ENTRE LO ABSURDO Y LO CARICATURESCO

La Opera de cuatro notas de Tom Johnson. Reparto: Miren Urbieta (S); Marifé Nogales (M); Beñat Egiarte (T); Fernando Latorre (Bar); Pedro Llarena (B); Piano ; Pedro José Rodriguez. Dirección de Escena: Unai Gonzalez. Dirección Musical: Arkaitz Mendoza.Quincena Donostiarra, Tabacalera 25-VIII-19-

                                  

La idea del norteamericano Tom Johnson, autor de “La ópera de las Cuatro Notas”  consiste en centrar la partitura musical en solo cuatro notas musicales. Naturalmente sobre ellas construirá cambios de octava y variaciones que conformarán una partitura y con el único sostén del piano, instrumento que guiará el desarrollo musical de la obra. En parte absurda y en parte con un claro matiz caricaturesco y satírico, la obra desprende humor, porque de la caricatura es lógico que resulte una bocanada de aire fresco humorístico. Tal vez buscara también la desacralización de la ópera en general, dadas las muchas referencias a títulos operísticos, siempre en clave de humor. La producción en colaboración entre Tabacalera y Quincena contó con el texto en un euskera perfectamente recitado por los solistas. El argumento  se centró en una especie de ensayo lírico en el que tienen lugar los típicos tópicos operísticos. Otra faceta a subrayar es la finalidad educativa que deparó y algunas las nítidas explicaciones musicales que reflejó. Lo interesante al final es que entre bromas y críticas satíricas, a los intervinientes se les escuchó cantar, además de actuar. En el aspecto estrictamente canoro sobresalió la soprano Miren Urbieta con unos largos minutos de canto coloratura y agilidad y limpias escalas. En el aspecto teatral, destacaríamos a la mezzo Marifé Nogales, muchas veces el eje de la escena y la alegría teatral de sus compañeros. Cantó lo bien que ella sabe en todo momento y  las diez variaciones a dúo con la soprano, resultaron un fragmento muy musical y compenetrado. Al barítono Fernando  Latorre, le correspondió la simulación de cantar una monótona larga aria, tanto que se puso a leer una revista y a dormitar mientras le podía la monotonía. El joven tenor Beñat Egiarte cumplió perfectamente con su cometido y hasta imitó a Madame Butterfly clavándose una gran daga porque el músico no le hizo partícipe de un concertante. La aparición de improviso del bajo Pedro Llarena, nos reveló la gravedad y sobriedad con llas que interviene esa voz en la ópera en general y con paso lento y místico paseó por el pasillo cual Felipe II en la ópera  Don Carlo de Verdi. Mucho de esa sonrisa y risa abierta que reinó en la sala se debió a la dirección de Arkaitz Mendoza y felicitemos entre paréntesis el mamporreo  obligado de Pedro José Rodriguez al piano.

