CONSOLIDADO DÚO

Musika-Música. Recital de canto. Solistas :Olatz Saitua (S); Ainhoa Zubillaga (M); Itxaro Sainz de la Maza (Piano). Obras de Mendelssohn, Schumann, Brahms y Sorozábal. Bilbao 7-III-26.  

 Digamos antes de centrarnos en el atractivo recital llevado a cabo por la soprano vizcaína Olatz Saitua y la mezzo guipuzcoana Ainhoa Zubillaga de la dificultad de abstenernos en nombrar a un magnífico falsetista. En efecto Cameron Shahbazi que llegó al festival sustituyendo a otro colega nos había dejado con anterioridad un imborrable recuerdo de su arte canoro al cantar varias arias de Vivaldi con el conjunto de Les Musiciens de Saint Julien. Inmersos ya en el dúo programado y conmemorando los veinticinco años del festival, el dúo de las artistas vascas comenzó interpretando un dueto de Mendelssohn con letra de Joseph Elchendorff que nos indicó el abanico de canciones románticas que habían preparado.  Desde ese mismo instante pudimos apreciar el bello equilibrio cromático que lograban sus voces y su perfecta simbiosis. En todo momento, la claridad y limpieza de la voz de Olatz Saitua encontraba el contrapeso en la serenidad y terciopelo de la mezzo Zubillaga. Al acometer a Schumann la soprano cantó en solitario “La Flor de Loto” con letra del poema del libro de cantares del poeta Heinrich Heine y al cantar a Brahms fue la mezzo la que intervino en solitario con la canción “Die Mainacht” (la noche de mayo). Si la compenetración y la afinación en ambas se nos hizo admirable, faltaba aun lo mejor. Ocurrió cuando ambas dejaron al descubierto la emotividad y el sentimiento al cantar las bellas canciones de Pablo Sorozábal en euskera. Llegó la calma, llegó la intencionalidad a flor de piel, llegó la belleza en el fraseo. Hasta la pianista Itxaso Sainz de la Maza disfrutó con las melodías en su sencillez de acompañamiento. Hubo unión artística y hubo disfrute por nuestra parte.                                    


GRANDIOSA CANTATA

Carmina Burana de C.Orff. Reparto: Andrea Martí (S); Toni Marsol (Bar); David Azurza (Falsetista)- Orfeón Pamplonés y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Euskalduna 6-III-26 

  El maestro Víctor Pablo Pérez no exageró en el gesto ni en ningún ademán protagonístico porque al frente disponía de una excelente agrupación como es el Orfeón Pamplonés y a los maestros de la Sinfónica de Euskadi a sus pies. Con estos mimbres, la famosa obra de Carl Orff, Carmina Burana, alcanzó una magnífica interpretación que hacía tiempo no vivíamos con tanta excelencia. Como se sabe, la dificultad en su interpretación está en la variedad rítmica, o sea, la que en verdad nos da la visión de su variedad musical. En este sentido, no hubiera hecho falta la actuación del falsetista David Azurza para alejarnos de la monotonía pues el Orfeón ya era capaz de enseñarnos su grandeza. Su compañero Toni Marsol cantó con expresividad, y una y otra vez, nos hizo oír su amplitud vocal de barítono lírico al mostrar que también posee notas graves sonoras. Teatralmente, el barítono catalán se adentró en la satirización y en vivir lo que cantaba con lo que su actuación general gozó del favor del público. El final de esta Carmina Burana debía tener la belleza cromática y la gloria mostrada por el Orfeón y así fue. La soprano Andrea Martí equilibró con su fina y clara voz de soprano ligera la brillantez coral y la orquestal.  Su finura canora nos desveló a una artista de canto afinado y muy musical digna de haber participado en una grandiosa cantata.


LA JUVNETUD COMPOSITIVA

Musika-Música. Sinfonía en Re menor de J.C.Arriaga y Te Deum de G-Bizet. Solistas: Naroa Intxausti (S); y Beñat Egiarte (T). Sociedad Coral de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Bilbao (BOS). Teatro Arriaga 6-III-26. 

