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Butterfly señala el ecuador de la ópera de Bilbao

“Madama Butterfly” de G.Puccini. Reparto: Fioenza Cedolins (s); Piero Pretti (t); Gema Coma (m); Luis Cansino (bar); Mikeldi Atxalandabaso (t); Josema Diaz (bar); Ricardo Seguel (bar); Marta Ubieta (s); Coro de la Opera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección de Escena: Renzo Giacchieri. Dirección Musical: Massimo Zanetti. Palacio Euskalduna. Bilbao 14-II-15.

La representación fue in crescendo a medida que la soprano Fiorenza Cedolins se introdujo en el ámbito desgarrador de la ópera, en ese terreno del llanto de la mujer abandonada tan perfectamente descrita en la partitura musical de Puccini. En efecto, tanto con anterioridad al matrimonio como en todo ese primer acto, la voz de Cedolins no lució frescura, no era la voz aniñada de una quinceañera, ni sus ademanes correspondían al recato y delicadeza propios de una joven geisha. El arte y el saber escénico de la soprano italiana llegaron en la segunda mitad, es decir, cuando el color de su voz acompañó al drama abandonando el primer lirismo. La sapiencia del maestro Massimo Zanetti reflejaba con claridad gestual la gravedad de la música que encerraba la partitura y entre largos silencios y acordes profundos, la soprano interpretaba su drama con entrega y pasión. Fiorenza Cedolins mantiene intacta la teatralidad y el dominio escénico para completar una gran actuación. El papel siempre ingrato y aborrecido de Pinkerton recayó en Pietro Pretti cuyo debut en Bilbao fue satisfactorio. El tenor italiano gustó por el bello color de su voz y por la seguridad e igualdad cromática al acceder a un brillante registro agudo. La mezzo Gema Coma aprovechó la ocasión que le brindaba el papel de Suzuki y además de exhibir una voz poderosa, la catalana acompañó con musicalidad a Butterfly en el bello dúo de la espera al barco de Pinkerton. Ese fue el momento en que el director de escena Giaccheri se permitió la licencia de colocar al coro de la Opera de Bilbao en el escenario para cantar el nocturno a boca chiusa y que generalmente se suele interpretar entre bastidores. Naturalmente el coro bilbaíno bordó la fina pieza que alude a la esperanza, así como anteriormente había agradado también la aparición de las féminas del coro en el acto anterior. Del barítono Luis Cansino siempre hemos dicho que se entrega a su papel, sea cual sea, pero su trabajada voz y su musicalidad dejan que desear. Lo del color vocal es, claro está, algo natural e inevitable, pero no resulta grato escuchar sus finales de frase. Una terna de voces locales completó el reparto y de ahí que viéramos y escucháramos a Mikeldi Atxalandabaso sobrado en el papel de Goro, a Josema Díaz eficaz en su doble papel y a Marta Ubieta en su corto papel de final de ópera. Una ópera muy sencilla desde el punto de vista escénico y de muy alto nivel musical con una Orquesta Sinfónica de Euskadi atendiendo con obediencia y destreza instrumental las claras órdenes de otro gran maestro de ópera como es Massimo Zanetti.


Un joven y buen reparto vocal en La Boheme de la Quincena Donostiarra

“La Boheme” dse G. Puccini. Reparto: Gal >James (s);Giordano Lucá (T=; Juan Jesus Rodriguez (bar); Elena de la Mewrced (s); David Menendez (bar); Francis Tójar (b); Fewrnando de la Torre (bar);. Coral Andra Mari y Orquesta Sinfónica de Euskadi.  Dirección de Escena; Davide Livermore. Dirección Musical: J .Ramón Encinar. Auditorio San Sebastian 15.VIII-14
                                                          UNA ÓPERA BRILLANTE
                                                                   Nino Dentici
 
