AL RESCATE DE LA ÓPERA VASCA

 

 

Concierto Lirico “Andekazaleak”. Solistas: Andeka Gorotxategi (T); Ana Otxoa (S). Obras de A.Echave,J. Guridi, J.M.Usandizaga,Fdez.Elezgaray, Ch Colin,J.A.Santisteban etc.  Sociedad Coral de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Euskalduna.Bilbao 30-XII-19

 

Ensayo del concierto ''Alere! Grandes éxitos de la ópera vasca”

 

En el anteúltimo día del año y paradógicamente,  presenciamos el primer concierto lírico de la Asociación musical “Andekazaleak”. Se trata de una agrupación de seguidores y amigos del tenor de Abadiño Andeka Gorotxategi con la ilusión y el ánimo de ofrecer en esta ocasión un programa de arias y romanzas de óperas vascas. Para ello, nada más acorde que contar con la Coral de Bilbao, la misma que  a principios del siglo XX  dio a conocer en escena la mayoría de las obras líricas vascas. Si fundamental es la presencia de la Coral, lo es también la Sinfónica de Bilbao, con la invitación al atril principal del maestro Oliver Díaz.

El tenor Andeka Gorrotxategi  hacía tiempo  que no visitaba nuestros teatros , debido a su fulgurante deambular por los teatros internacionales .No cabe duda de que mostró generosidad, pues interpretó no menos de  una docena de romanzas, pero la dadivosidad no radicó únicamente en el número de piezas cantadas, sino en la dificultad interpretativa de las mismas. Para un tenor lírico-spinto de emisión vocal de esfuerzo, resulta más complicado apianar o cantar a media voz. Por ese motivo su romanza “Alaré” de Mendi Mendiyan  resultó tan admirable ya que la cantó con exquisitez y dulce línea. En aquellas romanzas más pasionales o de fuerza, su acerado timbre, de notas tan “squillantes” se apoderó por completo del respetable.

El lirismo de las melodías que encerraba el programa en general, estuvo más acorde con la voz de la soprano Ana Otxoa. El dominio que mostró en la voz, la técnica con la que alternó el canto a media voz con la potencia, el susurro de sus pianíssimi y la dulce línea de canto exhibidos en el aria “Goizeko Eguzki Argia”de Mirentxu, confirmaron su calidad.

La Coral de Bilbao se convirtió en lujo, pues su trabajo consistió en acompañar a los solistas, salvo en  la ópera “Pudente”, considerada como la primera en euskera, en la que la sección femenina de la Coral, interpretó su deliciosa escritura, con acompañamiento del arpa, a media voz y con gran finura.

La Sinfónica de Bilbao respondió a las exigencias del maestro Oliver Díaz, participando en una velada que nos recordó la dulzura y el elegíaco lirismo que contienen las romanzas vascas  hoy en día un tanto olvidadas.


GRAN DISCIPLINA EN LOS COROS DE LYON

“Los Chicos del Coro”. Coro de la Basilica Saint Marc de Lyon. Director: Nicolas Porte. Palacio Euskalduna 28-XII-19.

DISCIPLINA CORAL

En su amplia gira por diferentes teatros, compareció en Bilbao el coro de los alumnos escolarizados en el colegio Saint Marc de Lyon. Les recordamos, cómo no, de la película que protagonizaron hace años y cuyo protagonista Jean Baptiste Maunier  sigue trabajando hoy día como actor. Los entonces denominados “Los Chicos del Coro”, comparecieron en el escenario del Euskalduna tan sólo con diecisiete jóvenes de los más de cincuenta que forman parte del grupo y aunque el coro sea mixto, el predominio de la voz femenina fue evidente.

