EL IMÁN DE ORLINSKI

Recital de Canto. Solistas:Jakub Jozsef Orlinski (Falsetista); Michal Biel (piano); Obras de Fux,Purcell, Czyz, Karlowicz y Haendel. Teatro Arriaga 6-V-22

    

Jakub Josef Orlinsky es un joven falsetista de risueña imagen y dominio de la escena. Hasta parecía emocionarse y sorprenderse con los aplausos que un entregado público le tributaba. A pesar de la limpieza de su emisión y la excelente musicalidad, nos pareció que a su buena técnica le faltaba, por ejemplo, soldar con más naturalidad los diferentes registros vocales. Su programa nos ayudó a conocer a compositores como Mieczislaw Karlowicz y Henrik Czyz, dos músicos polacos, el primero de fines del XIX y el segundo del XX a quienes cantó en tesitura central, con un claro fraseo y una gran afinación. Canciones sencillas y breves llenas de lirismo poético en las que mostró gran expresividad, pero la centralidad que encerraba alguna de ellas, como la titulada “Lágrima” de Karlowicz, denotó cierta ausencia de colocación correcta de la voz acudiendo a la media voz natural como mal menor. Con Purcell y Haendel, alternó su poderosa voz central en el canto pausado, con una agilidad bien resuelta y el público no paró de aplaudir ningún instante, ni siquiera cuando cantaba varias canciones de grupo de un mismo autor que suelen requerir silencio entre una y otra, llegando a las palmas incluso antes de que terminara de cantar. Con la compañía al teclado de su compatriota el maravilloso pianista Michal Biel, tan delicado y preciso, el paso de Orlinski por Bilbao dejó huella.


VEHEMENCIA PASIONAL

“Sigfrido” de R.Wagner. Acto III. Solisyas: Rachel Nicholls (S); Okka von der Damerau (M); Clay Hilley (T); Simon Bailey (Bar). Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección Musical: Erik Nielsen. Palacio Euskalduna.5-V-22  

El acto III de la ópera “Sigfrido” de Wagner que ofreció la Sinfónica bilbaína en pleno, contó con unas voces de especialistas en el género. Nada más comenzar la conversación entre Wotan y Erda, nos llamó la atención el bello color vocal de Okka von der Damerau más cercano al de soprano que al de una mezzo y su canto fácil y natural. A su vez, la voz del barítono Simon Bailey a quien escucharíamos ampliamente en adelante, nos pareció un tanto lirico como para acometer adecuadamente un papel que requiere mayor gravedad. La aparición del personaje de Sigfrido encarnado por el tenor Clay Hilley rayó en lo impactante ya que su voz resonó como una resistente y poderosa trompeta. Además, su brillantez vocal atravesaba con facilidad la partitura. No flaqueó en el interminable idilio con Brunilda e incluso nos introdujo en la escena del descubrimiento de ella con acertada mímica gestual. Un excelente heldentenore que se atrevió incluso a realizar filados con gran control. En la vehemencia pasional, ajena al gran lirismo orquestal, intervino también Rachel Nicholls, una soprano dramática de poderosa voz, resistente también y provista de la calidez de una mezzo. En cuanto a la labor del maestro Nielsen al mando de la Sinfónica de Bilbao diríamos que este atendió exclusivamente al conjunto orquestal y apenas miró a los solistas sabedor de la seguridad y musicalidad de los cuatro que tenía a su espalda. Nos pareció un tanto elevado el sonido musical que permitió y en consecuencia las voces tenían que superar a esa gran orquesta. De ahí que el lirismo inherente al idilio final nos pareciera demasiado vehemente y pasional.


