Requiem de Mozart. Solistas: Lucy Crowe (S); Barbara Kozeij (M); Jeremy Ovenden (T); José Antonio López (B); Akos Acs (Clarinete); Budapest Festival Orchestra y Cpññegium Vocale de Gent. Dirección Musical: Ivan Fischer.Donosto.Quincena Musical 23-VIII-16.

Precediendo al Requiem, el virtuosismo del contrabajo y del clarinetista Akos Acs configuraron lo que sería la primera mitad del concierto. Sobre todo el clarinetista húngaro cuyas variaciones sobre temas conocidos o fragmentos de ópera mozartianas propició el aplauso general del público. Si el contrabajo insertó un breve solo en la interpretación de La Flauta Mágica con absoluta limpieza, el clarinetista rayó en la perfección en su coloratura y jugó con el clarinete con absoluto dominio del mismo.
En la segunda parte del programa el director Ivan Fischer distribuyó al coro de Gent de manera que cada dos voces ya fueran sopranos o tenores o bajos se intercalaban entre los instrumentistas formando un grupo homogéneo y rompiendo la estructura formal de un coro tradicional. Esto significó el alejamiento de los instrumentistas hacia los lados y ello unido a que las voces separadas entre sí tenían que cantar más alto de lo que requiere el Requiem, la obra nos pareciera altisonante. A los solistas los ubicó en una plataforma alta, por encima de la orquesta y si unos alzaban la voz, a los otros no se les escuchaba. La soprano Lucy Crowe por ejemplo careció de gusto en su interpretación y su voz parecía emitida sin control. A la mezzo Barbara Kozeij apenas se le escuchaba, aunque a su favor habría que decir que al menos guardó el estilo. Así mismo, la voz del tenor Jeremy Ovenden se nos hizo demasiado ligera y aunque de bonito color, apenas llegó a oídos de los asistentes.
La sustitución del anunciado bajo Davies por el sustituto Jose Antonio Lopez nos deparó el punto positivo ya que López posee una voz potente y grata. Digamos para finalizar que la confianza de Ivan Fischer depositada en su orquesta y en el Coro GollegIum Vocale de Gent, al objeto de formar a los intervinientes en la escena de manera tan original, deparó la duda de si valió o no la pena de tal distribución.
Capilla Santa Maria. Solistas: Carlos Mena (F); Lluis Villamajó (T); Carlos Garcia Bernanlt (clavecín); Susana Garcia de Salazar (piano). Quincena Donosti.22-VIII-16.
Dos voces, la del tenor Lluis Villamajó y otra la del falsetista Carlos Mena se unieron armoniosa y dulcemente en la interpretación de una música plácida y bella que partiendo de Purcell y teniendo a Ralph Vaugham Williams de puente, terminó en el impactante canto de Abraham e Isaac de Britten.
En gran parte de las suaves y sentidas canciones de Purdell fue el tenor catalán el que empezó a seducir al auditorio. Su voz, sin la particularidad de poseer una gran squillo o gran volumen ofreció sin embargo el arte del canto a media voz a través de un timbre aterciopelado, una exquisita afinación y un gusto en posesión de muy pocos cantantes.
A su vez, Carlos Mena, el vitoriano falsetista, es decir el cantante cuyo canto se basa en la técnica de la voz in testa, pro en falsete, lució su destreza al interpretar a Vaugham Williams y a Britten. Hace ya tiempo que admiramos el arte de Mena, su rigor y la técnica con la que dominar el campo vocal para poder asemejarse a la voz del antiguo castrato. Apreciamos su limpieza en la coloratura y un envidiable fiato con el que lucir su buen legato.
Por otro lado, no sabríamos distinguir si al canto tan elegíaco y celestial, tan poético y expresivo que se nos ofrecía, le era más acorde el clavecín de Garcia Bernalt o el piano de Susana Garcia Salazar. Todo resultaba conjuntado, estudiado en todos los detalles y nos esperaba aún el final. Un final a dúo, o sea con la voz del tenor y la del falsetista en perfecta unión deleitándonos en la cantata de Britten “Abraham and Isaac”, cruel en su narración bíblica y tan hermoso en lo musical. Pocas veces un auditorio como en este caso el teatro Victoria Eugenia suele quedar tan en silencio y es que en el escenario había cantantes de mucho gusto y expresividad a flor de piel.
