Misa de Muertos (Requien) de Berlioz. Soistas: John Matthew Myers (T); Orfeón Donostiarra y Easo Abesbatza,. Euskadiko Orkestra. Dirección: Eric Nielssen- Quincena 19-VIII-26

La Misa de Muertos o Requiem de Berlioz encarna sin duda magnificencia. Fue el deseo del compositor el de llenar una gran iglesia y dar vida a un ingente espacio. Sin embargo, no todo consistió en estruendo ya que se percibe con claridad la alternancia de los movimientos grandiosos con otros más íntimos. De ahí que la fanfarria y los timbales tuvieron la contraprestación de la devoción cantada a media voz. Los ocho tambores alineados y los dos grupos de instrumentos de metal ubicados en los laterales, son elementos por los que la obra es generalmente más conocida, pero su efecto se debe precisamente al contraste austero del resto de la partitura. El grandioso coro formado por el Orfeón Donostiarra y el Easo Abesbatza mostró en todo momento su poderío tanto en el “Rex Tremandae” como en la “Lacrimosa” los cuales convirtieron el estruendo en súplicas corales y en una gran dulzura interpretativa en el “Salva Me” que les seguía. La voz del tenor solista surgió con el “Sanctus” y la interpretación de John Matthew Myers gustó sobremanera porque además su voz mostró un bello color lírico y de igualdad en el registro alto. Diríamos que se trata de una obra religiosa, pero que en ella prevalece un tono trágico que el coro solventa con gran sonoridad o con silencios elocuentes como ocurre con el “Kyrie”. Destaquemos en el coro la brillantez de los tenores al iniciar el “Lacrimosa” y en general la perfecta unión de los dos conjuntos que nos ofrecieron el esplendor perseguido por Berlioz. Finalmente subrayemos la excelente dirección del maestro Eric Nielssen quien con su particular muestrario gestual atendió con absoluta corrección tanto a la complicada partitura como a las más de ciento cincuenta voces que tuvo enfrente.