Aprovechando todo el escenario, mostrando así una gran buhardilla en la que moverse con amplitud y sumando el ágil efecto que causaban las filminas  concatenadas de las pinturas impresionistas francsas plasmadas al fondo del decorado, , la producción de esta La Boheme resultó práctica y brillante. El final del segundo acto además, deparó la fuerza y el buen trabajo de la Coral Andra Mari quó una muy buee cantó  y actuó al unísono y como las órdenes del regidor Davide Livermore se acataban a la perfección, el aspecto teatral del espectáculo se hizo muy atractivo.  La brillantez y el colorido visual de la producción se  equiparó a la postre   con la aportación vocal, ya que los dos jóvenes protagonistas, la soprano  israelita Gal James y el tenor italiano Giordano Lucá cuajaron una actuación excelente desde el punto de vista canoro, Con un precioso color vocal, el tenor cantó con soltura y su timbre más allá del estrictamente ligero, cercano al lírico, resolvió sin escollo las incomodidades de la partitura salvo  el hecho de que no nos quiso regalar el Do en el dúo O Soave Fanciulla del primer acto, lo que decepcionó al respetable. Fue la única  laguna de este Rodolfo llamado a ser un gran tenor. En cuanto a la soprano israelita completó un gran trabajo y  la potencia de su voz anduvo de la mano de la nobleza de su interpretación sin afecciones ni ocultismos ante las dificultades. Tal vez se pueda pensar que aún no es una Mimí en regala por su color vocal algo ligero, pero esa cierto que mereció el aplauso general. El baritono Juan Jsesús Rodriguez destacó por la contundencia de su voz, preocupado en ampliarla constantemente y hubo buena colaboración escénica de parte del resto de los  comprimarios.

Orfeo de Gluck acompañado de Ballet

Orpheé et Euridice de W. Gluck. Öpera-Ballet por el Ballet National de Marseille.Cantantes Solistas: Blandine Folio (M); Ingrid Perruche (s); Mayles de Villoudreys (s). Coro de la Fundación Principe de Asturias y Orquesta Oviedo Filarmonía. Coreografía: Frederic Flamand. Dirección Musical: Marzio Conti. Teatro Arriaga 23-V-14
Se había anunciado como Ballet y de hecho, fue  el Ballet de Marsella la que actuó, pero se trataba sobre todo de la ópera cantada que compuso Gluck y que Frederic Flamand experimentó poniendo en escena ambas disciplinas al mismo tiempo. La delicadeza  de la música lo admite, la placidez del canto del coro y  los largos interludios sinfónicos  permitían la aparición del ballet en escena. La duda surge cuando se piensa si al canto le conviene una distracción ajena o si el espectador profundizará suficientemente en él,  presenciando tanto movimiento escénico. La coreografía, tan variada y atlética contuvo arabesques, brisés volés y fouettes y otros muchos pasos más de ballet clásico, pero  su desarrollo en escena generalmente  llega a parecer monótono en esa variedad.  Fue un ballet cuya coreografía tuvo más en cuenta el físico que el clasicismo elegante. Resultó interesante el desdoblamiento de los personajes, ya que cuando cantaba Orfeo (de blanco) hanía otro que bailaba y lo mismo sucedía con Euridice (de azul turquesa) y con el coro. El papel de Orfeo recayó en la voz de la mezzo Blandine Folio, admirable artista en cuanto a expresividad, claro fraseo y belleza musical. Su voz nos pareció equiparable a la que debía ser en un Alto castrato, es decir un poco más aguda que la voz de una mezzo. Tampoco se hizo desdeñable la  participación vocal de la soprano Ingrid Perruche, la cual exhibió una voz con cuerpo y por tanto cálida y vigorosa, eso sí, menos clara o ágil que la que mostró la soprano Villoudreys. Excelente la dirección del maestro Marzio Conti, haciendo que la orquesta sonara de manera muy delicada, a veces a cámara lenta, pero siempre refinada.