GRANDIOSA RESURRECCIÓN

Como grandiosa calificaríamos la versión ofrecida por Euskadiko Orkestra y el Orfeón Donostiarra de la Segunda de Mahler, bajo la batuta del maestro Robert Treviño. El director norteamericano no solo se atuvo a la delicadeza inherente del andante moderato con su pegadizo minueto, sino que el esplendor del último clímax final, con el impactante sonido general de la ‘Resurrección’, cerró una ejecución magistral. Naturalmente, contó también con un gran coro, en esta ocasión con el Orfeón Donostiarra, que ya desde el murmullo susurrante del pianísimo inicial resultó de muy gran efecto y testimonió su arte canoro. Luego, el conjunto acentuó la palabra con firmeza y acompañó finamente la intervención de la mezzo Justina Gringyte, quien, con su voz llena de armónicos, atacó con sentimiento «O Röschen rot! (Oh, ¡rosita roja!) del ‘Urlicht’ en el cuarto movimiento. Su compañera, la soprano Sarah Fox, gustó también porque cantó con una intensidad controlada, sin exageración, a media voz y poniendo énfasis en el texto. El maestro Treviño, a pesar de tener la partitura en el atril, apenas la miró y se centró con gran entrega gestual en dirigir a una multitudinaria orquesta y a un numeroso orfeón para deleite de los asistentes ofreciendo una grandiosa versión de una magna obra.


ERWARTUNG( LA ESPERA)

“Erwartung” de A. Schonberg. Solistas: Ausrine Stundyte (S); Andrej Hovrin (Piano). Dirección de Escena: Calixto Bieito. Teatro Arriaga 29-IV-22 

Con la misma perspectiva y los mismos elementos, se ha repuesto en el Arriaga la obra Erwartung de Schonberg que ya se representó en el mes de junio pasado. De manera que, con la única compañía del piano, colocado en medio de la butaca de patio del teatro, la soprano lituana Ausrine Stundyte volvió a cuajar un excelente trabajo artístico. Valió la pena tanto su actuación teatral deambulando por las butacas en la búsqueda de su amado, como su “recitar cantando” lleno de expresividad. El mérito de su desafío como actriz al estar rodeada por las atentas miradas de los asistentes, se equiparó con su “canto di sbalzo” tan cambiante, lleno de fuerza dramática y entrega. También resultó admirable la concentración en su personaje, sin darle descanso y siendo escrupulosa en sus movimientos en relación con el texto. Todo ello, en bien de un recitado claro y creíble. El teclado del piano a cargo de Andrej Hovrin mantuvo perfectamente el sentido de la narración y a pesar de su atonalidad musical, el buen hacer del pianista nos mantuvo inmersos en el angustioso monólogo de la soprano. La artista mostró de nuevo la corporeidad de su timbre de voz, emitida con dureza, pero a la vez poderosa en bien de un resultado de efecto dramático. En cuanto a la idea de Calixto Bieito nos atrajo el juego de luces que creó y el amplio espacio ideado para lucimiento de la soprano. En cambio, no nos sedujo su siempre utilizado muestrario de sangre, ni su visión tétrica en la búsqueda del erotismo. No hubo variación con respecto a la anterior representación y con ello volvieron a renovarse los méritos de la cantante-actriz lituana. Tras este Erwartung (La Espera) Schonbergiana y en este mismo estrilo operístico, quizás Bieito nos depare “El Angel de Fuego” de Prokofiev que esta misma soprano, tan querida por él, cantó en el Real madrileño.


SUPERANDO EXPECTATIVAS

Alzira” de G.Verdi. Reparto: Carmen Solís (S); Sergio Escobar (T); Juan Jesús Rodríguez (Bar); David Lagares (B); J.M.Ramón (Bar); V.Esteve (T); Maria Zapata (M); Gerardo Lopez. Coro de la Opera xde Bilbao y Bilbao Sinfonietta. Dirección de escena: Jean Pierre Gamarra, Dirección Musical: Daniel Oren. Bilbao 23-IV-22.     

Con la ópera Alzira finaliza el difícil camino de tener que encontrar obligatoriamente a los intérpretes que estuvieran dispuestos a cantar esas obras poco representadas de Verdi. Termina el tener que despertar del letargo alguna que otra escenografía que dormía en rincones olvidados de algunos teatros. Se culmina la obsesión de realizar un esfuerzo cuyo valor se ha centrado en la curiosidad de representar algunas óperas poco habituales. Afortunadamente la representación de Alzira ha servido como broche que ha superado las expectativas despertadas exceptuando su pobre y simple producción.

