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Acerca de nino dentici

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Nino Dentici es el crítico musical del diario “El Correo”. Especialista en canto, lleva más de treinta años ejerciendo como conferenciante, escritor y miembro de jurado en Concursos Nacionales e Internacionales de canto. Desde muy temprana edad desarrolló una extraordinaria afición a la lírica dedicándose de lleno a este apasionante arte.

Inauguración de Temporada con Bel Canto

“Lucrezia Borgia” de G.Donizetti. Reparto: Elena Mosuc (S); Celso Albelo (T); Marco Mimica (B); Teresa Iervolino (M); Mikeldi Atxalandabso (T); J.M.Diaz (Bar); Fernando Latorre (bar); Zoltan Nagy (Bar);.Coro de la Opera de Bilbao.Orquesta Sinfónica de Euskadi.Director de Escena : Francesco Belloto. Director Musical: J.Mguel Perez Sierra.Bilbao.Palacio Euskalduna 22-X-16.

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El prólogo de la obra nos sirvió para las presentaciones.  En la primera de ellas se nos presentó la mezzo Teresa Iervolino quien encarnó a Orsini con el relato de su historia. La cantó provista de buena línea y gran expresividad,  aunque tal vez a su voz le faltaba una pizca de volumen.En el aria de la soprano Elena Mosuc, “Com´é bello,  la protagonista  nos deparó desde el primer momento una elegante línea de canto y  un bello y expresivo fraseo. Con anterioridad se había manifestado ya el coro, como siempre vibrante en la ópera italiana y finalmente llegó la presentación apasionada de Celso Albelo en el dúo amoroso con Lucrezia.  Soprano y tenor compitieron en dulzura y sensibilidad musical. Sus voces estaban totalmente controladas, no había ápice de intensidad superflua y se deleitaron y nos deleitaron con filados, medias voces y un canto quedo y sedoso lleno de musicalidad. Parecían cantar sin esfuerzo porque no lo hacían fuerte, pero ya se sabe que cantar a media voz y afinado, es más complicado pues se ha de controlar bien la voz.

El primer acto sirvió para escuchar  la voz del bajo Marco Mimica, una voz hermosa y poderosa, de igual color y muy extensa,  apropiada para cantar su deseo de Vendetta, si bien le faltara elegancia.  Es con este  personaje representando a Alfonso D´Este con quien la soprano nos exhibiría una voz diferente a la voz elegíaca que había enseñado anteriormente,  ahora su voz  resultaba sólida y sin apenas vibrato.  La voz del bajo resultaba recia y potente como para que la soprano cantara delicado una situación tensa y de menazas respectivas.

En el segundo acto las cuerdas y metales de la Sinfónica de Euskadi junto con el coro nos introdujeron en la oscuridad de la pétrea  escena, únicamente iluminada por la hermosa  aria “T´Amo qual Dama un Angelo”,   que Donizetti escribió para el tenor ruso Ivanov y que Celso Albelo la abordó con exquisitez. Si el tenor expuso una voz de muy bello color y una asombrosa facilidad en la zona alta, si la soprano desbordó en expresividad, si la mezzo actuó perfectamente en lo dramático, el artista local Atxalandabaso se movió como ninguno en escena. Además su voz penetrante sobrevoló todo obstáculo, llegando al protagonismo . Los barítonos José Manuel Díaz y Fernando Latorre son garantía para cubrir papeles que hacen que una obra alcance la cúspide del éxito porque entre otras cosas son necesarios y también se les juzga.  Al respecto, recordemos la escena segunda del segundo acto, en la exaltación que se hace al vino.

El aria final de la soprano, típica del romanticismo y página de lucimiento, cerró una representación de calidad, en la que Elena Mosuc  volvió a demostrar sus dotes dramáticas, su ductilidad vocal y su excelente técnica. El coro de la Opera de Bilbao canta cómodo con el repertorio italiano en general y Donizetti contempla páginas muy bella de conjunto.  Excelente la batuta del maestro Pérez Sierra y excelente una orquesta de medidos acordes en el acompañamiento, obediente a la batuta y paciente ante el tempo pausado que  a veces impuso el director para disfrute del más puro belcanto. Valió la escenografía pétrea y sobria de una ópera que trascurre siempre de noche, valió también  el vestuario, rico  y variado pero quizás algunas inoportunas alegorías distrajeran la atención  hacia el canto.


