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Ni pena ni gloria para el mejicano Camarena

Recital de Canto. Solistas : Javier Camarena (t); Coro de la Opera de Bilbao. Orquesta  Sinfónica Verum. Dirección Musical: Iván López Reynoso. Palacio Euskalduna 7-VI-2015.
Precedido de una gran fama y en el ámbito de la voz propia de un tenor ligero, con su correspondiente repertorio, se presentó en Bilbao el cantante mejicano Javier Camarena. Del programa que acometió se pueden sacar dos evidentes conclusiones. La primera proveniente de la primera parte cuando exhibió una voz que si bien apretada, redondita y carente de volumen, cautivó por su facilidad en la zona alta y el gusto expresivo. La voz  bien impostada en zona aguda, corría por la sala sin obstáculos y de ahí que ofreciera el aria “Si Ritrovar lo iuro” de La Cenerentola de Rossini  de manera  exuberante e impoluta.  Tampoco quedó atrás en méritos la impecable y afinadísima interpretación del aria de la complicada opera  La Fille du Regiment. Sin embargo al poseer una voz de cuerpo fino, lejos de la pasión, dejó que desear tanto en la cabaletta de Rigoletto como en la bella jota de la zarzuela La Bruja. Tal vez rememorando sus primeros pasos en su patria natal, la segunda mitad del concierto transcurrió por veredas populares. Boleros y danzones ocuparon esta parte en la que la voz no se percibía bien, ya sea por su canto central que evitaba su squillo o ya sea por la mayor participación de la orquesta manchega que le solapaba. Una orquesta, por cierto, de jóvenes valores locales dirigida por otro joven mejicano, el maestro Iván López Reynoso, atractivo en el gesto y meticuloso  en la lectura. Javier Camarena compareció en Bilbao como un tenor de mucho gusto, dominador de la media voz y del filado, agudo extremo fácil y seguro inmerso en un campo ligero amoroso y ágil pero exento de pasión y volumen vocal.

Un gran Otello cierra la temporada bilbaína

Otello de G.Verdi. Reparto: Marco Berti (t); Lianna Haroutounian (s); Juan Jesúa Rodriguez; Jon Plazaola (t); Vicenc Esteve (t); Maria José Suarez (s);Federico Sacchi (bar); David Aguayo (bar). Coro de la Opera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección de Escena: Ignacio García. Dirección Musical: Ricardo Frizzi. Palacio Euskalduna  Bilbao.16-V-2015
No es fácil presenciar esta  ópera de Verdi con un resultado tan gratificante. No solo se tiene que contar con el personaje principal tan psicológicamente complicado y vocalmente tan exigente y  selecto, sino que además le debe acompañar un barítono acorde en calidad vocal y en el protagonismo. En cuanto al rol de Desdémona, como ocurre con Gilda o Liú, es una parte segura de lucimiento para toda soprano, sólo que Lianna Haroutounina exhibió además una voz lírica muy hermosa y potente.
De este modo, en un marco escénico elegante y amplio, con rico vestuario y un atrezzo preciso, salvo la inadecuada modernista cama nupcial, la ópera transcurrió de menos a más y finalizar con el “Niún mi Tema” en mucho más. Aunque el tenor comenzó dubitativo y con algún desafino tras un Exultate brillante, luego acabaría la escena sosteniendo perfectamente el  cambio silábico en el dúo final “Venere Splende”. El reluciente squillo en la voz de Marco Berti salió a nuestro encuentro generoso y pródigo en todo momento, sirviéndole para suplir su natural color vocal de spinto,  en el de  un auténtico tenor dramático y con fácil agudo. En efecto sus palabras y frases contabilizaron fiereza y pasión  propias de un dramático y  nos regaló con una intencionalidad en su canto muy efectista como lo demostró también en el  intimista y desgarrador  recitado “Dio Mi potevi  scagliar”.
No hubo un escalón cualitativo  inferior que separara la gran actuación de este  Otello, porque hubo un Yago también grande. El barítono español Juan Jesús Rodriguez  asombró por la belleza del color de su voz, a veces aterciopelada y otras veces de variada gama cromática. Teatralmente nos gustó sobre todo la altivez de este Yago, lejos de la vulgaridad en el gesto del típico taimado y con su figura bien encajada y caracterizada en el personaje. Nos gustú su “Credo” vocalmente muy atractivo y con dominio de la escena.
La soprano armenia Lianna Haroutourian mantiene aún los ademanes de aquellas sopranos de principios del XX, es decir, los brazos abiertos al cantar  o el anverso de la mano en la frente reflejando ansiedad, lo que a unos gusta más que a otros, pero lo importante es que cantó con una voz sin afecciones, ni trampas. No acudió a los filados porque todo lo hizo natural, con la voz plena y cantando con volumen y potencia.
El guipuzcoano Jon Plazaola tuvo finalmente un papel donde demostrar su buena técnica y con el que acreditar su gran profesionalidad en un rol interesante como es el de Cassio.  Finalmente, suponemos que tanto el director de escena Ignacio García al momento de trabajar con el coro, como el maestro musical Federico Frizzi al dirigirlos cantando habrán observado la valía y calidad del coro bilbaíno, excelente en la tormenta del inicio. Se cierra la temporada con un broche dorado ciertamente inesperado  porque  se cae en el recuerdo de grandes tenores y  grandes barítonos que se distinguieron en este título  y parece que cuesta  afirmar que este Otello verdiano ha alcanzado tras infructuosas décadas, un nivel muy alto.

