Archivo de la categoría: Críticas

ABANICO DE VOCES EN LA GALA DE ZARZUELA

Gala Zarzuela. Solistas: Sabina Puértolas (s); Arantza Ezenarro (s); Marife Nogales (M); Jose Luis Sola (t); David Menendez (bar), Obras de Guridi,  Alonso, Barbieri, Soutullo y Vert, Moreno Torralba Sorozábal etc. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección: Manuel Coves
Una entretenida gala a base de romanzas y dúos de zarzuela, sirvió de escaparate de algunas voces  que acostumbran a pulular por los teatros del entorno. El programa cantado fue también  otro abanico de bellas roamanzas, alguna de ellas, a veces interpretadas por preferencias personales más que por razones de las características vocales. La soprano Sabina Puértolas por ejemplo, cantó  la Mirentxu de Guridi, con gran fiato y muy expresiva, pero luego no disfrutó tanto en la coloraturesca  “En un país de fábula” de Sorozábal, lo que subraya lo que decimos. Otro tanto le ocurrió a la mezzo Marife Nogales, pues sus dos ramanzas primeras mantuvieron una gran carga de salero y gracia, mientras que cantó una tercera sentimental y con peso, que a su color vocal de mezzo lirica no le iba tan bien.. Ello no quiere decir que no gustaran sus respectivas  interpretaciones, porque a dos artistas como ellas, que les gusta cantar, les cabe la obligación de que siempre nos gusten. A la guipuzcoana Ezenarro, le ha cambiado la voz desde la última vez que le escuchamos y ya no es tan cálida y limpia como era. El terciopelo de la que adolecía la soprano, lo encontramos en la voz del  barítono David Menéndez, una voz pastosa y bella en el centro, el cual nos llegó a deparar una sentida y delicada ejecución de la romanza del  Juramento de Gasztambide.  En un escalón superior y ello por facilidad vocal, por dominio  y por su claro fraseo, habría que situar a Jose Luis Sola.  Si su primera romanza de El último Romántico fue un alarde, echó el resto en la romanza de Doña Francisquita y acaparó la atención general. Una renovada o si se quiere una casi desconocida Orquesta BOS bajo la batuta del maestro Manuel Coves, acompañó  a las voces y  no siempre adecuadamente.

Orfeo de Gluck acompañado de Ballet

Orpheé et Euridice de W. Gluck. Öpera-Ballet por el Ballet National de Marseille.Cantantes Solistas: Blandine Folio (M); Ingrid Perruche (s); Mayles de Villoudreys (s). Coro de la Fundación Principe de Asturias y Orquesta Oviedo Filarmonía. Coreografía: Frederic Flamand. Dirección Musical: Marzio Conti. Teatro Arriaga 23-V-14
Se había anunciado como Ballet y de hecho, fue  el Ballet de Marsella la que actuó, pero se trataba sobre todo de la ópera cantada que compuso Gluck y que Frederic Flamand experimentó poniendo en escena ambas disciplinas al mismo tiempo. La delicadeza  de la música lo admite, la placidez del canto del coro y  los largos interludios sinfónicos  permitían la aparición del ballet en escena. La duda surge cuando se piensa si al canto le conviene una distracción ajena o si el espectador profundizará suficientemente en él,  presenciando tanto movimiento escénico. La coreografía, tan variada y atlética contuvo arabesques, brisés volés y fouettes y otros muchos pasos más de ballet clásico, pero  su desarrollo en escena generalmente  llega a parecer monótono en esa variedad.  Fue un ballet cuya coreografía tuvo más en cuenta el físico que el clasicismo elegante. Resultó interesante el desdoblamiento de los personajes, ya que cuando cantaba Orfeo (de blanco) hanía otro que bailaba y lo mismo sucedía con Euridice (de azul turquesa) y con el coro. El papel de Orfeo recayó en la voz de la mezzo Blandine Folio, admirable artista en cuanto a expresividad, claro fraseo y belleza musical. Su voz nos pareció equiparable a la que debía ser en un Alto castrato, es decir un poco más aguda que la voz de una mezzo. Tampoco se hizo desdeñable la  participación vocal de la soprano Ingrid Perruche, la cual exhibió una voz con cuerpo y por tanto cálida y vigorosa, eso sí, menos clara o ágil que la que mostró la soprano Villoudreys. Excelente la dirección del maestro Marzio Conti, haciendo que la orquesta sonara de manera muy delicada, a veces a cámara lenta, pero siempre refinada.

