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Acerca de nino dentici

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Nino Dentici es el crítico musical del diario “El Correo”. Especialista en canto, lleva más de treinta años ejerciendo como conferenciante, escritor y miembro de jurado en Concursos Nacionales e Internacionales de canto. Desde muy temprana edad desarrolló una extraordinaria afición a la lírica dedicándose de lleno a este apasionante arte.

EL «CASERÍO» REMOZADO Y DE NIVEL

“El Caserío” de J.Guridi.  Reparto: Santos Ariño (Bar); Carmen Aparicio (S); Javier Tomé (T); Alberto Núñez (T); Adhara Martinez (S). Coral del Ensanche y Asociación Ballet Olaeta. Orquesta Labayru. Dirección de Escena: Josu Cámara. Dirección Musical: Daniel Garay. Teatro Campos 21-XII-19.

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Rompamos en primer lugar una o un par de lanzas en favor de una Asociación musical como la Coral del Ensanche, único bastión del género de la zarzuela en Bilbao. En efecto, son ya ciento quince años los que lleva la Coral del Ensanche divulgando tanto la zarzuela vasca como el género chico en general , por lo que nos llama la atención el futuro incierto que parece acosarle. Sería inexplicable y hasta absurdo que las instituciones pertinentes, es decir, Ayuntamiento y Diputación, no proporcionaran una razón social para que la agrupación continuara con la labor cultural que ofertan año tras año.

La obra de Jesús Guridi que se representó en el teatro Campos, contó además,  con aportaciones artísticas fundamentales para la consecución del éxito. Por ejemplo, la contratación del tenor Javier Tomé, la cual aportó la calidad de un artista que unió a su corpórea y broncínea voz, la naturalidad y grata presencia escénica. Su famosa romanza “Que veo en Ana Mari” la cantó con expresión, lució un gran fiato y nos deparó un muy difícil filado final con gran suavidad, una particularidad complicada de conseguir en un tenor spinto de robusta voz como es la suya

No le anduvo a la zaga el que es protagonista de la obra, es decir, el personaje de Santi, encarnado por el barítono Santos Ariño. Probablemente sea su papel fetiche, no solo porque el artista vizcaíno domina la partitura y le infiere calidez vocal y  sentido expresivo con una buena línea de canto, sino porque la caracterización que ofrece del personaje  entronca con su propia personalidad  en cuanto a seriedad y aplomo en escena.  A destacar  el hecho de que el centro de  gravedad de su voz ha descendido, de manera que sus notas graves suenan casi como las de un bajo.

La formalidad escénica también se reflejó en la soprano Carmen Aparicio al mostrarnos una Ana Mari siempre recatada, formal y sin concesiones de otro tipo. Una vez más cantó con su agradable voz, sin mácula en las nota graves, en las que incluso se sintió cómoda. Finalmente, a destacar el trabajo tan completo de Alberto Núñez en su papel de Txomin, con gracia en escena y  con su  habitual musicalidad y línea de canto.  Hubo un cierto desequilibrio con su pareja en escena, Adhara Martinez,  la cual encarnó a “Inosensia” lejos de un claro canto y limpio fraseo. La inclusión del ballet Olaeta trajo la consecución de una romería de calidad y finura, que el maestro Daniel Garay aprovechó bien para dirigir a la Orquesta Labayru.


Inquebrantable cita navideña

Concierto Lírico. Solistas: José Antonio Urdiain (T); Marta Ubieta (S); Pablo Almarales (piano);Jon Thate (flauta); Alberto Saez (piano),Sala Filarmónica.Bilbao 20-XII-19.

 

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Con la recientemente remozada sala de la Filarmónica, asistimos a la fiel cita que el tenor bilbaíno José Antonio Urdiain  ha convertido en  obligada en estas fechas.  Para la ocasión, su abanico programático de arias, dúos y romanzas, no solo ha tenido la siempre atractiva y fundamental compañía de la soprano Marta Ubieta, sino que se ha querido rodear de más artistas. Probablemente  esto último  motivó en esta ocasión que la longitud de los intervalos  entre cada actuación nos pareciera exagerada.