En su habitual programa las piezas que suelen interpretar se basan en música sacra y hasta canto gregoriano, sin embargo, en el inexistente programa para información del público, las canciones interpretadas se fundaron en las más conocidas navideñas. Tampoco faltó la incursión en las sacras o eclesiásticas cantadas en latin, las de música de películas infantiles o la navideña española “El Tamborilero”. Casi todas las cantaron a tres voces y habría que destacar un par de detalles en su interpretación general. El primero hace referencia a la disciplina del conjunto, con una concentración ejemplar en las dos partes del programa, una actitud profesional en escena y  la memorización absoluta en todos sus miembros, de las muchas piezas cantadas. En segundo lugar, la musicalidad y empaste vocal que mostraron. Esto último tiene un gran mérito porque siempre hay un recambio generacional y cuando las voces cumplen una edad determinada salen del coro y son relevadas por nuevas voces.

Hubo también alguna que otra sorpresa en el programa que ofrecieron, porque pocas veces se ha escuchado el vals “Danubio Azul” cantado por coro o la barcarola de la ópera “Los Cuentos de Hoffman” que en lugar de un dúo entre soprano y mezzo, se nos ofreció coralmente. En fin, un conjunto preparado y formado por jóvenes que muchos de ellos no han cambiado aún la voz blanca y mantienen un programa con ese color y estilo angelical en la interpretación, fruto también de una sólida formación musical.

 


PRECARIEDAD ZARZUELERA

Zarzuela “La del Manojo de Rosas” de P.Sorozabal. Reparto: Hevila Cardeño (S); Antonio Torres (Bar); Lorenzo Moncloa (T); Angel Walter (T); Carlos Crooke (T); Raquel Cordero (S).Palacio Euslalduna 23-XII-19.

 

Siempre hemos escrito que una representación de Zarzuela requiere el estímulo de una producción de nivel para que no caiga en la mediocridad. Por ello, resulta difícil escapar de la medianía cuando aflora la precariedad y aunque logre salvarse algún que otro solista, el predominio de lo barato se hace evidente. Todo se multiplica cuando el respetable  no dispone de programa para saber el nombre del maestro que dirige y qué orquesta se ubica en el foso o desconoce los nombres de los intervinientes.

En el plano artístico, el texto de la obra, en la órbita del sainete, no fue inteligible recitado por todos y ocurrió lo mismo en el canto, poco modulado en algunos intervinientes. Dentro del ámbito musical, el reparto solista nos trasportó a los tiempos de la zarzuela en el teatro Barakaldo y salvo el barítono protagonista Antonio Torres, no faltaron los habituales en aquel teatro.

El mencionado barítono fue el que sostuvo la calidad canora de la obra cantando con una voz hermosa, segura y fácil en la tesitura alta.  Su fraseo fue el más claro y sumó afinación y musicalidad a su canto. En su partenaire, se notó el empeño mostrado por la soprano ligera Hevila Cardeño,  correcta sin más en su actuación general, lo mismo que el tenor Lorenzo Moncloa un tanto serio y formal a la hora de encarnar al aviador poco chulesco. El recitado demasiado acelerado de Angel Walter haciendo de Espasa le resto comicidad y no llegó a ser tan hiperbólico como debiera. En cambio su colega Carlos Crooke como Capó, estuvo en su línea cómica en un rol que ha cantado innumerables veces. Su compañera Raquel Cordero, que representó a Clarita, lo hizo mejor como actriz que como cantante.

Por otro lado digamos que no hace falta ahondar en la elementalidad coral, ni en  la figuración ridícula y sin sentido que se nos mostró. Nos quedamos con los pasodobles, los chotis y el moderno fox trot que compuso Pablo Sorozábal  a través de la desconocida orquesta y el ignorado director.


EL «CASERÍO» REMOZADO Y DE NIVEL

“El Caserío” de J.Guridi.  Reparto: Santos Ariño (Bar); Carmen Aparicio (S); Javier Tomé (T); Alberto Núñez (T); Adhara Martinez (S). Coral del Ensanche y Asociación Ballet Olaeta. Orquesta Labayru. Dirección de Escena: Josu Cámara. Dirección Musical: Daniel Garay. Teatro Campos 21-XII-19.