Un bello broche para el final de temporada de la ópera bilbaína

Turandot de G.Puccini. Reparto: Martina Serafin (s); Marcelo Giordani (t);Davinia Rodriguez (s); Alessandro Guerzoni (b); David Menéndez (bar); Jon Plazaola (t); Vicenc Esteve (t), Alberto Nuñez (t); Fernando Latorre (bar). Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Navarra. Dirección de Escena  Marco Berriel. Dirección Musical: John Mauceri. Bilbao 17-V-14.
 No es que sea determinante el cambio en la idea final, pues se refiere simplemente a un gesto último, pero es otro punto de vista contrario al libreto original en el que nos alejamos de debatir su coherencia.  Lo importante en esta ya presenciada producción, es la exuberancia escenográfica, la riqueza y variedad del vestuario y el dominio luminotécnico, pues, no en vano, figuraron en su realización ilustres nombres en esas respectivas áreas  como Ezio Frigerio, Franca Squarciapino o Vinizio Cheli. Desde la humildad y sencillez en el atavío del pueblo, hasta la magnificencia en el de los palaciegos, la producción no deja de ser un ejemplo para el fomento de una nueva afición a la lírica. Otra suerte más acompañó a los espectadores y se trató de la bella extracción de colorido musical que logró el maestro John Mauceri con la obediente Sinfónica de Navarra en el foso. El acompañamiento instrumental a las voces fue de total conjunción,  el continuo marcar del maestro a unos y otros, tanto en escena como en el foso fue ejemplar y la orquesta navarra, insaciable en su progreso técnico, lució con brillantez. El coro bilbaíno se sintió a gusto y cuando es así, se nota su poderío, hay  entrega  en la acción teatral y su participación resulta crucial convirtiéndose en protagonista. Dentro del ámbito solista, dos grandes voces dieron vida al argumento pekinés, Por una parte la soprano austríaca Marta Serafín, cuya presentación, vaya por delante decirlo,  fue admirable. Su majestuosidad escénica igualó su firmeza vocal y sus regios ademanes igualaron la dificultad interpretativa  de un rol exigente como pocos para una soprano que ha de poseer  squillo, fuerza  sin desmayo y seguridad en el registro alto. En noble competencia y con la solvencia de una voz brillante y segura, cantó el conocido tenor Marcelo Giordani.  Al siciliano le va el rol de Calaf porque su voz  tiene poder y unas notas de gran brillantez sin que se eche de menos el legato en este personaje inmerso en la pura bravura. Una gran pareja de cantantes que solventaron con soltura, buen arte y recias voces dos complicados papeles. La más aplaudida, como suele ocurrir, fue Davinia Rodriguez.  La canaria cantó con una excelente voz y además su canto fue muy expresivo y su actuación muy teatral, por ello, es lógico que fuera muy aplaudida. No obstante, sin que  queramos restarle méritos,  resulta un tanto injusto que Liú triunfe más que Turandot teniendo en cuenta lo que canta cada una, resulta poco equitativo que Micaela gane más favores que Carmen o que Musetta salga más airosa que Mimí. En fin, suele primar el gusto de cada uno, teniendo en cuenta la calidad humana y vocal del personaje. De ahí también que Timur, encarnado por el bajo Guerzoni sea siempre aplaudido y en esta ocasión merecidamente, gracias a la voz oscura y aterciopelada del bajo italiano. Conjuntados y precisos los tres scherzantes Ping-Pang-Pong interpretados por los tenores Plazaola y Esteve y el barítono Menendez y aunque lejos y casi inaudible, al menos solemne, Alberto Nuñez sentado en celestial trono. Turandot resultó un buen broche de cierre de temporada.