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UNA GRAN ORQUESTA

Quincena Donostiarra. Opera en versión Concierto “El Castillo de Barbazul”de Bela Bartok. Solistas: Rinat Shaham (M); Mikhail Petrenko (B). Obras de Maurice Ravel,Pablo Sorozabal
Andra Mari Abesbatza y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección Musivcal :Robert Treviño. Kursaal.San Sebastian 24-VIII-19
                                            Orquesta Sinfónica de Euskadi / Coro Andra Mari
Tan solo un atisbo de confusión al inicio, porque el programa de mano indicaba que iba a ser Ravel quien abriera el concierto. No hubo más problemas ya que las canciones populares con aire de pasacalle como Kathalin, la más el elegíaca como Kun Kun o la Sorgin Dantza del akelarre sin confusión  llevaban el sello musical nacionalista de Sorozabal y no el aire impresionista de Ravel que vendría a continuación.Fue en esta primera parte donde intervino la Coral Andra Mari Abesbatza de Rentería, ya que en  la segunda parte el concierto se centraría en la ópera de Bela Bartok. Desde la primera lectura realizada por el bajo Mikhail Petrenko, pudimos adivinar el terciopelo de su voz. Cantó de manera recia, algo estático e impertérrito, pero con el color vocal adecuado para un rol misterioso y una partitura que exige reciedumbre. Controló bien la intensidad y al final, al desvelar el misterio de las esposas se introdujo en el cromatismo y la riqueza de la obra. La voz de la mezzo Rinat Shaham no nos pareció voluminosa pero sí expresiva. Cantó con mucha intención y su voz de color oscuro y ademanes teatrales nos sirvió para imaginar el desarrollo del argumento. Suplió a veces esa falta de volumen frente a la grandiosa orquesta con gestos acordes a lo cantado. Una encomiable labor la de la mezzo. Por otro lado, la lectura que propició con nitidez la Sinfónica de Euskadi, se debió en primer lugar a la labor cuidadosa a base de silencios y paréntesis musicales efectistas ordenadas por el maestro Treviño. La orquesta describió perfectamente las situaciones que se van creando, el enigma de las puertas cerradas y a falta de escena, nos tradujo con claridad el significado de la historia.Tras la cuarta puerta con intervención directa del corno y la melodía que entraña la descripción del jardin, la obra adquirió la fuerza y el brillante color que le otorgan las trompas, trompetas y la percusión en general, en una última parte fulgurante, cortante y trepidante que Roberet Treviño supo magnificar. A continuación vendría la calma musical, tras la entrega y sumisión primeras de Judith, la consecuencia prevista, ella va muriendo con la música entre neblinas.

BAJANDO DE NIVEL

Album de Zarzuela.Solistas: Lorenzo Moncloa (T): Gabriel Blanco (T): Luis Albeeto Giner (T): Hevilla Cardeña (S): Mariana Isaza (S): Coro y Orquesta Lirica. Dirección de Escena: Lorenzo Moncloa. Dirección Musical: Cesar Belda. Palacio Euskalduna.Bilbao 15-VIII-19

                                 

Se hizo notorio que la reposición de la zarzuela de las fiestas bilbaínas no contaba con el apoyo económico suficiente. Primero porque la función se desplazó a una sala menor debajo del auditorio, lo que evidencia una presunta bajada en los asistencia y en segundo lugar y naturalmente motivado por ese factor económico, la calidad del llamado Album de Zarzuela de este año no tuvo nada que ver con los años precedentes. La voluntad y la afición son cualidades esenciales en el campo artístico y en el deseo de ofrecer arte,  pero si no se cuenta con un elenco satisfactorio de solistas, un coro de mayor número y atractivo y una orquesta que supere la docena como la que se apostó en el escenario, es difícil que convenza, al menos que convenza al respetable. Ganar tiempo en gags y chistes no entra en la seriedad de una antología de zarzuela y tampoco habría que recurrir a que cante el público la consabida “Ay Ba, Ay Ba, ay Babilonia que mareas”  u otras romanzas parecidas como si estuviéramos en un “vaudeville”. Nos queda la duda de si merece la pena seguir en esta línea o por el contrario retomar la dignidad del género tras lograr un par de patrocinadores. Lo dicho, se bajó de nivel en  cuanto a ubicación y se bajó de nivel en cuanto a calidad.


VEROSIMIL REALISMO OPERÍSTICO

Madame Butterfly de G.Puccini. Reparto: Ainhoa Arteta (S); Marcelo Puente (T); Cristina Faus (M); Gabriel Bermúdez (Bar); Francisco Vas (T); Isaac Galán (bar); Fernando Latorre (Bar); Ana Cristina Marco (S), Easo Abesbatza y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección Escénica: Emilio López. Dirección Musical: Giuseppe Frizzi. Auditorio Kursaal. Quincena Donostiarra 13-VIII-19-

                                              Ainhoa Arteta protagoniza Madama Butterfly de Puccini.