Repaso a arias de haendel en la bilbaína Musika-Musica

Gala de Opera. Musika-Musica. Solistas: Letizia Scherrer (s); Franziska Gottwald (m): Coro Musicus Koln y Das Neue Orchester.Obras de Haendel. Dirección Christoph Spering. Palacio Euskalduna 7-III-15-
Un variado programa consistente en aria de ópera y oratorios confirmó la calidad del coro Musicus Koln. Comenzó con el famoso “See The conquerin hero comes” que en origen  también lo encontramos en otra obra del mismo Haendel y que luego decidió añadir a este oratorio de Judas Macabeo. En este concierto el coro se dedicó a acompañar, es decir a comentar como actor secundario el canto de los solistas e incluso en tan breves  participaciones su colorido y perfecta armonía le hicieron descollar ajeno al ambiente de cámara donde sin duda resplandece. Como solistas cantaron la soprano Letizia Scherrer y la mezzo Franziska Gottwald, dos voces que sin demasiada potencia atesoraron gusto y un canto de suficiente coloratura. Habría que destacar a ambas en los adagios, pues la soprano sobresalió en si versión de la conocida aria “Lascia ch´io pianga” de la ópera Rinaldo y la mezzo en el aria “Ombra mai fu” de la ópera Xerse.  El apocalíptico Alleluia del Mesías coronó la presencia del conjunto músico-vocal alemán cantado por el excelente coro con ajuste y la alegría propia de la alabanza.

Butterfly señala el ecuador de la ópera de Bilbao

“Madama Butterfly” de G.Puccini. Reparto: Fioenza Cedolins (s); Piero Pretti (t); Gema Coma (m); Luis Cansino (bar); Mikeldi Atxalandabaso (t); Josema Diaz (bar); Ricardo Seguel (bar); Marta Ubieta (s); Coro de la Opera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección de Escena: Renzo Giacchieri. Dirección Musical: Massimo Zanetti. Palacio Euskalduna. Bilbao 14-II-15.