Desde el Escenario del Teatro Arriaga. Otra mirada al canto

Recital de Canto, Solistas: Carmen Romeu (s); Rubén Feernandez (piano), Obras de Saitie, Poulenc, Weil y canciones populares francesas.Teatro Arriaga 13-V-14.
Apostados en el escenario, con la nueva mirada, que es la que suele tener el intérprete cuando mira hacia los espectadores, vivimos esta novedad ideada por Emilio Sagi que nos introdujo en un simulado cabaret parisino. La soprano Carmen Romeu apareció desde el patio de butacas, con ademán sofisticado,  dispuesta a a cantar  una muy bella canción de amor de Erik Saitie “Les Chemins de L´amour”. Su voz cálida, corpórea,  se sumó a su arte como actriz y sin apenas descanso nos fue ofreciendo con gracia y gran intencionalidad canciones que hablaron de amor y desamor, canciones que nos han llegado a través de Edith Piaf,  con el rojo predominante en las luces de los salones de  Montmatre o el Lido y de su vestido tan bermellón  y cabaretero. La soprano valenciana se hizo dueña del escenario y con la colaboración de Rubén Fernández  al  piano llamaron la atención por la conjunción y entrañable unión artística entre ambos. Una idea de Sagi sin duda exquisita, aunque habrá que pensar  la salida para cuando el público sea superior en número en este tipo de eventos que gustan a todos.

Estreno absoluto de la ópera «El Juez» en el teatro Arriaga de Bilbao

“El Juez” (Los Niños Perdidos). Opera en cuatro actos de Christian Kolonovitz y libreto de Angelika Messner. Reparto: Josep Carreras (t); Jose Luis Sola (t); Sabina Puértolas (s); Carlo Colombara (b); Ana Ibarra (s); Mª José Suarez (s); Itziar de Unda (s); Alberto Nuñez (t); J.M.Diaz (bar); Milagros Martin (m); Giorgp Meladze. Coro Rossini y Kantika Korala. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección de Escena: Emilio Sagi. Dirección Musical: David Gimenez. Teatro Arriaga.Bilbao 26-IV-14.
 
 
                                 