CANTAR,TRABAJAR,APRENDER

 

 

 

 

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Multitudinario Te Deum de Berlioz

 

TE DEUM de H.Berlioz. Solista :Christian Elsner (T): Thomas Ospital (Org); Orfeón Donostiarra; Orfeón Pamplonés; Eskolanía Easo y Araoz Abesbatza. Orquesta Sinfónica de Euskadi y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección Musical: Victor Pablo Perez. Quincena Donosti 30-VIII-16.

 

Terminó la Quincena Musical a modo de una traca estruendosa con la que suelen  acabar los fuegos artificiales festivos. La megalomanía de Berlioz al requerir dos grandes orquestas y  tres o más coros para la interpretación de su Te Deum, confiere a la obra una gran monumentalidad.

Presenciar en un escenario doscientos ochenta y ocho voces y más de ciento treinta músicos, impresiona y naturalmente crea expectativas. Sin embargo, cuando el sonido de las dos orquestas queda solapado ante el poderío vocal de los coros mayores y cuando las voces más tiernas de los niños apenas se percibe, a esa monumentalidad evidentemente le falta elegancia o una mayor discreción en la línea de canto. Tan solo en la intervención del tenor en su rogativo solo,  “Dignare”, Berlioz aplaca su fuerza musical para dejar en boca del tenor Christian Elsner el único momento de canto piano junto con el posterior pianísimo coral. Un tenor por cierto, cuya emisión gutural le limitaba el acceso a la zona media alta del pentagrama y aunque evidenciaba cierto squillo, su color se afeaba por dicha emisión.

Con el simple y limpio punteo del órgano tecleado por Thomas Ospìtal, el protagonismo recayó en los coros, que como decimos no dejaron apreciar ni matices ni inflexiones pues la fuerza y el volumen imperaban también en las órdenes del maestro Victor Pablo Pérez.

La interpretación del Aita Guría de Madina gustó porque el coro sintió la hondura de la melodía y lo demostró con un canto delicado y susurrante y no tanto por la voz blanca del niño encargado de los solos. No lo decimos por el niño cantor, que lo hizo muy bien, sino porque un rezo se hace más profundo y grave en boca de otra voz más madura.

Finalmente hay que subrayar que gustó mucho el Gernika de Pablo Sorozábal cuya música a modo de marcha estuvo muy  bien cantada y cuya patriótica y un tanto agresiva letra de Nemesio Gimenez levantó más de un ánimo antes de que todos nos pusiéramos en pie con el Agur Jaunak


La coral Andra Mari celebró 50 años

Sinfonía Nº 9 de Ludwing von Beethoven. Solistas: Ilse Earens (S); Marie Claude Chappuis (M); Robin Tritschler (T); Thomas Bauer (BAR). Coral Andra Mari y Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt. Dirección Musical : Philippe Herreweghe. Quincena Donosti 27-VIII-16.

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Efectivamente, el concierto con la interpretación de  la magna obra coral de Beethoven sirvió para que la Quincena homenajeara a la Coral Andra Mari de Rentería por sus cincuenta años de existencia. La efemérides merece la pena ser comentada, pues llegar a medio siglo de vida en el ámbito musical o cultural cualquiera, supone tal esfuerzo que honra ya sea a los fundadores o ya sea a los continuadores.

En cuanto al concierto, hasta la llegada del último movimiento, o sea, el presto final, la figura ágil y de vivo ritmo del maestro Herreweghe marcaba con detalle las entradas de las diferentes familias de la gran orquesta que dirigía. Los ademanes de Herreweghe se hacían llamativos y el sonido del conjunto de la Radio de Frankfurt armonioso y conjuntado. Llegó pues el momento en el que el barítono Bauer entró con el ¡Oh Amigos! en la parte coral propiamente dicha. Se le apreció una bella voz, lo mismo que la del tenor que mostró su gran brillantez. Entre las féminas, apreciamos una voz ligera en la soprano Earens, tal vez demasiado para este movimiento beethoveniano y si bien oscura, no muy potente en la mezzo Chappuis.