“ Marina “ de Emilio Arrieta- Reparto: Hejena Orcoyen (s); Julio Morales (t): Javier Galán (bar); Angel Rodriguez (B); Coro y Orquesta Lirico de Bilbao. Director de Escena: Humberto Fernandez. Director Musical: Tulio Gagliardo. Palacio Euskalduna Bilbao 20-VIII-16.

La zarzuela Marina tiene suficientes elementos positivos como para que se ponga en escena durante tres días consecutivos en plenas fiestas de Bilbao. En efecto, el principal atractivo y soporte de la representación resultó ser la voz igual y de bello color tímbrico del tenor Julio Morales.
El cantante santanderino no solo cantó sin mácula y con expresividad, sino que nos atrajo la seguridad de sus agudos, la madurez y compenetración con que expuso a su personaje y como se ha dicho, nos sedujo sobre todo por la belleza de su voz lírica.
Respecto a su partenaire y protagonista primera de la obra, no pensábamos a priori que la voz de Helena Orcoyen iba a ser tan inapropiada para cantar el rol de Marina. A pesar de su seguridad, valentía y facilidad en el canto, echamos de menos un mayor cuerpo de voz en una Marina con un timbre de voz no tan ligero. La soprano exhibió sus dotes vocales alcanzando notas extremas que para otras muchas sopranos son impensables, pero eso mismo le impidió cantar con una línea melódica sin altibajos y sin brusquedades. La joven soprano tolosarra está obligada en su carrera a elegir con cuidado sus personajes y lucirse en el campo de las tiples ligeras o simplemente de aquellas sopranos facultadas para el canto extremo en tesitura muy alta.
El barítono Javier Galán se acomodó muy bien a su personaje y como su voz se defiende perfectamente en zonas complicadas, llegó a lucirse y a unirse con el tenor para gloria de la función.
No así el bajo Angel Rodríguez cuya voz no se llegó a escuchar en la sala con nitidez y que debido a esa falta de potencia t volumen el personaje de Pascual quedó muy marginado.
Un aplauso a la sección masculina del Coro Lírico de Bilbao por sus intervenciones y digamos también que se notó la mano del escenógrafo Humberto Fernandez en la escena. Se notó la destreza del director de escena en mover a los que pisaron el escenario y su personal aportación en el ámbito del vestuario y de la luz reinante.
Finalmente, digamos que la batuta de Tulio Gagliardo bastó para aunar y para luego ofrecdr una lectura correcta a la bella música que con acierto interpretó la Oruesta , subrayando especialmente la actuación del corno inglés o trompa en su precisa intervención durante el intermezzo.
“Don Giovanni” de Mozart. Reparto: Christofer Maltman (b-bar); José Fardilha (bar); Nicole Cabell (s); Irina Lungu (s); Toby Spence (t); Miren Urbieta (s); Jose Manuel Diaz (bar); Daniel Giulianini (b). Coro Easo y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección MusicaL: Manuel Hernandez Silva. Quincena Donosti 13-VIII-16.

Inevitablemente el ingenio se agudiza cuando aprieta la precariedad. De ahí que la ópera Don Giovanni, anunciada como ópera en versión concierto, se presenciara con sumo agrado al dramatizarla y que el argumento de la acción se viera ubicada y desarrollada en un escenario especial superpuesto al que ocupaba la Sinfónica de Euskadi. Una magnífica idea que Salva Bolta pensó para mover a los cantantes y que la escena tuviera visos de teatrales.
Vocalmente la representación tuvo también un alto nivel cualitativo, destacando entre los solistas el Bajo-Barítono Christofer Maltman. Este Don Giovanni cantó con una voz poderosa tanto en la tesitura alta como en la baja y de ahí que se diga que se trata de un Bajo-Baritono, la voz más apropiada para cantar el papel. Una voz igual y de agradable color que supo combinar la ligereza del aria Finch é dal vino con la sosegada serenata y los momentos verdaderamente dramáticos. A su lado, el barítono portugués José Fardilha, quien mostró ser un cantante de voz recia y potente aunque tal vez habría que decir que a su personaje de Leporello y consiguientemente a la seriedad de su voz, le faltara cierta gracia o bufonería.
