Nino Dentici es el crítico musical del diario “El Correo”. Especialista en canto, lleva más de treinta años ejerciendo como conferenciante, escritor y miembro de jurado en Concursos Nacionales e Internacionales de canto. Desde muy temprana edad desarrolló una extraordinaria afición a la lírica dedicándose de lleno a este apasionante arte.
Recital de Canto. Solista: Sandrine Piau (S); y Les Paladins. Obras de Haendel. Director: Jerome Correas. Sala Filarmónica. Bilbao 3-XII-20.
Se presentó en la Filarmónica bilbaína la soprano Sandrine Piau, una gran especialista en la música barroca, sobre todo, en óperas de Haendel. De ahí que en el programa figuraran tan sólo arias de algunas de sus óperas. La excelente soprano parisina abordó sin preámbulo alguno, la complicada aria “Da Tempeste” que corresponde al personaje de Cleopatra en la ópera Giulio Cesare. Su bien timbrada y sonora voz, atacó sin ninguna afección y gran brillantez el escollo que supone la agilidad vocal requerida por la pieza. Le siguió otra aria también de Cleopatra de la misma ópera, en esta ocasión “Piangeró la sorte mía”, un adagio que exige expresividad y control. Sandrine Piau, no sólo cantó con bella voz, sino que su sensibilidad y expresividad, se hicieron patentes en su gesto corporal y así, el plácido canto encontró el soporte de una preciosa media voz y la justa acentuación en su fraseo.A continuación el maestro Jerome Correas, sentado al clave, abría las manos e imponía en la dirección una atractiva lentitud en el tempo de la famosa aria que canta Amirena “Lascia ch´io pianga” en la ópera Rinaldo. Ella fraseaba el dolor del personaje encarnado con inusitado sentimiento. Luego cambió de ritmo al interpretar “Tornami a vagheggiar” del personaje de Morgana en la ópera Alcina, con la gracia y la limpieza en la coloratura de la gran artista que es y con la elegancia y afinación requeridas en el canto. En todo momento dio muestras de su seguridad y de su arte, reflejando así su correcta emisión y su gran fiato, lo que, a su vez, sirvió de acompañamiento a su concentración y entrega. Mención aparte y de justicia, mereció el conjunto dirigido por Jerome Correas, perfecto en armonía y con absoluta maestría estilística. En fin, una gran tarde de canto, con una artista y un conjunto, “Les Paladins” de lujo.
Concierto de Euskal Barroquensemble.Solistas: Bernadeta Astari (S); Leire Bersaluce(S); Maika Etxekopa(S); David Sagastume (F); Javier Giménez (B); Dirección Artística; Enrique Solís. Teatro Arruaga 2-XII-20.
El conjunto Euskal Barroquensemble, a cuya cabeza se halla su director artístico Enrique Solís, ya nos deparó un concierto parecido hace un par de años atrás. En aquella ocasión, el viaje para su musicalización respondía a las andanzas de los marineros vascos en general. En esta nueva oportunidad, la base para el desarrollo del concierto se atuvo a una concisa cronología histórica a cerca de la navegación de Juan Sebastián Elcano, acompañada de canciones casi todas anónimas y de diferentes épocas. El relato historicista por parte de Joxean Bengoetxea, se inició en tiempos demasiado lejanos y de este modo inmiscuirnos en lo que dijo “El ciego de Tudela” en el siglo XII. Las intervenciones de los solos llegaron cuando Leire Berasaluce interpretó la nana popular “Loa,Loa” muy matizada y sentida, aunque tal vez algo edulcorada. Luego llegaría la intervención de Maika Etxekopar, quien nos brindó una preciosa canción popular vasco francesa, cantada con sumo gusto y sensibilidad musical. También participó la soprano Bernadeta Astari, de voz fácil, que fue la que nos cantó las canciones de Malasia con gracia y limpieza vocal. Aplaudimos de nuevo a Mikel Etxekopar, un gran artista polifacético cuya participación con diferentes tipos de flauta, chistu y el tamboril vasco, destacó convirtiéndose en protagonista. Del conjunto musical formado por seis instrumentistas, además también del solista de flauta Vicente Parrilla, del contrabajista Pablo Martin y del percusionista Dani Garay, sobresalió la excelente violinista Miren Zeberio, Ahora bien, es justo destacar a Enrique Solís, el alma mater del grupo y dominador de las cuerdas tanto de laúd, como del tiple o de la giterna. Acompañó en todo momento a cada una de las tres mencionadas solistas, así como las intervenciones del falsetista David Sagastume y del barítono-Bajo Javier Giménez. En fin, otro buen repaso a la música vasca de ayer y de siempre, en esta nueva ocasión de la mano de Juan Sebastián Elcano y de su vuelta al mundo
Concierto de la ESO. Solista: Rinat Shaham (S); Obras de Wagner y Mozart. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección : Michel Tobachnik. Palacio Euskalduna 4-XI-20.