Pocas veces se ha visto el escenario del Kursaal donostiarra  con la amplitud y sencillez mostradas en esta ópera de Puccini. Sin apenas atrezzo, con un cuidado cromatismo luminotécnico y la inserción de fotogramas y videos que ayudaban a ensoñar vivencias, la producción del palacio de Les Arts valenciano satisfizo plenamente. Tal vez hubiera que interpelar artisticamente a Emilio López el hecho de que cortara la escena del bello canto coral a “Bocca chiusa” y en su lugar nos ofreciera el baile de Loie Fuller, aquella bailarina norteamericana precursora de Isadora Duncan aleteando cual mariposa en medio del escenario. En el apartado musical. El maestro Giuseppe Frizzi al mando de la Sinfónica de Euskadi, completó una soberbia actuación, matizando con belleza la lectura de la partitura y ofreciendo a lo largo del tercer acto la fuerza y la pasión requeridas. Por ello, es difícil que una puesta en escena con la base musical asegurada y con una producción clásica y verosímil no resulte un éxito. La representación podría haberse escorado si los solistas hubieran tropezado con algún que otro escollo, pero como además ese campo del  canto discurrió por los raíles del  buen hacer, se asistió a una representación muy correcta. La soprano Ainhoa Arteta nos trazó dos facetas de la protagonista que encarnaba. En el primer acto, se inmiscuyó en la juventud de la ingenua japonesita y no hay más que recordar la manera como cantó y dijo la frase “Amadne por favor”, con la voz controlada y coloreándola como si fuera una niña. Cuando Cio Cio San se convierte en madre, la soprano guipuzcoana se convirtió en Turandot, en el  sentido de dominadora de la escena y diosa teatral. Tras cantar la famosa aria “Un bel di vedremo” magistralmente, sobre todo en las” liaisons” de una frase con otra, el control sonoro y la intencionalidad en lo cantado, Ainhoa Arteta se lanzó a tumba abierta a lo pasional, a lo teatral, al realismo que ella siempre da a conocer con su amplia y poderosa voz y dando con todo ello un realismo muy verosímil.  Su partenaire, Marcelo Puente enseño una voz de tenor spinto, es decir, una voz corpórea, esas voces que emiten de “bostezo”, voces que no abundan por su pesadez y la dificultad en el manejo técnico.  El tenor argentino está recorriendo los teatros principales con papeles para el estilo de su voz, o sea, roles para voces heroicas y cumplió perfectamente con el cometido de abordar el personaje de Pinkerton. Nos gustó mucho la mezzo Cristina Faus, no sólo porque su actuación dramática al asumir perfectamente  a una servidora japonesa fue de mérito, sino por su canto sonoro y  el color apropiado para contrarrestar la de la soprano en el famoso dúo de las flores. Al  barítono Gabriel Bermúdez que encarnó al cónsul  Sharpless le costó exteriorizar la sonoridad de su voz, pero a pesar de ello se le escuchó bien. Desde el punto de vista dramático, cumplió con la seriedad del personaje sin aspavientos. Los habituales Francisco Vas y Fernando Latorre aportaron su saber en lo escénico y en lo canoro y compartieron escena con Isaac Galán y Cristina Marco. En suma, una representación muy realista, gracias a la creación del ambiente, una música bien ejecutada y el saber teatral de la protagonista.


ALABANZAS EN DOVAR Y SÚPLICAS EN KODALY

Quincena Musical Donostiarra. Obras: Te Deum de A.Dvorak;  Psalmus Hungaricus de Z.Kodaly; Sinfonía Nª 2 de Schumann. Intérpretes: Katerina Knezikova (S); Adam Plachetka (T); Gyula Rab (T).Orfeón Donostiarra y Escolanía Easo. Mahler Chamber Orchestra. Dirección Musical Jakub Hrusa. Auditorio Kursaaal 2-VIII-19.

                                         La Mahler Chamber Orchestra, acompañada por el Orfeón Donostiarra y la Easo Eskolania, con casi 200 personas en escena.