Un bello broche para el final de temporada de la ópera bilbaína

Turandot de G.Puccini. Reparto: Martina Serafin (s); Marcelo Giordani (t);Davinia Rodriguez (s); Alessandro Guerzoni (b); David Menéndez (bar); Jon Plazaola (t); Vicenc Esteve (t), Alberto Nuñez (t); Fernando Latorre (bar). Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Navarra. Dirección de Escena  Marco Berriel. Dirección Musical: John Mauceri. Bilbao 17-V-14.
 No es que sea determinante el cambio en la idea final, pues se refiere simplemente a un gesto último, pero es otro punto de vista contrario al libreto original en el que nos alejamos de debatir su coherencia.  Lo importante en esta ya presenciada producción, es la exuberancia escenográfica, la riqueza y variedad del vestuario y el dominio luminotécnico, pues, no en vano, figuraron en su realización ilustres nombres en esas respectivas áreas  como Ezio Frigerio, Franca Squarciapino o Vinizio Cheli. Desde la humildad y sencillez en el atavío del pueblo, hasta la magnificencia en el de los palaciegos, la producción no deja de ser un ejemplo para el fomento de una nueva afición a la lírica. Otra suerte más acompañó a los espectadores y se trató de la bella extracción de colorido musical que logró el maestro John Mauceri con la obediente Sinfónica de Navarra en el foso. El acompañamiento instrumental a las voces fue de total conjunción,  el continuo marcar del maestro a unos y otros, tanto en escena como en el foso fue ejemplar y la orquesta navarra, insaciable en su progreso técnico, lució con brillantez. El coro bilbaíno se sintió a gusto y cuando es así, se nota su poderío, hay  entrega  en la acción teatral y su participación resulta crucial convirtiéndose en protagonista. Dentro del ámbito solista, dos grandes voces dieron vida al argumento pekinés, Por una parte la soprano austríaca Marta Serafín, cuya presentación, vaya por delante decirlo,  fue admirable. Su majestuosidad escénica igualó su firmeza vocal y sus regios ademanes igualaron la dificultad interpretativa  de un rol exigente como pocos para una soprano que ha de poseer  squillo, fuerza  sin desmayo y seguridad en el registro alto. En noble competencia y con la solvencia de una voz brillante y segura, cantó el conocido tenor Marcelo Giordani.  Al siciliano le va el rol de Calaf porque su voz  tiene poder y unas notas de gran brillantez sin que se eche de menos el legato en este personaje inmerso en la pura bravura. Una gran pareja de cantantes que solventaron con soltura, buen arte y recias voces dos complicados papeles. La más aplaudida, como suele ocurrir, fue Davinia Rodriguez.  La canaria cantó con una excelente voz y además su canto fue muy expresivo y su actuación muy teatral, por ello, es lógico que fuera muy aplaudida. No obstante, sin que  queramos restarle méritos,  resulta un tanto injusto que Liú triunfe más que Turandot teniendo en cuenta lo que canta cada una, resulta poco equitativo que Micaela gane más favores que Carmen o que Musetta salga más airosa que Mimí. En fin, suele primar el gusto de cada uno, teniendo en cuenta la calidad humana y vocal del personaje. De ahí también que Timur, encarnado por el bajo Guerzoni sea siempre aplaudido y en esta ocasión merecidamente, gracias a la voz oscura y aterciopelada del bajo italiano. Conjuntados y precisos los tres scherzantes Ping-Pang-Pong interpretados por los tenores Plazaola y Esteve y el barítono Menendez y aunque lejos y casi inaudible, al menos solemne, Alberto Nuñez sentado en celestial trono. Turandot resultó un buen broche de cierre de temporada.

Estreno absoluto de la ópera “El Juez” en el teatro Arriaga de Bilbao

“El Juez” (Los Niños Perdidos). Opera en cuatro actos de Christian Kolonovitz y libreto de Angelika Messner. Reparto: Josep Carreras (t); Jose Luis Sola (t); Sabina Puértolas (s); Carlo Colombara (b); Ana Ibarra (s); Mª José Suarez (s); Itziar de Unda (s); Alberto Nuñez (t); J.M.Diaz (bar); Milagros Martin (m); Giorgp Meladze. Coro Rossini y Kantika Korala. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección de Escena: Emilio Sagi. Dirección Musical: David Gimenez. Teatro Arriaga.Bilbao 26-IV-14.
 