La representación fue in crescendo a medida que la soprano Fiorenza Cedolins se introdujo en el ámbito desgarrador de la ópera, en ese terreno del llanto de la mujer abandonada tan perfectamente descrita en la partitura musical de Puccini. En efecto, tanto con anterioridad al matrimonio como en todo ese primer acto, la voz de Cedolins no lució frescura, no era la voz aniñada de una quinceañera, ni sus ademanes correspondían al recato y delicadeza propios de una joven geisha. El arte y el saber escénico de la soprano italiana llegaron en la segunda mitad, es decir, cuando el color de su voz acompañó al drama abandonando el primer lirismo. La sapiencia del maestro Massimo Zanetti reflejaba con claridad gestual la gravedad de la música que encerraba la partitura y entre largos silencios y acordes profundos, la soprano interpretaba su drama con entrega y pasión. Fiorenza Cedolins mantiene intacta la teatralidad y el dominio escénico para completar una gran actuación. El papel siempre ingrato y aborrecido de Pinkerton recayó en Pietro Pretti cuyo debut en Bilbao fue satisfactorio. El tenor italiano gustó por el bello color de su voz y por la seguridad e igualdad cromática al acceder a un brillante registro agudo. La mezzo Gema Coma aprovechó la ocasión que le brindaba el papel de Suzuki y además de exhibir una voz poderosa, la catalana acompañó con musicalidad a Butterfly en el bello dúo de la espera al barco de Pinkerton. Ese fue el momento en que el director de escena Giaccheri se permitió la licencia de colocar al coro de la Opera de Bilbao en el escenario para cantar el nocturno a boca chiusa y que generalmente se suele interpretar entre bastidores. Naturalmente el coro bilbaíno bordó la fina pieza que alude a la esperanza, así como anteriormente había agradado también la aparición de las féminas del coro en el acto anterior. Del barítono Luis Cansino siempre hemos dicho que se entrega a su papel, sea cual sea, pero su trabajada voz y su musicalidad dejan que desear. Lo del color vocal es, claro está, algo natural e inevitable, pero no resulta grato escuchar sus finales de frase. Una terna de voces locales completó el reparto y de ahí que viéramos y escucháramos a Mikeldi Atxalandabaso sobrado en el papel de Goro, a Josema Díaz eficaz en su doble papel y a Marta Ubieta en su corto papel de final de ópera. Una ópera muy sencilla desde el punto de vista escénico y de muy alto nivel musical con una Orquesta Sinfónica de Euskadi atendiendo con obediencia y destreza instrumental las claras órdenes de otro gran maestro de ópera como es Massimo Zanetti.


Hermoso concierto el ofrecido por AMAK en Bilbao

Concierto Homenaje a Alfredo Kraus. AMAK.Solistas:Agnes Zwierko (m); Angel Ódena (Bar); Orfeón Donostiarra y Sinfónica de Bilbao (BOS). Obras de Prokofief, Mussorsky, Borodin y Tchaikovsky. Palacio Euskalduna 30-2014.

De hermoso concierto se puede catalogar el ofrecido por AMAK y que, como siempre, sirve de despedida al año musical bilbaíno. Un concierto en el que participan el Orfeón Donostiarra y la BOS no puede tener otro calificativo. Lo que se puede añadir es que, en general, resultó algo frío porque las piezas cantadas, siendo hermosas, no llegaban al corazón ni despertaban los ánimos. Además al canto ruso le faltó potencia que el Orfeón no le proporcionó en su justa medida al ser menos nutrido que en otras ocasiones. Se notó la falta de poderío del conjunto al ser casi absorbido por la orquesta. Por el contrario, la media voz surgió exquisita y la comunión vocal unísona y armoniosa. La Mezzo polaca Agnes Zwierko y el barítono tarraconense Angel Ödena resultaron un lujo en vista de la cortedad de sus respectivas intervenciones y a la voz recia y voluminosa del barítono la polaca deparó, precedida por los chelos, el fragmento más bello de la noche con ocasión de su monólogo en l Cantata de Tchaikovsky. La orquesta bilbaína respondió perfectamente a las órdenes del maestro Oliver Diaz, quien sin levantar la cabeza del atril y por ello de la lectura de las partituras, atendió con más atención a los instrumentistas que al coro. Un digno homenaje y un lleno en el palacio a través de un cocnierto ya esperado y por lo tanto consolidado.


