAGO EN EL CANTANTE

Recital de Canto. Solista: Andeka Gorotxategi (T) y Rubén Fernández Aguirre (Piano). Obras de Tosti, Aita Donostia, Puccini etc. Teatro Arriaga 15-VI-20.

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El instrumento musical más perfecto, sin duda, es la voz humana, pero también es el más complicado. Depende de muchos elementos para su buen funcionamiento y al ser siempre cambiante y tan dependiente, es el que más riesgo suscita en su ejecución. Lo ocurrido en este recital al tenor Andeka Gorrotxategi  en el teatro Arriaga, entra de una normalidad bastante generalizada entre los cantantes.  El quiebro de la voz y la subsiguiente inseguridad en el canto, no es una cuestión del directo, ni que tenga que pasar, sino que la causa proviene de la falta de un previo calentamiento de las cuerdas vocales y de un sostén técnico sólido.

 La voz de Gorrotxategi  es heroica, difícil de dominar por su robustez corporal y la hermosura de las notas graves y centrales y además,  sin exención de la brillantez con la que alcanza la nota SI. La generosidad del tenor de Abadiño al acometer algunas napolitanas que exigen gran intensidad, como es el caso de  “L´Alba separa della luce l´ombra” y el hecho de obligarse también a acceder a notas agudas complicadas desde el inicio del recital, podrían pasar factura y así fue.  Al notar el artista el pequeño carraspeo o la llegada de una flema a la garganta, le obligó a forzar más la voz y con ello, el inútil intento de superar el inconveniente. Sin embargo, el daño se hizo mayor y un aria tantas veces cantada por él como “El adiós a la vida” de La Tosca, le hizo detenerse porque no podía.

Con los brazos abiertos traduciendo su extrañeza y su pesar al público y ante lo aciago de la situación, alguien soltó a su pequeño en el escenario, lo que rompió el hielo y acrecentó los aplausos de ánimo por parte de los asistentes. Respondiendo a su prurito profesional y descontento con lo sucedido ante su público, volvió a  abordar el programa, pero en el aria de Don José de Carmen la voz le volvió a decir que no y a continuación la sencilla romanza de la “Tabernera del Puerto” tuvo también un final amargo. Una noche aciaga para un artista que antes de la llegada de la pandemia ha estado recorriendo con éxito muchos teatros importantes.

Un tenor spinto, es decir, de las voces caras y escasas, que precisamente por la manea de la emisión “de bostezo” y de empuje, requieren un calentamiento previo de la voz y cuando este tipo de artista nota que la mente les confía una seguridad, entonces son capaces de superar los más complicados escollos vocales. Deseamos fervientemente presenciar de nuevo  y escuchar el arte canoro de un artista que, primero con control y moderación y luego con prodigalidad y alarde, se deleite


UN JARDIN PARA VIVALDI

Recital de Canto. Intérpretes: Jone Martinez (S); Maite Maruri (M); Orquesta Pazzameco Antico.  Dirección Escénica: Calixto Bieito. Obras de Vivaldi. Teatro Arriaga 8-VI-20

Lo cierto es que la aportación teatral efectuada por  Calixto Bieito al recital vocal vivaldiano le proporcionó otro aire. Ello, no sólo por la estética al transformar el escenario en un florido jardín, sino por la idea de presentarnos en camisón de raso a las dos jóvenes cantantes y exigirles una expresividad y unos movimientos escénicos lejos de un recital de canto barroco.

Inmersos en la sensualidad manifiesta de las dos intérpretes y en la placentera música de Vivaldi transcurrieron las arias da capo y los dúos seleccionados concernientes casi en su totalidad a la feminidad y sus vicisitudes amorosas. Desde el punto de vista vocal, nos gustó la agilidad con la que la mezzo Maite Maruri interpretó “Armate Face” del oratorio Juditha Triunfans . Lo hizo de manera pulcra, sin ninguna oquedad y una voz clara. Luego, subida en alto, nos brindó el aria que canta el personaje de  Irene “Sposa son Disprezzata” en la ópera Bajazet. Su versión nos pareció que tenía un tempo un tanto más rápido de lo habitual, pero no le faltó la hondura expresiva que requiere esta bella aria utilizada también por Haendel en su “Tamerlano”. A la soprano Jone Martinez le correspondió cantar primero un motete sagrado con texto latino y a continuación otro motete también que incluyó un recitativo, un aria y un Alleluia final. En esta última Jone Martinez pudo mostrar tanto su delicado canto piano como el de su coloraturesca agilidad. Su voz está muy timbrada y se hace muy audible y como a su compañera, no le faltó musicalidad y sentimiento.

