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RECOGIMIENTO EN LOS LIEDER DE BRAHMS

Al estar tan mezcladas las voces del coro  de Colonia con las de la Coral bilbaína, no sabríamos decir la aportación de cada una de ellas a la obra, pero sí diríamos que reinó la armonía y compenetración en el conglomerado vocal para la interpretación de l intimismo de Brahms. Plasmaron dulzura en un fraseo quedo en la primera pieza y luego solvencia  cómoda en la segunda obra de tesitura más alta para el canto de  las diferentes secciones del coro. Tanto el Chorus Koln como el maestro Spering  son habituales en las celebraciones del ciclo musical y se puede decir que si bien algo exagerado en el gesto, el maestro proporcionó la espiritualidad  y el intimismo que afloran en cada obra. De manera pausada y solemne atacó su parte la mezzo Ingebord Danz, con bellos filados entre los acordes tenues que acompañaban suavemente su voz. Una voz  tal vez  poco voluminosa, pero de agradable color y proveniente de una cantante de mucho gusto. En fin, felicitémonos por la calidad del ciclo en general, por el multitudinario favor del público  y que basándonos en la letra de esta última Rapsodia de Goethe, con música de Brahms “Nos ha aclarado los ojos nublados para que podamos ver mil fuentes musicales”.

CANTO PARA DIEZ COROS

“El Mesías” de G.H.Haendel. Reparto: Celia Alcedo (s); Itxaro Mentxaka (m); José Luis Sola (t); José Antonio López (b); Soiciedad Coral de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección : Manel Valdivieso. Palacio Euskalduna 5-XII-12

 

 

Por si no bastara el Mesías de Haendel por sí mismo, el maestro Manel  Valdivieso se rodeó de diez conjuntos  corales tanto vizcaínos como guipuzcoanos para solemnizar aún más una obra que siempre resulta grandiosa. Con el fin de superar la conjunción y armonización de todos ellos, el  maestro contó con la segura y excelente ayuda de la Sinfónica bilbaína, siempre dispuesta a colaborar y asumir cualquier reto. Así pues, con el bagaje instrumental asegurado y el hermoso refuerzo coral mencionado,  la obra contó después con la participación estelar de la Sociedad Coral y unos solistas que fueron capaces de transmitir toda la belleza del oratorio. Destaquemos ante todo,  la sólida y gran actuación de las féminas de la Sociedad Coral, en las que descansó la parte más extenuante y peliaguda de la obra. Tanto las sopranos como las mezzos del conjunto bilbaíno estuvieron encomiables en poderío y afinación, así como muy limpias y ágiles en la coloratura. Cuando la obra requería la colaboración de todos los conjuntos, las voces provenientes de los laterales de la sala, la llenaban entera y producían una gran hermosura sonora como cuando todos al unísono exclamaban ¡Wonderful! .De entre los solistas, es justo aludir en primer lugar al lujo que supone contar con una voz tan musical y de delicada línea de canto como muestra una y otra vez el tenor José Luis Sola, impecable en este tipo de música. Así mismo, es de agradecer la participación de la mezzo Itxaro Mentxaka, cuya voz de nítido color lírico, no solamente resulta muy audible, sino por la facilidad y limpieza con que también mostró en su coloratura con su squillante voz. Volvió a gustarnos la recia voz  del bajo lírico José Antonio López, cómodo en la zona grave y también en la zona alta al poseer una voz abaritonada. Digamos finalmente que la soprano Celia Alcedo debe dominar la estridencia de una voz muy timbrada y que se escucha por doquier. Un timbre de voz como el que posee su voz requiere matizar y expresar aún más a falta del terciopelo natural.