 
                                 
 
El estreno absoluto de una ópera implica un honor para la ciudad y para su teatro. Cuando el estreno es además atrevido o reivindicativo el mérito se acrecienta  y sobre todo,  es preciso encontrar un público habituado y avezado en vicisitudes políticas que sea susceptible de presenciar críticas y peticiones populares sin alterarse. Sin duda el teatro Arriaga tiene solera y una dirección artística reconocida.
LA MÚSICA. El maestro David Giménez ha podido disfrutar de suficientes días de ensayo en la preparación de la obra, a juzgar por la seguridad mostrada en su podio y en su claridad gestual, sobre todo, a  la hora de indicar las entradas a Josep Carreras. No es fácil evitar que la orquesta de Bilbao se pudiera atascar por la cantidad y variedad temática que contiene la partitura y los evidentes cambios de ritmo y tempo en una continuidad musical sin freno. No ha sido el caso porque la BOS respondía siempre y el maestro tenía bien sujeta la música En general se tiene la sensación de que la partitura contiene más allegro que momentos trágicos, salvo en el final de la obra. Aparecen en ella continuamente acordes e inicios breves que nos recuerdan a otras músicas líricas  aunque siempre rápidamente interrumpidas,
LIBRETO. Mencionábamos  con anterioridad  la valentía en la denuncia de unos hechos reales. De esta nueva memoria histórica en una España oscura. Angelika Messner denuncia con palabras la necesidad de una reivindicación que dé paso al perdón y al olvido. Sin embargo, es muy difícil que el poder y además en connivencia con la Iglesia sea capaz de pedir perdón cuando domina con autoridad. Es difícil encontrar la autocrítica cuando se ejerce el poder. El texto creado por Angelika Messner ensambla muy bien con la música, no en vano ha trabajado mucho junto a Kolonovitz. Ahora bien, no todo casa, y a nuestro modo de ver se exagera en la obsesión por la venganza y en la vehemente acritud hacia las monjas y la religión en general. La abadesa es una especie de monstrua, una rara vis en la ópera en la que hasta ahora  se ha podido hallar a  la puciniana Suor Angelica o a las carmelitas de Poulenc, pero no a tan cruel abadesa.
SOLISTAS. La hegemonía vocal radicó en el tenor Jose Luis Sola. De él ha partido el canto complicado, ese canto ‘di sbalzo’, de radicales altibajos tonales que le llevaban del simple fraseo hasta el Do de pecho. Kolonovitz no le concedió un final brillante a su aria del pañuelo de seda, “La Madre prepara la comida”, pero la cantó con legato y gran ternura a través de un timbre siempre claro y penetrante. Su canto fue siempre en tesitura alta, exigente, o sea, allí donde José Luis Sola se halla cómodo y por ello disfrutó y disfrutamos con él. Sabina Puértolas no quedó rezagada en méritos y a su atractiva presencia, unió un canto central, siempre por debajo de la tesitura del tenor. Su primera aria recordó a Puccini y en unión de Sola deparó un admirable y precioso  dúo “un Alma, un Aliento” que se convertiría luego en leit motiv.
Josep Carreras compareció en escena como la guinda del pastel. Sobre sus espaldas cargó con la titularidad, pero a pesar de Angelika Messner y de Cristian Kolonovitz a su personaje le faltó pasión, Carreras pudo proporcionarle dignidad, presencia y expresividad, pero le faltó pasión. Se percibió que sus manos y su cabeza querían más. Con el respeto que se debe a un gran tenor, gloria de la lírica como es, no debiera exponerse a tanto. Respecto al bajo Carlo Colombara, por otro lado, se suele decir que el que tuvo, retuvo y así ocurrió con este artista al que se le ha escuchado en muchas ocasiones en Bilbao. Su voz sigue siendo de calidad, grave y solemne y el personaje muy acorde con su timbre de voz y su figura. Un personaje que recuerda a Scarpia, al barón de Tosca, y al que incluso Messner  rodea  de esbirros y Kolonovitz le concede una especie de Te Deum. Entre los solistas que cubrieron segundos papeles destaquemos la buena coloratura de Itziar de Unda, la firmeza y potencia de Ana Ibarra encarnando a la abadesa  del convento y la aportación vocal y teatral de Mª J.Suárez, Alberto Núñez, J.M.Díaz y Milagros Martin.
ESCENA. Es sabida la labor teatral que impone Emilio Sagi, Es conocida su obsesión detallista en los movimientos de los solistas y su peculiar sensibilidad en plasmar su intención en escena. Lo único que no compartiríamos fue la marginación que sufrieron los esbirros de Morales compareciendo una única vez en escena a la vista de todos. La escenografía de Daniel Blanco resultó práctica, sin apenas atrezzo y muy válida en tiempos de crisis. Se asemejó a un inmenso ascensor metálico del siglo pasado de los que se solían cerrar desde fuera y luego sus puertas batientes desde dentro. Cuando se levantaba su cara principal, dejaba suponer el interior del convento, la habitación del Juez o la propia calle. Nos gustó el detalle de la bombilla que bajó de lo alto, con una luz muy tenue indicando la sobriedad de la abadesa.
CONCLUSIÓN, En fin, un estreno operístico con un libreto de actualidad y una música muy asequible ejecutada impecablemente por la BOS. Se contó con la presencia de Carreras en escena, las voces solventes del tenor y de la soprano y  de calidad en la del bajo en unión de unos partiquinos de lujo.
 