 Una obra maestra del joven bilbaíno Juan Crisóstomo Arriaga abrió el festival del año en curso de la popular Musika-Música. Cuatro movimientos que la Sinfónica bilbaína nos transmitió de una composición que no podemos llamar madura al tener en cuenta la edad de su autor y sin embargo está así considerada por su calidad, sobre todo por su último y destacado “Allegro”. En la segunda parte volvió a situarse en el atril el maestro Francisco López Ferrer, en esta ocasión para dirigir un Te Deum creado por Georges Bizet muy poco representado y también de juventud. Cien voces de la Coral bilbaína iniciaron la interpretación de la única obra sacra del joven compositor francés de clara influencia italiana al coincidir su estancia en Roma. Desde el “Te Laudamus” inicial el coro apuntó su carácter y compenetración. Si con este citado “maestoso” la agrupación bilbaína nos indicó su esplendor y la esencia del canto pianíssimo, esa misma majestuosidad fue la que acompañó después el canto de la soprano Naroa Intxausti. La voz de la soprano bilbaína sonó limpia y dulce. Con un mayor protagonismo que el del tenor Egiarte cantó con amplio legato y gusto y admiramos su interpretación del “Te ergo quaesumus” un andante melodioso que la soprano recitó con gran expresividad. Una velada en la que la organización Musika.Música nos quiso revelar las obras no muy conocidas de dos jóvenes talentos musicales


BARROCO SIN FRONTERAS

“Masquarade”. Euskal Herriko Orkestra Barrokoa. Obras de Philidor l´Asné; J.B.Lully; John Adson ; Johnm Eccles y Henry Purcell. Solistas: Anna Piroli (S); Julio Sotop (Bertsolari); Michel Etxekopar (Txitula). Teatro Arriaga 26-II.25

 

 Entretenido y variado espectáculo el ofrecido por la recién creada orquesta profesional que divulgará la música compuesta entre los siglos XVII y XVIII. De manera inteligente, el proyecto encabezado por su director y guitarrista Enrique Solinís aunó la música barroca francesa, inglesa e italiana con la popular vasca de las “Maskaradas” suletinas y Zuberoa. Con un color elegante y exquisita compenetración, la agrupación vasca recorrió con gran conjunción y maestría interpretativa la música de Lully o Purcell. Tanto los veinte componentes con sus tiorbas, flautas de pico y archilaúdes como la Txirula  y el Ttun Ttun de Etxekopar nos ofrecieron una mezcla de la refinada música de otras fronteras al alimón con la de Iparralde. Entre los solistas, mencionemos a la soprano Anna Piroli quien se distinguió en el canto doliente, en las varias arias melancólicas que cantó como la de Lully “Sparite svanite fuggite da me” que la artista cremonense interpretó con gran expresividad. Mención especial también para el bertsolari Julio Soto por clara declamación. Asistimos a una “Mascarada” en forma de entretenimiento festivo, que floreció en Italia y pasó luego a Francia e Inglaterra y que como tal incluía música y canto además de la danza que pudimos admirar del grupo “Berritzako Dantzariak”.


ESTUARDA CORONA A LEICESTER

“María Stuarda” de G.Donizetti, Reparto: Yolanda Auyenet /S); María Barakova (M); Filip Filipovic (T); Manuel Fuentes (Bar); Milan Peresic (Bar); Cristina del Barrio (S); Josu Cabrero (T). Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección escénica: Emilio López. Dirección Musical: Iván López Reynoso. Bilbao 14-II-26. 