De todos modos no es una página en la que apreciar las diferentes voces solistas, sino más bien calibrar la fuerza, los matices y sobre todo el nexo de unión entre las más de ochenta voces de la Andra Mari. La coral de Rentería, dio la impresión de absoluta seguridad y dominio, facilitando la labor del maestro en la dirección y satisfaciendo al público asistente por su calidad vocal.

 

 


UN GRAN CORO ALEMÁN


Original distribución Coral

Requiem de Mozart. Solistas: Lucy Crowe (S); Barbara Kozeij (M); Jeremy Ovenden (T); José Antonio López (B); Akos Acs (Clarinete); Budapest Festival Orchestra y Cpññegium Vocale de Gent. Dirección Musical: Ivan Fischer.Donosto.Quincena Musical 23-VIII-16.

 

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Precediendo al Requiem, el virtuosismo del contrabajo y del clarinetista Akos Acs configuraron lo que sería la primera mitad del concierto. Sobre todo el clarinetista húngaro cuyas variaciones sobre temas conocidos o fragmentos de  ópera mozartianas propició el aplauso general  del público. Si  el contrabajo insertó un breve solo en la interpretación de La Flauta Mágica con absoluta limpieza, el clarinetista rayó en la perfección en su coloratura y jugó con el clarinete con absoluto dominio del mismo.

En la segunda parte del programa el director Ivan Fischer distribuyó al coro de Gent  de  manera que cada dos voces ya fueran sopranos o tenores o bajos se intercalaban entre los instrumentistas formando un grupo homogéneo y rompiendo la estructura formal de un coro tradicional. Esto significó el alejamiento de los instrumentistas hacia los lados y ello unido a que las voces separadas entre sí tenían que cantar más alto de lo que requiere el Requiem, la obra nos pareciera altisonante.  A los solistas los ubicó en una plataforma alta, por encima de la orquesta y si unos alzaban la voz, a los otros no se les escuchaba. La soprano Lucy Crowe por ejemplo careció de gusto en su interpretación y su voz parecía emitida sin control. A la mezzo Barbara Kozeij apenas se le escuchaba, aunque a su favor habría que decir que al menos guardó el estilo. Así mismo, la voz del tenor Jeremy Ovenden se nos hizo demasiado ligera y aunque de bonito color, apenas llegó a oídos de los asistentes.

La sustitución del anunciado bajo Davies por el sustituto Jose Antonio Lopez  nos deparó el punto positivo ya que López posee una voz potente y grata. Digamos para finalizar que la confianza de Ivan Fischer depositada en su orquesta y en el Coro GollegIum Vocale de Gent, al objeto de formar a los intervinientes en la escena de manera tan original, deparó la duda de si valió o no la pena de tal distribución.


El gusto de Carlos Mena y Lluis Villamajó

 

Capilla Santa Maria. Solistas: Carlos Mena (F); Lluis Villamajó (T); Carlos Garcia Bernanlt (clavecín); Susana Garcia de Salazar (piano). Quincena Donosti.22-VIII-16.

 

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Dos voces, la del tenor Lluis Villamajó y otra la del falsetista Carlos Mena se unieron armoniosa y dulcemente en la interpretación de una música plácida y bella que partiendo de Purcell  y teniendo a Ralph Vaugham Williams de puente, terminó en el impactante canto de Abraham e Isaac de Britten.

En gran parte de las suaves y sentidas canciones de Purdell fue el tenor catalán el que empezó  a seducir al auditorio. Su voz, sin la particularidad de poseer una gran squillo o gran volumen ofreció sin embargo el arte del canto a media voz a través de un timbre aterciopelado, una exquisita afinación y un gusto en posesión de muy pocos cantantes.

A su vez, Carlos Mena, el vitoriano falsetista, es decir el cantante cuyo canto se basa en la técnica de la voz in testa, pro en falsete, lució su destreza al interpretar a Vaugham Williams y a Britten. Hace ya tiempo que admiramos el arte de Mena, su rigor y la técnica con la que dominar el campo vocal para poder asemejarse a la voz del antiguo castrato. Apreciamos su limpieza en la coloratura y un envidiable fiato con el que lucir su buen legato.