Magnífica interpretación belcantista de I Puritani en Bilbao

“I Puritani” de Bellini. Repaerto: Elena Mosuc (s); Celso Albelo (t); Gabriele Viviani (bar); Simon Orfila (b); Giovanna Lanza (m); Fernando Latorre (bar); Alberto Nuñez (t). Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Navarra, Dirección de Escena: Alfonso Romero. Dirección Musical: J.M.Pérez Sierra. Palacio Euskalduna 5-IV-14.
No falló el ámbito interpretativo en las expectativas puestas, todo lo contrario, porque al deseo de escuchar nuevamente  al tenor Celso Albelo, se unió la extraordinaria actuación de la soprano Elena Mosuc, con lo que la interpretación canora de la hermosa música de Bellini quedó a la altura de una representación de referencia en el futuro. A la elegancia del canto de Celso Albelo en su aria “A Te o Cara”, respondió la soprano Elena Mosuc  con un  canto lleno de arabescos ya desde la polaca “Son vergin vezzosa”.   A  la belleza tímbrica de la voz del tenor canario, a esa  facilidad  suya  en cantar en  tesitura alta  y en la  extrema, contestó la soprano rumana con un acentuado sentido dramático y un efectismo teatral admirable, sobre todo en su “escena de la locura”. Ambos no cesaron de ofrecer un amplio abanico de lo que significa belcanto, de ese canto de fina coloratura, soportada en una técnica envidiable. Si la voz de Albelo  se proyectaba con claridad y la palabra nos llegaba a través de un bello fraseo, la voz de Elena Mosuc   ofrecía una rica y variada pirotecnia vocal en la que no faltaron  filados imperceptibles y un complicado canto di sbalzo. Tal vez el equilibrio entre ambos se rompiera en el aspecto dramático, pues mientras Celso Albelo  no llegaba a caracterizar correctamente el papel de Arturo, pareciéndose  más al atolondrado  Nemorino,  que al noble  lord Arturo Talbot, ella, la soprano, se mostró en todo momento inmersa en su papel, enseñando un canto muy expresivo. En una escala algo inferior, pero únicamente a causa de la altura artística del binomio mencionado,  cabría citar al barítono Gabriele Viviani. En su presentación en Bilbao se mostró como  un  barítono lirico, de voz con un timbre agradable y sobre todo, cómoda en las notas altas, aunque adoleciera de volumen. Constituyó un tercer pilar importante en la consecución del éxito de la representación. Del bajo Simón Orfila habría que comentar  su lejanía del terreno belcantístico. Se preocupó de enseñar la potencia vocal más que de cantar con dulzura y no alcanzó corregir la brusquedad en algunas notas que emitía demasiado abiertas y altisonantes. Gustó el cálido  color vocal de la mezzo Giovanna Lanza y siempre es destacable la profesionalidad  de las segundas partes de Fernando Latorre y Alberto Nuñez. Resultó  excelente la dirección del maestro Pérez Sierra al mando de la Sinfónica de Navarra  dejando cantar con amplio  y laxo tempo a los protagonistas. Para finalizar y en cuanto a la producción, hoy día va siendo en vano comentar acerca de las fantasías de un montaje que  llevó tanto  a los Cronwelistas  como a los Estuardos  a una guerra moderna en un campamento inglés, que vistió al coro femenino como monjas y a la protagonista como una enfermera que no dejaba de subir y bajar por una incómoda escalera de caracol.