Ambas cantantes vizcaínas entonaron al unísono el dúo “In braccio de Contenti”  proveniente de la cantata “Gloria e Imeneo” un encargo que se le hizo al compositor con motivo de los esponsales de Luis XV. Los dos personajes, Gloria e Himeneo, tienen el fin de tan solo cantar una loa exaltando la monarquía francesa. Fue un momento muy bello pues soprano y mezzo lograron una perfecta conjunción al ofrecer tan bello dúo.

Los violinistas Pedro Gandía y Giulia Brinckmeler,  el cello de Mercedes Ruiz y el clave de Juan Manuel Ibarra fueron suficientes para deleitarnos con la sutileza del  estilo y la dulzura etérea tan esenciales en la música barroca. Un agradable recital.


CANTO SEFARDÍ

Recital de Canto. Intérpretes: Alicia Amo (S); Lucía Astigarraga (declamación); Ruben Fernandez Aguirre (Piano). Obras de Beethoven, Schubert, Mendelsshonn, Aita Donosti, E,Haffter,  J,Rodrigo, Garcia Morante, Ravel. Teatro Arriaga 1-VII-20

A pesar de que no tuvo nada que ver la primera parte romántica del recital, nos llamó la atención la pródiga expresividad  que la soprano Alicia Amo mostró en la segunda mitad al cantar canciones hebreas. Esa música sefardí o sefardita que nació de los judíos españoles instalados en Castilla y Aragón que adaptaron canciones populares castellanas hasta su expulsión en tiempos de los Reyes Católicos, siendo una fusión de la música árabe y la cristiana. Árabe en el ritmo y los instrumentos y cristiana por el idioma en que se cantaban, que era el castellano.

Desde el primer momento, al iniciar el recital con lieder de autores alemanes románticos como Beethoven, Schubert o Mendelsshonn, la soprano burgalesa nos manifestó su seguridad escénica y  su gran intencionalidad en el texto que ya nos había leído previamente y sin mácula la actriz Lucía Astigarraga.

El teclado de Rubén Fernandez Aguirre ya nos había llamado la atención en la dulzura de su acompañamiento en “T’ intendo si mio cor” de Beethoven, luego en la limpieza con la que ejecutó la primera de Schubert y en la delicadeza con la que acarició el piano en “Oñazez del padre Donostia.

Ya en la segunda parte del programa, se hizo evidente la buena técnica de la soprano, la hermosura de su canto melismático y su exquisita musicalidad, Su timbre vocal parecía de soprano  ligera, pero cuando exigía intensidad a su voz, se transformaba en soprano lírica, con un centro y una notas graves hermosas y sonoras. En este contexto sefardí nos gustó la pieza “Gerinaldo” de Haffter y naturalmente la canción fúnebre  “Kaddish” de Ravel  en la que la joven soprano centró todo su sentimiento y hondura expresiva.


REAPERTURA DEL TEATRO Arriaga

Recital de Canto. Intérpretes: Vanesa Goikoetxea (S); Mikeldi Atxalandabaso (T), Rubén Fernandez Aguirre (Piano). Obras de Guridi, Uandizaga, Sorozabal, Arrieta. Teatro Arriaga 23-VI-20.

La pandemia tan solo ha podido retrasar el renacimiento cultural, en este caso el Lírico. Volvió el canto como ave fénix  que desafía al mal que vino en forma de virus y no de fuego. Cierto es que el virus ha precarizado el momento y como prueba de ello  el limitado aforo ni siquiera dispuso de programa manual y un estricto e intimidatorio protocolo se erigió en protagonista colateral. En consecuencia no hubo ensordecedores aplausos, pero sí arropamiento a los artistas, sí tuvimos la satisfacción de escuchar con agrado  a dos conocidas voces de nuestro entorno, En realidad el innominado concierto podía haber llevado el título de “Opera y voces vascas”.

El programa centrado en compositores vascos, con la inclusión del riojano Arrieta, tuvo como bastiones vocales a la soprano Vanesa Goikoetxea y al tenor Mikeldi  Atxalandavaso. Cada uno de ellos se lució más en sus intervenciones en solitario, es decir, en las romanzas individuales más que en los dúos. Lo decimos porque los duetos amorosos tan frecuentes en la zarzuela, carecieron de teatro, de cercanía o muestras de amor como consecuencia del impedimento impuesto por el  coronavirus.