 

Por otro lado, en su generosidad, el tenor vizcaíno cedió parte de su protagonismo  sobre todo a uno de los invitados.  Se trataba del pianista colombiano Pablo Almarales, quien nos deleitó con un delicioso  conjunto de “Aires Colombianos” que también sirvieron para animar la velada.  La limpieza y destreza al teclado de este artista se vieron acompañados por la clase del  joven flautista Jon Thate que repetía actuación y el acompañamiento general del pianista Alberto Sáez. Como sucedió el año pasado, no faltaron las arias sobresalientes en su ejecución tanto de la soprano Marta Ubieta con su  “O Mio Babbino Caro” de la ópera Gianni Schicchi de Puccini,  como la napolitana  “Vorrei Morire” de Tosti que el tenor Urdiain  cantó con entrega y sentimiento, es decir, admirablemente.

 

No faltaron a la cita algunas de las más conocidas piezas navideñas  ni  el famoso “Ator,Ator” que el público que abarrotaba la Filarmónica acompañó con énfasis. Una divertida velada que, incluso se podría mejorar procurando una mayor agilidad al ritmo en general. Son ya veintidós conciertos los celebrados y esperaremos con gusto al veinticinco aniversario.


ODA A LA ALERGRÍA EN NAVIDAD

Concierto de la BOS. Solistas: Milan Silijanov (B); Miriam Mesak (S); Sofia Pavone (M); Richard Cox (T): Coral de Bilbao. Obras de Arnold Schoenberg y Ludwig van Beethoven. Dirección: Erik Nielsen.Palacio Euskalduna 19-XII-19.

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Tras los breves arpegios y pizzicati de las cuerdas, la hermosa voz del bajo Milan Siljanov nos introdujo en la obra de Schoenbertg  titulada “Un Superviviente de Varsovia”. El bajo-barítono suizo no sólo enseñó un fraseo limpio en su recia y potente voz, sino un timbre grato y con suave velluto. Cubrió el rol de narrador, arropado por el coro de hombres.

 

En cuanto al coro, en este caso, la Coral Bilbaína, entró a cantar en la sección final al entonar al unísono la oración judía. Con apenas una decena de minutos de duración en una música dodecafónica, el recitado del solista dio paso sin corte a la Coral de Beethoven. El efecto causado por el modo de unir ambas obras sin apenas interrupción, fue interesante y el maestro Nielsen abordó la dirección de la Novena dando paso a contrabajos y chelos que marcaron con intensa gravedad el inicio de la Sinfonía.

 

El director logró el ansiado volumen general  que requiere la obra y encontró el perfecto equilibrio entre la liviana intensidad y los pianissimi de los primeros movimientos hasta la llegada del Bajo-Barítono al entonar  “Amigos no en esos tonos…”. El coro en pleno y un todo de orquesta, ejecutó  la “Oda de la Alegría” y la percusión ayudó con su potencial  a elevar la emoción. El canto de este último movimiento contó con las voces de la soprano ligera Miriam Mesak, la mezzo alto Sofia Pavone y el tenor de emisión un tanto gutural Richard Cox, además del ya mencionado Milan Silijanov. El coro, con el bien marcado ritmo del himno y la precisa intensidad, intervino con homogeneidad y belleza. A la reciedumbre del sector masculino en la obra de Schoenberg   y a su potencia, la sección femenina, sobre todo las sopranos, respondieron con seguridad y sin ahogos en  lo alto de la tesitura. Con la propina “Ator,Ator”, la Sinfónica de Bilbao y la Sociedad Coral daban la bienvenida a las fechas navideñas en el concierto anual .

 


EXHIBICIÓN CORAL EN JERUSALEM

“Jerusalem” de G.Verdi. Reparto: Rocío Ignacio (S); Jorge de León (T); Michele Pertusi (B); Pablo Galvez (Bar); Fernando Latorre (Bar); Moisés Marin (T);Deyan Vatchkov (B); David Lagares (B);Alba Chantar (S); Gerardo Lopez (T). Coro de la Opera de Bilbao.Orquesta Sinfónica de Euskadi.Dirección de Escena: Francisco Negrin. Dirección Musical: Francesco Iván Ciampa. Bilbao.Palacio Euskalduna 16-XI-19.