A pesar de que se diga que las comparaciones son odiosas, nos vemos obligados a diferenciar un mismo programa interpretado en el lapso de pocos días tanto en voz de soprano como de mezzosoprano. Si en la anterior, actuación llevada a cabo por la soprano Anne Schwaneiwils, el canto brilló por su delicadeza, ahora, en la interpretación presenciada a cargo de la mezzo Rinat Shaham se nos brindó calidez poética. Normalmente la voz de una soprano ilustra mejor el contento, el optimismo, mientras que el andrógino timbre de una mezzo se adecua mejor al dolor, al desesperado enamoramiento. De ahí que, siendo ambas actuaciones de máximo nivel, es decir, la anterior y esta de ahora, nos inclinemos por la voz de la mezzo. Además, la cálida voz de la israelí Rinat Shaham abordó los “Wesendonck Lieder” con un gesto corporal que nos hacía adivinar la profundidad de la letra cantada y vocalmente a través de un precioso legato. El lento tempo del lieder “El Invernadero”, la tercera de las cinco canciones del enamorado Wagner, se arropó con el bello color de su instrumento, mientras el maestro Michel Tobachnik exigía la máxima suavidad en los pianíssimi del acompañamiento orquestal de la Sinfónica de Euskadi. La amplia voz de la artista israelí recorrió sin esfuerzo las notas graves y en la titulada “Penas” mostró el control de su media voz, y la medida correcta de su intensidad. Es difícil que una cantante que posea gusto y expresividad en su canto, no llegue a satisfacer al aficionado con este ciclo de cinco canciones que compuso un enamorado Wagner. Canciones dotadas de una gran carga de emotividad, con la gravedad precisa para cantar legato y expresar no solo con la voz.sino también con la mímica gestual, el fondo romántico de las mismas. Se cerró el concierto con la sinfonía “Haffner” de Mozart. Dicha Sinfonía es una adaptación que hizo Mozart de una Serenata anterior y que la creó como pieza independiente para la boda de Sigmund Haffner hijo. La veteranía del maestro Tobachnik se hizo patente en la dirección, primando la sencillez en su técnica gestual.
Recital Musical. Solistas: Jone Martinez )S); Itxaso Sainz de la Maza (Piano); Aitzol Iturriaggoitia (Violin); Enrique Bagaria (piano). Obras de Andrés Isasi. Teatro Arriaga 28-X-20
Tal día como el de anteayer, veintiocho de Octubre, nació hace ciento treinta años en Bilbao el compositor, fotógrafo y poeta Andrés Isasi. El Teatro Ariaga quiso rendirle tributo en esta efemérides, destacando su figura a través de la extensa disertación realizada por la musicóloga Mercedes Albaina y seguidamente de un concierto dividido en dos mitades. La primera parte la ocupó el binomio formado por la joven soprano de Plencia, Jone Martinez y la pianista de Santurce Itxaso Sainz de la Maza. En su programa figuraban siete lieder que el maestro Isasi compuso los últimos años de su vida en Getxo. La fresca y bella voz lírica de la soprano se distinguió en la segunda de ellas “Liedchen” cantada en perfecto alemán. A continuación y ya en español interpretó con su limpio timbre vocal y su innegable intencionalidad “Primavera” y mejor aún, imbuida en el romanticismo, el lieder “Der Phonix”. Perfectamente acompañada al piano por Itxaso Sainz de la Maza, la soprano mostró un pulido recitado y una buena dosis de expresividad en su actuación. La segunda mitad corrió a cargo del violinista Aitzol Iturriagagoitia y del acompañante al piano Enrique Bagaría. A pesar de que a Andrés Isasi se le considere un compositor difícil, la Sonata escuchada nos pareció muy accesible y agradable. En ello tuvo mucho que ver la destreza al violin del eibarrés Aitzol Iturriagagoitia, profesor y concertino, cuya actividad también se desarrolla en Leipzig. Pureza y energía son dos de las características que se evidenciaron en el violinista, así como un gran conocimiento de una obra que no se escucha con asiduidad. El pianista Enrique Bagaría estuvo atento y paciente a la ejecución del solista. Volvemos a legrarnos en un merecido rescate musical de un artista al que se le va a dedicar una placa en Bilbao donde vivió.