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Rompamos en primer lugar una o un par de lanzas en favor de una Asociación musical como la Coral del Ensanche, único bastión del género de la zarzuela en Bilbao. En efecto, son ya ciento quince años los que lleva la Coral del Ensanche divulgando tanto la zarzuela vasca como el género chico en general , por lo que nos llama la atención el futuro incierto que parece acosarle. Sería inexplicable y hasta absurdo que las instituciones pertinentes, es decir, Ayuntamiento y Diputación, no proporcionaran una razón social para que la agrupación continuara con la labor cultural que ofertan año tras año.

La obra de Jesús Guridi que se representó en el teatro Campos, contó además,  con aportaciones artísticas fundamentales para la consecución del éxito. Por ejemplo, la contratación del tenor Javier Tomé, la cual aportó la calidad de un artista que unió a su corpórea y broncínea voz, la naturalidad y grata presencia escénica. Su famosa romanza “Que veo en Ana Mari” la cantó con expresión, lució un gran fiato y nos deparó un muy difícil filado final con gran suavidad, una particularidad complicada de conseguir en un tenor spinto de robusta voz como es la suya

No le anduvo a la zaga el que es protagonista de la obra, es decir, el personaje de Santi, encarnado por el barítono Santos Ariño. Probablemente sea su papel fetiche, no solo porque el artista vizcaíno domina la partitura y le infiere calidez vocal y  sentido expresivo con una buena línea de canto, sino porque la caracterización que ofrece del personaje  entronca con su propia personalidad  en cuanto a seriedad y aplomo en escena.  A destacar  el hecho de que el centro de  gravedad de su voz ha descendido, de manera que sus notas graves suenan casi como las de un bajo.

La formalidad escénica también se reflejó en la soprano Carmen Aparicio al mostrarnos una Ana Mari siempre recatada, formal y sin concesiones de otro tipo. Una vez más cantó con su agradable voz, sin mácula en las nota graves, en las que incluso se sintió cómoda. Finalmente, a destacar el trabajo tan completo de Alberto Núñez en su papel de Txomin, con gracia en escena y  con su  habitual musicalidad y línea de canto.  Hubo un cierto desequilibrio con su pareja en escena, Adhara Martinez,  la cual encarnó a “Inosensia” lejos de un claro canto y limpio fraseo. La inclusión del ballet Olaeta trajo la consecución de una romería de calidad y finura, que el maestro Daniel Garay aprovechó bien para dirigir a la Orquesta Labayru.


Inquebrantable cita navideña

Concierto Lírico. Solistas: José Antonio Urdiain (T); Marta Ubieta (S); Pablo Almarales (piano);Jon Thate (flauta); Alberto Saez (piano),Sala Filarmónica.Bilbao 20-XII-19.

 

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Con la recientemente remozada sala de la Filarmónica, asistimos a la fiel cita que el tenor bilbaíno José Antonio Urdiain  ha convertido en  obligada en estas fechas.  Para la ocasión, su abanico programático de arias, dúos y romanzas, no solo ha tenido la siempre atractiva y fundamental compañía de la soprano Marta Ubieta, sino que se ha querido rodear de más artistas. Probablemente  esto último  motivó en esta ocasión que la longitud de los intervalos  entre cada actuación nos pareciera exagerada.

 

Por otro lado, en su generosidad, el tenor vizcaíno cedió parte de su protagonismo  sobre todo a uno de los invitados.  Se trataba del pianista colombiano Pablo Almarales, quien nos deleitó con un delicioso  conjunto de “Aires Colombianos” que también sirvieron para animar la velada.  La limpieza y destreza al teclado de este artista se vieron acompañados por la clase del  joven flautista Jon Thate que repetía actuación y el acompañamiento general del pianista Alberto Sáez. Como sucedió el año pasado, no faltaron las arias sobresalientes en su ejecución tanto de la soprano Marta Ubieta con su  “O Mio Babbino Caro” de la ópera Gianni Schicchi de Puccini,  como la napolitana  “Vorrei Morire” de Tosti que el tenor Urdiain  cantó con entrega y sentimiento, es decir, admirablemente.

