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Apasionado canto de la mezzo Nancy Fabiola Herrera en Bilbao

Recital de Canto. Solista: Nancy Fabiola Herrera (mezzo). Rubén Fdez. Aguirre (piano). Obras de García Abril, Viardot, Ortega, Lecuona, Comellas  etc. Teatro Arriaga. Bilbao 26-II-15.
De manera apasionada, con notorio aroma  de melancolía y una voz de tinte andrógino,  hermosa y poderosa, la mezzo caraqueña de ascendencia canaria, Nancy Fabiola Herrera extrajo, gracias a su arte,  todo lo que un programa plano puede dispensar. Recostada de medio lado en el piano, como recuerdan en el cine Lauren Bacall o Rita Haiworth, su dominio escénico se hizo patente. Si las seguidillas de Paulina Viardot mostraron su gracejo, la bella habanera terminó por catapultarla al corazón del espectador y un profundo y sentido Memento de Miquel Ortega afianzó  su entrega y pasión por el canto. El pianista Rubén Fdez.Aguirre le acompañaba preciso y meticuloso y si no fuera por su inevitable afán de notoriedad en sus ademanes al teclado, no solo sería un gran acompañante, que ya lo es, sino más cercano y admirado. Dos piezas de Lecuona como son Malagueña y María de la O llenas de luz y tres espirituales negros agotadores para la voz, cerraron con broche dorado un programa que en principio dejaba muchas dudas y que ella supo resaltar expresándolas con buen arte.
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Recital de canto de la soprano Cantarero y el tenor Bros

Recital de Canto. Solistas: Mariola Cantarero (s); José Bros (t). Rubén Fdez Aguirre (piano). Obras de Donizetti, Verdi, Gounod, ,Qiroga, Sorozábal, Moreno Torroba etc. Bilbao Teatro Arriaga 13-XI-14.
 
                       
 
Para cantar con la misma clase, con la bella línea de canto o con el pulcro fraseo del tenor José Bros,  aquella que le acompaña en escena está obligada  a exhibir altas cotas interpretativas. Si además de todo ello, encontramos en el escenario una artista llena de atractivo gracejo, provista de una voz potente y capaz de dar la réplica a los filados y  a la media voz del tenor catalán, el triunfo es fácil que se decante por esa artista. Se trataba de la soprano granadina Mariola Cantarero de cuya actuación subrayaremos la fina, elegante y sensible versión que ofreció del aria de Lucrezia Borgia de Donozetti en la primera parte y en un derrotero totalmente diferente la romanza que cantó “Sin Embargo, te Quiero” de Quiroga,  en la que derrochó una expresividad y una entrega difíciles de presenciar. A José Bros, tenor siempre elegante, le notamos cierta inseguridad en las notas altas de la famosa aria de Werther, dentro de un conjunto de arias típicas de repertorio y como le faltó el gracejo interpretativo de la andaluza, se le percibió hasta cohibido. El pianista Rubén Fdez. Aguirre, supo contactar con el deseo y la intención de cada uno de los cantantes y estuvo en todo momento al servicio de ambas voces.

Enredo rossiniano en el Teatro Arriaga

L´Equivoco Stravagante de G.Rossini. Reparto:  Bruno de Simone (b); Manuela Custer (s); José Luis Sola (t); David Menendez (bar); Alberto Nuñez (t): Aurora Gómez (s). Coro Rossini y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección de Escena: Emilio Sagi. Dirección Musical: Speranza Scappucci. Teatro Arriaga,Bilbao 15-X-14
Cuando un argumento se desarrolla  siguiendo el estilo del enredo a la napolitana del XVIII, cuando no hay una escenografía clara que plasme lo que ocurre y hay que dar rienda suelta a la imaginación creativa, es esencial que  la escena sea atractiva y la música sostenga su banal acción. Aunque la producción venía de Pésaro, Emilio Sagi le ha dotado, como siempre, de colorido y de un movimiento en escena a cargo de los intérpretes que resultó frenético. Probablemente en pos de ese atractivo visual, Sagi encargó a Manuela Custer la encarnación del papel de Ernestina. Si vocalmente su timbre de voz no pareció la de una mezzo y si mostró algunas limitaciones en cuanto a  la extensión, su atractivo escénico, su desinhibición y sensualidad, colmaron las expectativas. El enredo bufo en torno a una fémina pretendida amorosamente por un dúo masculino, contó con el tenor José Luis Sola, siempre elegante en su línea de canto, con su claro timbre de voz y solventando con mucho gusto sus arias incluyendo el final  D´un tenero arodore”.  Al barítono David Menendez le tocó en suerte interpretar al ingenuo y burlesco Buralicchio y lo hizo con voz recia y ademán adecuado al papel que representaba. Como en las óperas bufas hay siempre un bajo bufo, este fue Bruno de Simone, el eje por el que transcurre la acción y que como veterano y gran intérprete dio  al enredo la pátina necesaria. El tenor Alberto Nuñez nos pareció que afrontaba un canto muy central para su voz y la soprano Aurora Gómez cumplió con creces su corto rol. Magnífica la parte de la Sinfónica bilbaína que se apostó en el foso y suponemos que gran parte del  éxito musical de la obra, aparte la calidad de sus miembros, se debió a la excelente dirección de la joven Speranza Scappucci.

