
Archivo del Autor: nino dentici
DESCUBRIENDO A UNA SOPRANO

UN GRAN FIDELIO EN LA QUINCENA
Fidelio de L van Beethoven.Reparto: Stuart Skelton(t); jhj Ricarda Merbeth; Louise Aider (S);Benjamin Hulett (t); James Creswell (B);Detlef Roth (bar); David Soar (B). Orfeon Donostiarra. BBC philarmonic.Direccion: Juanjo Mena. San Sebastian 4-VIII.17

Excelente dramatización
“War Requiem” de B. Britten. Solistas: Natalia Tanasii (S); Rolf Romei (T); Thomas Bauer (BAR): Sociedad Coral de Blbao. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección de Escena; Calixto Bieito. Dirección Musical: Erik Nielsen. Teatro Arriaga 23-VI-2017.

Calixto Bieito no quiso presentarnos de forma tradicional el Requiem de Britten. Basándose en los comentarios poéticos de Wilfred Owen y el mismo texto latino del Requiem, nos ofreció un mensaje antibélico dramatizado, es decir teatralizado. En el fondo no sólo mantuvo su carácter lóbrego, sino que lo aumentó con un perfil desolador y de desesperación.
En el inmenso escenario creado, implantó la catedral inglesa de Coventry, con una gran vidriera como fondo y una serie de bancos eclesiásticos que anularon parte del patio de butacas. La orquesta estaba dividida, así como el coro y engullidas por el foso, las manos del maestro Erik Nielsen eran obedecidas por medio de televisores ante la estudiada partición también de un gigantesco coro. Tuvimos que mirar atrás y hacia los palcos centrales de los pisos altos para satisfacer la curiosidad de ver que el coro a través de un televisor estaba cantando de espaladas al maestro.
Un coro que empezaba el Introito y el Kyrie con la tensión precisa hasta llegar al pianísimo en las palabras “Luceat Eis”. Las fanfarrias anunciaron aires de guerra momentos antes de que el gran coro de la Coral bilbaína cantara en stacatto y el barítono Thomas Bauer enseñara por primera vez su voz lírica.
La ferviente plegaria de la soprano Natalia Tanasii poco tuvo que ver con su “Lacrimosa” cantada tan sentida y dramática. Desinhibida y entregada como actriz, la soprano enseñó una voz ligera pero potente, una voz de claro color tímbrico y además la más audible. El coro que también le había acompañado a media voz, dejó paso a la sección femenina en el “Recordare” y luego al masculino en el Confutatis hasta que unidos todos, entonan el lamento “Libera Me” y paulatinamente todo fue callando hasta el pianísimo acorde final.
El tenor Rolf Romei mantuvo el equilibrio del gran nivel general que lograron sus colegas y aunque su voz no era especialmente brillante, tampoco deslució. Si se ha encabezado el comentario definiendo como meritorio el aspecto teatral, diríamos que en lo musical el maestro Nielsen logró, como en el circo, el más difícil todavía y así, con el coro partido y con la orquesta dividida, superando escollos, aunó con su batuta a un coro que cantaba y se movía como pocas veces se le ha visto y daba lectura a una partitura rica y variada
CIERRE DE LUJO DE LA SINFONICA DE BILBAO

REALISMO LIRICO CON CHENIER

LA BOS CON EL BARROCO

EL ARTE DE CANTAR BIEN

AIRES DE DOLOR

L´ORFEO de Monteverdi. Reparto: Jonathan MacGovern (BAR);Anna Alás (S); Alicia Amo (S); José Manuel Zapata (T); José Manuel Diaz(BAR); Ismael Arroniz (B); Coro San Juan Bautista. Orquesta Barroca de Sevilla. Dirección de Escena: Bárbara Horakova. Dirección Musical: Karel Valter. Teatro Arriaga 5-V-17.

La magnificencia y la parafernalia acompañaron a la producción del Orfeo de un Monteverdi conmemorado como en ningún otro teatro estatal en los más de cuatrocientos años de su nacimiento. Magnificencia por la aparatosidad del gigantesco mecano tubo escénico y por la exhibición de un joven coro desinhibido y en constante movimiento y algarabía en escena. Un coro que cantó y bailó aportando la acción y la modernidad a un libreto repleto de melancolía y tristeza. Buena elección la inclusión de un coro con la sección femenina tan atractiva.
Sin embargo, la primera parte de la representación careció de intimidad, le faltó la delicadeza que atesora la obra y de ese modo, entre la algarabía y griterío en escena de tanta gente, ni la música se percibía bien, ni la especia de West Side Story que se nos coreografió tenía mucho que ver con el recogimiento musical monteverdiano.
No siempre la modernidad tiene que casar con lo clásico. La finura, la expresividad, el recogimiento llegó cuando la soprano Anna Alás empezó a cantar “In un Fiorito Prato” con exquisito gusto y una voz cálida. Llegó cuando la actuación teatral y canora del barítono Jonathan MacGovern alcazaba su culmen interpretativo. Ataviado con una raída camiseta de tirantes, la voz del atenorado barítono nos llegó en su esplendor y su actuación teatral resultó completísima. En realidad el trabajo colectivo fue muy completo y únicamente las diferencias entre ellos radicaron en las calidades vocales de cada uno.
Desde la martilleante voz de Marysol Schalit, que interpretó La Música, hasta la ligera de Alicia Amo, la cual tuvo oportunidad de lucirse tocando el violin, cubrieron con creces sus respectivos roles femeninos. Por parte masculina, los melismas ejecutados con limpieza por Jose Manuel Zapata en su precioso dúo final con Orfeo, pasando por la voz recia y segura del barítono José Manuel Díaz en el papel de Caronte, hasta el coro con un trabajo bien aprendido y mejor interpretado, la involucración de todos en el trabajo se hizo evidente. Fue en esta segunda mitad de la función cuando la atención también llegó a centrarse en el maestro Karel Valter, es decir cuando la paz reinó en la escena, cuando la música se escuchaba nítida, cuando afloraron los verdaderos sentimientos de expresión y el canto se hizo recogido. Sentado frente a una orquesta muy cercana al público, se empezó a fijase en sus manos delatadoras en dar el tempo justo.
Fue también en esta segunda parte cuando nos llegó la poesía que encierra el texto, cuando el recitado adquiría forma de aria en la voz de igual color de MacGovern, o en la corpórea de Anna Alás. Para entonces la alegre fanfarria de las trompetas apostadas en el primer palco lateral habían dado paso a la gravedad de los trombones, la fiesta del inicio había dado paso al averno y la fina orquesta barroca de Sevilla con sus archilaúdes, tiorbas, arpas y violas de gamba, callaba para dar paso al aplauso general. El teatro Arriaga cerraba así un ciclo conmemorativo dedicado a un compositor del que nacería la ópera actual, el paso de su recitar cantando al puro canto.
LA OBRA GERNIKA IN MEMORIAM