Por otro lado, no sabríamos distinguir si al canto tan elegíaco y celestial, tan poético y expresivo que se nos ofrecía, le era más acorde el clavecín de Garcia Bernalt o el piano de Susana Garcia Salazar. Todo resultaba conjuntado, estudiado en todos los detalles y nos esperaba aún el final. Un final a dúo, o sea con la voz del tenor y la del falsetista en perfecta unión deleitándonos en la cantata de Britten “Abraham and Isaac”, cruel en su narración bíblica y tan hermoso en lo musical. Pocas veces un auditorio como en este caso el teatro Victoria Eugenia suele quedar tan en silencio y es que en el escenario había cantantes de mucho gusto y expresividad a flor de piel.

 

 


UN BUEN TENOR PARA MARINA

“ Marina “ de Emilio Arrieta- Reparto:  Hejena Orcoyen (s); Julio Morales (t): Javier Galán (bar); Angel  Rodriguez (B); Coro y Orquesta Lirico de Bilbao. Director de Escena: Humberto Fernandez. Director Musical: Tulio Gagliardo. Palacio Euskalduna Bilbao 20-VIII-16.

 

Marina Euskalduna Borja Guerrero

La zarzuela Marina tiene suficientes elementos positivos como para que se ponga en escena durante tres días consecutivos en plenas fiestas de Bilbao. En efecto, el principal atractivo y soporte de la representación resultó ser la voz igual y de bello color tímbrico del tenor Julio Morales.

El cantante santanderino no solo cantó sin mácula y con expresividad, sino que nos atrajo la seguridad de sus agudos, la madurez y compenetración con que expuso a su personaje y como se ha dicho,  nos sedujo sobre todo por la belleza de su voz lírica.

Respecto a su partenaire y protagonista primera de la obra, no pensábamos a priori que la voz de Helena Orcoyen iba a ser tan inapropiada para cantar el rol de Marina. A pesar de su seguridad, valentía y facilidad en el canto, echamos de menos un mayor cuerpo de voz en una Marina con un timbre de voz no tan ligero.  La soprano exhibió sus dotes vocales alcanzando notas extremas que para otras muchas sopranos son impensables, pero eso mismo le impidió cantar con una línea melódica sin altibajos y sin brusquedades. La  joven soprano tolosarra está obligada en su carrera a elegir con cuidado sus personajes y lucirse en el campo de las tiples ligeras o simplemente de aquellas sopranos facultadas para el canto extremo en tesitura muy alta.

El barítono Javier Galán se acomodó muy bien a su personaje y como su voz se defiende perfectamente en zonas complicadas, llegó a lucirse y a unirse con el tenor para gloria de la función.

No así el bajo Angel Rodríguez cuya voz no se llegó a escuchar en la sala con nitidez y que debido a esa falta de potencia t volumen el personaje de Pascual quedó muy marginado.

Un aplauso a la sección masculina del Coro Lírico de Bilbao por sus intervenciones y digamos también que se notó la mano del escenógrafo Humberto Fernandez en la escena.  Se notó la destreza del director de escena en mover a los que pisaron el escenario y su personal aportación en el ámbito del vestuario y de la luz reinante.

Finalmente, digamos que la batuta de Tulio Gagliardo bastó para aunar y para luego ofrecdr una lectura correcta a la bella música que con acierto interpretó la Oruesta , subrayando especialmente la actuación del corno inglés o trompa en su precisa intervención durante  el intermezzo.


Original Escena para Don Giovanni

“Don Giovanni” de Mozart. Reparto: Christofer Maltman (b-bar); José Fardilha (bar); Nicole Cabell (s); Irina Lungu (s); Toby Spence (t); Miren Urbieta (s); Jose Manuel Diaz (bar); Daniel Giulianini (b). Coro Easo y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección MusicaL: Manuel Hernandez Silva. Quincena Donosti 13-VIII-16.

Inevitablemente el ingenio se agudiza cuando aprieta la precariedad. De ahí que la ópera Don Giovanni, anunciada como ópera en versión concierto, se presenciara con sumo agrado al dramatizarla y que el argumento de la acción se viera ubicada y desarrollada  en un escenario especial superpuesto al que ocupaba la Sinfónica de Euskadi. Una magnífica idea que Salva Bolta pensó para mover a los cantantes y que la escena tuviera visos de teatrales.

