L´ORFEO de Monteverdi. Reparto: Jonathan MacGovern (BAR);Anna Alás (S); Alicia Amo (S); José Manuel Zapata (T); José Manuel Diaz(BAR); Ismael Arroniz (B); Coro San Juan Bautista. Orquesta Barroca de Sevilla. Dirección de Escena: Bárbara Horakova.  Dirección Musical: Karel Valter. Teatro Arriaga 5-V-17.

Orfeo Monteverdi Arriaga

 

La magnificencia y la parafernalia acompañaron a la producción del Orfeo de un Monteverdi conmemorado como en ningún otro teatro estatal en los más de cuatrocientos años de su nacimiento.  Magnificencia por la aparatosidad del gigantesco mecano tubo escénico y por la exhibición de un joven coro desinhibido y en constante movimiento y algarabía en escena. Un coro que cantó y bailó aportando la acción y la modernidad a un libreto repleto de melancolía y tristeza. Buena elección la inclusión de un coro con la sección femenina tan atractiva.

Sin embargo, la primera parte de la representación careció de intimidad, le faltó la delicadeza que atesora la obra y de ese modo, entre la algarabía y griterío en escena de tanta gente, ni la música se percibía bien, ni la especia de West Side Story  que se nos coreografió tenía mucho que ver con el recogimiento musical monteverdiano.

No siempre la modernidad tiene que casar con lo clásico. La finura, la expresividad, el recogimiento llegó cuando la soprano Anna Alás empezó a cantar “In un Fiorito Prato” con exquisito gusto y una voz cálida. Llegó cuando la actuación teatral y canora del barítono Jonathan MacGovern alcazaba su culmen interpretativo. Ataviado con una raída camiseta de tirantes, la voz del atenorado barítono nos llegó en su esplendor y su actuación teatral resultó completísima. En realidad el trabajo colectivo fue muy completo y únicamente las diferencias entre ellos radicaron en las calidades vocales de cada uno.

Desde la martilleante voz de Marysol Schalit, que interpretó La Música,  hasta la ligera de Alicia Amo, la cual tuvo oportunidad de lucirse tocando el violin, cubrieron con creces sus respectivos roles femeninos. Por parte masculina, los melismas ejecutados con limpieza por Jose Manuel Zapata en su precioso dúo final con Orfeo, pasando por la voz recia y segura del barítono José Manuel  Díaz en el papel de Caronte, hasta el coro con un trabajo bien aprendido y mejor interpretado, la involucración de todos en el trabajo se hizo evidente. Fue en esta segunda mitad de la función cuando la atención también llegó a centrarse en el maestro Karel Valter, es decir cuando la paz reinó en la escena, cuando la música se escuchaba nítida, cuando afloraron los verdaderos sentimientos de expresión y el canto se hizo recogido. Sentado frente a una orquesta muy cercana al público, se empezó a fijase en sus manos delatadoras en dar el tempo justo.

Fue también en esta segunda parte cuando nos llegó la poesía que encierra el texto, cuando el recitado adquiría forma de aria en la voz de igual color de MacGovern,  o en la corpórea de Anna Alás. Para entonces la alegre fanfarria de las trompetas apostadas en el primer palco lateral habían dado paso a la gravedad de los trombones, la fiesta del inicio había dado  paso al averno y la fina orquesta barroca de Sevilla con sus archilaúdes, tiorbas, arpas y violas de gamba, callaba para dar paso al aplauso general. El teatro Arriaga cerraba así un ciclo conmemorativo dedicado a un compositor del que nacería la ópera actual, el paso de su recitar cantando al puro canto.

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LA OBRA GERNIKA IN MEMORIAM


DOS VISIONES DEL DOLOR

 

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Recordando los ochenta años del bombardeo de Gernika, la BOs y concretamente el  maestro Nielsen encargó a la compositora alemana Birke Bertelsmeier la composición de una pequeña obra para que se insertara entre los números del Requiem Alemán  de Brahms. De este modo, la partitura que se presenta como una cantata en siete movimientos, tuvo ese añadido de dos nuevos números más. Así mismo, la compositora alemana sumó a las ya existentes voces de la soprano y del barítono, un coro de niños y asignó un papel relevante al órgano del auditorio del Euskalduna en la segunda mitad. No hubo ninguna fuga al predominio  de la masa coral que da un fuerte sentido de unidad a toda la obra, donde los temas generan una trama musical con ese preponderante sentido de melancolía y consuelo.

En su interpretación general, nos gustó el poderío mostrado del Orfeón Pamplonés y nos ha gustado la brillantez y el bello color vocal sobre todo de la sección de sus tenores. Acerca de los solistas, destaquemos y subrayemos la actuación de la soprano Vanessa Goikoetxea  no sólo por la facilidad y poder de su voz, sino por el dominio mostrado al abordar tan sutiles  filados y por el gusto exhibido. La artista duranguesa se ha instalado desde hace un tiempo y por propios méritos, en la cima de las sopranos y de ahí que su clara y fácil voz superara con creces los exigentes números compuestos por BirkeBertelsmeier.