PASIÓN EN la TRAVIATA de la soprano rancatore

“La Traviata” de G.Verdi. Reparto: Desiré Rancatore (s); José Bros (t); Angel Ödena (bar); Pilar Vazquez (m); Albert Casals (bar); Fernando Latorre (bar); Marta Ubieta. Coro Easo y <Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección de Escena: Susana Gómez. Dirección Musical: Pietro Rizzo. Quincena de San Sebastian 11-VIII-13.
Completo trabajo el realizado por la soprano Desiré Rancatore.  Salvó  no  sin dificultad la coloratura del primer acto ya que no se le apreció una gran facilidad vocal  en la zona del sobreagudo en la que la voz incluso le cambiaba de color. En el segundo acto se convirtió en una amante apasionada cuya voz sonó con cuerpo y con poder y ya en el tercero se adueñó de la escena tanto en canto como en una excelente actuación teatral. La soprano siciliana cuajó un gran trabajo y no escatimó una sincera entrega a un papel siempre arduo. José Bros lo que trasmite  es facilidad al cantar y ello, unido a su belleza y delicadeza  lineal en su canto, hace siempre agradable su participación. Sin embargo, en esta ocasión no nos quiso brindar el agudo en la cabaletta que sigue a su aria, lo que desdibujó este fragmento que queda desnudo si no se aborda el Do de pecho. El barítono Angel Ödena debió pensar que cantar es enseñar una voz poderosa y de ahí que  se obsesionara en cantar altisonante y sin ninguna delicadeza. Si bien en su famosa aria “Di Provenza”   enseñara la buena extensión de su voz, careció del gusto que también había manifestado anteriormente en el gran dúo con la soprano. La precaria producción que tan solo contó con el mismo decorado para indicar que la acción se hallaba en una fiesta, en una casa de campo o en Paris rozó la pobreza. En cuanto al coro Easo que cantó muy bien en todo momento, tuvo que sufrir una coreografía muy superficial al interpretar  a zíngaros vestidos de gala y toreros de smokin  en  insulsos movimientos. Si el coro Easo cuajó una gran actuación, lo mismo habría que citar de la Orquesta de Euskadi con una buena lectura por parte del maestro Rizzo y un especial cuidado del conjunto en los pianíssimi y en el buen concertante que cerró la escena del juego de cartas.

 


“I Puritani” con Celso Albelo, la joya de la temporada 2013/2014 de Bilbao

 

La nueva temporada bilbaína comenzará cumpliendo con la pesada carga de agotar el compromiso del “Tutto Verdi”. Para ello, a mediados del mes de Septiembre la novedad llega con el estreno de “Giovanna D´Arco”, para cuyo montaje se echa mano de una de las pocas producciones existentes, la del Teatro Regio de Parma  y con ello, la correspondiente visita del director de escena del estreno de la producción, Gabriele Lavia. En el reparto figura la soprano búlgara Krasimira Stoyanova que tan grato recuerdo dejó cuando cantó el rol de Doña Ana de “Don Giovanni” en la temporada 2005/2006. Le acompañará el tenor Fabio Sartori, así mismo aplaudido en la “Luisa Miller” del 2011/2012. La dirección musical correrá a cargo de la Sinfónica de Euskadi bajo la batuta del asiduo maestro Ives Abel.

En octubre se representará la siempre bien acogida ópera “Rigoletto”  con el veterano barítono Le Nucci, quien a pesar del tiempo transcurrido en su larga carrera, mantiene el nivel artístico en lo más alto del estrellato lírico. El conocido tenor jerezano Ismael Jordi interpretará al duque y tendremos la novedad de escuchar a la soprano Elena Mosuc. Esta premiada rumana ya ha cantado el papel de Gilda en la Scala y llegará tras haber cantado Traviata en Verona. La orquesta Sinfónica de Bilbao será la que ocupe el foso bajo la dirección Daniel Oren, nuevo en la plaza, tras su paso veraniego por la Arena de Verona.