Recital de Canto. Solistas: Ariadna Martinez (S); Antonio Oyarzábal (Piano); Karmele ;Larrinaga (Recitadora). Obras de Juan Martinez Villar. Teatro Arriaga 27-X.20.
Se cumplen ciento cincuenta años del nacimiento en Llodio del compositor y director de orquesta Juan Martinez Villar. Ignoramos de dónde partía la iniciativa de celebrar la efemérides, pero no sólo el recital programado para ello en el Teatro Arriaga ha resultado muy interesante, sino que nos pareció instructivo. No es muy segura la información que se tiene de su formación musical en Bilbao, pero una vez instalado en la Villa, se conoce su participación en el Sexteto del Café Arriaga y de su autonomía al crear su propia Academia en la que Martinez Villar fue profesor del pintor Juan Echevarria y del industrial Victor Chávarri. La importancia del músico se centró en los innumerables arreglos musicales que hizo. No en vano, hay un buen número de cantos vascos recogidos en cuatro álbumes y sobre todo habría que resaltar que realizó la primera edición en partitura del conocido “Boga Boga” para piano. El recital se englobó en ciclos y así, desde los paseos en el Arenal que los bilbaínos acostumbraban a dar en el último tercio del XIX, tal como en ese mismo tiempo pintó Manuel Losada, pasando por sus dos matrimonios, finalizaron las canciones con su embarque hacia el nuevo mundo. La interpretación de muchas de las canciones casi todas ellas de aire y música popular corrieron por cuenta de la joven soprano Ariadna Martinez. La artista vizcaína fue recorriendo las cortas y bellas canciones pertenecientes a los cuatro volúmenes con voz fácil. Se trata de una joven soprano ligera, de voz fresca y penetrante que anda muy cómoda en la tesitura alta. Es aún una voz en formación, pero con una base sólida y un canto afinado. Estuvo bien acompañada del también joven pianista Antonio Oyarzábal, quien demostró su calidad no solo en el difícil arte de acompañar, sino en unos solos limpiamente ejecutados. Se completó el trío con la gracia y la excelente declamación propiciados por Karmele Larrinaga, la cual, alternó sus intervenciones con la voz a modo de explicación informativa sobre la obra y vida del ilustre llodiano. Muy interesante recital.
Recital de Canto. Solistas: Ariadna Martinez (S); Antonio Oyarzábal (Piano); Karmele ;Larrinaga (Recitadora). Obras de Juan Martinez Villar. Teatro Arriaga 27-X.20.
Se cumplen ciento cincuenta años del nacimiento en Llodio del compositor y director de orquesta Juan Martinez Villar. Ignoramos de dónde partía la iniciativa de celebrar la efemérides, pero no sólo el recital programado para ello en el Teatro Arriaga ha resultado muy interesante, sino que nos pareció instructivo. No es muy segura la información que se tiene de su formación musical en Bilbao, pero una vez instalado en la Villa, se conoce su participación en el Sexteto del Café Arriaga y de su autonomía al crear su propia Academia en la que Martinez Villar fue profesor del pintor Juan Echevarria y del industrial Victor Chávarri. La importancia del músico se centró en los innumerables arreglos musicales que hizo. No en vano, hay un buen número de cantos vascos recogidos en cuatro álbumes y sobre todo habría que resaltar que realizó la primera edición en partitura del conocido “Boga Boga” para piano. El recital se englobó en ciclos y así, desde los paseos en el Arenal que los bilbaínos acostumbraban a dar en el último tercio del XIX, tal como en ese mismo tiempo pintó Manuel Losada, pasando por sus dos matrimonios, finalizaron las canciones con su embarque hacia el nuevo mundo. La interpretación de muchas de las canciones casi todas ellas de aire y música popular corrieron por cuenta de la joven soprano Ariadna Martinez. La artista vizcaína fue recorriendo las cortas y bellas canciones pertenecientes a los cuatro volúmenes con voz fácil. Se trata de una joven soprano ligera, de voz fresca y penetrante que anda muy cómoda en la tesitura alta. Es aún una voz en formación, pero con una base sólida y un canto afinado. Estuvo bien acompañada del también joven pianista Antonio Oyarzábal, quien demostró su calidad no solo en el difícil arte de acompañar, sino en unos solos limpiamente ejecutados. Se completó el trío con la gracia y la excelente declamación propiciados por Karmele Larrinaga, la cual, alternó sus intervenciones con la voz a modo de explicación informativa sobre la obra y vida del ilustre llodiano. Muy interesante recital.