En la ópera de Donizetti se presentaban en Bilbao tres voces, la soprano canaria Yolanda Auyenet, la mezzo rusa María Barakova y el tenor croata Filip Filipovic. La primera, que encarnó a la reina Isabel entendió perfectamente su regio papel y lo demostró en escena con autoridad y con enérgico gesto. Su dominio escénico no fue igual al vocal pues la soprano española cantó sin control en la intensidad en su gran caudal de voz y hasta el “parlato” se nos hizo altisonante. Superó al resto en el aspecto teatral, su porte y caracterización fueron admirables y, sin embargo, teniendo una voz muy bien emitida y poderosa, no se atuvo al bel canto. Si llamó la atención el volumen de su hermosa voz y su seguridad en el registro agudo no fue menos la atención a la teatralidad.

La segunda debutante, la mezzo rusa Barakova fue la que hizo gala del bel canto. Su voz no pareció voluminosa, pero si extensa y de ahí que salvara con nitidez los agudos que se le presentaron. Se distinguió sobre todo por la elegante línea de canto que mostró, por su canto bien matizado y por el agradable color vocal. Dramáticamente adquirió una personalidad lejos del histrionismo, calmada y emotiva en “la preghiera” apoyada por un coro majestuoso. Esa escena final de la obra cautivó por ese sentimiento de ternura que desprendió y que el público acusó aún más cuando el regidor Emilio López hizo que se desprendiera de su ropaje y luciera el color rojo en su lenta marcha al cadalso.

Finalmente llegamos al tercer debutante y al mismo tiempo la grata sorpresa de la noche. En efecto, el tenor croata Filip Filipovic ya empezó a gustar cuando nada más salir a escena se fue al Do de pecho bien sostenido en su cavatina. En todo momento sus intervenciones llamaron la atención por su “squillo” y seguridad. Sería muy interesante escuchar de nuevo en otro título a esta joven voz brillante y homogénea y que dada su inexperiencia todavía no sabe moverse en escena. Deambulando de módulo en módulo aparecieron Manuel Fuente como Talbot, fiel a María e infiel al bel canto, y lord Cecil encarnado por Milan Peresiv con voz más lucida. El director de escena Emilio López, se enfrascó en ordenar mover módulos y en evocar de alguna manera la historia mediante piezas de ajedrez y no causó el impacto debido el encuentro entre las dos reinas que siempre ha de llamar mucho la atención. El maestro Iván López Reynoso al mando de la Sinfónica de Euskadi dejó que se escuchase bien el canto, sobre todo en los momentos dramáticos. Fue un buen soporte para lograr un equilibrio entre esas voces actuantes y la excelente orquesta bajo su atril.


TEATRO MUSICAL

La ópera de los tres centavos. De Kurt Weill y libreto de Bertoldt Brecht. Intérpretes: Coque Malla; Omar Calicchio; C armen Barrantes; Paula Iwasaki; Cristina García; Miquel Mars; Andrea Guasch. Dirección de Escena: Mario Vega. Dirección Musical: Miguel Malla. Teatro Arriaga 12-II-26                                                  

TEATRO MUSICAL                                                      

La Ópera de los Tres centavos es una obra maestra del teatro moderno que lleva la acepción de ópera cuando en realidad es teatro musical. Se trata de una crítica social que ha sido objeto de numerosos análisis musicales y de varias versiones ya sea dentro del jazz, del Foxtrot o de otros géneros musicales. Siendo su música sencilla y amena, el texto de Brecht nos habla de la clase baja, de delincuentes y prostitutas. La calificaríamos también como una sátira mordaz sobre la corrupción y desigualdad social y que a pesar de todo nos resulta evocadora. La interpretación presenciada en el teatro Arriaga habría que contemplarla desde el punto de vista actoral, es decir teatral. No en vano los intérpretes completaron una actuación meritoria con gran naturalidad y entrega. En el ámbito musical, en concreto vocal, faltó musicalidad a la traducción y las voces todas ellas teatrales, utilizaron el mini micrófono con lo que ya está todo dicho. Nos gustó la escenografía confeccionada en madera, eficaz en su sencillez y nos gustó la labor actoral de los siete intervinientes con el lógico destacar de Coque Malla encarnando a Macbeath. Así mismo, sería injusto no nombrar a Paula Iwasaki que hizo de Jenny, a Carmen Barrantes que actuó con gran naturalidad, así como al matrimonio de los Peachum formado por, Omar Calicchio y Cristina García. Digamos que se trata de un entretenimiento musical que entra dentro de la comedia a pesar de la crítica inherente al libreto.