A mediados de noviembre en el cartellone figura un título deseado por los diletantes y complejo de interpretar por las grandes voces que requiere. La Forza del Destino contará con un reparto que en principio intriga por la duda que originan unas voces no muy adecuadas para su interpretación. El tenor Roberto Aronica no es un spinto, ni el barítono Stoyanov es dramático, de manera que marcaremos con una interrogación sus respectivas interpretaciones, así como el resultado de la ópera en general. La soprano romana  Chiara Taigi llega a Bilbao con la garantía de haber interpretado unos pocos días antes Andrea Chenier en Turin , completando el trio protagonista en una ópera que será producida por la ABAO en una creación de Ignacio García y dirigida por el maestro Pietro Rizzo al mando de la Orquesta del Teatro Regio de Parma

Con el acostumbrado descanso en Diciembre, el nuevo año 2014 iniciará su andadura en Enero con Adriana Lecouvreur de Francesco Cilea, ópera que se repone tras más de veinte años que  la hubiera cantado Mirella Freni. La guipuzcoana Ainhoa Arteta será la que reviva la carga pasional y la belleza musical que encierra el papel de Adriana  y que por cierto, es un rol que lo canta por primera vez. Junto a ella compartirá escena el tenor portugués Bruno Ribeiro al que recordamos con agrado por su participación en “Il Corsaro” de la temporada 2010. Repetirá actuación la Orquesta Sinfónica de Bilbao con Fabrizio Carminati en el podio principal

En el mes de Febrero la archiconocida ópera “Carmen” tendrá a la mezzo  Sonia Ganassi como protagonista de la libre y desafiante gitana vizcaína y contará también con la presentación de Francesco Meli con la ABAO. El papel del torero Escamillo lo encarnará el barítono Carlos Alvarez , un motivo extra de satisfacción no sólo por su categoría como cantante, sino por lo que significa de positivo el abordar este papel siempre complicado en su reaparición escénica bilbaína. El carácter del castizo aroma andaluz en la producción llevará la firma de Calixto Bieito y la dirección musical estará a cargo de Jean Ives Ossance, nuevo en la plaza bilbaína.

El mes de Abril será cuando se escenifique la joya de la temporada. Nos estamos refiriendo a la ópera  “I Puritani” de Bellini porque con el rol de Arturo nos vuelve a visitar el tenor Celso Albelo, en la actualidad probablemente el cantante más de moda en la lírica internacional junto a Jonas Kaufman.  La exigente ópera de Bellini la tiene grabada el tinerfeño en el año 2009 cuando la cantó en directo en el Comunale de Bolonia en la que resulta un placer admirar la belleza del color de su voz y la facilidad de su canto. La joven soprano coloratura Aleksandra Kurzac le acompañará en la exhibición que nos espera de Bel Canto por parte de ambos.  El maestro Perez Sierra conducirá a la Orquesta Sinfónica de Navarra.

La última e inacabada ópera de Puccini, “Turandot” será la que figure en el cartellone del mes de Mayo. El rol de la princesa correrá por cuenta de la soprano de hermosa y potente voz Martina Serafín, a quien le aplaudimos justamente con ocasión del concierto celebrado por la ABAO en el pasado mes de Junio. Subrayamos la presencia del tenor Marcello Giordani  que vuelve a Bilbao tras décadas de ausencia y tras habernos legado interpretaciones gloriosas en el antiguo Teatro Coliseo Albia. Vuelve también la soprano Davinia Rodriguez, la joven isleña que tanto gustó en La Traviata de Opera Berri del año pasado. La producción es la misma que ha visitado Bilbao varias veces, es decir, la creada por Nuria Espert y la dirección musical de Jhon Mauceri, el experto maestro que dirigió el estreno de “Susannah” en la temporada 2011.


Una ópera bufa fina en el teatro Arriaga de Bilbao

“Il Mondo della Luna” de J.Haydn. Reparto:Carlos Chausson (b); Tiberius Simo (t); Maite Beaumont (m); Manuela Custer (s); Arantza Ezebarro (s); Silvia Vazquez (s); Manuel de Diego (t). Orquesta Sinfónica de Nava rra y Coro Rossini. Dirección de Escena : Emilio Sagi. Dirección Musical:Jesus Lopez Cobos .Teatro Arriaga.Bilbao 16-V-13.