El estreno en Bilbao de la “Jerusalem” verdiana, transcurrió dentro de un túnel. El simbolismo de ese entubado escenario parece ser que quería reflejar el infierno dantesco en las cruzadas de la Edad Media El interesante estreno en Bilbao de esta revisión francesa de “I Lombardi” de la que adopta algún dúo, una marcha, el aria de tenor y un ballet que no se llevó a cabo, se encontró con el escollo de la escasez de producciones. Se optó por la producción berlinesa de esta ópera. Se podría decir que en su resultado final, no es que se desvirtúe el argumento, pero sin duda hay una desnaturalización por su excesiva modernidad escenográfica y la confusión que causa su anodino vestuario. Afortunadamente y en desagravio, el conocido director Francesco Ivan Ciampa supo leer y transmitir la música que en realidad sonó al Verdi italiano, tan querido por el coro y lejos del estilo francés.
El maestro Ciampa resaltó con claridad el sonido de los metales, (bien vale un aplauso al solista trompeta de la ESO), cuidó la intensidad de la música en bien de las voces e hizo que el coro lograra uno de sus mayores éxitos como auténtico protagonista. En efecto, la agrupación bilbaína no halló dificultad en el idioma y como la música llevaba intrínseco el aroma verdiano, (recordando también Nabucco) y la dirección era muy clara, el coro cantó con fluidez, con bello color y empaste.
Por otro lado, conocíamos a Rocío Ignacio, artista más familiarizada con roles menos épicos que el de la Helene de esta obra. Su voz potente y bien timbrada resolvió bien sus andanzas por una tesitura siempre endiablada y su entrega al personaje fue encomiable, tanto que se prestó a la absurda aparición en escena en dos piezas con absoluta desinhibición. Si cupiera algo negativo en su completa actuación, diríamos que esa misma voz, a veces y al exigirle tensión, resultó algo estridente en su deseo de otorgarle el dramatismo que también conlleva el papel.
Al tenor canario Jorge de León así mismo le tocó andar por los suelos ya sea arrodillado o tumbado como a todos. Únicamente su voz de tenor spinto con penetrante squillo se alzó y caminó con seguridad por los escollos de un papel exigente como es el de Gaston. Nos deparó una excelente aria “Je veux encore entendre” (en la ópera I Lobardi “La mia Letizia infondere) con un grandioso agudo final, lo cual es muy meritorio y no tan frecuente al ser un tenor heroico. Formó una verosímil pareja con su partenaire sevillana y eso es esencial, como se sabe, para proporcionar realismo teatral. En la brillante voz del tenor canario tan solo echamos de menos algo más de canto a media voz.
Mención especial mereció la labor del bajo Michele Pertusi, en realidad, un bajo-baritono, porque su extensión vocal abarca notas altas de barítono y sus graves son sonoros en una voz de grato e igual color tímbrico. Tanto vocal como teatralmente fue el más sobresaliente y acaparó la escena cada vez que comparecía en ella. En el apartado del resto de los personajes, ni la voz de Pablo Galvez quien encarnó al conde de Toulouse, ni la de Deyan Vatchkov en el del Emir, dejaron impronta de interés. En cambio, siempre es garantía musical la participación del barítono Fernando Latorre y habría que añadir en ese apartado vocal, la colaboración del tenor Moisés Marin y la soprano Alba Chantar. En definitiva, un correcto estreno en el que tuvo mucho que ver el gran maestro de ópera Francesco Ivan Ciampa al mando de la Sinfónica de Euskadi, un gran Bajo-Barítono como demostró ser Michele Pertusi y la compenetración en escena y las generosas voces de Rocío Ignacio y Jorge de León


UN VARIADO Y ATRACTIVO CONCIERTO

“Himnos Corales” de Gustav Holst; “ Zuhaitz” de Gabriel Erkoreka y “Los Planetas” de Gustav Holst. Intérpretes: Vocalia Taldea;  Kalakan y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección Musical: Juanjo Mena. Bilbao Palacio Euskalduna 8-XI-19

                                          