LA SOLEDAD DE WERTHER

Werther de Jules Massenet. Reparto: Celso Albelo(T); Annalisa Stroppa (M); Lucía Iglesias (S); Àngel Ódena (Bar.) Enric Martínez-Castignani (B); Josu Cabrero (T); José Manuel Díaz (Bar); Orquesta Sinfónica de Bilbao. Coro de niños Leioa Kantika Korala. Dirección de escena: Rosetta Cucchi. Dirección Musical: Carlo Montanaro. Bilbao 17-I-26.

 Ante todo, y como explicación del título, diremos que Werther es una ópera que exige control del legato, elegancia y dominio de la intensidad vocal, con lo que, un exceso en el volumen de la voz en cualquier cantante o la falta de sutileza en la línea de canto no guarda las exigencias del repertorio romántico francés. En este sentido, el artista que reflejó esa elegancia y un claro fraseo, así como una cuidada pronunciación fue Celso Albelo. El tenor canario respondió en solitario con su buena técnica a la desesperación del personaje que interpretaba cantando siempre con intención y proporcionando un correcto dramatismo a la acción. En el momento cumbre de la obra como es su aria “Pourquoi me reveiller”, su encomiable versión, muy académica, reveló cierta premura en el tiempo, a la vez que sobrada potencia en los agudos. Su labor en general fue de gran nivel tanto canora como pasional, siendo en todo momento el seguro eje en el que se movió el resto.

La mezzo Annalisa Stroppa, a su vez, ofreció pocos matices a su personaje de Charlotte. Su voz, un tanto engolada, resultó mucho más apropiada al llegar al dúo final con Werther en su casa y cuando, doliente, le reveló con dramático y patético gesto su amor en ese último instante. Se podría decir de ella que gustó más como actriz que como cantante. Su marido en la obra, el barítono Ángel Ödena, interpretó su papel de Albert de manera recia, contundente, pero con respecto al estilo francés, notamos cierta falta de modulación vocal y quizá finura musical. La escasa luz positiva, inherente a la obra, nos vino de la voz ligera y cristalina de Lucía Iglesias con su música alegre e infantil. La soprano gallega aportó esa luminosidad cantando e interpretando su parte con mucha naturalidad.

De igual manera, la escena también se iluminó con el picnic campestre propuesto por la regidora Rosetta Cucchi vistiendo de inmaculado blanco a las participantes segundas voces y al coro infantil de Leioa tan musical y obediente en su colaboración. De la regidora italiana nos gustó la idea de que se actualizara el tiempo cuando Werther se levantaba de su butaca, pero no tanto la limitación escénica impuesta en forma de casetas. Esto motivó que para desarrollar el primer acto hubiera demasiada aglomeración y excesiva sencillez modular en el resto. La dirección del maestro Carlo Montanaro fue la de un experto operístico. Nos agradó sobremanera al observar tras el interludio su exquisita atención a los dos protagonistas que finalizaban la ópera. Con convincente ademán, mientras que con la batuta ordenaba a la orquesta bilbaína, con su mano izquierda marcaba el tempo y las pausas a los artistas en absoluta entente.


UNA HERMOSA VOZ WAGNERIANA

Concierto de la OSE. Obras de J.C.Arriaga, R.Strauss y J.Brahms. Solista: Rachel Willis Sorensen. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Bilbao 16-I-26. 