 
El estreno absoluto de una ópera implica un honor para la ciudad y para su teatro. Cuando el estreno es además atrevido o reivindicativo el mérito se acrecienta  y sobre todo,  es preciso encontrar un público habituado y avezado en vicisitudes políticas que sea susceptible de presenciar críticas y peticiones populares sin alterarse. Sin duda el teatro Arriaga tiene solera y una dirección artística reconocida.
LA MÚSICA. El maestro David Giménez ha podido disfrutar de suficientes días de ensayo en la preparación de la obra, a juzgar por la seguridad mostrada en su podio y en su claridad gestual, sobre todo, a  la hora de indicar las entradas a Josep Carreras. No es fácil evitar que la orquesta de Bilbao se pudiera atascar por la cantidad y variedad temática que contiene la partitura y los evidentes cambios de ritmo y tempo en una continuidad musical sin freno. No ha sido el caso porque la BOS respondía siempre y el maestro tenía bien sujeta la música En general se tiene la sensación de que la partitura contiene más allegro que momentos trágicos, salvo en el final de la obra. Aparecen en ella continuamente acordes e inicios breves que nos recuerdan a otras músicas líricas  aunque siempre rápidamente interrumpidas,
LIBRETO. Mencionábamos  con anterioridad  la valentía en la denuncia de unos hechos reales. De esta nueva memoria histórica en una España oscura. Angelika Messner denuncia con palabras la necesidad de una reivindicación que dé paso al perdón y al olvido. Sin embargo, es muy difícil que el poder y además en connivencia con la Iglesia sea capaz de pedir perdón cuando domina con autoridad. Es difícil encontrar la autocrítica cuando se ejerce el poder. El texto creado por Angelika Messner ensambla muy bien con la música, no en vano ha trabajado mucho junto a Kolonovitz. Ahora bien, no todo casa, y a nuestro modo de ver se exagera en la obsesión por la venganza y en la vehemente acritud hacia las monjas y la religión en general. La abadesa es una especie de monstrua, una rara vis en la ópera en la que hasta ahora  se ha podido hallar a  la puciniana Suor Angelica o a las carmelitas de Poulenc, pero no a tan cruel abadesa.
SOLISTAS. La hegemonía vocal radicó en el tenor Jose Luis Sola. De él ha partido el canto complicado, ese canto ‘di sbalzo’, de radicales altibajos tonales que le llevaban del simple fraseo hasta el Do de pecho. Kolonovitz no le concedió un final brillante a su aria del pañuelo de seda, “La Madre prepara la comida”, pero la cantó con legato y gran ternura a través de un timbre siempre claro y penetrante. Su canto fue siempre en tesitura alta, exigente, o sea, allí donde José Luis Sola se halla cómodo y por ello disfrutó y disfrutamos con él. Sabina Puértolas no quedó rezagada en méritos y a su atractiva presencia, unió un canto central, siempre por debajo de la tesitura del tenor. Su primera aria recordó a Puccini y en unión de Sola deparó un admirable y precioso  dúo “un Alma, un Aliento” que se convertiría luego en leit motiv.
Josep Carreras compareció en escena como la guinda del pastel. Sobre sus espaldas cargó con la titularidad, pero a pesar de Angelika Messner y de Cristian Kolonovitz a su personaje le faltó pasión, Carreras pudo proporcionarle dignidad, presencia y expresividad, pero le faltó pasión. Se percibió que sus manos y su cabeza querían más. Con el respeto que se debe a un gran tenor, gloria de la lírica como es, no debiera exponerse a tanto. Respecto al bajo Carlo Colombara, por otro lado, se suele decir que el que tuvo, retuvo y así ocurrió con este artista al que se le ha escuchado en muchas ocasiones en Bilbao. Su voz sigue siendo de calidad, grave y solemne y el personaje muy acorde con su timbre de voz y su figura. Un personaje que recuerda a Scarpia, al barón de Tosca, y al que incluso Messner  rodea  de esbirros y Kolonovitz le concede una especie de Te Deum. Entre los solistas que cubrieron segundos papeles destaquemos la buena coloratura de Itziar de Unda, la firmeza y potencia de Ana Ibarra encarnando a la abadesa  del convento y la aportación vocal y teatral de Mª J.Suárez, Alberto Núñez, J.M.Díaz y Milagros Martin.
ESCENA. Es sabida la labor teatral que impone Emilio Sagi, Es conocida su obsesión detallista en los movimientos de los solistas y su peculiar sensibilidad en plasmar su intención en escena. Lo único que no compartiríamos fue la marginación que sufrieron los esbirros de Morales compareciendo una única vez en escena a la vista de todos. La escenografía de Daniel Blanco resultó práctica, sin apenas atrezzo y muy válida en tiempos de crisis. Se asemejó a un inmenso ascensor metálico del siglo pasado de los que se solían cerrar desde fuera y luego sus puertas batientes desde dentro. Cuando se levantaba su cara principal, dejaba suponer el interior del convento, la habitación del Juez o la propia calle. Nos gustó el detalle de la bombilla que bajó de lo alto, con una luz muy tenue indicando la sobriedad de la abadesa.
CONCLUSIÓN, En fin, un estreno operístico con un libreto de actualidad y una música muy asequible ejecutada impecablemente por la BOS. Se contó con la presencia de Carreras en escena, las voces solventes del tenor y de la soprano y  de calidad en la del bajo en unión de unos partiquinos de lujo.
 

  CLAUSURA DE LA ZARZUELA en el teatro barakaldo

Encuentros de Zarzuela. Solistas: Maria Rodriguez (s); Julio Morales (t); Arturo Pastor (bar). Pianista Celsa Tamayo. Teatro Barakaldo 27-IV-14
Con un concierto programado  a base de una selección de romanzas y Dúos, finalizó en el Teatro Barakaldo el ciclo de Zarzuela que todos los años puntualmente tiene lugar. En lugar de la clásica sucesión del canto de una voz y luego otra, se tuvo la buena idea de semi escenificar las introducciones de cada pieza para hilvanar una romanza con otra de manera que pareciera natural o espontánea. La idea resultó y las romanzas, por cierto muy bien seleccionadas,   discurrieron por derroteros que escapaban bastante del típico concierto. Cerraron el ciclo la soprano Maria Rodriguez, cuya presencia en la escena veló la de los dos hombres, el tenor Julio Morales, el de más claro fraseo y brillantez vocal y el barítono Arturo Pastor, el de más cuidada línea de canto. No faltó interpretación teatral en la que la soprano se distinguió con creces y no faltaron buenas interpretaciones en bellos y muy conocidos dúos. El teatro baracaldés sigue siendo uno de los pocos que quedan en la continuidad de la zarzuela y eso bien merece un apoyo