El grupo coral femenino Vocalia, con su multicolor atuendo, inició cantando en inglés a Varuna, un dios hindú al que se le consideraba un dios del cielo o dios de la lluvia, en un aspecto más o menos negativo, ya que formaba el caos del cielo, al crear lluvias, tormentas, rayos y truenos. Vocalia Taldea cantó a modo de ruego a ese dios con ondulante línea de canto, lleno de delicadeza en los primeros movimientos para depararnos a media voz y susurrante el canto fúnebre final. En todo momento mostró una gran conjunción, una gran belleza  y finura en su línea de canto. Una sedosa finura de absoluto control en la intensidad al intervenir también entre bastidores en el final de la obra Los Planetas de Holst. La Orquesta Sinfónica de Euskadi reestrenó en Bilbao la obra ‘Zuhaitz’, de Gabriel Erkoreka, tres años después de que se estrenara en Madrid en marzo de 2016. El título hace alusión de una manera genuina a los sonidos que resaltan por medio de los instrumentos de madera. Sonidos que están presentes a través de la ‘txalaparta’, instrumento de percusión representativo de la ancestral cultura vasca. El grupo Kalakan, especialistas en este tipo de instrumentos autóctonos demostró su dominio no solo en la técnica del manejo de la txalaparta y otros instrumentos de percusión tradicionales vascos, sino su nexo de unión con la orquesta.  El trío francés que utiliza la palabra Kalakan, sinónimo de berriketan, que en vasco significa “Charlando” consiguió un ritmo melódico moderno, incluso cantaron con absoluta afinación y gusto una tradicional canción vasca, con variante ritmo y “tempo”. Finalmente el concierto deparó una música que nos hizo viajar a través de los siete planetas que musicó Gustav Holst en los que junto al trabajo exigido a las trompas, trompetas y tambores, el compositor inglés plasmó la quietud con el corno y el estruendo  y consiguiente baile en su atril del maestro Mena. Como se ha dicho con anterioridad, Juanjo Mena llevó a voces y orquesta hasta el pianísimo más sutil al finalizar la obra.


ODA AL BELCANTO

“Lucia di Lamermoor” de G.Donizetti.Reparto:Jessyca Pratt (S); Ismael Jordi (T); Juan Jesús Rodriguez (BAR);Marko Mimica (B);Juam José de León (T);Maite Maruri (M);Gerardo López (T). Coro de la Opera de Bilbao.Orquesta Sinfónica de Euskadi.Dirección de Escena: Lorenzo Mariani.Dirección Musical: Riccardo Frizza.Palacio Euskalduna 19-X-19.

Lucia di Lammermoor

Entre luces y sombras, entre odios y desamores propios del más puro romanticismo y  captados perfectamente por la coproducción presentada, se enmarcó el excelente estreno de la temporada bilbaína con la donizetiana “Lucía di Lamermoor”. Una ópera que ante todo requiere una orquestación sabiamente escogida para reforzar el cariz trágico de la historia. De dar buena cuenta de esa orquestación se encargó el maestro Riccardo Frizza al mando de la Sinfónica de Euskadi. El director italiano subrayó los momentos líricos,  luego, no solo se detuvo en el cromatismo de la partitura, sino que disfrutó del ritmo, de ese tempo pausado, de los silencios en bien de un canto hermoso y efectista.

Pero por encima de esa línea melódica, la sala se llenó de adornos vocales y en el caso que nos ocupa, es decir en el protagonismo de la artista inglesa Jessyca Pratt encarnando a Lucia, tuvo lo que hay que tener de necesario en lugar de algo puramente espectacular. Cierto es que la partitura permite pasajes ad libitum, pero la admirable soprano inglesa acertó en la elección de la coloratura, muy acorde con sus ademanes dramáticos.  El canto de su escena de la locura contó con la rareza de que estuvo acompañado de la armónica de cristal o “armonica a bicchieri”  que Donizetti no pudo emplear en el estreno por falta de alguien que la supiera tocar y que tan acertadamente busca el efecto de la alucinación. La bella voz de la soprano se escuchó en silencio sepulcral, con el público entregado al arte  y a la pasmosa seguridad técnica que atesoraba y con la que hizo una oda al belcanto.

El jerezano Ismael Jordi, a quien todavía recordamos en su elegíaca aria “Kudá,Kudá” de la ópera Eugene Oneguin, cantó como siempre con mucho gusto. Interpretó con delicadeza y elegancia su aria “Tombe degli avi miei” y sobre todo su voz clara y limpia se abrió paso en la partitura como un estilete en el ascenso hacia notas altas en el aria final de su muerte. Ismael Jordi volvió a dejar en Bilbao la clase de un artista pródigo en elegancia canora.