 

Se nos presentaron varios caminos para que consideráramos la ópera de Haydn como interpretada de manera fina y presentada con elegancia. La primera y la más importante, la dirección de López Cobos al frente de la Sinfónica de Navarra de la que extrajo la sutiliza, la gracia y la elegancia de la música que encierra. Desde la evocadora página del vuelo a la luna del bajo protagonista  Buonafede, pasando por las arias no exentas de coloratura de las sopranos Flaminia, Clarice y del travesti Ernesto, hasta  las de estilo cómico cantadas por la mezzo Lisetta, la música fue ejecutada con elegancia y gran finura. El segundo camino en el éxito de la representación corrió a cargo de la dirección de escena de Emilio Sagi, tan variada y alegre, sustentada en una escenografía colorista, práctica y que en muchas ocasiones acudía a las raíces del music hall. Excelente la actuación del bajo bufo Chausson que reaparecía en Bilbao enseñando su voz de tan grato timbre, con su impecable fraseo y encomiable trabajo escénico. Notamos evidentemente  el gran trabajo previo realizado por Sagi con las jóvenes y frescas voces de las sopranos Manuela Custer, Arantza Ezenarro y Silvia Vazquez, así como de la mezzo Maite Beaumont. En el grupo masculino se escuchó como más extensa la voz del tenor Manuel de Diego que la de Tiberius Simu y pareció insuficiente en número el formado por el coro Rossini. Buena ejecución y bella presentación.


La boheme de puccini cierra la temporada de Bilbao

“La Boheme” de G.Puccini. Reparto: Inva Mula (s); Stefano Secco (t); Carmen Romeu (s); Simone Piazzola (barl ); Manel Esteve (b); Roberto Tagliavini (bar):Alberto Arrabal (bar). Cpro de la Opera de Bilbao. Orquesta del Teatro Regio de Parma.Dirección de Escena: Emilio Sagi. Dirección Musical: Miguel A. Gómez  Martinez. Palacio Euskalduna 18-V-13

Al broche del cierre de la temporada le correspondió un  premio en forma de medalla de plata, ya que si bien su interpretación resultó académica y correcta, no alcanzó el del oro como ha ocurrido en anteriores títulos. La ópera ganó muchos enteros a partir de la segunda mitad, cuando se hace más dramática, cuando la música adquiere su pausada belleza. Fue entonces cuando el canto de la soprano Inva Mula gustó por la exhibición de su mezza voce, por la suavidad de su línea de canto. Fue también en esta segunda parte de la representación cuando mejor cantó el tenor Stefano Secco y en la que su afilada y penetrante voz se mantuvo segura y más firme. En la primera mitad predominó la seriedad  y la falta de desenvoltura en escena. Se hizo raro que Emilio Sagi en una producción que conocía perfectamente no profundizara en la acción de los cantantes. Incluso la escena del café Momus tardó en reactivarse y mostrar cierta algarabía bohemia gracias a la intervención del coro. No hubo  brillo ni ligereza juvenil en  la buhardilla parisina,  ni siquiera en la dirección lenta  del maestro Gomez Martinez que hizo que los dos raccontos tanto del tenor como de la soprano nos parecieran muy pesados. El tenor más valiente y menos recurrente que la soprano, pasó apuros en la nota  final de su aria y más aún en el agudo del dúo que cantó tras los bastidores. La soprano por su parte, desde siempre ha sido dada  a realizar filados en  las complicadas notas en el registro alto y ese efectista recurso le sirvió para guarda su voz y deparar su arte durante toda la segunda parte de lucimiento. A destacar la actuación de la soprano valenciana Carmen Romeu tanto en el canto a través de una voz potente,  como en el aspecto teatral tan natural y desinhibido. En cuanto a los colegas habitantes de la buhardilla, destaquemos al barítono Simone Piazzola cantante de grato timbre de voz y en menor medida por el entubamiento de su voz, al bajo Tagliavini  que cantó bien su “vecchia zimarra”.