ABANICO DE VOCES EN LA GALA DE ZARZUELA

Gala Zarzuela. Solistas: Sabina Puértolas (s); Arantza Ezenarro (s); Marife Nogales (M); Jose Luis Sola (t); David Menendez (bar), Obras de Guridi,  Alonso, Barbieri, Soutullo y Vert, Moreno Torralba Sorozábal etc. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección: Manuel Coves
Una entretenida gala a base de romanzas y dúos de zarzuela, sirvió de escaparate de algunas voces  que acostumbran a pulular por los teatros del entorno. El programa cantado fue también  otro abanico de bellas roamanzas, alguna de ellas, a veces interpretadas por preferencias personales más que por razones de las características vocales. La soprano Sabina Puértolas por ejemplo, cantó  la Mirentxu de Guridi, con gran fiato y muy expresiva, pero luego no disfrutó tanto en la coloraturesca  “En un país de fábula” de Sorozábal, lo que subraya lo que decimos. Otro tanto le ocurrió a la mezzo Marife Nogales, pues sus dos ramanzas primeras mantuvieron una gran carga de salero y gracia, mientras que cantó una tercera sentimental y con peso, que a su color vocal de mezzo lirica no le iba tan bien.. Ello no quiere decir que no gustaran sus respectivas  interpretaciones, porque a dos artistas como ellas, que les gusta cantar, les cabe la obligación de que siempre nos gusten. A la guipuzcoana Ezenarro, le ha cambiado la voz desde la última vez que le escuchamos y ya no es tan cálida y limpia como era. El terciopelo de la que adolecía la soprano, lo encontramos en la voz del  barítono David Menéndez, una voz pastosa y bella en el centro, el cual nos llegó a deparar una sentida y delicada ejecución de la romanza del  Juramento de Gasztambide.  En un escalón superior y ello por facilidad vocal, por dominio  y por su claro fraseo, habría que situar a Jose Luis Sola.  Si su primera romanza de El último Romántico fue un alarde, echó el resto en la romanza de Doña Francisquita y acaparó la atención general. Una renovada o si se quiere una casi desconocida Orquesta BOS bajo la batuta del maestro Manuel Coves, acompañó  a las voces y  no siempre adecuadamente.