El primero en superar los temores del estreno fue el maestro Daniel Oren, a quien recordamos por su buena labor en noviembre del año pasado al dirigir la Cavalleria de Mascagni. En esta nueva presencia al frente de la Bilbao Sinfonietta, sus enérgicos gestos y su mando para conducir a buen puerto la bravura musical de esta ópera, han sido evidentes. Recordemos sobre todo los espléndidos concertantes logrados. A continuación, destacaríamos al barítono Juan Jesús Rodríguez de quien siempre hemos admirado la seguridad y la belleza del color de su timbre de voz, aunque nos pareció que va perdiendo el poderío de hace pocos años. Aún así su canto es siempre convincente y su voz, aunque se haya atenorado, sigue siendo extensa. Nos quedaremos con su final, esa muerte perdonando a su enemigo de tanto efecto y tan hermosa en su gravedad musical, en la que Verdi se basará luego para crear la no menos preciosa muerte de Ricardo en Un Ballo in Maschera.

Por otro lado, la asunción del rol de Alzira por parte de la soprano Carmen Solís consistió en uno de los determinantes para que la ópera discurriera por cauces de buen nivel, porque, además de centrarse en un complicado papel en pocos días, la artista extremeña exhibió momentos de grandeza en el canto spianato, un canto lleno de serenidad.

Acerca del tenor Sergio Escobar habría que decir algo parecido, ya que solventó sin mácula un papel difícil que está lleno de “tour de force”. Las exigencias de Verdi para el papel de Zamoro, las resolvió con una voz de auténtico tenor spinto, esas voces que escasean y requieren gran control en su emisión.

En la pobre escenografía, el coro de la Opera de Bilbao, tantas veces protagonista, se limitó a veces a ser espectador en su estatismo general y su canto homogéneo y ajustado se vio deslucido por ese estatismo insípido en las diferentes estampas presentadas a modo de una ópera semi escenificada. Finalmente, tras cambios y rehúses, se cierra el ciclo “Tutto Verdi” con esta Alzira que ha salvado los peores auspicios.


CONJUNTO PRECISO Y ELEGANTE

Recital del conjunto Vox Luminis-Café Zimmermann y Orquesta Café Zimmermann. Obra: La Pasión según S.Juan de J.S.Bach. Sala Scdad Filamónica.Bilbao 8-IV-22

Además de la preciosa ejecución de la Pasión según San Juan de Bach, otro mérito del conjunto dirigido por Celine Frisch y Pablo Valetti radica en la selección vocal del coro por parte de Lionel Meunier. Cada uno de sus miembros coralistas, aunque no figuren como solistas en los carteles de los teatros, tampoco son los elementos vocales anónimos que suelen llenar los conjuntos. La interpretación de la obra de Bach contó con voces tan diferentes y de tan variado color de timbre, que cada uno de ellos, en su papel más o menos importante, dejaron una grata impronta de buen gusto, afinación y sentida expresividad. Si hemos de destacar la calidad vocal de entre ellos, sin la debida concreción de sus nombres, apuntaríamos, al tenor que hizo de Pedro enseñando una buena voz lírica. Le seguiría en méritos cualitativos el también tenor que encarnó a un seguidor de Jesús y finalmente vaya nuestro recuerdo hacia el muy ligero tenor que cantó la muerte de Jesús con tanto sentimiento, así como la expresividad con la que cantó la soprano del final con su timbrada voz.  La orquesta que reflejó tan bello color en el teclado, violonchelo, viola de gamba y archilaúd incluso paró unos instantes tras la intervención de Pilatos, para su mejor afinación, muestra evidente de la calidad y preocupación interpretativa del conjunto. Vivimos una interpretación canora elegante y una ejecución musical precisa y unísona en lo vocal. La elegancia coral y al mismo tiempo su cohesión vino de un grupo de apenas dieciocho voces acompasadas y ensambladas. La precisión y el estilo nos llegó de parte de un conjunto musical muy experimentado en el barroco.


DOS JOYAS ROSSINIANAS

Recital de Canto de la ABAO. Solistas: Angela Meade (S); Chiara Amarú (M); Paolo Fanale (T); Simón Orfila (B). Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica Verum. Dirección Musical: Nicola Luisotti. Teatro Arriaga 6-IV-22.