Espectacular espectáculo de zarzuela en Bilbao

Antología de la Zarzuela. Solistas : Enrique Ferrer (t); Ismael Pons (bar); Maria Rodriguez (s); Milagros Poblador (s), Cuerpo de Ballet de Cristina Guadaño. Dirección Musical: Tulio Gagliardo. Palacio Esukalduna 26-XII-14

La Antología presentada por José Luis Moreno es la misma presenciada en el mes de Septiembre, un espectáculo en el que junto a pinganillos para acrecentar las voces y alguna pieza con la música ya grabada, contiene también muchos atractivos. Es de alabar por ejemplo la información visual de cada pieza con el músico correspondiente y el soporte con fotos y videos reales que ubican la acción de su argumento. El derroche del lujo en el variado vestuario es otro de los factores del atractivo espectáculo y sobre todo, el contar con un cuerpo de baile tan excelente. De ahí que la antología haya tenido el común denominador del baile en las diferentes piezas que conllevan muchas obras y que este mismo cuerpo, con tan solo dieciséis bailarines, haya sido la admiración general. Agradó la ejecución musical de la joven orquesta que ocupó el foso bajo la dirección eficaz del maestro Tulio Gagliardo y no podemos profundizar en el terreno vocal como quisiéramos por varias razones. La primera que ni el color ni los volúmenes de las voces eran las naturales, incluso muchas veces distorsionada, como en el caso del barítono Pons y otras veces, muy favorecida como en el caso de la soprano Poblador en cuanto a potencia se refiere, pues ella ya posee de siempre una buena técnica y una buena línea de canto. Lo que no cabe duda es que el público, en general, gozó del llamativo y lujoso espectáculo.


Ainhoa Arteta cantó sus heroínas con la BOS

Tal como ella misma anunció,  en su programa interpretativo  figuraron las heroínas de ópera que la han acompañado en su ya dilatada carrera.  Aunque el recital fue algo precario en cuanto a piezas cantadas, la elección fue inteligente ya que se atuvo a sus características vocales y teatrales, es decir,  al verismo operístico. Nombrar el verismo con Ainhoa Arteta es citar su  gran expresividad, su pasión y su entrega, lo cual quiere decir también estar en posesión de un color de voz hermoso,  una voz potente y  voluminosa. Resultó impactante su versión de “Sola, Perduta, abbandonata” de la pucciniana Manon Lescaut, asi como fina y cantada con sentimiento el aria de La Wally de Catalani. Nos deparó la misma cantidad de arias que oberturas ejecutó la orquesta y en el fondo nos hemos de alegrar porque la Sinfónica bilbaína vino a recordarnos la belleza del intermezzo de L´Amico Fritz de Mascagni  y  la obertura de la ópera Le Maschere del mismo compositor. El recital fue como un recuerdo a las heroínas con las que ha convivido y faltaron muy pocas en ser interpretadas en ese recuerdo. No abundó en ninguna, tan solo un aria de cada una, pero como siempre teatral y efectista en escena, conocedora del gusto y de la reacción del público.

