“Andrea Chenier” de Giordano, Reparto: Michael Fabiano (T); Saioa Hernández (S); Juan Jesús Rodríguez (Bar); Nancy Fabiola (M); Veta Pilipenmko (S); Gabriel Alonso (Bar); Jorge Rodríguez (T); Fernando Latoree (Bar); José Manuel Díaz (Bar); Gexan Etxabe (T). Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección de Escena; Alfonso Romsro. Dirección Musical: Guillermo García Calvo. Bilbao 23-V-26.

El tenor Michael Fabiano, protagonista del personaje de Andea Chenier de la ópera homónima de Giordano, nos hizo cambiar totalmente de opinión con respecto a su presentación hace ahora cinco años. Si entonces junto a Jessica Pratt su rol como Hoffman no nos pareció el de una voz brillante, en esta ópera de Giordano sonó squillante y homogénea. Su fraseo y dicción fueron limpios y en su registro agudo brillaron el Si bemol y el Si natural bien timbrados. El aria conocida como “Improvviso” Un dì all’azzurro spazio”, la bordó con un lirismo casi heroico como también resultó épico, aunque un tanto histriónico en sus ademanes al entonar Si fu soldato. Su completa actuación la terminó con el dúo final y un resplandeciente agudo al cerrar la frase Viva la morte insiem. Un agradable cambio en una voz de grato color de tenor spinto. Junto a este tenor norteamericano se presentaba la soprano madrileña Saioa Hernández, quien interpretó una Maddalena muy atractiva. Enseñó una voz no solo extensa y hermosa en las notas centrales, sino también llena de matices. En su gran aria La Mamma morta tumbada en el suelo tras la pretensión sexual del barítono, primó el gusto y el sentimiento, pero no así la limpieza en la dicción, un dato este que desafortunadamente acompañó a su canto. Su labor general serena y contenida en esta aria, terminó en un controlado y contagioso dramatismo que el público rubricó con el mayor aplauso de la noche.El tercer personaje protagonista recayó en el barítono Juan Jesús Rodríguez y ya se sabe que al hablar de este cantante es obligado repetir una y otra vez que es poseedor de un instrumento de gran extensión, sobre todo hacia las notas altas a las que accede con facilidad. Tanto su físico, como su intencionada autoridad vocal, confieren al personaje de Gerard las características del rebelde social pretendido. Desde su primer monólogo dirigiéndose al sofá y luego a su padre Son sessant’anni, o Vecchio deslumbró con su bello color vocal. Luego, cantó Nemico della patria de manera apasionada con un final en la palabra “Amor” bien sostenida. Respecto al apartado concerniente a la producción, diremos que, en la elegante y magnificente escenografía del principio, la gavota tuvo una coreografía muy simple y los cuatro bailarines, sin apenas sitio para bailar, se dedicaron a hacer gimnasia. Desde ese instante con el sobresaliente canto del grupo femenino, hasta el resto de sus múltiples intervenciones, el coro cantó de manera espléndida y se movió en escena con gran naturalidad dando visos de verosimilitud teatral. La dirección musical a cargo de Guillermo García Calvo primó el acompañamiento a los cantantes. Les otorgó el tempo requerido para el particular lucimiento de cada uno de los protagonistas y evitó que la Sinfónica de Bilbao cayera en la pesadez manteniendo en todo momento la tensión dramática.En cuanto a las segundas partes canoras, en gran medida correspondientes a las voces locales como las de los barítonos Fernando Latorre y José Manuel Díaz o la del tenor Gexan Etxabe dieron realce a una representación que cerraba con broche de oro a la temporada