 

No faltaron a la cita algunas de las más conocidas piezas navideñas  ni  el famoso “Ator,Ator” que el público que abarrotaba la Filarmónica acompañó con énfasis. Una divertida velada que, incluso se podría mejorar procurando una mayor agilidad al ritmo en general. Son ya veintidós conciertos los celebrados y esperaremos con gusto al veinticinco aniversario.


ODA A LA ALERGRÍA EN NAVIDAD

Concierto de la BOS. Solistas: Milan Silijanov (B); Miriam Mesak (S); Sofia Pavone (M); Richard Cox (T): Coral de Bilbao. Obras de Arnold Schoenberg y Ludwig van Beethoven. Dirección: Erik Nielsen.Palacio Euskalduna 19-XII-19.

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Tras los breves arpegios y pizzicati de las cuerdas, la hermosa voz del bajo Milan Siljanov nos introdujo en la obra de Schoenbertg  titulada “Un Superviviente de Varsovia”. El bajo-barítono suizo no sólo enseñó un fraseo limpio en su recia y potente voz, sino un timbre grato y con suave velluto. Cubrió el rol de narrador, arropado por el coro de hombres.

 

En cuanto al coro, en este caso, la Coral Bilbaína, entró a cantar en la sección final al entonar al unísono la oración judía. Con apenas una decena de minutos de duración en una música dodecafónica, el recitado del solista dio paso sin corte a la Coral de Beethoven. El efecto causado por el modo de unir ambas obras sin apenas interrupción, fue interesante y el maestro Nielsen abordó la dirección de la Novena dando paso a contrabajos y chelos que marcaron con intensa gravedad el inicio de la Sinfonía.

 

El director logró el ansiado volumen general  que requiere la obra y encontró el perfecto equilibrio entre la liviana intensidad y los pianissimi de los primeros movimientos hasta la llegada del Bajo-Barítono al entonar  “Amigos no en esos tonos…”. El coro en pleno y un todo de orquesta, ejecutó  la “Oda de la Alegría” y la percusión ayudó con su potencial  a elevar la emoción. El canto de este último movimiento contó con las voces de la soprano ligera Miriam Mesak, la mezzo alto Sofia Pavone y el tenor de emisión un tanto gutural Richard Cox, además del ya mencionado Milan Silijanov. El coro, con el bien marcado ritmo del himno y la precisa intensidad, intervino con homogeneidad y belleza. A la reciedumbre del sector masculino en la obra de Schoenberg   y a su potencia, la sección femenina, sobre todo las sopranos, respondieron con seguridad y sin ahogos en  lo alto de la tesitura. Con la propina “Ator,Ator”, la Sinfónica de Bilbao y la Sociedad Coral daban la bienvenida a las fechas navideñas en el concierto anual .

 


EXHIBICIÓN CORAL EN JERUSALEM

“Jerusalem” de G.Verdi. Reparto: Rocío Ignacio (S); Jorge de León (T); Michele Pertusi (B); Pablo Galvez (Bar); Fernando Latorre (Bar); Moisés Marin (T);Deyan Vatchkov (B); David Lagares (B);Alba Chantar (S); Gerardo Lopez (T). Coro de la Opera de Bilbao.Orquesta Sinfónica de Euskadi.Dirección de Escena: Francisco Negrin. Dirección Musical: Francesco Iván Ciampa. Bilbao.Palacio Euskalduna 16-XI-19.

