Archivo de la categoría: Críticas
Canto renacentista en el foyer del Arriaga bilbaino
Cuarteto Aroak. Angeline Danel (s); Inés Olabarría (m); Gorka Robles (t); Mikel Zabala (b), Obras de Costeley, Antxieta, Del Encina, Des Pres etc. Teatro Arriaga 28-X-14
Hacía tiempo que no sabíamos sobre Gorka Robles tras abandonar la dirección de la BOS. Conocíamos sus inquietudes canoras en tierras francesas, pero desconocíamos la creación del cuarteto vocal Aroak con la que se ha presentado de nuevo en Bilbao. Son cuatro voces que a capella dieron un repaso a varios autores nacidos en torno a mil quinientos, es decir en pleno Renacimiento. Salvo el español Del Encina y algún otro inglés, el cuarteto recreó canciones francesas que tratan del amor en general. Vocalmente habría que destacar a la soprano Angeline Danel, poseedora de una voz hermosa, cálida y sobre todo afinada. No en vano era ella la que indicaba el tono a cada voz y el resultado fue una afinación exacta del conjunto, una elegancia natural del canto y la expresividad necesaria tan fundamental en este tipo de canto a capella. En concierto discurrió con celeridad gracias a unas piezas sencillas y cortas, algunas de onomatopéyico corte y alguna otra como Mille Regrets de Des Pres, conocida por ser una variación de la Canción del Emperador compuesta por el granadino Luis Narváez. La mezzo Olabarría, el propio Gorka Robles y el bajo Zabala conformaron este cuarteto bañado en la delicadeza interpretativa.
Enredo rossiniano en el Teatro Arriaga
L´Equivoco Stravagante de G.Rossini. Reparto: Bruno de Simone (b); Manuela Custer (s); José Luis Sola (t); David Menendez (bar); Alberto Nuñez (t): Aurora Gómez (s). Coro Rossini y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección de Escena: Emilio Sagi. Dirección Musical: Speranza Scappucci. Teatro Arriaga,Bilbao 15-X-14
Cuando un argumento se desarrolla siguiendo el estilo del enredo a la napolitana del XVIII, cuando no hay una escenografía clara que plasme lo que ocurre y hay que dar rienda suelta a la imaginación creativa, es esencial que la escena sea atractiva y la música sostenga su banal acción. Aunque la producción venía de Pésaro, Emilio Sagi le ha dotado, como siempre, de colorido y de un movimiento en escena a cargo de los intérpretes que resultó frenético. Probablemente en pos de ese atractivo visual, Sagi encargó a Manuela Custer la encarnación del papel de Ernestina. Si vocalmente su timbre de voz no pareció la de una mezzo y si mostró algunas limitaciones en cuanto a la extensión, su atractivo escénico, su desinhibición y sensualidad, colmaron las expectativas. El enredo bufo en torno a una fémina pretendida amorosamente por un dúo masculino, contó con el tenor José Luis Sola, siempre elegante en su línea de canto, con su claro timbre de voz y solventando con mucho gusto sus arias incluyendo el final D´un tenero arodore”. Al barítono David Menendez le tocó en suerte interpretar al ingenuo y burlesco Buralicchio y lo hizo con voz recia y ademán adecuado al papel que representaba. Como en las óperas bufas hay siempre un bajo bufo, este fue Bruno de Simone, el eje por el que transcurre la acción y que como veterano y gran intérprete dio al enredo la pátina necesaria. El tenor Alberto Nuñez nos pareció que afrontaba un canto muy central para su voz y la soprano Aurora Gómez cumplió con creces su corto rol. Magnífica la parte de la Sinfónica bilbaína que se apostó en el foso y suponemos que gran parte del éxito musical de la obra, aparte la calidad de sus miembros, se debió a la excelente dirección de la joven Speranza Scappucci.