Alabanza en la cantata Te Deum de Dvorak, una obra de carácter casi alegre. Resulta una curiosidad que la obra se iniciara con el timbal y la orquesta con aire de fanfarria versallesca en la introducción de una obra en principio religiosa. Dvorak se aleja de esa religiosidad y da a entender que la obra tendrá un recorrido seglar. El coro, es decir, el Orfeón Donostiarra exultante en su primera intervención, deparó toda la gama del cromatismo del  que hace gala la partitura y acompañó a la soprano en su diálogo en pianísimo. Katerina Knezikova cantó su parte con comodidad y su ligera voz no encontró escollo alguno y además mostró gusto al cantar. Le acompañaba en esta obra el anunciado como barítono Adam Plachetka. No nos pareció tal barítono, pues el color de su voz, la tesitura de su parte de canto y  la desnudez en su gravedad vocal  le asemejaban más a un tenor spinto. Tras el Alleluya final interpretado a dúo entre ambos cantantes y coro, el programa incluía el Psalmus Hungaricus de Zoltan Kodaly. Una obra que rara vez se escucha y que el maestro Jakub Hrusa ha tenido a bien presentar en la Quincena. Se trata de una obra en la que Kodaly hizo un paralelismo entre un texto que narra las penas del rey David y el sufrimiento de los húngaros debido a la desastrosa situación en la que quedó Hungría tras el tratado de Versalles en la primera guerra mundial. La obra cuenta con un solo cantante solista que es el tenor Gyula Rab, cuya voz se verá acompañada en muchos momentos por el clarinete. Este artista alternó bien el canto anhelante con el fervor y la ternura, pero al ser su voz ligera la faltó reciedumbre en los momentos suplicantes y pasionales. El desafiante final juega con el  Orfeón y la Escolania Easo al completo y este final de obra ofrecido por los dos conjuntos respondió a lo que es verdaderamente una oración cuyas últimas palabras van muriendo con suavidad hasta el absoluto silencio. De gran efecto.


ALBANZA EN DVORAK Y SÚPLICA EN KODALY

  • Quincena Musical Donostiarra. Obras: Te Deum de A.Dvorak;  Psalmus Hungaricus de Z.Kodaly; Sinfonía Nª 2 de Schumann. Intérpretes: Katerina Knezikova (S); Adam Plachetka (T); Gyula Rab (T).Orfeón Donostiarra y Escolanía Easo. Mahler Chamber Orchestra. Dirección Musical Jakub Hrusa. Auditorio Kursaaal 2-VIII-19.

    Alabanza en la cantata Te Deum de Dvorak, una obra de carácter casi alegre. Resulta una curiosidad que la obra se iniciara con el timbal y la orquesta con aire de fanfarria versallesca en la introducción de una obra en principio religiosa. Dvorak se aleja de esa religiosidad y da a entender que la obra tendrá un recorrido seglar. El coro, es decir, el Orfeón Donostiarra exultante en su primera intervención, deparó toda la gama del cromatismo del  que hace gala la partitura y acompañó a la soprano en su diálogo en pianísimo. Katerina Knezikova cantó su parte con comodidad y su ligera voz no encontró escollo alguno y además mostró gusto al cantar. Le acompañaba en esta obra el anunciado como barítono Adam Plachetka. No nos pareció tal barítono, pues el color de su voz, la tesitura de su parte de canto y  la desnudez en su gravedad vocal  le asemejaban más a un tenor spinto. Tras el Alleluya final interpretado a dúo entre ambos cantantes y coro, el programa incluía el Psalmus Hungaricus de Zoltan Kodaly. Una obra que rara vez se escucha y que el maestro Jakub Hrusa ha tenido a bien presentar en la Quincena. Se trata de una obra en la que Kodaly hizo un paralelismo entre un texto que narra las penas del rey David y el sufrimiento de los húngaros debido a la desastrosa situación en la que quedó Hungría tras el tratado de Versalles en la primera guerra mundial. La obra cuenta con un solo cantante solista que es el tenor Gyula Rab, cuya voz se verá acompañada en muchos momentos por el clarinete. Este artista alternó bien el canto anhelante con el fervor y la ternura, pero al ser su voz ligera la faltó reciedumbre en los momentos suplicantes y pasionales. El desafiante final juega con el  Orfeón y la Escolania Easo al completo y este final de obra ofrecido por los dos conjuntos respondió a lo que es verdaderamente una oración cuyas últimas palabras van muriendo con suavidad hasta el absoluto silencio. De gran efecto.