Un bello broche para el final de temporada de la ópera bilbaína

Turandot de G.Puccini. Reparto: Martina Serafin (s); Marcelo Giordani (t);Davinia Rodriguez (s); Alessandro Guerzoni (b); David Menéndez (bar); Jon Plazaola (t); Vicenc Esteve (t), Alberto Nuñez (t); Fernando Latorre (bar). Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Navarra. Dirección de Escena  Marco Berriel. Dirección Musical: John Mauceri. Bilbao 17-V-14.
 No es que sea determinante el cambio en la idea final, pues se refiere simplemente a un gesto último, pero es otro punto de vista contrario al libreto original en el que nos alejamos de debatir su coherencia.  Lo importante en esta ya presenciada producción, es la exuberancia escenográfica, la riqueza y variedad del vestuario y el dominio luminotécnico, pues, no en vano, figuraron en su realización ilustres nombres en esas respectivas áreas  como Ezio Frigerio, Franca Squarciapino o Vinizio Cheli. Desde la humildad y sencillez en el atavío del pueblo, hasta la magnificencia en el de los palaciegos, la producción no deja de ser un ejemplo para el fomento de una nueva afición a la lírica. Otra suerte más acompañó a los espectadores y se trató de la bella extracción de colorido musical que logró el maestro John Mauceri con la obediente Sinfónica de Navarra en el foso. El acompañamiento instrumental a las voces fue de total conjunción,  el continuo marcar del maestro a unos y otros, tanto en escena como en el foso fue ejemplar y la orquesta navarra, insaciable en su progreso técnico, lució con brillantez. El coro bilbaíno se sintió a gusto y cuando es así, se nota su poderío, hay  entrega  en la acción teatral y su participación resulta crucial convirtiéndose en protagonista. Dentro del ámbito solista, dos grandes voces dieron vida al argumento pekinés, Por una parte la soprano austríaca Marta Serafín, cuya presentación, vaya por delante decirlo,  fue admirable. Su majestuosidad escénica igualó su firmeza vocal y sus regios ademanes igualaron la dificultad interpretativa  de un rol exigente como pocos para una soprano que ha de poseer  squillo, fuerza  sin desmayo y seguridad en el registro alto. En noble competencia y con la solvencia de una voz brillante y segura, cantó el conocido tenor Marcelo Giordani.  Al siciliano le va el rol de Calaf porque su voz  tiene poder y unas notas de gran brillantez sin que se eche de menos el legato en este personaje inmerso en la pura bravura. Una gran pareja de cantantes que solventaron con soltura, buen arte y recias voces dos complicados papeles. La más aplaudida, como suele ocurrir, fue Davinia Rodriguez.  La canaria cantó con una excelente voz y además su canto fue muy expresivo y su actuación muy teatral, por ello, es lógico que fuera muy aplaudida. No obstante, sin que  queramos restarle méritos,  resulta un tanto injusto que Liú triunfe más que Turandot teniendo en cuenta lo que canta cada una, resulta poco equitativo que Micaela gane más favores que Carmen o que Musetta salga más airosa que Mimí. En fin, suele primar el gusto de cada uno, teniendo en cuenta la calidad humana y vocal del personaje. De ahí también que Timur, encarnado por el bajo Guerzoni sea siempre aplaudido y en esta ocasión merecidamente, gracias a la voz oscura y aterciopelada del bajo italiano. Conjuntados y precisos los tres scherzantes Ping-Pang-Pong interpretados por los tenores Plazaola y Esteve y el barítono Menendez y aunque lejos y casi inaudible, al menos solemne, Alberto Nuñez sentado en celestial trono. Turandot resultó un buen broche de cierre de temporada.