Zarzuela presentada por J.L.Moreno en Bilbao
La Antología presentada por Jose Luis Moreno es un espectáculo para un público determinado. Se trataba de una producción para todo aquel que le guste la luz, el color, el baile, la información sencilla de lo que va a escuchar y sobre todo para un público animoso y complaciente. Lo que acababa de presentar Jose Luis Moreno no es para el aficionado al canto, para el purista contrario al uso del pinganillo para que suene más la voz y no se deje embaucar con los fuegos de artificio- Es una zarzuela distinta, tendente al baile más que al canto y eso se hizo notorio. Si la producción cuenta con unos sensacionales cuerpos de baile que dominan el zapateado, el aurresku y la jota, es adivinable que la función transcurriera por ese derrotero. Se hizo palpable el rico vestuario exhibido por todos los que pisaron la escena y además, agradó la joven orquesta que ocupó el foso, aunque a veces se nos deparara música enlatada. No podemos comentar la calidad vocal de los solistas ni la del coro y hasta sentimos que un barítono consagrado como Ismael Pons se atuviera a un micrófono para ser aplaudido, pero eso no importó al público en general. Salió muy satisfecho del auditorio porque quería escuchar piezas de zarzuela, fueran cantadas o bailadas y como encima hubo luz, color y fuegos artificiales, mejor que mejor.
Ainhoa Arteta cantó sus heroínas con la BOS
Tal como ella misma anunció, en su programa interpretativo figuraron las heroínas de ópera que la han acompañado en su ya dilatada carrera. Aunque el recital fue algo precario en cuanto a piezas cantadas, la elección fue inteligente ya que se atuvo a sus características vocales y teatrales, es decir, al verismo operístico. Nombrar el verismo con Ainhoa Arteta es citar su gran expresividad, su pasión y su entrega, lo cual quiere decir también estar en posesión de un color de voz hermoso, una voz potente y voluminosa. Resultó impactante su versión de “Sola, Perduta, abbandonata” de la pucciniana Manon Lescaut, asi como fina y cantada con sentimiento el aria de La Wally de Catalani. Nos deparó la misma cantidad de arias que oberturas ejecutó la orquesta y en el fondo nos hemos de alegrar porque la Sinfónica bilbaína vino a recordarnos la belleza del intermezzo de L´Amico Fritz de Mascagni y la obertura de la ópera Le Maschere del mismo compositor. El recital fue como un recuerdo a las heroínas con las que ha convivido y faltaron muy pocas en ser interpretadas en ese recuerdo. No abundó en ninguna, tan solo un aria de cada una, pero como siempre teatral y efectista en escena, conocedora del gusto y de la reacción del público.
Grandioso Requiem de Verdi en la Quincena
Requiem de G.Verdi. Solistas: Camilla Nylund (s); Karen Cargill (m); Samur Pirgu (t); Mikhail Petrenko (b): Orfeón Donostiarra y Orquesta Filarmónica de Rotterdam. Dirección Musical: Yannick Nezet Seguin. Auditorio San Sebastian 24-VIII-14
La grandiosidad en la interpretación del Requiem verdiano, no solamente hace referencia a las ciento cincuenta voces del Orfeón al ofrecer con absoluta armonía y esplendor sus intervenciones. Tampoco se refiere a la nutrida y excelente orquesta de Rotterdam, ni a la meticulosidad y dominio de la partitura del maestro Nezet Seguin. La grandiosidad de una obra tan magna como es el Requiem de Vedi nos vino de la mano de la entrega y profesionalidad de todos los participantes en su conjunto. El Dies Irae del coro atronó y no hubo ninguna voz que saliera de su discurrir, ni escollo que enturbiara su conjunción. Las trompetas brillaron a diestra y sinistra y una lánguida “Lacrimosa” estremeció al silencioso auditorio, para terminar admirando el final fugado, perfecta y precisa y que coronó así la hermosa versión ofrecida. El maestro canadiense, sin partitura en el atril, acoplaba a unos y otros y demostrando conocer de memoria la obra, su eficacia se hizo evidente al señalar las órdenes con claridad meridiana. La mezzo Karen Cargill se encargó de matizar su canto, de mostrar su gran sensibilidad musical a la par que enseñaba una voz potente. La soprano Camilla Nylund se hizo acreditativa de una calidad vocal extraordinaria, una voz limpia y cómoda en el registro alto al mismo tiempo que afinada. Tan solo habría que hacer una pequeña salvedad cualitativa en la participación del tenor Samir Pirgu y del bajo Mikhail Petrenko. El primero sobre todo por el uso continuado del falsete y que en el pasaje del “Hostia” si bien fue de agradable efecto, ya se sabe que abordar las complicaciones en falsete es mucho más fácil. En cuanto al bajo Petrenko, le faltó gravedad y su voz a veces blanqueaba o se entubaba y no era elegante. No obstante, faltó mucho para decir que rebajaran la alta calidad ofrecida por el resto de los participantes.