El estreno en Bilbao de la “Jerusalem” verdiana, transcurrió dentro de un túnel. El simbolismo de ese entubado escenario parece ser que quería reflejar el infierno dantesco en las cruzadas de la Edad Media El interesante estreno en Bilbao de esta revisión francesa de “I Lombardi” de la que adopta algún dúo, una marcha, el aria de tenor y un ballet que no se llevó a cabo, se encontró con el escollo de la escasez de producciones. Se optó por la producción berlinesa de esta ópera. Se podría decir que en su resultado final, no es que se desvirtúe el argumento, pero sin duda hay una desnaturalización por su excesiva modernidad escenográfica y la confusión que causa su anodino vestuario. Afortunadamente y en desagravio, el conocido director Francesco Ivan Ciampa supo leer y transmitir la música que en realidad sonó al Verdi italiano, tan querido por el coro y lejos del estilo francés.
El maestro Ciampa resaltó con claridad el sonido de los metales, (bien vale un aplauso al solista trompeta de la ESO), cuidó la intensidad de la música en bien de las voces e hizo que el coro lograra uno de sus mayores éxitos como auténtico protagonista. En efecto, la agrupación bilbaína no halló dificultad en el idioma y como la música llevaba intrínseco el aroma verdiano, (recordando también Nabucco) y la dirección era muy clara, el coro cantó con fluidez, con bello color y empaste.
Por otro lado, conocíamos a Rocío Ignacio, artista más familiarizada con roles menos épicos que el de la Helene de esta obra. Su voz potente y bien timbrada resolvió bien sus andanzas por una tesitura siempre endiablada y su entrega al personaje fue encomiable, tanto que se prestó a la absurda aparición en escena en dos piezas con absoluta desinhibición. Si cupiera algo negativo en su completa actuación, diríamos que esa misma voz, a veces y al exigirle tensión, resultó algo estridente en su deseo de otorgarle el dramatismo que también conlleva el papel.
Al tenor canario Jorge de León así mismo le tocó andar por los suelos ya sea arrodillado o tumbado como a todos. Únicamente su voz de tenor spinto con penetrante squillo se alzó y caminó con seguridad por los escollos de un papel exigente como es el de Gaston. Nos deparó una excelente aria “Je veux encore entendre” (en la ópera I Lobardi “La mia Letizia infondere) con un grandioso agudo final, lo cual es muy meritorio y no tan frecuente al ser un tenor heroico. Formó una verosímil pareja con su partenaire sevillana y eso es esencial, como se sabe, para proporcionar realismo teatral. En la brillante voz del tenor canario tan solo echamos de menos algo más de canto a media voz.
Mención especial mereció la labor del bajo Michele Pertusi, en realidad, un bajo-baritono, porque su extensión vocal abarca notas altas de barítono y sus graves son sonoros en una voz de grato e igual color tímbrico. Tanto vocal como teatralmente fue el más sobresaliente y acaparó la escena cada vez que comparecía en ella. En el apartado del resto de los personajes, ni la voz de Pablo Galvez quien encarnó al conde de Toulouse, ni la de Deyan Vatchkov en el del Emir, dejaron impronta de interés. En cambio, siempre es garantía musical la participación del barítono Fernando Latorre y habría que añadir en ese apartado vocal, la colaboración del tenor Moisés Marin y la soprano Alba Chantar. En definitiva, un correcto estreno en el que tuvo mucho que ver el gran maestro de ópera Francesco Ivan Ciampa al mando de la Sinfónica de Euskadi, un gran Bajo-Barítono como demostró ser Michele Pertusi y la compenetración en escena y las generosas voces de Rocío Ignacio y Jorge de León


UN VARIADO Y ATRACTIVO CONCIERTO

“Himnos Corales” de Gustav Holst; “ Zuhaitz” de Gabriel Erkoreka y “Los Planetas” de Gustav Holst. Intérpretes: Vocalia Taldea;  Kalakan y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección Musical: Juanjo Mena. Bilbao Palacio Euskalduna 8-XI-19

                                          

