Archivo de la categoría: Críticas

BENVENUTO CELLINI

 

BERLIOZ EN ROMA

 

Ya que por falta de tiempo no pudimos acudir a un evento tan especial como la representación de la ópera Benvenuto Cellini de Berlioz en el Liceu de Barcelona, nos trasladamos al teatro de la Opera de Roma para presenciar una nueva producción de la misma, firmada por la ENO londinense y la Opera Nacional de Amsterdam.  No se trata de una obra lírica que se presencia habitualmente y tanto por su dificultad escénica como por la variedad y calidad de los cantantes que requiere, se hace muy atractiva.  Este  “Benvenuto Cellini” cantado en francés atesora una música brillante, unas arias de gran ingenio melódico y sobre todo unos coros que en el número de miembros que lo forman  y en la calidad que han de tener y la dificultad vocal que han de superar, están obligados a mantenerse a gran altura a lo largo de toda la obra. Tanto es así, que se convierten en unos protagonistas más y bajo las órdenes del regista  Terry Gillian se movieron y actuaron en escena  con absoluto dominio en cada situación, dejando para el final de obra una composición estética fastuosa de la fragua del gran orfebre italiano al fundir a su Perseo. En el foso una gran orquesta como es también la del propio teatro, dirigida por Roberto Abbado, sobrino del gran desaparecido Claudio Abbado No en vano se trata además de una ópera de larga duración que no llega a alcanzar el estilo de la llamada “Grand Opera” porque le falta tan solo el ballet. Del reparto individual canoro se distinguieron varias voces aunque el denominador común radicó en el equilibrio general. En primer lugar, destaquemos al tenor norteamericano John Osborne quien encarnó el rol protagonista de Benvenuto Cellini. Es un cantante de voz de bello color, no es muy corpórea  ya que es más bien lírica y no tan spinto, pero tiene tanta facilidad en superar difíciles escollos en  el registro alto, que parece cantar fácil lo que es difícil para la mayoría. Además, cantó  con gusto, atractiva media voz y se lució en el ámbito de la dulzura y su buen gusto nos dejó embelesados al cantar su aria “Sur les monts les plus sauvages”  en la que explayó un abanico de filados, diminuendi  y agudos con gran arte. La soprano  Mariangela Sicilia cantó rebosante de voz y con una actuación muy natural y la mezzo Vardhui Abrahamyan, la cual encarnó el papel masculino de Ascanio, se llevó una cerrada ovación por su pegadiza aria. Citemos finalmente al bajo Marco Spotti el cual interpretó al Papa Clemente VII  con voz recia y de solemne gravedad y  con ello completamos el soporte  vocal de una obra de gran complejidad escénica y  de variada temática musical. Una obra que estando coproducida es lógico pensar que en adelante viajará por varios teatros, sin duda   para satisfacción del aficionado.

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LA PASIÓN DE GARDINER EN PAMPLONA

“La Pasión según San Mateo” de J.S.Bach. Solistas: Mark Padmore (t); Stephan Loges (bar); Hannah Morrison (s); Monteverdi Choir y Escolanía del Orfeón Pamplonés. English Baroque Soloist. Director: Sir Eliot <Gardiner. Pamplona.13-III-16
Como acontecimiento llegó y con pleno éxito  marchó la versión ofrecida por el especialista Gardiner dela espiritual Pasión según San .Mateo de Bach. Tal como está escrita, el director inglés conformó dos coros separados y aunque en la época de Bach no se permitía cantar a las mujeres en las iglesias, Gardiner sumó a su coro Monteverdi , el femenino  joven coro del Orfeón Pamplonés, que se mostró muy atenta y amalgamada. Así dispuesto y con la orquesta English Soloist fundado por el mismo Gardiner a sus pies, el afamado director barroquista fue desgranando la música entorno a los textos bíblicos. El narrador, Mark Padmore, representando al Evangelista fue el más destacado de los solistas gracias a su voz limpia, a sus inflexiones, a una exposición muy acorde a los sentimientos expuestos en los textos narrados y al mérito de cantar de memoria, sin partitura alguna una obra tan extensa.  No así ocurrió con  el bajo.barítono  Stephan Loges, de quien echamos de menos una voz más grave, recia y capaz de dar mayor solemnidad al papel de Jesús. Por otro lado y tal vez porque nos hayamos acostumbrado a escuchar la bella aria Erbarme dich mein Gott  ( Apiádate de mi Señor)  a una mezzo o , la versión ofrecida por medio de un falsetista  nos pareció que careció de gravedad y de profundidad dramática. Todo lo demás resultó espléndido en su conjunto, a gran nivel en elegancia musical, con instrumentistas de gran valía como los dos flautas o la solista de chelo y sobre todo, gracias a un equilibrio vocal entre las más de diez voces que intervinieron  individualmente y al mismo tiempo formaban parte del coro. Todo ello dio a entender un profundo estudio, un trabajo previo muy profesional y una batuta de mucha destreza.