“Il Turco in Italia” de G.Rossini. Reparto: Paolo Bordogna (Bar); Sabina Puértolas (S); Renato Gerolami (Bar); Pietro Spagnoli (Bar); David Alegret (T); Marina Viotti (M); Moisés Marin (T). Orquesta Sinfónica de Bilbao y Coro de la Opera de Bilbao. Dirección de Escena: Emilio Sagi. Dirección Musical: Christophe Rousset. Palacio Euskalduna 21-X-20.
Ha comenzado la temporada Lírica en medio de una pandemia, que, no solo ha causado numerosas bajas entre los socios operísticos, sino que ha engullido a los asistentes en una pétrea frialdad y una desgana evidentes a la hora del disfrute. Se han tenido que reinventar más funciones para poder dar cabida a la mayoría de los abonados e incluso se ha permitido representar la mitad de una ópera en su estreno. Todo menos la iniciativa adoptada por la generalidad de los teatros importantes de cancelar la obra. En este punto es donde se ha hecho evidente la falta de sensibilidad de las autoridades competentes al no contemplar un mayor apoyo económico a una ABAO obligada a reducir drásticamente y a última hora el aforo, en lugar de una lógica cancelación. No es de recibo que en Bilbao se degrade una ópera representando la mitad de la misma. Seguimos con la obstinación de no suspender nada, aunque sería lo correcto, y por el contrario vanagloriarse de que nunca se ha cancelado un título aunque se haya visto acompañado tan solo de un piano, se haya encontrado in extremis a algún cantante que hiciera el favor de cantar, aunque fuera vestido de calle o como ahora ha ocurrido, se represente la mitad de la ópera.
Sin embargo no todo ha sido fruto de la pandemia, ya que el abaratamiento económico en el capítulo cualitativo ya venía predispuesto. De ahí que en este malogrado estreno en Bilbao de “ Il Turco in Italia” el salvavidas que ha evitado el naufragio total haya llegado gracias a la creatividad y el saber teatral de Emilio Sagi en la dirección escénica al inventar una adaptación imprevista, junto a una excelente dirección musical por parte del maestro Christopfe Rousset al frente de la Orquesta Sinfónica de Bilbao al tener que acotar y enlazar una parte de la partitura general. El primero, ha mantenido los recitativos secco acompañados, para explicación de los que no conocían la ópera y luego, en la natural y bella escenografía diseñada por Daniel Blanco ha plasmado su impronta colorista y de ágil movimiento del coro y de los solistas. El segundo, o sea el maestro que fundó el grupo Les Talents Lyriques, proporcionando agilidad y viveza musical a una partitura que está llena de dúos, tercetos, concertantes y números corales.