Vocalmente ambos artistas se preocuparon de lanzar al vuelo sus voces con potencia, sin apenas recogimiento o intencionalidad. De ahí que no tuvo nada que ver la calidad, el control y la delicadeza lineal con la que interpretó la soprano las romanzas  de Las Golondrinas o  Katiuska, con el estruendo mostrado en el dúo de Marina. Luego, Vanesa Goikoetxea se lució sobremanera al cantar con bellos filados y mucho gusto la “romanza de Aascensión” del Manojo de Rosas y una maravillosa versión, con la voz controlada casi a media voz de la romanza “Goizeko Eguzki argia” de Mirentxu en euskera. Un euskera que también el tenor Atxalandabaso brindó al interpretar  “Alare” del  Mendi Mendiyan con perfecto y claro fraseo, y refinado gusto, tras haber cantado con anterioridad la romanza de Joxe Mari del Caserío en la que el artista afloró sentimiento y recogimiento. El tenor se mostró en todo momento seguro y confiado en sus intervenciones con lo que los agudos tuvieron un sello brillante.

De nuevo felicitemos al pianista acompañante Ruben Fernadez Aguirre pero tan solo desde el punto de vista técnico y no tanto por la falta de respeto al contraponer su camisa de colorines a la corrección en el vestir de los dos cantantes.


ANDANZAS DE IPARRAGUIRRE

 

Festival Loraldia. “Iparraguirre”. Reparto: Joli Pascualena (cantante y actriz); Ainara Ortega (cantante y actriz); Ana Gabarain (cantante y actriz), Angel Unzu (Guitarra); Dirección Artística : Fernando Berrués. Teatro Arriaga 11-III-20.

                               Iparragirre, bihotzeko Jose Mari

Precioso espectáculo el ofrecido el pasado miércoles en el Teatro Arriaga. Con el único acompañamiento de la guitarra de Angel Unzu y tres cantantes- actrices, tuvo lugar un recuerdo al bardo en el doscientos aniversario de su nacimiento. Para ello, tanto la donostiarra Ane Gabarain, como las navarras Ainara Ortega y Joli Pascualena fueron encarnando a los personajes femeninos que rodearon en vida a Iparraguirre. A través de ellas que se pusieron en la piel de esposa, amante e hija, nos llegaron sus vivencias en textos escritos por Iñigo Legorburu, Aizea Goenaga y Arantza Iturbe.

El guitarrista Angel Unzu con gran sutileza y refinamiento no paró de tocar mientras las citadas cantantes y a la vez actrices, desarrollaban magistralmente su trabajo. Las canciones conocidas como “Ara nun diran” o Ume eder Bat” y demás que interpretaron, las escuchamos a un ritmo distinto al original y las bonitas melodías discurrieron a modo de rumbas, blues o incluso de tango.

Distinguiríamos a las tres intervinientes en su faceta de actrices, bien por su naturalidad en escena o  bien por la palabra siempre limpia y fluida en sus inmaculados recitados en euskera. Eso no quiere decir que no gustaran en el ámbito del canto, siempre afinadas y con exquisito gusto y musicalidad, pero el hecho de servirse de altavoces resta en toda valoración.

Un aplauso para Fernando Berrués, el director y coordinador de un espectáculo elegante en su sencillez y atractivo en su concepción. Una distinción así mismo para Joli Pascualena, quien además de su participación como actriz, intervino también  en la dirección y adaptación musical. Al finalizar disfrutamos con un “Gernikako Arbola” cantado a vivo y marcial ritmo  y coreado con las palmas de los asistentes contagiados por el  nuevo y ágil ritmo.


INÉDITAS AUTORAS VASCO-NAVARRAS

 

Inéditas

Llegaba al teatro Arriaga lo que la Fundación March rescató del olvido hace unos meses, la música compuesta por autoras vasco-navarras. Con el impulso de la pianista Susana García Salazar y la colaboración de la soprano Eugenia Boix, de la chelista Teresa Valente y de la actriz Charo Martinez de Urízar, escuchamos una serie de canciones de cuatro mujeres compositoras que carecieron del reconocimiento debido en vida.