Poca la expectación por parte del socio de la ABAO ante la programación de dos preciosas obras de Rossini, cuando el maestro de Pésaro se hubo ya retirado del escenario operístico. La ausencia social se tradujo en el traspaso a un teatro de menor capacidad que la del Euskalduna. Fue una pena porque el programa presentado valía por sí solo. En la cantata “Giovanna D´Arco” emprendida en primer lugar por la mezzo Chiara Amarú, nos resultó evidente su estructura compuesta en dos arias típicamente operistas cada una con su obligado recitativo precedente y un final a modo de cabaletta. La mezzo siciliana nos introdujo con el comienzo “Es de noche” con dedicación expresa a su madre en una aria en elegante andantino. Con una voz de timbre ligero, tendente al color de soprano, la mezzo dio muestras de su flexibilidad y excelente modulación. Debido a ese timbre de color ajeno a lo andrógino, nos mostró mordente y trinos claros. En la segunda aria “Ah la llama que sale de tu mirada”, nos brindó una cabaletta de bravura que ella solventó con virtuosismo. Sin embargo, diremos que la voz careció de poder y volumen, es decir una voz bastante limitada. En cambio, la voz de la soprano Meade se erigió en protagonista en cuanto intervino en el precioso “Stabat Mater”. Cada vez que intervenía se hacía la luz y tanto el bello color como la potencia de su voz, reinaron en el escenario. Por otro lado, la alta tesitura impuesta por Rossini a la participación del tenor quedó bien solventada por el bello color del timbre del tenor Paolo Fanale siempre seguro. En cuanto al bajo Simón Orfila, se atuvo a la gravedad y bravura de su primera aria y luego, acompañado del coro, con su voz natural, sin exigencias, su canto se movió en un campo delicado y bien controlado. Subrayemos la excelente actuación del coro desde su comienzo en el pianísimo “Stabat Mater Dolorosa”, como en el impactante y complicado final “Amén”. Un coro siempre solvente tanto en movimiento en escena como en este caso estático, muy conjuntado y siempre con el gusto apuntando al bel canto. La labor del maestro Nicola Luisotti también fue encomiable con y sin batuta cuando se dirigía al coro, meticuloso y claro en el gesto, lo que ayudó a que la joven orquesta Verum de Ciudad Real, cuajara una encomiable ejecución de ambas piezas.  


BELLO REQUIIEM ALEMÁN

Requiem de Brahms. Solistas: Olga Pasichnyk (S); JohannKrsitinsson (Bar). Orfeón Pamplonés y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Director: Georg Mark. Palacio Euskalduna. 23-III-22.

El bello Requiem de Brahms podría catalogarse como un oratorio o como una cantata cuyo fondo está un tanto alejado de lo que es un Requien litúrgico al uso. Alguna vez incluso se le ha definido como “Requiem ateo” a pesar de la espiritualidad que encierra. El fondo religioso de la obra y su belleza musical se debió en gran parte a la intervención compacta y vibrante del Orfeón Pamplonés. Eso sí, siempre que hay una batuta experimentada como la de Georg Mark y una orquesta de calidad, como la Sinfónica de Euskadi, la ejecución de la obra,sea esta cual sea, resulta atractiva. Desde el principio el orfeón mostró absoluto control y gusto tanto en su canto pianísimo con el precioso solo acompañante del oboe, como en los tutti rebosantes de esplendor canoro. Nutrido sobre todo con voces de jóvenes sopranos y mezzos hizo evidente su frescura vocal completando una labor encomiable a lo largo de una obra que descansa en su participación. Ello no quiere decir que no estuviera compensada la sonoridad general del conjunto, sino que la tensión en los momentos brillantes se decantaba hacia las voces femeninas y ni siquiera las mascarillas restaron poderío a su incansable trabajo. La voz lírica del joven barítono Johann Kristinsson nos llegó al cantar su primera aria “Herr lehre doch mich” a través de una voz no muy extensa, pero cómoda en la parte alta, suficiente para interpretarla con corrección. En cuanto a la intervención de la soprano Olga Pasichnik se ciñó a su única y muy bella aria “Ihr habt nun traurigkeit”. En ella, la soprano ucraniana demostró gran control vocal y una búsqueda minuciosa del color de cada nota, lo que hizo patente su buena técnica. Le respondía el coro con la misma delicadeza y control en la intensidad. Luego, cuando el orfeón preguntó al infierno si había triunfado, llegó el estruendo con gran brillantez y poderío, para terminar la obra con su largo final compacto y atento a la sobria batuta del maestro austríaco.