Vocalmente la representación tuvo también un alto nivel cualitativo, destacando entre los solistas el Bajo-Barítono Christofer Maltman.  Este Don Giovanni cantó con una voz poderosa tanto en la tesitura alta como en la baja y de ahí que se diga que se trata de un Bajo-Baritono,  la voz más apropiada para cantar el papel. Una voz igual y de agradable  color que supo combinar la ligereza del aria Finch é dal vino con la sosegada serenata y los momentos verdaderamente dramáticos. A su lado, el barítono portugués José Fardilha, quien mostró ser un  cantante de voz recia y potente aunque tal vez habría que decir que a su personaje de Leporello y consiguientemente a la seriedad de su voz, le faltara cierta gracia o bufonería.

Las sopranos Irina Lungu y Nicole Cabell compitieron en buena lid y cada una de ellas solventó perfectamente sus respectivos escollos con buenas voces y buen arte. En un plano admirativo muy alto colocaríamos al tenor Toby Spence con sus dos arias cantadas con brillante y bello timbre de voz. En realidad fue la sorpresa de la función dada su elegancia en la línea de canto y la adecuación de la voz al personaje de Don Ottavio. La soprano Miren Urbieta se hace evidente que progresa de día en día y no desaprovechó la oportunidad de interpretar el rol de Zerlina que normalmente se suele adjudicar  a una mezzo. Acompañada de un Masetto experimentado como el baritono Jose Manuel Diaz, lograron alcanzar también ambos ese alto peldaño conseguido por sus colegas de reparto en base a la potente voz de la soprano y a la compenetración con su personaje por parte del baritono vizcaino.

El maestro Manuel Hernandez Silva se ocupó de dirigir la excelente orquesta de Euskadi apostada como se ha dicho en el escenario, a la vista de todos, con gran autoridad y aprovechando el saber y la destreza de sus componentes.tan necesarias para que una ópera de Mozart tan larga y tan variada llegue a buen puerto. En fin, una ópera que no solo superó lo esperado, sino que incluso apuntaría a más de lo mismo como posible solución del apartado económico.


COMIENZA CON BUEN PIE LA QUINCENA

“La Pasión según San Mateo” de J.S.Bach. Solistas: James Gilchrist (t); Stephan Loges (bar); Monteverdi Choir y Escolanía Easo. English Baroque Soloist. Director: Sir Eliot Gardiner. San Sebastián V-VIII-2016

 

Resultó memorable como no podía ser menos, la interpretación de La Pasión de Bach en el auditorio donostiarra para inaugurar la Quincena Musical. Tal como está escrita, el director inglés conformó dos coros separados y aunque en la época de Bach no se permitía cantar a las mujeres en las iglesias, Gardiner sumó a su coro Monteverdi , el adolescente  joven grupo de la Eskolania Easo, que se mostró muy atento y amalgamado. Así dispuesto y con la orquesta English Soloist fundada por el mismo Gardiner a sus pies, el afamado director barroquista fue desgranando la música entorno a los textos bíblicos.

El narrador, James Gilchrist, representando al Evangelista fue el más destacado de los solistas gracias a su voz limpia, a sus inflexiones, a una exposición muy acorde a los sentimientos expuestos en los textos narrados y al mérito de cantar de memoria, sin partitura alguna una obra tan extensa.  No así ocurrió con  el bajo-barítono  Stephan Loges, de quien echamos de menos una voz más grave, recia y capaz de dar mayor solemnidad al papel de Jesús.

Por otro lado y tal vez porque nos hayamos acostumbrado a escuchar la bella aria Erbarme dich mein Gott  ( Apiádate de mi Señor)  cantada por una mezzo,  al escucharla interpretada por un falsetista,  nos pareció que careció de calor y de profundidad dramática.

Todo lo demás resultó espléndido en su conjunto, a gran nivel en elegancia musical, con instrumentistas de gran valía como los dos flautas o la solista de viola de gamba. Las sopranos compitieron entre sí con exquisito gusto y hubo reciedumbre en la cuerda de los graves. A destacar también, el equilibrio vocal entre las más de diez voces solistas que intervinieron  perfecta y elegantemente dirigidas por el maestro Gardiner y que al mismo tiempo formaban parte del coro.

Todo ello dio a entender un profundo estudio, un trabajo previo muy profesional y una batuta de mucha destreza. Un buen comienzo de la Quincena que apunta alto desde su inicio.


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