Una de ellas, Emma Chacón, estudió con Granados antes de trasladarse a vivir a Bilbao y entre las  composiciones que figuraban en el programa, destacamos el bello Nocturno escrito para cello y piano, con una sentida y  delicada interpretación por parte de la pianista García Salazar y la chellista Teresa Valente.

Otra de las “Inéditas” presentadas fue la navarra Emilia de Zubeldia, quien se formó en la Schola Cantorum de Paris y se marchó luego a vivir a México. Resultó interesante que la actriz Charo Martínez de Urizar se nos apareciera en un palco dando voz a este personaje para darnos a conocer sus cuitas y preocupaciones en cartas dirigidas al padre Donostia.

La aportación compositiva de Zubeldia tuvo el común denominador de la brevedad y de la sencillez de las canciones.  De la argentina, de procedencia vasca  Ana Idiartborde nos gustó el que aportara al programa dulces canciones a capella. Finalmente de la zuberotarra Julie Carricaburu escuchamos los maravillosos cantos escritos en vasco suletino. De todas ellas, es decir de las obras de las cuatro compositoras, la voz comunicante vino por parte de la soprano Eugenia Boix. La soprano montisonense, (Monzón-Huesca) enseñó una voz de precioso color. Una voz cristalina y luminosa dando además la sensación de un perfecto dominio técnico. Cantó a capella de manera inmaculada alguna de las canciones exhibidas  y las que interpretó en euskera  no las hubiera cantado mejor ni una soprano que fuera suletina.

En fin, una  buena muestra de las más de setenta compositoras que habría que rescatar, empezando por las contemporáneas como Maria Luisa Ozaita recientemente fallecida, la algorteña  Isabel Urrutia o la vitoriana  Zuriñe Gerenabarrena, por no citar a anteriores como Maria Antonia de Mazarredo o Epifanía de Argaiz y Munibe.


HOMENAJE A LA “PROFESORA”

 

Musika-Música. Solista: Miren Urbieta (S);  Roger Padullés (T). Rubén Fernández Aguirre (piano). Obras de Fauré, Familia Boulanger, Piazzola,Gershwin, Bernstein. Palacio Euskalduna 8-III-20-

©MichalNovak

La profesora en cuestión, es Nadia Boulanger, nieta, hija y hermana de compositores y una de las pedagogas musicales más importantes de la historia. En torno a ella giró el programa en el que el pianista Rubén Fernández acompañó a los cantantes Miren Urbieta y Roger Padullés. La soprano guipuzcoana comenzó cantando “Bonjour mon coeur” con gran expresividad y claro fraseo.  Ambas características, son dos de las  virtudes que ofrece el canto de Miren Urbieta y al ir ambas en comunión es lógico que con la modulación vocal, venga la requerida expresión. Entre las otras virtudes que demostraría luego  la soprano, ya conocíamos la belleza de su timbre de voz, su volumen y sonoridad y sobre todo, su perfecta proyección, con lo que en su canto  no hay una sola nota sin brillo. Llevamos tiempo afirmando que la voz de Miren Urbieta se halla en la cima del estrellato de los cantantes vascos. Respecto al programa, contuvo canciones de juventud de Nadia Boulanger que también compartió el tenor Roger Padullés.

Respecto al tenor catalán, podríamos decir que es un artista de cámara, un intérprete de lieder, pues enseñó una voz aunque audible, no voluminosa ni potente.  Nos dio la impresión de que su canto adquiría un color nasal,  por su método un tanto extraño de proyectar la voz, pues emitía sin apenas apertura bucal. Mostró mucho gusto y ciertamente sus intervenciones fueron muy correctas, sobre todo al interpretar “Cantique”, una hermosa plegaria a la Virgen, cantada por él con gran sentimiento a media voz ,aunque pecara de acudir al falsete. A continuación, el programa discurrió con canciones de algunos compositores que fueron alumnos de Nadia Boulanger o estudiaron con ella. Fue el caso de  Astor Piazzola y su composición “Yo soy María” cantada con gracia por Miren Urbieta. Estuvo también representado George Gershwin  con una pieza interpretada con elegancia y finura en inglés por Padullés.

Para finalizar,ambos artistas hasta semi escenificaron el “Tonight” de West Side Story, recorriendo el tenor la sala desde atrás para  encontrarse con la soprano y sentarse delante del piano. Un piano cuyas teclas sonaron obedientes al buen acompañamiento y destreza de Rubén Fernández Aguirre.