TODO UN SIGLO DE MÚSICA

Concierto de la BOS. Dos Melodías hebraicas xde Ravel y La Resurrección de Mahler. Solistas: Miren Ubieta (S); Isabelle Druet (M); Coro de la Sociedad Coral de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Builbao. Dirección: Leonard Slatkin. Palacio Euskalduna.Bilbao 10-III-22

La honrosa ocasión merecía el lleno absoluto que presentó el Euskalduna. No en vano, la BOS su suma con estas efemérides a las escasas instituciones culturales bilbaínas que ya son centenarias. Decir en alto que un organismo cultural musical celebra cien años de existencia indica la inquietud y el alto nivel del pueblo que representa. En el programa de este centenario figuraron “Dos Melodías hebraicas” de Maurice Ravel y acto seguido, “La Resurrección” de Mahler.  “Kaddisch”, se trata una oración fúnebre, de patético y lento ritmo con la que la mezzo lírica Isabelle Druet con su voz fina y delicada nos introdujo en la grave profundidad del dolor, aunque este sentimiento no figure en el texto que es de alabanza a Dios. Sin interrupción, el maestro Leonard Slatkin nos brindó las primeras notas de la espiritualidad que encierra el primer movimiento de la Segunda Sinfonía de Mahler. Haciendo caso del requerimiento del autor, hizo una pausa tras este movimiento. La voz de la mezzo francesa no llegaría hasta el “Urlicht” interpretado por ella con gran sentimiento e intencionalidad cuyo texto revela la necedad del hombre y una firme creencia en la vuelta hacia Dios. El canto delicado de la mezzo se vio interrumpido por el estruendo orquestal en fortíssimo y la suma de más metales entre bastidores. Si la mezzo Druet se lucía con su elegante línea de canto, la soprano Miren Ubieta apuntaba en su corta participación la esplendidez de su homogénea voz. El maestro norteamericano Slatkin estaba dando en todo momento un bellísimo color y una fuerza majestuosa a la nutrida BOS, fruto de su sabiduría y experiencia. Por otro lado, el empleo que hace Mahler del coro es de bella sencillez. La Sociedad Coral bilbaína respetó al máximo los abundantes piani y pianíssimi, acentuó lo justo la palabra y dio a su corta participación un marchamo de seguridad y conjunción. Nada nos fue extraño ni dudoso en la magna interpretación ya que la batuta demostraba su autoridad y claridad gestual, la orquesta su calidad y obediencia y las voces tanto corales como solistas, la esencia de esta obra de un gran músico.


EL ROMANTICISMO DE LOS LIEDER

Musika-Música. Recital de Canto. Solistas: Olatz Saitua (S); Francisco Poyato (piano). Obras de Schubert, Schumann, Sorozabal, Poulenc, Mahler, Strauss, Toldrá.  Bilbao 6-III-22

Generalmente, si la base de las canciones o lieder alemanes está sujeta a textos que hablan de noches de luna, de la primavera o las estrellas, hay un factor poético y romántico que las define. En consecuencia, el canto irá por derroteros elegíacos y la voz adquirirá el color blanco de lo que se narra cantando. No es la primera vez que la soprano Olatz Saitua actúa en este festival y con este tipo de canciones y su voz cristalina no le impide mostrarnos su arte. El discurrir fácil de su voz le otorga claridad en el recitado y la afinación de la que hace gala le proporciona una línea de canto sutil. Cantó cómoda y alternó la lectura del texto, un tanto improvisada, con el canto emotivo. Es una artista que tiene la facultad de sacar el máximo provecho a su ligera voz a través del gusto y el domino de la media voz. De manera inexorable le va bien el canto romántico y juvenil porque, por naturaleza, su fina voz se adentra perfectamente en ese terreno, lejos de lo dramático. El programa se distribuyó entre las canciones de diferentes autores hasta llegar incluso a Srorozábal con quien terminó su actuación interpretando la preciosa canción “Zure Mosuan”. La acompañó el pianista Francisco Poyato, quien también se preocupó de explicar las canciones que interpretaban. Su acompañamiento en los lieder de Schubert y Schumann no tuvo ninguna complicación técnica y ya con Strauss y Mahler percibimos el cambio de ritmo hacia un acompañamiento más alegre, scherzante y de un mayor cromatismo. Fue un recital casi familiar porque los dos artistas así lo hicieron. Se mostraron cercanos al público, y aunque tal vez fuera algo edulcorado,  lo hicieron sin sofisticación y con naturalidad.