El grupo coral femenino Vocalia, con su multicolor atuendo, inició cantando en inglés a Varuna, un dios hindú al que se le consideraba un dios del cielo o dios de la lluvia, en un aspecto más o menos negativo, ya que formaba el caos del cielo, al crear lluvias, tormentas, rayos y truenos. Vocalia Taldea cantó a modo de ruego a ese dios con ondulante línea de canto, lleno de delicadeza en los primeros movimientos para depararnos a media voz y susurrante el canto fúnebre final. En todo momento mostró una gran conjunción, una gran belleza  y finura en su línea de canto. Una sedosa finura de absoluto control en la intensidad al intervenir también entre bastidores en el final de la obra Los Planetas de Holst. La Orquesta Sinfónica de Euskadi reestrenó en Bilbao la obra ‘Zuhaitz’, de Gabriel Erkoreka, tres años después de que se estrenara en Madrid en marzo de 2016. El título hace alusión de una manera genuina a los sonidos que resaltan por medio de los instrumentos de madera. Sonidos que están presentes a través de la ‘txalaparta’, instrumento de percusión representativo de la ancestral cultura vasca. El grupo Kalakan, especialistas en este tipo de instrumentos autóctonos demostró su dominio no solo en la técnica del manejo de la txalaparta y otros instrumentos de percusión tradicionales vascos, sino su nexo de unión con la orquesta.  El trío francés que utiliza la palabra Kalakan, sinónimo de berriketan, que en vasco significa “Charlando” consiguió un ritmo melódico moderno, incluso cantaron con absoluta afinación y gusto una tradicional canción vasca, con variante ritmo y “tempo”. Finalmente el concierto deparó una música que nos hizo viajar a través de los siete planetas que musicó Gustav Holst en los que junto al trabajo exigido a las trompas, trompetas y tambores, el compositor inglés plasmó la quietud con el corno y el estruendo  y consiguiente baile en su atril del maestro Mena. Como se ha dicho con anterioridad, Juanjo Mena llevó a voces y orquesta hasta el pianísimo más sutil al finalizar la obra.


ODA AL BELCANTO

“Lucia di Lamermoor” de G.Donizetti.Reparto:Jessyca Pratt (S); Ismael Jordi (T); Juan Jesús Rodriguez (BAR);Marko Mimica (B);Juam José de León (T);Maite Maruri (M);Gerardo López (T). Coro de la Opera de Bilbao.Orquesta Sinfónica de Euskadi.Dirección de Escena: Lorenzo Mariani.Dirección Musical: Riccardo Frizza.Palacio Euskalduna 19-X-19.

Lucia di Lammermoor

Entre luces y sombras, entre odios y desamores propios del más puro romanticismo y  captados perfectamente por la coproducción presentada, se enmarcó el excelente estreno de la temporada bilbaína con la donizetiana “Lucía di Lamermoor”. Una ópera que ante todo requiere una orquestación sabiamente escogida para reforzar el cariz trágico de la historia. De dar buena cuenta de esa orquestación se encargó el maestro Riccardo Frizza al mando de la Sinfónica de Euskadi. El director italiano subrayó los momentos líricos,  luego, no solo se detuvo en el cromatismo de la partitura, sino que disfrutó del ritmo, de ese tempo pausado, de los silencios en bien de un canto hermoso y efectista.

Pero por encima de esa línea melódica, la sala se llenó de adornos vocales y en el caso que nos ocupa, es decir en el protagonismo de la artista inglesa Jessyca Pratt encarnando a Lucia, tuvo lo que hay que tener de necesario en lugar de algo puramente espectacular. Cierto es que la partitura permite pasajes ad libitum, pero la admirable soprano inglesa acertó en la elección de la coloratura, muy acorde con sus ademanes dramáticos.  El canto de su escena de la locura contó con la rareza de que estuvo acompañado de la armónica de cristal o “armonica a bicchieri”  que Donizetti no pudo emplear en el estreno por falta de alguien que la supiera tocar y que tan acertadamente busca el efecto de la alucinación. La bella voz de la soprano se escuchó en silencio sepulcral, con el público entregado al arte  y a la pasmosa seguridad técnica que atesoraba y con la que hizo una oda al belcanto.

El jerezano Ismael Jordi, a quien todavía recordamos en su elegíaca aria “Kudá,Kudá” de la ópera Eugene Oneguin, cantó como siempre con mucho gusto. Interpretó con delicadeza y elegancia su aria “Tombe degli avi miei” y sobre todo su voz clara y limpia se abrió paso en la partitura como un estilete en el ascenso hacia notas altas en el aria final de su muerte. Ismael Jordi volvió a dejar en Bilbao la clase de un artista pródigo en elegancia canora.