Narrador, Soprano y Orquesta ofrecen un hermoso «Egmont»
“Egmont” de Beethoven. Solistas: Raquel Lojendio (s); Alex Brendemuhl (narrador).Orquesta Sinfonica de Euskadi. Dirección: Jun Markl. Auditorio San Sebastian 22-VIII-III-14
No suele ser muy habitual presenciar la obra Egmont de Beethoven en comunión con la letra de Gotehe . Lo normal es que se escuche aislada la ejecución de su preciosa obertura. En esta ocasión, la Quincena y el maestro Jun Markl, al frente de la excelente Orquesta de Esuakadi ha tenido a bien ofrecernos la obra con la teatralidad inherente que conlleva en la descripción de la vida del héroe conde Egmont. El maestro Markl fue desgranando cada una de las diez secciones que consta la obra, describiendo con lectura clara las marchas, las alegrías y los sufrimientos de un pueblo frente a su opresor. Beethoven expresó sus preocupaciones políticas a través de la exaltación del sacrificio heroico del conde Egmont condenado a muerte y a su vez, la soprano canaria Raquel Lojendio encarnó a su mujer, Clara, a través de sus dos bellos líeder. La primera de ellas, “Die Trommel geruhret” (El tambor conmueve) fue un allegro a modo de marcha en la que la soprano pacense mostró el calor tibio de su timbre vocal y luego, en el segundo “Freudvoll und Leidvoll” (En la alegría y en la Pena) con un canto en una tesitura más alta, reflejó su la brillantez. Esta versión teatralizada, tiene también un narrador que va describiendo las vicisitudes de la historia y el encargado de ese relato recayó en hispano-alemán Alex Brendemuhl, declamador de fraseo claro y sonoro, de correcta entonación o lleno de expresividad. Una obra espléndida en la que se distinguieron no solo las cuerdas, sino también unas limpias trompetas, sobre todo en el brioso allegro final.
Un joven y buen reparto vocal en La Boheme de la Quincena Donostiarra
“La Boheme” dse G. Puccini. Reparto: Gal >James (s);Giordano Lucá (T=; Juan Jesus Rodriguez (bar); Elena de la Mewrced (s); David Menendez (bar); Francis Tójar (b); Fewrnando de la Torre (bar);. Coral Andra Mari y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección de Escena; Davide Livermore. Dirección Musical: J .Ramón Encinar. Auditorio San Sebastian 15.VIII-14
UNA ÓPERA BRILLANTE
Nino Dentici
Aprovechando todo el escenario, mostrando así una gran buhardilla en la que moverse con amplitud y sumando el ágil efecto que causaban las filminas concatenadas de las pinturas impresionistas francsas plasmadas al fondo del decorado, , la producción de esta La Boheme resultó práctica y brillante. El final del segundo acto además, deparó la fuerza y el buen trabajo de la Coral Andra Mari quó una muy buee cantó y actuó al unísono y como las órdenes del regidor Davide Livermore se acataban a la perfección, el aspecto teatral del espectáculo se hizo muy atractivo. La brillantez y el colorido visual de la producción se equiparó a la postre con la aportación vocal, ya que los dos jóvenes protagonistas, la soprano israelita Gal James y el tenor italiano Giordano Lucá cuajaron una actuación excelente desde el punto de vista canoro, Con un precioso color vocal, el tenor cantó con soltura y su timbre más allá del estrictamente ligero, cercano al lírico, resolvió sin escollo las incomodidades de la partitura salvo el hecho de que no nos quiso regalar el Do en el dúo O Soave Fanciulla del primer acto, lo que decepcionó al respetable. Fue la única laguna de este Rodolfo llamado a ser un gran tenor. En cuanto a la soprano israelita completó un gran trabajo y la potencia de su voz anduvo de la mano de la nobleza de su interpretación sin afecciones ni ocultismos ante las dificultades. Tal vez se pueda pensar que aún no es una Mimí en regala por su color vocal algo ligero, pero esa cierto que mereció el aplauso general. El baritono Juan Jsesús Rodriguez destacó por la contundencia de su voz, preocupado en ampliarla constantemente y hubo buena colaboración escénica de parte del resto de los comprimarios.
Bach a manos del ex falsetista René Jacobs
Helsinki Baroque Oechestra. Solistas: Sunhae Im (s); Benno Schachter (falsetista); Topi Lehtipou (t); Artu Kataja (B); Dirección MusicaL: René Jacobs. Auditorio San Sebastian 6-VIII-14.