Completó el trío principal el barítono Juan Jesús Rodriguez. Sobre él, se puede decir que se trata de uno de los barítonos líricos más solventes de hoy en día. La voz del  artista onubense no solo posee terciopelo, sino que recorre sin mácula las notas altas. Si añadimos que su canto es siempre seguro, que no le cambia su atractivo color y que teatralmente es convincente, queda todo dicho. Por otra parte, es justo que en el triunfo general citemos al coro, un conjunto que cambie o  releve a sus miembros, sigue con paso firme la disciplina de Boris Dujin. El conjunto bilbaíno se mostró brillante en todo momento y muy natural en escena.

Siguiendo con los solistas, nos pareció un tanto abierta la manera de cantar del bajo croata Mimica, tal vez le faltó matiz  en el fraseo y exageró un tanto en la intensidad. Su voz sonó poderosa si bien no nos pareció del todo bien recogida y emitida. Sobre la mezzo Maite Maruri no caben sino halagos tanto por su potente voz como por su naturalidad en la escena. Nos alegramos de que comparezcan voces del lugar y estas rindan como en el caso de esta bilbaína. En definitiva, un comienzo de temporada de alto nivel, de belcanto en mayúsculas,basado en un trío solista admirable, en una gran dirección, una gran orquesta y el marco escénico amplio, sombrío y que contempla perfectamente aquella época escocesa.


ENTRE LO ABSURDO Y LO CARICATURESCO

La Opera de cuatro notas de Tom Johnson. Reparto: Miren Urbieta (S); Marifé Nogales (M); Beñat Egiarte (T); Fernando Latorre (Bar); Pedro Llarena (B); Piano ; Pedro José Rodriguez. Dirección de Escena: Unai Gonzalez. Dirección Musical: Arkaitz Mendoza.Quincena Donostiarra, Tabacalera 25-VIII-19-

                                  

La idea del norteamericano Tom Johnson, autor de “La ópera de las Cuatro Notas”  consiste en centrar la partitura musical en solo cuatro notas musicales. Naturalmente sobre ellas construirá cambios de octava y variaciones que conformarán una partitura y con el único sostén del piano, instrumento que guiará el desarrollo musical de la obra. En parte absurda y en parte con un claro matiz caricaturesco y satírico, la obra desprende humor, porque de la caricatura es lógico que resulte una bocanada de aire fresco humorístico. Tal vez buscara también la desacralización de la ópera en general, dadas las muchas referencias a títulos operísticos, siempre en clave de humor. La producción en colaboración entre Tabacalera y Quincena contó con el texto en un euskera perfectamente recitado por los solistas. El argumento  se centró en una especie de ensayo lírico en el que tienen lugar los típicos tópicos operísticos. Otra faceta a subrayar es la finalidad educativa que deparó y algunas las nítidas explicaciones musicales que reflejó. Lo interesante al final es que entre bromas y críticas satíricas, a los intervinientes se les escuchó cantar, además de actuar. En el aspecto estrictamente canoro sobresalió la soprano Miren Urbieta con unos largos minutos de canto coloratura y agilidad y limpias escalas. En el aspecto teatral, destacaríamos a la mezzo Marifé Nogales, muchas veces el eje de la escena y la alegría teatral de sus compañeros. Cantó lo bien que ella sabe en todo momento y  las diez variaciones a dúo con la soprano, resultaron un fragmento muy musical y compenetrado. Al barítono Fernando  Latorre, le correspondió la simulación de cantar una monótona larga aria, tanto que se puso a leer una revista y a dormitar mientras le podía la monotonía. El joven tenor Beñat Egiarte cumplió perfectamente con su cometido y hasta imitó a Madame Butterfly clavándose una gran daga porque el músico no le hizo partícipe de un concertante. La aparición de improviso del bajo Pedro Llarena, nos reveló la gravedad y sobriedad con llas que interviene esa voz en la ópera en general y con paso lento y místico paseó por el pasillo cual Felipe II en la ópera  Don Carlo de Verdi. Mucho de esa sonrisa y risa abierta que reinó en la sala se debió a la dirección de Arkaitz Mendoza y felicitemos entre paréntesis el mamporreo  obligado de Pedro José Rodriguez al piano.