Completó el trío principal el barítono Juan Jesús Rodriguez. Sobre él, se puede decir que se trata de uno de los barítonos líricos más solventes de hoy en día. La voz del  artista onubense no solo posee terciopelo, sino que recorre sin mácula las notas altas. Si añadimos que su canto es siempre seguro, que no le cambia su atractivo color y que teatralmente es convincente, queda todo dicho. Por otra parte, es justo que en el triunfo general citemos al coro, un conjunto que cambie o  releve a sus miembros, sigue con paso firme la disciplina de Boris Dujin. El conjunto bilbaíno se mostró brillante en todo momento y muy natural en escena.

Siguiendo con los solistas, nos pareció un tanto abierta la manera de cantar del bajo croata Mimica, tal vez le faltó matiz  en el fraseo y exageró un tanto en la intensidad. Su voz sonó poderosa si bien no nos pareció del todo bien recogida y emitida. Sobre la mezzo Maite Maruri no caben sino halagos tanto por su potente voz como por su naturalidad en la escena. Nos alegramos de que comparezcan voces del lugar y estas rindan como en el caso de esta bilbaína. En definitiva, un comienzo de temporada de alto nivel, de belcanto en mayúsculas,basado en un trío solista admirable, en una gran dirección, una gran orquesta y el marco escénico amplio, sombrío y que contempla perfectamente aquella época escocesa.


ENTRE LO ABSURDO Y LO CARICATURESCO

La Opera de cuatro notas de Tom Johnson. Reparto: Miren Urbieta (S); Marifé Nogales (M); Beñat Egiarte (T); Fernando Latorre (Bar); Pedro Llarena (B); Piano ; Pedro José Rodriguez. Dirección de Escena: Unai Gonzalez. Dirección Musical: Arkaitz Mendoza.Quincena Donostiarra, Tabacalera 25-VIII-19-

                                  

La idea del norteamericano Tom Johnson, autor de “La ópera de las Cuatro Notas”  consiste en centrar la partitura musical en solo cuatro notas musicales. Naturalmente sobre ellas construirá cambios de octava y variaciones que conformarán una partitura y con el único sostén del piano, instrumento que guiará el desarrollo musical de la obra. En parte absurda y en parte con un claro matiz caricaturesco y satírico, la obra desprende humor, porque de la caricatura es lógico que resulte una bocanada de aire fresco humorístico. Tal vez buscara también la desacralización de la ópera en general, dadas las muchas referencias a títulos operísticos, siempre en clave de humor. La producción en colaboración entre Tabacalera y Quincena contó con el texto en un euskera perfectamente recitado por los solistas. El argumento  se centró en una especie de ensayo lírico en el que tienen lugar los típicos tópicos operísticos. Otra faceta a subrayar es la finalidad educativa que deparó y algunas las nítidas explicaciones musicales que reflejó. Lo interesante al final es que entre bromas y críticas satíricas, a los intervinientes se les escuchó cantar, además de actuar. En el aspecto estrictamente canoro sobresalió la soprano Miren Urbieta con unos largos minutos de canto coloratura y agilidad y limpias escalas. En el aspecto teatral, destacaríamos a la mezzo Marifé Nogales, muchas veces el eje de la escena y la alegría teatral de sus compañeros. Cantó lo bien que ella sabe en todo momento y  las diez variaciones a dúo con la soprano, resultaron un fragmento muy musical y compenetrado. Al barítono Fernando  Latorre, le correspondió la simulación de cantar una monótona larga aria, tanto que se puso a leer una revista y a dormitar mientras le podía la monotonía. El joven tenor Beñat Egiarte cumplió perfectamente con su cometido y hasta imitó a Madame Butterfly clavándose una gran daga porque el músico no le hizo partícipe de un concertante. La aparición de improviso del bajo Pedro Llarena, nos reveló la gravedad y sobriedad con llas que interviene esa voz en la ópera en general y con paso lento y místico paseó por el pasillo cual Felipe II en la ópera  Don Carlo de Verdi. Mucho de esa sonrisa y risa abierta que reinó en la sala se debió a la dirección de Arkaitz Mendoza y felicitemos entre paréntesis el mamporreo  obligado de Pedro José Rodriguez al piano.


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