En esta nueva ocasión fue el conjunto finlandés dirigido por el afamado René Jacobs el que destacó en su actuación al interpretar dos Cantatas de J.S.Bach. Cuatro solistas vocales participaron en una excelente ejecución. De un lado, la ligera voz de la soprano Sunhae Im y entre las voces masculinas la de bello color y ágil en la coloratura de Topi Lehitpou, la buena técnica exhibida por el falsetista Benno Schachter y una voz mórbida y bella mostrada por el joven bajo Artu Kataja. La pieza cantada en la segunda mitad titulada «Hercules en la Encrucijada» gozó incluso de un aire scherzante, propiciando que los artistas actuaran en la escena. Fue la Cantata en la que lucieron más las voces al tener una mayor intervención en solitario. El maestro René Jacobs no correspondió a la fama que ha adquirido tanto en su estudio como experto barroquista como excelente cantante falsetista y su dirección se limitó a mirar con fijeza el atril donde se hallaba su partitura y a unos ademanes parcos y monótonos que a veces no casaban con la lectura de la obra.
Gran calidad artistica de la English Baroque al mando de John Eliot Gardiner
Hablar de Johm Eliot Gardiner asi como de Cristie o Minkowski o de algún maestro más rescatador de obras barrocas, es apuntar una calidad de ejecución muy destacable con una armonía total entre los instrumentos orquestales y las voces corales. Hablar del Monteverdi Choir, fundado por el mismo Gardiner, es mencionar la selección vocal de sus componentes, la autonomía que disfrutan cada una de ellas, gracias a su dominio de la partitura. El maestro Gardiner programó tres obras religiosas de otros tres compositores barrocos nacidos el mismo año de 1865 y sin embargo tan distintos en el estilo. Si la Cantata de Bach reflejó la ondulante suavidad a media voz de la pieza de «Cristo Yacente en los Brazos de la Muerte», a continuación el Stabat Mater de Scarlatti plasmó la sencillez, casi a capella de una obra acompañada tan solo de Tiorba, viola di gamba, contrabajo y un órgano para el bajo continuo. Nada tuvo que ver la religiosidad plasmada en el Dixit Dominus» de Haendel, lleno de pasajes vibrantes y brillantes con la destacada actuación del maravilloso duo entre las dos sopranos que el maestro repitió como propina. Destacable fue la calidad vocal mostrada por estas solistas, unas voces claras y limpias y una tercerala encargada de cantar los pasajes de coloratura. Es probable que asistiéramos a la joya de esta quincena y que el público puesto en pie calibró su alta calidad artística.
Inicio de la Quincena Donostiarra con Berlioz y el Orfeón
“La Condenación de Fausto” de Berlioz. Solistas: Julie Boulianne (s); Bryan Himel (t); Paul Gay (Bar); René Schirrer (b); Orfeon Donostiarra y Orquesta Nacional del Capitolio de Toulouse. Dirección Musical: Tugan Sokhiev. Auditorio San Sebastian 1-VIII-14
En el programa, una bella obra coral para dar comienzo a una nueva temporada musical del festival de San Sebastian. Para su ejecución, una excelente orquesta como es la del Capitolio de Toulouse y al frente un maestro como demostró serlo el ruso Tugan Sokhiev. Con una batuta comedida en gesto y clara en las órdenes, se le apreció meticuloso y elegante y sobre todo confiado en el buen hacer del Orfeón Donostiarra. En realidad fue el conjunto de la capital guipuzcoana el que sobresalió y condujo la obra por derroteros muy satisfactorios. Si se ha de destacar algo en el conjunto vocal, despuntaría su parte masculina, bien nutrida y exuberante, además de un grato color. Pasajes llenos de bucolismo, de marchas soldadescas y de sensible romanticismo fueron cantados con solvencia por el Orfeón. De entre los solistas no hubo mucha materia destacable, pues la ilusión y la esperanza depositadas en principio en lo que parecía una voz de bello color en el tenor, se tradujo en falta de poderío y en una extraña emisión hacia dentro que le daba un toque gutural. El amplio papel de Mefistófeles en la obra a cargo del barítono Paul Gay tampoco fue suficiente y si bien enseñó amplitud en su voz, esta pareció irregular y con cierta laxitud en su línea de canto. Destacaríamos a la soprano Julie Boulianne por la sonoridad de su voz, por la facilidad de su canto en el registro alto, aunque a vece diera la impresión de altisonancia. No en vano, para esta voz escribió Berlioz las mejores arias de la obra, sobre todo, el del racconto del rey de Thule de exquisita factura