Orfeo de Gluck acompañado de Ballet

Orpheé et Euridice de W. Gluck. Öpera-Ballet por el Ballet National de Marseille.Cantantes Solistas: Blandine Folio (M); Ingrid Perruche (s); Mayles de Villoudreys (s). Coro de la Fundación Principe de Asturias y Orquesta Oviedo Filarmonía. Coreografía: Frederic Flamand. Dirección Musical: Marzio Conti. Teatro Arriaga 23-V-14
Se había anunciado como Ballet y de hecho, fue  el Ballet de Marsella la que actuó, pero se trataba sobre todo de la ópera cantada que compuso Gluck y que Frederic Flamand experimentó poniendo en escena ambas disciplinas al mismo tiempo. La delicadeza  de la música lo admite, la placidez del canto del coro y  los largos interludios sinfónicos  permitían la aparición del ballet en escena. La duda surge cuando se piensa si al canto le conviene una distracción ajena o si el espectador profundizará suficientemente en él,  presenciando tanto movimiento escénico. La coreografía, tan variada y atlética contuvo arabesques, brisés volés y fouettes y otros muchos pasos más de ballet clásico, pero  su desarrollo en escena generalmente  llega a parecer monótono en esa variedad.  Fue un ballet cuya coreografía tuvo más en cuenta el físico que el clasicismo elegante. Resultó interesante el desdoblamiento de los personajes, ya que cuando cantaba Orfeo (de blanco) hanía otro que bailaba y lo mismo sucedía con Euridice (de azul turquesa) y con el coro. El papel de Orfeo recayó en la voz de la mezzo Blandine Folio, admirable artista en cuanto a expresividad, claro fraseo y belleza musical. Su voz nos pareció equiparable a la que debía ser en un Alto castrato, es decir un poco más aguda que la voz de una mezzo. Tampoco se hizo desdeñable la  participación vocal de la soprano Ingrid Perruche, la cual exhibió una voz con cuerpo y por tanto cálida y vigorosa, eso sí, menos clara o ágil que la que mostró la soprano Villoudreys. Excelente la dirección del maestro Marzio Conti, haciendo que la orquesta sonara de manera muy delicada, a veces a cámara lenta, pero siempre refinada.

Desde el Escenario del Teatro Arriaga. Otra mirada al canto

Recital de Canto, Solistas: Carmen Romeu (s); Rubén Feernandez (piano), Obras de Saitie, Poulenc, Weil y canciones populares francesas.Teatro Arriaga 13-V-14.
Apostados en el escenario, con la nueva mirada, que es la que suele tener el intérprete cuando mira hacia los espectadores, vivimos esta novedad ideada por Emilio Sagi que nos introdujo en un simulado cabaret parisino. La soprano Carmen Romeu apareció desde el patio de butacas, con ademán sofisticado,  dispuesta a a cantar  una muy bella canción de amor de Erik Saitie “Les Chemins de L´amour”. Su voz cálida, corpórea,  se sumó a su arte como actriz y sin apenas descanso nos fue ofreciendo con gracia y gran intencionalidad canciones que hablaron de amor y desamor, canciones que nos han llegado a través de Edith Piaf,  con el rojo predominante en las luces de los salones de  Montmatre o el Lido y de su vestido tan bermellón  y cabaretero. La soprano valenciana se hizo dueña del escenario y con la colaboración de Rubén Fernández  al  piano llamaron la atención por la conjunción y entrañable unión artística entre ambos. Una idea de Sagi sin duda exquisita, aunque habrá que pensar  la salida para cuando el público sea superior en número en este tipo de eventos que gustan a todos.

Estreno absoluto de la ópera “El Juez” en el teatro Arriaga de Bilbao

“El Juez” (Los Niños Perdidos). Opera en cuatro actos de Christian Kolonovitz y libreto de Angelika Messner. Reparto: Josep Carreras (t); Jose Luis Sola (t); Sabina Puértolas (s); Carlo Colombara (b); Ana Ibarra (s); Mª José Suarez (s); Itziar de Unda (s); Alberto Nuñez (t); J.M.Diaz (bar); Milagros Martin (m); Giorgp Meladze. Coro Rossini y Kantika Korala. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección de Escena: Emilio Sagi. Dirección Musical: David Gimenez. Teatro Arriaga.Bilbao 26-IV-14.
 
 
                                 