Las sopranos Irina Lungu y Nicole Cabell compitieron en buena lid y cada una de ellas solventó perfectamente sus respectivos escollos con buenas voces y buen arte. En un plano admirativo muy alto colocaríamos al tenor Toby Spence con sus dos arias cantadas con brillante y bello timbre de voz. En realidad fue la sorpresa de la función dada su elegancia en la línea de canto y la adecuación de la voz al personaje de Don Ottavio. La soprano Miren Urbieta se hace evidente que progresa de día en día y no desaprovechó la oportunidad de interpretar el rol de Zerlina que normalmente se suele adjudicar a una mezzo. Acompañada de un Masetto experimentado como el baritono Jose Manuel Diaz, lograron alcanzar también ambos ese alto peldaño conseguido por sus colegas de reparto en base a la potente voz de la soprano y a la compenetración con su personaje por parte del baritono vizcaino.
El maestro Manuel Hernandez Silva se ocupó de dirigir la excelente orquesta de Euskadi apostada como se ha dicho en el escenario, a la vista de todos, con gran autoridad y aprovechando el saber y la destreza de sus componentes.tan necesarias para que una ópera de Mozart tan larga y tan variada llegue a buen puerto. En fin, una ópera que no solo superó lo esperado, sino que incluso apuntaría a más de lo mismo como posible solución del apartado económico.
“La Pasión según San Mateo” de J.S.Bach. Solistas: James Gilchrist (t); Stephan Loges (bar); Monteverdi Choir y Escolanía Easo. English Baroque Soloist. Director: Sir Eliot Gardiner. San Sebastián V-VIII-2016

Resultó memorable como no podía ser menos, la interpretación de La Pasión de Bach en el auditorio donostiarra para inaugurar la Quincena Musical. Tal como está escrita, el director inglés conformó dos coros separados y aunque en la época de Bach no se permitía cantar a las mujeres en las iglesias, Gardiner sumó a su coro Monteverdi , el adolescente joven grupo de la Eskolania Easo, que se mostró muy atento y amalgamado. Así dispuesto y con la orquesta English Soloist fundada por el mismo Gardiner a sus pies, el afamado director barroquista fue desgranando la música entorno a los textos bíblicos.
El narrador, James Gilchrist, representando al Evangelista fue el más destacado de los solistas gracias a su voz limpia, a sus inflexiones, a una exposición muy acorde a los sentimientos expuestos en los textos narrados y al mérito de cantar de memoria, sin partitura alguna una obra tan extensa. No así ocurrió con el bajo-barítono Stephan Loges, de quien echamos de menos una voz más grave, recia y capaz de dar mayor solemnidad al papel de Jesús.
Por otro lado y tal vez porque nos hayamos acostumbrado a escuchar la bella aria Erbarme dich mein Gott ( Apiádate de mi Señor) cantada por una mezzo, al escucharla interpretada por un falsetista, nos pareció que careció de calor y de profundidad dramática.
Todo lo demás resultó espléndido en su conjunto, a gran nivel en elegancia musical, con instrumentistas de gran valía como los dos flautas o la solista de viola de gamba. Las sopranos compitieron entre sí con exquisito gusto y hubo reciedumbre en la cuerda de los graves. A destacar también, el equilibrio vocal entre las más de diez voces solistas que intervinieron perfecta y elegantemente dirigidas por el maestro Gardiner y que al mismo tiempo formaban parte del coro.
Todo ello dio a entender un profundo estudio, un trabajo previo muy profesional y una batuta de mucha destreza. Un buen comienzo de la Quincena que apunta alto desde su inicio.
De vez en cuando surgen voces que exigen especial atención del aficionado a la Lírica. Fue el caso del norteamericano John Osborne, el tenor que es la llave de los repartos complicados en las óperas que no son habituales en el repertorio. Fue el caso del peruano y excelente tenor ligero rosiniano Juan Diego Flórez y desde hace poco tiempo lo viene siendo el mejicano Camarena. La nueva revelación y con toda probabilidad un tenor que será aclamado también en breve se llama Juan José De León y a pesar de su nombre y apellido nació en Mathis (Tejas) hace veintiseis años. En su repertorio figuran óperas de Rossini como La Cenerentola, Il Viggio a Reims o L´Italliana in Algeri y también francesas como Les Pecheurs de Perles o la mozartiana Die Zauberfflote. Este joven norteamericano de voz todavía de color ligero-lírico ha estudiado técnica con el otrora gran tenor italiano Marcello Giordani entre otros. A pesar de su cortísima carrera artística, sus actuaciones se cuentan por triunfos y es de prever que tras unos cuantos años de consolidación en los escenarios de USA, irá poco a poco apareciendo en los teatros europeos.