A pesar de la esencia sinfónica inherente al concierto y a pesar de que en el programa figurara la voz de los Lieder de Strauss entre la Obertura del bilbaíno Arriaga y la Sinfonía del alemán Brahms, se hace necesario mencionar el debut en Bilbao de la soprano Rachel Willis Sorensen. En muy pocas ocasiones se tiene el privilegio de escuchar una voz dramática de tan bello color. La potencia y el volumen que enseñó la cantante estadounidense la sitúan sin duda como una gran wagneriana. Los lieder que interpretó del octogenario Richard Strauss tuvieron su amparo en una voz homogénea, igual en todos los registros, es decir, sin cambios de cuerpo ni de timbre y asombró por su exuberante fiato. En el primer lied (primavera) los largos melismas reflejaron su excelente técnica. A continuación, en (septiembre) la nostalgia se unió a la gravedad vocal de su sonoro centro. En el tercero, («la hora del sueño»), transmitió la melancolía acompañada del precioso solo de violín. Finalmente, en el andante (al anochecer), el lied más largo y el más solemne, el canto se hizo más silábico, más íntimo, esperando que la orquesta dirigida por el enérgico maestro Jaime Martín cerrara ese canto del cisne a través de una voz hermosa y dramática, no de soprano ligera como se acostumbra.


BARROCO TARDÍO

Concierto de Café Zimmermann, Solista: Nuria Rial (S); Obras de Bach y Telemann. Dirección Musical: Pablo Valetti. Sociedad Filamónica Bilbao 19-XII-25.  

Hace tiempo que venimos analizando actuaciones de la soprano Nuria Rial. Su nueva aparición en la Filarmónica bilbaína nos ha dejado con las ganas de disfrutar de una mayor intervención, pero el caso es que ha venido acompañando a “Café Zimmermann” y no como única artista. Su canto tuvo el común denominador de la media voz, un canto plácido y controlado a través de su limpia y clara voz. Un inoportuno ataque de tos no impidió su interpretación en la Cantata firmada por Telemann y las breves agilidades de la partitura surgieron sin mácula. La inteligencia de la artista catalana es notoria y con un exquisito control de la intensidad no se le echa de menos algo mas de corporeidad. Sobresalió la intervención de los ocho instrumentistas entre los que se distinguió la flauta travesera de madera en la Sinfonía de la Cantata que abrió la segunda parte del programa. En el conjunto encabezado por el violín Guadagni de Pablo Valetti primó la elegancia y una sensibilidad musical a flor de piel que proporcionó una inigualable conjunción. Café Zimmermann es otro de los conjuntos innovadores y de investigación de la música antigua y barroca que luce con gran arte el nombre del café Zimmermann de Leipzig.


CINE Y MÚSICA

Concierto de la BOS.”El Señor de los Anillos”. Solistas : Eleanor Grant (S); Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección Musical: Shih Hung Young. Bilbao 18-XII-25. 

El poder del cine, unido a la música, hizo que el Euskalduna y no sólo su auditorio, sino el escenario rebosara al completo. “El Señor de los Anillos” llamó a los seguidores de la saga para presenciar el tercer y último capítulo. En el escenario, la Sinfónica bilbaína para llevar a buen puerto la música de Howard Shore con la participación de la Sociedad Coral y en lo alto del escenario, la gran pantalla para visionar la película dirigida por Peter Jackson. Difícil tarea para los espectadores por esa doble atención que requiere ver la película y atender a la orquesta y a su director Hung Young. Por un lado, estaban los amantes de la potente banda sonora con su trepidante percusión y por otro lado estaban los cinéfilos centrados en las imágenes. A pesar del directo de la música predominaron las atractivas e impactantes imágenes. Tanto la actuación de la soprano Eleanor Grant como la agrupación Coral de Bilbao no tuvieron el trabajo suficiente como para destacarlos. En el caso de la soprano británica tan solo apreciamos su voz a través del micrófono en dos o tres breves momentos, sobre todo al presentarnos a la protagonista. En el caso de la Coral, salvo en los momentos de las escenas de la guerra, apenas escuchamos un canto muy silábico generalmente susurrante o a media voz. En efecto, difícil nos fue centrarnos en la enérgica y minuciosa dirección del director norteamericano Young exigente con la Sinfónica bilbaína y al mismo tiempo recrearnos en las hermosas imágenes de Peter Jackson.


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