 
El estreno absoluto de una ópera implica un honor para la ciudad y para su teatro. Cuando el estreno es además atrevido o reivindicativo el mérito se acrecienta  y sobre todo,  es preciso encontrar un público habituado y avezado en vicisitudes políticas que sea susceptible de presenciar críticas y peticiones populares sin alterarse. Sin duda el teatro Arriaga tiene solera y una dirección artística reconocida.
LA MÚSICA. El maestro David Giménez ha podido disfrutar de suficientes días de ensayo en la preparación de la obra, a juzgar por la seguridad mostrada en su podio y en su claridad gestual, sobre todo, a  la hora de indicar las entradas a Josep Carreras. No es fácil evitar que la orquesta de Bilbao se pudiera atascar por la cantidad y variedad temática que contiene la partitura y los evidentes cambios de ritmo y tempo en una continuidad musical sin freno. No ha sido el caso porque la BOS respondía siempre y el maestro tenía bien sujeta la música En general se tiene la sensación de que la partitura contiene más allegro que momentos trágicos, salvo en el final de la obra. Aparecen en ella continuamente acordes e inicios breves que nos recuerdan a otras músicas líricas  aunque siempre rápidamente interrumpidas,
LIBRETO. Mencionábamos  con anterioridad  la valentía en la denuncia de unos hechos reales. De esta nueva memoria histórica en una España oscura. Angelika Messner denuncia con palabras la necesidad de una reivindicación que dé paso al perdón y al olvido. Sin embargo, es muy difícil que el poder y además en connivencia con la Iglesia sea capaz de pedir perdón cuando domina con autoridad. Es difícil encontrar la autocrítica cuando se ejerce el poder. El texto creado por Angelika Messner ensambla muy bien con la música, no en vano ha trabajado mucho junto a Kolonovitz. Ahora bien, no todo casa, y a nuestro modo de ver se exagera en la obsesión por la venganza y en la vehemente acritud hacia las monjas y la religión en general. La abadesa es una especie de monstrua, una rara vis en la ópera en la que hasta ahora  se ha podido hallar a  la puciniana Suor Angelica o a las carmelitas de Poulenc, pero no a tan cruel abadesa.
SOLISTAS. La hegemonía vocal radicó en el tenor Jose Luis Sola. De él ha partido el canto complicado, ese canto ‘di sbalzo’, de radicales altibajos tonales que le llevaban del simple fraseo hasta el Do de pecho. Kolonovitz no le concedió un final brillante a su aria del pañuelo de seda, “La Madre prepara la comida”, pero la cantó con legato y gran ternura a través de un timbre siempre claro y penetrante. Su canto fue siempre en tesitura alta, exigente, o sea, allí donde José Luis Sola se halla cómodo y por ello disfrutó y disfrutamos con él. Sabina Puértolas no quedó rezagada en méritos y a su atractiva presencia, unió un canto central, siempre por debajo de la tesitura del tenor. Su primera aria recordó a Puccini y en unión de Sola deparó un admirable y precioso  dúo “un Alma, un Aliento” que se convertiría luego en leit motiv.
Josep Carreras compareció en escena como la guinda del pastel. Sobre sus espaldas cargó con la titularidad, pero a pesar de Angelika Messner y de Cristian Kolonovitz a su personaje le faltó pasión, Carreras pudo proporcionarle dignidad, presencia y expresividad, pero le faltó pasión. Se percibió que sus manos y su cabeza querían más. Con el respeto que se debe a un gran tenor, gloria de la lírica como es, no debiera exponerse a tanto. Respecto al bajo Carlo Colombara, por otro lado, se suele decir que el que tuvo, retuvo y así ocurrió con este artista al que se le ha escuchado en muchas ocasiones en Bilbao. Su voz sigue siendo de calidad, grave y solemne y el personaje muy acorde con su timbre de voz y su figura. Un personaje que recuerda a Scarpia, al barón de Tosca, y al que incluso Messner  rodea  de esbirros y Kolonovitz le concede una especie de Te Deum. Entre los solistas que cubrieron segundos papeles destaquemos la buena coloratura de Itziar de Unda, la firmeza y potencia de Ana Ibarra encarnando a la abadesa  del convento y la aportación vocal y teatral de Mª J.Suárez, Alberto Núñez, J.M.Díaz y Milagros Martin.
ESCENA. Es sabida la labor teatral que impone Emilio Sagi, Es conocida su obsesión detallista en los movimientos de los solistas y su peculiar sensibilidad en plasmar su intención en escena. Lo único que no compartiríamos fue la marginación que sufrieron los esbirros de Morales compareciendo una única vez en escena a la vista de todos. La escenografía de Daniel Blanco resultó práctica, sin apenas atrezzo y muy válida en tiempos de crisis. Se asemejó a un inmenso ascensor metálico del siglo pasado de los que se solían cerrar desde fuera y luego sus puertas batientes desde dentro. Cuando se levantaba su cara principal, dejaba suponer el interior del convento, la habitación del Juez o la propia calle. Nos gustó el detalle de la bombilla que bajó de lo alto, con una luz muy tenue indicando la sobriedad de la abadesa.
CONCLUSIÓN, En fin, un estreno operístico con un libreto de actualidad y una música muy asequible ejecutada impecablemente por la BOS. Se contó con la presencia de Carreras en escena, las voces solventes del tenor y de la soprano y  de calidad en la del bajo en unión de unos partiquinos de lujo.