Magnífica interpretación belcantista de I Puritani en Bilbao

“I Puritani” de Bellini. Repaerto: Elena Mosuc (s); Celso Albelo (t); Gabriele Viviani (bar); Simon Orfila (b); Giovanna Lanza (m); Fernando Latorre (bar); Alberto Nuñez (t). Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Navarra, Dirección de Escena: Alfonso Romero. Dirección Musical: J.M.Pérez Sierra. Palacio Euskalduna 5-IV-14.
No falló el ámbito interpretativo en las expectativas puestas, todo lo contrario, porque al deseo de escuchar nuevamente  al tenor Celso Albelo, se unió la extraordinaria actuación de la soprano Elena Mosuc, con lo que la interpretación canora de la hermosa música de Bellini quedó a la altura de una representación de referencia en el futuro. A la elegancia del canto de Celso Albelo en su aria “A Te o Cara”, respondió la soprano Elena Mosuc  con un  canto lleno de arabescos ya desde la polaca “Son vergin vezzosa”.   A  la belleza tímbrica de la voz del tenor canario, a esa  facilidad  suya  en cantar en  tesitura alta  y en la  extrema, contestó la soprano rumana con un acentuado sentido dramático y un efectismo teatral admirable, sobre todo en su “escena de la locura”. Ambos no cesaron de ofrecer un amplio abanico de lo que significa belcanto, de ese canto de fina coloratura, soportada en una técnica envidiable. Si la voz de Albelo  se proyectaba con claridad y la palabra nos llegaba a través de un bello fraseo, la voz de Elena Mosuc   ofrecía una rica y variada pirotecnia vocal en la que no faltaron  filados imperceptibles y un complicado canto di sbalzo. Tal vez el equilibrio entre ambos se rompiera en el aspecto dramático, pues mientras Celso Albelo  no llegaba a caracterizar correctamente el papel de Arturo, pareciéndose  más al atolondrado  Nemorino,  que al noble  lord Arturo Talbot, ella, la soprano, se mostró en todo momento inmersa en su papel, enseñando un canto muy expresivo. En una escala algo inferior, pero únicamente a causa de la altura artística del binomio mencionado,  cabría citar al barítono Gabriele Viviani. En su presentación en Bilbao se mostró como  un  barítono lirico, de voz con un timbre agradable y sobre todo, cómoda en las notas altas, aunque adoleciera de volumen. Constituyó un tercer pilar importante en la consecución del éxito de la representación. Del bajo Simón Orfila habría que comentar  su lejanía del terreno belcantístico. Se preocupó de enseñar la potencia vocal más que de cantar con dulzura y no alcanzó corregir la brusquedad en algunas notas que emitía demasiado abiertas y altisonantes. Gustó el cálido  color vocal de la mezzo Giovanna Lanza y siempre es destacable la profesionalidad  de las segundas partes de Fernando Latorre y Alberto Nuñez. Resultó  excelente la dirección del maestro Pérez Sierra al mando de la Sinfónica de Navarra  dejando cantar con amplio  y laxo tempo a los protagonistas. Para finalizar y en cuanto a la producción, hoy día va siendo en vano comentar acerca de las fantasías de un montaje que  llevó tanto  a los Cronwelistas  como a los Estuardos  a una guerra moderna en un campamento inglés, que vistió al coro femenino como monjas y a la protagonista como una enfermera que no dejaba de subir y bajar por una incómoda escalera de caracol.

un magno requiem de verdi para despedir el año por la asociación amigos de Kraus

Requiem de G.Verdi. Solistas: Carmen Solís (s); Mª Luisa Corbacho (m); Andeka Gorrotxategi (t); Ruben Amoretti (b). Orfeón Donostiarra y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director: Oliver Diaz, Palacio Euskalduna, Bilbao 30-XII-13
Ya en el aterrador Kyrie del comienzo del Requiem verdiano, el Orfeón guipuzcoano empezó a dar muestras de la magnitud y fuerza  que atesora en esos momentos  y otros momentos en los que la batuta del maestro Oliver Diaz  exigía lo máximo.  En ese contexto magno y efectista, el director había situado  a las trompetas a en lo alto, a ambos lados del escenario, ofreciendo un bello juego sonoro.  Luego, los chelos acompañaron el profundo “Mors Stupebit” del bajo. Un cantante este, de agradable color vocal, con notas graves envueltas en terciopelo, aunque una piz ca falto de potencia. Se podría decir que le faltó la potencia que sobraba a la mezzo Mª Luisa Corbacho, solo que  la mezzo mallorquina, casi soprano,  careció de dulzura  en su canto altisonante. El tenor Andeka Gorrotxategi no fue la luz que iluminara como ocurre otras veces con su bien timbrada voz  y su “Ingemisco” apenas trascendió. Puede que el lirismo que encierra la  obra no le proporcione la comodidad a una voz como la suya llamada a partituras más heroicas. La soprano Carmen Solis deparó musicalidad y expresividad  con su cálida voz. Bien valió  toda su parte final “Libera Me”, para inclinar la balanza  hacia la interpretación positiva en unión de un coro espléndido y una dirección escrupulosa, muy  indicativa de los más mínimos detalles, al frente de una orquesta conjuntada y de valía como es la BOS.