UNA GRAVE CANTATA

La Caída de Bilbao de Luis de Pablo. Reparto : Asier Polo (Violonchelo); Miren Urbieta (S); Marife Nogales (M); Mikeldi Atxalandabaso (T); Fernando Latorre (Bar); Sociedad Coral de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección Musical: J.R,Pascual Villaplana. Tatro Arriaga Bilbao 26-VI-19.

La cantata de Luis de Pablo ‘La caída de Bilbao’ fue estrenada ayer en el Teatro Arriaga.Foto: Pablo Viñas

 

Tal como suele ocurrir en los estrenos absolutos, en cualquier rama del arte, las expectativas que se crean a priori, en este caso, hacia la Cantata musical de Luis de Pablo, se han visto completamente satisfechas. El resultado de una obra que alude directamente a una guerra, al dolor que supone y  la seriedad del tema, gana terreno y adeptos desde  el principio. La música es absolutamente capaz  de transmitir el llanto y la desesperación y  adentrarse en lo más profundo del sentimiento.  De hecho  las más logradas páginas musicales contienen  y reflejan a flor de piel la ternura, la tragedia y la desesperación.

Ochenta años después de que las tropas franquistas tomaran Bilbao, el compositor local Luis de Pablo, gracias a una iniciativa consistorial ha compuesto en estreno esta oda dedicada al trágico episodio por el que fuimos conocidos como “las provincias traidoras” y nuestra lengua enmudecida “manu militari”. La obra, no podía tener otra esencia que la de la exaltación de la tristeza y fué esta tristeza la que el violonchelo de Asier Polo nos deparó desde el comienzo. Fueron  el sonido melancólico de las cuerdas acariciadas por el hábil arco y  las notas doblegadas por la mano izquierda del solista también bilbaíno el eje central de la obra.

El protagonismo que Luis de Pablo no concedió a las voces, lo otorgó al violonchelo y en él se centró  la obra. No sería de extrañar que las intervenciones de Asier Polo se llegasen a extraer de la obra y a ejecutar aparte en conciertos, porque a la belleza de los adagios se unió el virtuoso pizzicato en un nexo melódico muy sentido.

La hermosa voz de la soprano Miren Urbieta tan sólo sirvió para iniciar el diálogo con el coro y éste luego recitar con mesura y claro fraseo las bienaventuranzas del Evangelio de San Mateo, el Evangelio más eclesiástico, “porque ellos serán llamados hijos de Dios”.  Luego, la soprano cantó “Uso Zuría” con el acompañamiento de la mezzo Marifé Nogales, la cual se distinguióa en la delicada y bella página lírica final interpretada en euskera. Al tenor Mikeldi Atxalandabaso le tocó  cantar  “Solo el Aire”, un solo  siempre con la compañía del chelo, un canto no exento de saltos hacia la alta tesitura y a la vez con notas incómodas en la zona de  paso de la voz. Exigente el recitado correspondiente  al barítono y  que Fernando Latorre libró con solvencia.

Sin embargo, el lujo vocal con el que contó el estreno, apenas se prodigó ya que el protagonismo como se ha dicho, fue para el chelista, siempre concentrado y dominador de la hermosa partitura que el autor le proporcionó. La sinfónica de Bilbao le siguió en méritos y aunque la lectura musical careció de continuidad orquestal, el maestro Pascual Villaplana sin duda se sentirá satisfecho del resultado musical obtenido.. Tal vez nos parezca que el texto necesitase algún retoque.  El tiempo lo dirá