la fadista Misia inició el tercer ciclo de fados portugueses en Bibao

Por tercer año consecutivo la sala BBK propone un nuevo ciclo de fados con los más renombrados intérpretes del género. Abrió la temporada Misia, como ella misma se declara agnóstica y si se nos permite una artista un tanto mística. Vestida totalmente de negro gótico, semi envuelta en un collar plagado de crucifijos y  descalza, no solo demostró que sabe cantar fados con alma, sino que su  palabra es fácil e interesante. Repasó con gran sentimiento el fado menor y con elegancia el fado corrido. Quejidos  y sollozos se incluyeron en las letras de poetas como Lobo Antunes, Saramago  o Pesoa  y una música llena de nostalgia se vio sorprendentemente  acompañada de un violín  que proporcionaba el aire de un adagio de Vivaldi. Misia se volvió poetisa y leyó poemas  que cargaron aún más el ambiente sensible y místico que reda al fado portugués. Cantó en tesitura alta, con voz limpia, siempre afinada y con amplio fiato para describir la esencia de una letra grave y casi siempre triste. Misia nos enseñó que el fado se canta con diferentes ritmos y la misma letra o diferentes letras con la misma música. Ella aportó la novedad del violin y  del  acordón  para relevar de vez en cuando el difícil repique de la  guitara portuguesa.

recogimiento arabigo-andaluz

BAS- Música Sacra. Concierto El Jardin Oscuro. Solista Rachid  Ben  Abdelsam (falsetista). Orquesta Lacrimae Consort. Obras Arabigo-andaluzas del Siglo XV y XVI. Dirección: Philippe Foulon. Bilbao 10-IV-14
El concierto ofrecido por el conjunto dirigido por el investigador y a la vez violonchelista Philippe  Foulon   resultó ser de una gran dulzura y sencillez interpretativa. La extrañeza de comprobar el inusual sonido producido  por instrumentos como el cornetín, las chirimías, la vihuela o  la guitarra barroca, acompañando la melodía arábigo-andaluza se hizo  muy agradable. La parte instrumental se ciñó a  la ejecución de piezas compuestas por los españoles  Antonio Cabezón y Lope de Baena con alguna otra del cancionero del duque de Calabria. De la parte vocal se encargó el falsetista Rachid Ben Abdelsam, un intérprete que vivió el texto y sacó el máximo fruto  de unas canciones que entendía  a la  perfección. La voz de Ben Abdelsam no sonó potente y  su color  tímbrico, similar al utilizado por el Alto en los castrati, le acercaba a la de una mezzo  lírica, con lo que su canto se desarrollaba en la comodidad de las notas centrales. Su mérito radicó en su sensibilidad, en su perfecta afinación y en su exquisito gusto. El artista recorrió con gran suavidad  los leves melismas de unas canciones que contaron con un acompañamiento armonioso y preciso. Fue una música sin cambios bruscos de tono, sin notas extremas,  incluso sin aparente brillantez, pero como todo lo sencillo, difícil de conseguir y que una vez logrado, se hace admirable.

Excelente concierto en la Bilbaína Música Sacra

BAS. Música Sacra. Título “In Furore”. Maria Spada (s). Obras de  Locatelli, Pergolesi, Vivaldi e Iribarren. Orquesta Barroca de Sevilla. Director: Pablo Valetti.  Iglesia de la Encarnación. Bilbao 7-IV-14
Cuando una música cualquiera se ejecuta en un lugar idóneo y  en un ambiente favorable, el resultado de la audición suele ser satisfactoria. De ahí que  los cantos en forma de Salve de Pergolesi y  el Lamento de Locatelli  nos hicieran disfrutar del recogimiento y de la sensibilidad musical que aflora en las obras sacras. Claro que la interpretación debe ir en consonancia con el lugar y con la obra que se canta y desde  ese  apartado  no hubo ningún  atisbo de inquietud. La soprano pacense Maria Spada mostró una musicalidad tan fina y  tal afinación en su dulce línea de canto que la respuesta del auditorio fue  la total entrega  a su arte. Con el navarro sangüesino Juan Francés de Iribarren, la soprano se desenvolvió con firmeza y rotundidad vocal y a continuación muy pocas semi notas se le escaparon de su brillante coloratura al interpretar  el allegro de la obra  In Furore  de Vivaldi que daba título al concierto. En una velada tan atractiva no pudo faltar un buen acompañamiento musical y esta faceta fundamental en el ritmo y en la sensibilidad barrocos llegó de parte del conjunto orquestal barroco sevillano que lidera el violinista Pable Valetti. Una bella velada barroca a cargo de especialistas en el género tanto del ámbito vocal como del instrumental.