UNA GRAN ORQUESTA

Quincena Donostiarra. Opera en versión Concierto «El Castillo de Barbazul»de Bela Bartok. Solistas: Rinat Shaham (M); Mikhail Petrenko (B). Obras de Maurice Ravel,Pablo Sorozabal
Andra Mari Abesbatza y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección Musivcal :Robert Treviño. Kursaal.San Sebastian 24-VIII-19
                                            Orquesta Sinfónica de Euskadi / Coro Andra Mari
Tan solo un atisbo de confusión al inicio, porque el programa de mano indicaba que iba a ser Ravel quien abriera el concierto. No hubo más problemas ya que las canciones populares con aire de pasacalle como Kathalin, la más el elegíaca como Kun Kun o la Sorgin Dantza del akelarre sin confusión  llevaban el sello musical nacionalista de Sorozabal y no el aire impresionista de Ravel que vendría a continuación.Fue en esta primera parte donde intervino la Coral Andra Mari Abesbatza de Rentería, ya que en  la segunda parte el concierto se centraría en la ópera de Bela Bartok. Desde la primera lectura realizada por el bajo Mikhail Petrenko, pudimos adivinar el terciopelo de su voz. Cantó de manera recia, algo estático e impertérrito, pero con el color vocal adecuado para un rol misterioso y una partitura que exige reciedumbre. Controló bien la intensidad y al final, al desvelar el misterio de las esposas se introdujo en el cromatismo y la riqueza de la obra. La voz de la mezzo Rinat Shaham no nos pareció voluminosa pero sí expresiva. Cantó con mucha intención y su voz de color oscuro y ademanes teatrales nos sirvió para imaginar el desarrollo del argumento. Suplió a veces esa falta de volumen frente a la grandiosa orquesta con gestos acordes a lo cantado. Una encomiable labor la de la mezzo. Por otro lado, la lectura que propició con nitidez la Sinfónica de Euskadi, se debió en primer lugar a la labor cuidadosa a base de silencios y paréntesis musicales efectistas ordenadas por el maestro Treviño. La orquesta describió perfectamente las situaciones que se van creando, el enigma de las puertas cerradas y a falta de escena, nos tradujo con claridad el significado de la historia.Tras la cuarta puerta con intervención directa del corno y la melodía que entraña la descripción del jardin, la obra adquirió la fuerza y el brillante color que le otorgan las trompas, trompetas y la percusión en general, en una última parte fulgurante, cortante y trepidante que Roberet Treviño supo magnificar. A continuación vendría la calma musical, tras la entrega y sumisión primeras de Judith, la consecuencia prevista, ella va muriendo con la música entre neblinas.

BAJANDO DE NIVEL

Album de Zarzuela.Solistas: Lorenzo Moncloa (T): Gabriel Blanco (T): Luis Albeeto Giner (T): Hevilla Cardeña (S): Mariana Isaza (S): Coro y Orquesta Lirica. Dirección de Escena: Lorenzo Moncloa. Dirección Musical: Cesar Belda. Palacio Euskalduna.Bilbao 15-VIII-19

                                 

Se hizo notorio que la reposición de la zarzuela de las fiestas bilbaínas no contaba con el apoyo económico suficiente. Primero porque la función se desplazó a una sala menor debajo del auditorio, lo que evidencia una presunta bajada en los asistencia y en segundo lugar y naturalmente motivado por ese factor económico, la calidad del llamado Album de Zarzuela de este año no tuvo nada que ver con los años precedentes. La voluntad y la afición son cualidades esenciales en el campo artístico y en el deseo de ofrecer arte,  pero si no se cuenta con un elenco satisfactorio de solistas, un coro de mayor número y atractivo y una orquesta que supere la docena como la que se apostó en el escenario, es difícil que convenza, al menos que convenza al respetable. Ganar tiempo en gags y chistes no entra en la seriedad de una antología de zarzuela y tampoco habría que recurrir a que cante el público la consabida “Ay Ba, Ay Ba, ay Babilonia que mareas”  u otras romanzas parecidas como si estuviéramos en un “vaudeville”. Nos queda la duda de si merece la pena seguir en esta línea o por el contrario retomar la dignidad del género tras lograr un par de patrocinadores. Lo dicho, se bajó de nivel en  cuanto a ubicación y se bajó de nivel en cuanto a calidad.