LA ALEGRE OPERETA

 

Musika-Música. “Les Musiciens du Louvre”. Solistas: Aude Extremo (S); y Julien Dran (T). Obras de Jacques Offenbch. Palacio Euskalduna 7-III-20.

                                        Musika musica

Tras la trepidante obertura de “Orfeo en los Infiernos”, ejecutada con tal brío y tanta brillantez por el conjunto Les Musiciens du Louvre,   nos fue fácil adivinar que íbamos a ser afortunados los presentes en el  concierto. Tan buena orquesta, no podía  sino augurar una velada agradable, con músicos y voces de gran nivel. Así fue, y como muestra de ello la excelente interpretación a cargo de Julien Dran de la leyenda de Kleinzach , por la que Hoffmann, el protagonista de la ópera “Los Cuentos de Hoffmann”,  divierte con humorísticas rimas a sus camaradas.

La voz del tenor ligero bordelés  sonó limpia en una excelente versión, en la que nos gustó sobremanera su muy atractivo color tímbrico y su buena proyección. Su segunda intervención vino a constatar su dominio en el fraseo, con el rapidísimo “rondó del brasileño” de la ópereta “La Vie Parisien”. Acompañó al tenor, la también artista bordelesa Aude Extremo, una mezzo de voz cálida y sensual. Nos encantó su “Invocación a Venus” de la opereta “La Belle Helene” cantada con gran musicalidad e incluso movimiento escénico. Terminó su actuación con la interpretación de la “complainte” (especie de lamento) de “La Perichole” en la que Micaela Villegas, llamada La Perichole , amante del virrey de Perú (Aude Extremo) y su  verdadero amor, Piquillo, (Julien Dran) cantan a dúo.

Por otra parte, el hecho de que ambos sean cantantes habituales de la Opera de la Bastille parisina, quedó patente también en su sincronía vocal al cantar en dúo esta citada pieza. Fue un concierto alegre, de frenético ritmo orquestal y maestría en la ejecución de la jovial y vivaz música de Offenbach. Su director Pierre Dumoussaud  venía a Bilbao al frente de una orquesta fundada por Marc Minkowski y naturalmente se notó. No por ello se debe dar un único mérito a la famosa orquesta, ya que Dumoussaud fue el vencedor del Primer Concurso  de Talentos directores de orquesta en 2014 y también vencedor del primer premio de directores de ópera en 2017. Excelente  velada por la que nos alejamos un tanto del más puro romanticismo melancólico para introducirnos en la alegre opereta de Offenbach.


ROMANTICISMO VOCAL FRANCÉS

 

Musika-Música-Solistas: Ainhoa Zubillaga (M); Francisco Poyato (piano). >Obras de Fauré, Duparc, Chausson, Hnn y Debussy. Bibao 6-III-20

                             

En un programa en el que, salvo el impresionista Debussy, las canciones se centraban en el más puro romanticismo, la voz de la soprano tenía ciertas dificultades en ser bien emitida. Ella misma nos había anunciado su estado aún convaleciente tras sufrir un proceso gripal.  A pesar de ello y gracias a su arte, pudo expresar la profundidad que contenían unas canciones a modo de lieder, es decir, canciones de claro y sentido recitado. Sin embargo, ese canto  recitado, calmo y bien fraseado, se topaba con la dificultad de una correcta emisión a media voz. Únicamente en aquellas piezas  en las que se requería volumen o sea, mayor exigencia vocal, la mezzo lograba emitir las notas con plenitud.

A pesar de la profesionalidad de Ainhoa Zubillaga en esta ocasión estuvo lejos de mostrar su  cálida voz, una voz aterciopelada, llena en los graves y  con el preciso brillo en todas las notas. Además, no se tomó ningún respiro y cantó sin pausa hasta el final, lo que suponemos le supuso un cansancio que hizo que finalmente la voz le hiciera un guiño, rápidamente corregido por la artista. El acompañante al piano Francisco Poyato, la llevó entre sedas, con la elegancia requerida en este tipo de canto, luciéndose incluso en el cromatismo impresionista de Debussy con ágil teclado y limpia digitación.  A Ainhoa Zubillaga la recordaremos como una artista a la que admiramos en su actuación en el foyer del Teatro Arriaga y en la Cantata Alexander Nevsky en el Auditorio del Euskalduna el año pasado.