Magnífica interpretación belcantista de I Puritani en Bilbao

“I Puritani” de Bellini. Repaerto: Elena Mosuc (s); Celso Albelo (t); Gabriele Viviani (bar); Simon Orfila (b); Giovanna Lanza (m); Fernando Latorre (bar); Alberto Nuñez (t). Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Navarra, Dirección de Escena: Alfonso Romero. Dirección Musical: J.M.Pérez Sierra. Palacio Euskalduna 5-IV-14.
No falló el ámbito interpretativo en las expectativas puestas, todo lo contrario, porque al deseo de escuchar nuevamente  al tenor Celso Albelo, se unió la extraordinaria actuación de la soprano Elena Mosuc, con lo que la interpretación canora de la hermosa música de Bellini quedó a la altura de una representación de referencia en el futuro. A la elegancia del canto de Celso Albelo en su aria “A Te o Cara”, respondió la soprano Elena Mosuc  con un  canto lleno de arabescos ya desde la polaca “Son vergin vezzosa”.   A  la belleza tímbrica de la voz del tenor canario, a esa  facilidad  suya  en cantar en  tesitura alta  y en la  extrema, contestó la soprano rumana con un acentuado sentido dramático y un efectismo teatral admirable, sobre todo en su “escena de la locura”. Ambos no cesaron de ofrecer un amplio abanico de lo que significa belcanto, de ese canto de fina coloratura, soportada en una técnica envidiable. Si la voz de Albelo  se proyectaba con claridad y la palabra nos llegaba a través de un bello fraseo, la voz de Elena Mosuc   ofrecía una rica y variada pirotecnia vocal en la que no faltaron  filados imperceptibles y un complicado canto di sbalzo. Tal vez el equilibrio entre ambos se rompiera en el aspecto dramático, pues mientras Celso Albelo  no llegaba a caracterizar correctamente el papel de Arturo, pareciéndose  más al atolondrado  Nemorino,  que al noble  lord Arturo Talbot, ella, la soprano, se mostró en todo momento inmersa en su papel, enseñando un canto muy expresivo. En una escala algo inferior, pero únicamente a causa de la altura artística del binomio mencionado,  cabría citar al barítono Gabriele Viviani. En su presentación en Bilbao se mostró como  un  barítono lirico, de voz con un timbre agradable y sobre todo, cómoda en las notas altas, aunque adoleciera de volumen. Constituyó un tercer pilar importante en la consecución del éxito de la representación. Del bajo Simón Orfila habría que comentar  su lejanía del terreno belcantístico. Se preocupó de enseñar la potencia vocal más que de cantar con dulzura y no alcanzó corregir la brusquedad en algunas notas que emitía demasiado abiertas y altisonantes. Gustó el cálido  color vocal de la mezzo Giovanna Lanza y siempre es destacable la profesionalidad  de las segundas partes de Fernando Latorre y Alberto Nuñez. Resultó  excelente la dirección del maestro Pérez Sierra al mando de la Sinfónica de Navarra  dejando cantar con amplio  y laxo tempo a los protagonistas. Para finalizar y en cuanto a la producción, hoy día va siendo en vano comentar acerca de las fantasías de un montaje que  llevó tanto  a los Cronwelistas  como a los Estuardos  a una guerra moderna en un campamento inglés, que vistió al coro femenino como monjas y a la protagonista como una enfermera que no dejaba de subir y bajar por una incómoda escalera de caracol.

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