“Il Barbiere di Siviglia” de G.Rossini. Reparto: Mario Caria (Bar); Annaisa Stoppa (m); Michele Angelini (T); Carlos Chauson (B); Nicola Uliveri (B); Susana Cordon (S); Mitxel Santamaria y David Aguado. Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Navarra. Director de Escena: Emilio Sagi. Director Musical: José Miguel Pérez Sierra. Palacio Euskalduna. Bilbao 14-V-16-

En la representación del “Barbero” rosiniano se dieron todos los elementos para que resultara un precioso espectáculo. Gracias a la vivaz y airosa dirección del maestro Pérez Sierra al frente de la Sinfónica de Navarra, a la bella escenografía procedente de Madrid y firmada por Llorenç Corbella, a la excelente y amena dirección de Emilio Sagi y al equilibrio y calidad vocal de los cantantes, la ópera sin duda quedará en nuestro recuerdo. Efectivamente hemos presenciado otros “Barbieri” de gran calidad vocal, como aquel protagonizado por Diego Florez, pero en conjunto este otro no le queda a la zaga. Ya desde su aparición dentro de la litera de mano y al lanzar la palabra Fiorello, supimos del bello color de voz que íbamos a escuchar en boca del tenor Michele Angelini. No sólo fue eso, sino que su fraseo resultó inmaculado, la línea de canto de sublime exquisitez y un canto fácil, afinado y elegante que nos recordó a la grabación de los años cuarenta del tenor Dino Borgioli. Ya avanzamos en la temporada del año 2011 con ocasión de “L´Italiana in Algeri” que Angelini apuntaba muy alto. Ahora nos congratula comprobar su gran progreso. Su aria primera «Eco Ridente» y posterior serenata, valió por toda la primera parte de la ópera y gracias a su ágil coloratura con gran evidencia del dominio de dar cada una de las semi corcheas ligadas, su interpretación de la dificilísima aria «Cessa di piú resistere» del final de obra superó cualquier expectativa. Si se quisiera presencia al personaje de un conde Almaviva con presencia, de afeminados ademanes como así debe ser , y provisto de voz del más puro estilo rosiniano, ágil y de bello color, debería estar presente. En el equilibrio general apuntado con anterioridad, señalemos a continuación la frescura y poderío vocal de la mezzo Annalisa Stroppa. Cantó muy académica, es decir, sin alardear de excesiva coloratura, pero todo lo hizo con gran seguridad y escénicamente muy natural y agradable. Muy cerca en méritos y siempre profesional y sorprendente por su gracia, por su gran voz y porque llena la escena con su sola presencia, el bajo Carlos Chausson demuestra cada vez que acomete un papel bufo que es el máximo exponente en la actualidad del bajo bufo. Es raro encontrar un Don Bartolo con su dominio escénico y sobre todo con su maravillosa rapidez vocal para cantar con claridad la stretta de su larga aria “Un dottor della mia sorte”. El barítono protagonista Mario Caia se preocupó demasiado en nseñar su buena voz, potente y de seguro agudo, pero eso le hizo dejar al maren el estilo pícaro y la sutileza vocal que ha de prevalecer en su personaje de Figaro El también bajo Nicola Ulivieri interpretó con intención y matiz “La Calumnia” e intervino positivamente en una producción limpia, a veces de mucho color y siempre en movimiento para no caer en la monotonía que casi siempre la ópera de Rossini peca sin no se lleva a cabo con gracia y calidad canora. Percibimos la preocupación de Emilio Sagi en tener el escenario siempre con gente, a veces dentro de los absurdo, pero con fina gracia. La gracia que desprendió la pareja formada por Susana Cordon y Mitxel Santamaria tan bien dirigidos. Finalicemos el comentario recordando la excelente dirección del maestro Pérez Sierra bajo cuyo atril se ubicó la orquesta navarra.