Suponemos que ambos de acuerdo, eliminaron las arias de cada solista y tan solo salvaron la que canta la soprano en el segundo acto “Squallida veste e bruna”. Ni el tenor David Alegret ha podido lucirse con su aria “Tu seconda il mio dissegno” ni la soprano ha podido demostrar su sensualidad en la escena de la seducción “Credete alle Femine” y lo que es peor, tanto la mezzo Marina Viotti como el tenor Moisés Marin fueron borrados del mapa. El apañado arreglo presenciado se dirigió hacia lo teatral, hacia los dúos, tríos y concertantes con coro, y de ese modo, entretener al no conocedor de la obra en detrimento del canto al no poder escuchar los solos de los artistas. En consecuencia, comentar la labor de la soprano Sabina Puértolas no sería correcto sin su escena seductora, aunque teatralmente no nos pareció tan astuta ni manipuladora, sino más bien caracterizada como una joven adolescente. Vocalmente estuvo muy correcta en el aria que pudo cantar, si bien a veces, nos pareciera escuchar una voz un tanto ligera para tan gran aria. Por otro lado, el personaje de Selim no recayó en un bajo bufo, ya que Paolo Bordogna es más bien un barítono-Bajo, eso sí, de gran extensión, capaz de sostener bien las notas altas y emitir sonoras las notas graves. La voz más contundente vino de parte del barítono Renato Gerolami que hizo de Geronio y a la zaga ocupó también un lugar sobresaliente el también barítono Pieto Spagnoli de voz y fraseo más claros.
El coro de la Ópera de Bilbao disfrutó cantando y bailando y, además de la deliciosa música muy bien dirigida por Christophe Rousset, es justo aplaudir el solo de trompa de la obertura. Nos queda la duda de si la representación de media ópera sirve de consuelo y máxime siendo un estreno. La precariedad no debiera prevalecer, es más conveniente una pausa y mejorar. La ópera, aunque también es teatro, es sobre todo canto.
Concierto Inauguración de la BOS. Solista Anne Schwaneiwils (S); Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director: Erik Nielsen. Obras de Wahner, Bethoven y Mahler. Palacio Euskalduna 1-X-20
Wagner, se enamoró de la desconocida poetisa Wesendonck motivo por el que compuso la música de los cinco conocidos lieder cuyos textos se deben a ella. Es más, incluso varios de estos lieder le sirvieron como base de inspiración de algunos momentos de su ópera Tristan e Isolda. Más tarde, los cinco lieder fueron orquestados por Felix Mottl, recordado como uno de los más brillantes directores de orquesta de su tiempo. En este primer concierto inaugural de la temporada, la BOS ha llevado a cabo la interpretación de los “Wesendonck Lieder” con la excelente participación de la soprano Anne Schwanewils. Desde la primera canción la soprano alemana mostró el control vocal y la delicadeza en su línea de canto, tal como exige la apacible Der Engel (El Angel). A continuación nos agradó sobremanera la sutiliza en el acompañamiento de la Orquesta al ejecutar Im Treibhaus (En el Invernadero) con una sutil intensidad en el controlado y apianado sonido. La soprano alemana enseñó más las cualidades de su voz al cantar la cuarta canción “Penas”, en la que percibimos ya una voz redonda, la expresividad a flor de piel y un gusto exquisito. Culminó su serena actuación con una versión admirable ya como propina de una canción de Mahler titulada “El Cuerno Mágico del Niño” perteneciente a su colección o ciclo «Wo die schonen trompeten blasen» basado en poemas populares alemanes. La magnífica interpretación de esta canción mahleriana hubiera bastado para su total éxito ya que en ella expuso la máxima expresividad e intencionalidad en su canto, así como un gusto inherente a una gran artista. La orquesta cerró el concierto con la conocida “Quinta Sinfonía” de Beethoven. Los cincuenta profesores que ocupaban el escenario no pudieron proporcionar el esplendor del inicio de la sinfonía ni el estruendo del segundo movimiento y de ahí que nos pareciera algo familiar, algo recogido. A pesar de ello, el maestro Erik Nielsen logró una total concentración en los músicos y un sonido limpio y claro a falta del aludido poderío. Resultó una interpretación con un sonido más específico en las cuerdas, menos estruendoso en los metales, pero reiteramos muy atractivo por el trabajo concentrado de los profesores empeñados en agrandar la sonoridad y el trabajo meticuloso y tan directo del maestro Nielsen
