“La Traviata” de G.Verdi. Reparto: Jessica Pratt (S); Javier Camarena (T); Gabriele Viviani (Bar); Marifé Nogales (M); Josu Cabrero (T); Olga Revuelta (S); J.M.Díaz (Bar); Fernando Latorre (Bar); Gexan Etxaba (B): Coro de la Opera de Bilbao y Euskadiko Orkestra. Dirección de Escena: Mario Pontiggia. Dirección Musical: Francesco Iván Ciampa. Bilbao 17-X-26.

Encuadrada en una escenografía a lo Visconti, elegante, luminosa y con un rico vestuario, la representación proveniente de Palermo de esta conocida ópera verdiana abrió la temporada bilbaína con brillantez. La excelente dirección por parte del director Iván Ciampa fue primordial para que la Orquesta de Euskadi se mostrara dúctil con la lectura tan personal que efectuó el maestro. Al servicio de la voz, su batuta se inclinó sobre todo hacia la comodidad de la soprano y el disfrute general al concederle un tiempo paciente, servicial y muy efectista. De ahí que Jessica Pratt nos mostrara un evidente cambio al liberarse de sus primeras intervenciones para suscitar en el último acto la compasión y la tristeza con la pureza de su canto. De todos modos, no faltaron los sobreagudos en el primer acto al final de “Sempre libera” aunque fuera optativo y ya en el segundo acto, tan importante y esencial, nos pareció algo distante, aunque con su hermosa voz tan fácil y brillante supliera la ausencia pasional y teatral. Al acometer con el barítono “Dite alla giovine”, el ataque a la primera nota del aria fue algo espectacular y de muy difícil ejecución. Su voz surgió susurrante, etérea y la nota casi imperceptible se colgó ingrávida en el aire ante el total silencio del auditorio. En el tercer acto, al abordar el “Addio del passato” a las puertas de la muerte, se mostró espléndida cantando en todo momento a media voz, con una línea de canto de absoluta finura y elegancia y derrochando arte canoro. En este último acto, exhibió su enorme fiato, su maravillosa técnica vocal y emergió una Jessica Pratt como gran actriz. Sus primeras reservas dieron el fruto perseguido y su actuación culminó con coronas de laurel y olivo. No le anduvo muy lejos en méritos Javier Camarena con una voz más lírica que ligera con respecto a temporadas pasadas. Admiramos su seguridad y limpieza vocal y sobre todo su entrega y comprensión del personaje que lo dominó por completo. Esa misma implicación en el dramatismo escénico hizo que el tenor mejicano, a pesar de un papel que no se hace simpático completó una actuación sin mácula. El terceto protagonista se cerró con el barítono Gabriele Viviani encarnando a Germont padre. Su voz potente, no exenta de terciopelo, fue el reflejo autoritario, como lo fue también su erguida figura que apenas cambió de postura. El barítono italiano cantó con firmeza su aria “Di Provenza”, tal vez un tanto rápido, pero seguro. Tanto por su figura en escena como por su recia voz, transmitió la autoridad del personaje. Es justo decir que el coro de la ópera de Bilbao fue otro de los triunfadores de la noche. Su actuación desde el inicio nos dejó adivinar la brillantez con la que iba a actuar a lo largo de sus intervenciones. Unísono, vibrante y de bello colorido global, se adueñó por méritos propios de todo el primer acto y del pasaje de la fiesta en el que se disfrazaron de gitanos y toreros. Felicitaciones finales para el trío del balé que bailó tan armonioso y con tanta conjunción interviniendo también en el lujo de la representación junto a los cantantes locales, Díaz, Latorre, Cabrero o Etxabe que, como profesionales, cumplieron perfectamente con sus respectivos cometidos.