Del barítono Duncan Rock no podríamos decir tanto, pues su voz se nos hizo muy atenorada y limitada su extensión, si bien cumplió con sus intervenciones. El maestro Erik Nielsen insertó y acomodó con inteligencia los nuevos números en el Requiem,  de tal modo que la música rasgada y muchas veces casi a capella de la joven compositora alemana, se acoplara a la perfección  entre el consuelo y la esperanza evidentes en Brahms.  Un canto sentimental  e impresionista describiendo aquel cielo azul del escrito de la víctima del holocausto Meerbaum-Eisinger, de un testigo del bombardeo, del poeta Hoelderling, de los versos de Telesforo de Monzón e incluso de Iparraguirre, sirvió también para que el coro infantil de la Coral Bilbaína dejara huella desde su  lejanía de un trabajo bien hecho.


EL CANTO QUEDO Y DULCE DE CECILIA BARTOLI


ZARZUELA RADIOFÓNICA


Stabat Mater de Dvorak

Stabat Mater Op58 A.Dvorák Palacio Euskalduna @ Palacio Euskalduna Jauregia, Bilbao [5 de marzo]

CANCIONES DE UN CAMINANTE

Musika-Musica. Obertura y Suite de La casa de los Muertos de Janacek y Canciones de un Caminante de Mahler.  Solista: Hermine Hasselbock (M). Orquesta Janacek Philarmonia de Ostrava. Director: Heiko Forster. Bilbao 4-III-17.
Que la orquesta checa conocía muy bien la obra de Janacek, resultó evidente. La música de la obertura de la última ópera que compuso, no solo es muy elaborada, sino que se palpa en ella un aroma expresionista en su variedad temática. Una serie de pinceladas de diferentes colores se mezclan en su cromatismo y distintas melodías que parecen encaminarse con continuidad, cesan de repente y la orquesta emprende otro nuevo motivo y así sucesivamente. Todo ello,  sin duda, dificulta la labor del director quien ha de estar siempre atento a los constantes cambios. Eso es lo que enseñó el maestro Heiko Forster al mando de la Philarmonia de Ostrava, atención y mando. La segunda parte del programa incluía las cuatro canciones para un caminante de Gustav Mahler. Escritas en su juventud, sus respectivas músicas las fundirá con el tiempo con las de algunas de sus sinfonías. Por el momento describirán su desilusión amorosa con la cantante Johanna Richter. Las compuso para voz grave y de ahí que tengamos la referencia del barítono Dietrich Fisher Dieskau como ideal interpretativo. Una voz de mezzo real también hubiera servido, pero Hermine Hasselbock, es una gran cantante, pero no es una mezzo de cálido color andrógino. La situaríamos como una soprano Falcon o una mezzo con su centro  de gravedad vocal tendente hacia la soprano, es decir, una voz a caballo entre mezzo lírica y soprano corta. Eso sí, las interpretaciones que ofreció de cada una de ellas gozaron de un fraseo impoluto, una claridad diáfana y el sentimiento requerido para abordar lieder. Un detalle a tenor en cuenta es que hubo cambio en su interpretación, ya que terminó evocando con gran dulzura  y sentimiento a flor de piel “Los Ojos azules de mi Amor” y no con la que el programa indicaba en ese último lugar.

La Canción de la Tierra


UN GRAN MAHLER EN MUSIKA-MÚSICA

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Se inauguró la edición de Musika-Música 2017 con la Segunda Sinfonía ( “Resurrección”) de Mahler. Una obra compuesta en cinco movimientos, de los que el quinto y último es el más largo,y la que engloba tonalidades que ya se han escuchado con anterioridad, además de dar cabida al coro, al órgano y a las dos solistas. El maestro  Yaron Traub ya desde el principio, es decir, desde el primer movimiento, nos transmitió perfectamente el sello fúnebre que marca este allegro maestoso en forma de sonata. La Orquesta Sinfónica de Bilbao le seguía con absoluta obediencia, pues no en vano la dirección de Traub era muy enérgica y nítida. Siguió a continuación el andante, leído y ejecutado con gran delicadeza por los maestros de la sinfónica bilbaína, los pizzicati sonaban perfectos hasta la irrupción de los golpes de timbal que anunciaron el tercer movimiento. Fue en el cuarto movimiento cuando Maria José Montiel  enseñó el bello y andrógino color de su voz de mezzo, no exenta de delicadeza y musicalidad aflor de piel. A su lado, la soprano Maria Espada cuya hermosa voz lírica se intercalaba en el susurrante coro que en un primer pianísimo, dejó constancia de su arte y comedimiento canoro. La Sociedad Coral Bilbaína causó gran efecto, no solo en los momentos elegíacos, sino en un final apoteósico donde el maestro Traub  y la orquesta local brindaron su esplendorosa fuerza. Un inicio musical de altura como corresponde a la grandiosa segunda sinfonía de Mahler gracias aun director lleno de energía y claridad gestual, a una envidiable orquesta, a  dos voces que a pesar de sus cortas intervenciones dejaron huella de su sensibilidad musical y un coro en su plenitud.

MADRIGALES DE MONTEVERDI


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