VEROSIMIL REALISMO OPERÍSTICO

Madame Butterfly de G.Puccini. Reparto: Ainhoa Arteta (S); Marcelo Puente (T); Cristina Faus (M); Gabriel Bermúdez (Bar); Francisco Vas (T); Isaac Galán (bar); Fernando Latorre (Bar); Ana Cristina Marco (S), Easo Abesbatza y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección Escénica: Emilio López. Dirección Musical: Giuseppe Frizzi. Auditorio Kursaal. Quincena Donostiarra 13-VIII-19-

                                              Ainhoa Arteta protagoniza Madama Butterfly de Puccini.

Pocas veces se ha visto el escenario del Kursaal donostiarra  con la amplitud y sencillez mostradas en esta ópera de Puccini. Sin apenas atrezzo, con un cuidado cromatismo luminotécnico y la inserción de fotogramas y videos que ayudaban a ensoñar vivencias, la producción del palacio de Les Arts valenciano satisfizo plenamente. Tal vez hubiera que interpelar artisticamente a Emilio López el hecho de que cortara la escena del bello canto coral a “Bocca chiusa” y en su lugar nos ofreciera el baile de Loie Fuller, aquella bailarina norteamericana precursora de Isadora Duncan aleteando cual mariposa en medio del escenario. En el apartado musical. El maestro Giuseppe Frizzi al mando de la Sinfónica de Euskadi, completó una soberbia actuación, matizando con belleza la lectura de la partitura y ofreciendo a lo largo del tercer acto la fuerza y la pasión requeridas. Por ello, es difícil que una puesta en escena con la base musical asegurada y con una producción clásica y verosímil no resulte un éxito. La representación podría haberse escorado si los solistas hubieran tropezado con algún que otro escollo, pero como además ese campo del  canto discurrió por los raíles del  buen hacer, se asistió a una representación muy correcta. La soprano Ainhoa Arteta nos trazó dos facetas de la protagonista que encarnaba. En el primer acto, se inmiscuyó en la juventud de la ingenua japonesita y no hay más que recordar la manera como cantó y dijo la frase “Amadne por favor”, con la voz controlada y coloreándola como si fuera una niña. Cuando Cio Cio San se convierte en madre, la soprano guipuzcoana se convirtió en Turandot, en el  sentido de dominadora de la escena y diosa teatral. Tras cantar la famosa aria “Un bel di vedremo” magistralmente, sobre todo en las” liaisons” de una frase con otra, el control sonoro y la intencionalidad en lo cantado, Ainhoa Arteta se lanzó a tumba abierta a lo pasional, a lo teatral, al realismo que ella siempre da a conocer con su amplia y poderosa voz y dando con todo ello un realismo muy verosímil.  Su partenaire, Marcelo Puente enseño una voz de tenor spinto, es decir, una voz corpórea, esas voces que emiten de “bostezo”, voces que no abundan por su pesadez y la dificultad en el manejo técnico.  El tenor argentino está recorriendo los teatros principales con papeles para el estilo de su voz, o sea, roles para voces heroicas y cumplió perfectamente con el cometido de abordar el personaje de Pinkerton. Nos gustó mucho la mezzo Cristina Faus, no sólo porque su actuación dramática al asumir perfectamente  a una servidora japonesa fue de mérito, sino por su canto sonoro y  el color apropiado para contrarrestar la de la soprano en el famoso dúo de las flores. Al  barítono Gabriel Bermúdez que encarnó al cónsul  Sharpless le costó exteriorizar la sonoridad de su voz, pero a pesar de ello se le escuchó bien. Desde el punto de vista dramático, cumplió con la seriedad del personaje sin aspavientos. Los habituales Francisco Vas y Fernando Latorre aportaron su saber en lo escénico y en lo canoro y compartieron escena con Isaac Galán y Cristina Marco. En suma, una representación muy realista, gracias a la creación del ambiente, una música bien ejecutada y el saber teatral de la protagonista.


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