Recital de Canto. Solistas: Elena Sancho Pereg (S); Paula Iragorri (M); Grman Ormazábal (piano). Obras de Haendel, Offenbach, Bernstein, Saint Saens, Sorozábal- Quincena Donostiarra 25-VIII-20
Cuando se da la circunstancia de que los intérpretes son los primeros en divertirse con lo que cantan, es inevitable que los espectadores nos sumemos a su divertimento. La soprano Elena Sancho y la mezzo Paula Iragorri depararon un atractivo y variado concierto que reflejó su comodidad y compenetración en un inteligente programa. A la luz de la voz clara y penetrante de la soprano, se acomodó la andrógina y aterciopelada de la mezzo logrando un bello colorido en los hermosos dúos cantados. En ambas apreciamos un minucioso control en la intensidad con lo que lograron el acierto en la consecución de la expresividad requerida. Desde el inicio con Haendel sabíamos ya que se decantaban por la interpretación de dúos y así pudimos disfrutar de aquellos integrados en las óperas Rodelinda y Serse. Al abordar a Offenbach indefectiblemente escuchamos la barcarola de Los Cuentos de Hoffmann, la cual es difícil que se cante mal por su bien escrita melodía. La parte teatral, la de la mímica y jovialidad llegó con la obra Candice de Leonard Bernstein en cuyos números brilló sobre todo la soprano Pereg por la gracia y la ligereza de su actuación. La soprano donostiarra apuntó algo de coloratura en alguna que otra pieza, primordialmente picados y escalas, pero su bien timbrada voz se ajustó más al canto spianato. La facilidad de su canto, su pulcra emisión dejan adivinar que será una Adina de éxito en Bilbao. En cuanto a la mezzo y también donostiarra Paula Iragorri destacamos en ella su musicalidad, su concentración en buscar y lograr la correcta afinación, la búsqueda de la conjunción y máxima expresividad. Se trata de una voz cálida y su canto es muy intimista arropada por el buen gusto. El final del programa resultó magnífico y la interpretación del “Desdichado” de Saint Saens encontró la cúspide de la calidad, únicamente igualada por la exquisita versión del “Biotz Bat” de Sorózabal como propina y precioso cierre. Por otro lado, comprobamos las grandes virtudes del pianista Germán Ormazábal a quien siempre ligamos con puestos administrativos en organismos musicales. De ahí que nuestra grata sorpresa se viera reforzada por su acompañamiento paciente y la limpia digitación en el teclado. Ciertamente un precioso y variado recital.
Hacía tiempo que no escuchábamos al tenor Xabier Anduaga. Dos pequeñas participaciones en el 2015 y en el 2018 eran nuestro bagaje auditivo en directo sobre aquella voz ligera. Su andadura internacional desde entonces, ha creado unas grandes expectativas y la verdad es que el cambio artístico ha sido radical. El timbre vocal del tenor guipuzcoano ya no es tan ligero y se acerca al del lírico con el cuerpo y la brillantez de esta tipología vocal. Su canto es fácil, cómodo en la tesitura alta y sus agudos bien sostenidos y brillantes. La técnica que posee le permitió utilizar con efectismo la media voz, así como tenues filados y enseñó además un buen fiato. En resumen, todo para triunfar. En Donizzeti interpretó maravillosamente el aria de los nueve DO de La Fille du Regiment , “AH, mes Amis”, mostrando una absoluta seguridad. Sin embargo, ese empeño o generosidad suya en empezar un concierto con un aria muy difícil como es “Cessate di piú resistere” del Barbero de Sevilla de Rossini, que no siempre se canta por su dificultad, al final le pasó factura. Al artista donostiarra le gusta cantar al compositor de Pésaro, pero como él mismo sabe, esta aria requiere una agilidad vocal extrema de la que él carece. De ahí que sus rápidas notas las cantara sin limpieza. Así mismo, en varias ocasiones, nos pareció que acudía más de lo normal a la media voz y esta licencia hizo que su versión de la napolitana “O Sole Mio” resultara sin pasión ni corazón. Incluso percibimos que había bajado una pizca la tonalidad original, lo mismo que hizo cuando interpretó “Granada”. Gracias al brillante arropamiento orquestal bajo la excelente batuta de Robert Treviño, ambas canciones citadas pasaron de largo y volvimos a disfrutar con la nana vasca “Haurtxo Polita” que la cantó magistralmente, o sea, con hondo sentimiento y delicadeza. Quedémonos con el Xabier Anduaga de bella voz, con el artista de fácil y bien proyectada emisión vocal, con un artista al que por su calidad artística es fácil augurarle grandes éxitos.