Mendelssohnn cerró el maraton musical

Musika—Música- “Sueños de Una Noche de Verano” de F.Mendelssohnn. Reparto: Teresa Berganza (narradora); Lydia Teuscher (s); Eva Gogel (m); Coral de Bilbao y Musicus Koln. Orquesta Filarmonía de Galicia. Director: Christoph Spering. Bilbao 6-III-16.
Muchos de los movimientos  puramente instrumentales como la Obertura, el Intermezzo,  son piezas que suelen escuchar en conciertos y con  mayor frecuencia por supuesto, la Marcha Nupcial. Lo cierto es que la obra de Mendelssohnn apenas contiene parte cantada y el predominio de la voz tan solo concierne a la narración de la trama inspirada en la obra de Shakespeare. Hasta la pieza número tres que se conforma con el dúo de soprano y mezzo no hay canto y a lo largo de un buen número de fragmentos el coro se mantiene sentado al fondo del escenario esperando aparecer con su canto pizzicato tras el número de la danza. Breve intervención pero efectista ya que el binomio de la Coral bilbaína y la de Colonia entremezclados, supieron reflejar ese efecto  elegante. Además de la soprano Lydia Teuscher y de la mezzo Eva Vogel,  a la que por cierto ni se le pudo apreciar la voz que tenía, la narración o papel protagonista corrió por cuenta de Teresa Berganza. La que fuera una muy grande mezzo española compareció inquieta, jugando con su banda encarnada que se le caía del hombro y gesticulando en todo momento, lo bueno es que leyó con gracia, con el arte que un día no lejano lo hacía con su bella voz. A destacar la masiva afluencia este año de un espectador ávido de acontecimientos musicales a buen precio y de calidad.

CUATRO LIEDER PARA UNA GRAN INTÉRPRETE

Musika—Música. Misa de Schubert con el coro Musicus Koln y dirección de Christoph Spering. Lider Canto del cisne con la mezzo Elena Grajera y Cuatro últimas Canciones de Richard Syrauus con la soprano  Hanna Elisabeth Muller y la dirección de Rossen Milanov. Palacio Euskalduna 5-III-16.
Con un  coro ya conocido por su disciplina demostrada en anteriores ediciones como el Musicus Koln del maestro Spering, se inició la segunda jornada musical en el palacio Euskalduna.  Desde el inicio del íntimo Kirie de la Misa de Schubert, el conjunto se explayó en toda su dimensión sonora al llegar el Gloria, demostrando así que treinta voces bien amalgamadas también pueden sonar con estruendo. La labor de los solistas es mucho menor que la del coro ya que su participación es al mismo tiempo y lo mismo  y además con escaso lucimiento. El Benedictus aportó serenidad, así como el final, la cual transcurrió en un clima apacible como se requiere. A media tarde la mezzo pacense Elena Grajera abordó una serie de lieder acompañada de su habitual pianista Antón Cardó.  Enseñó una voz de color cercano a la de soprano y por ello echamos en falta el calor y la profundidad propias de la mezzo para el ciclo que cantó eso sí, con limpieza en el fraseo. Sería a última hora de la tarde cuando disfrutaríamos de lo mejor a cargo de la soprano Hanna Elisbeth Muller. Previamente, la Orquesta del  Principado de Asturias dejó firme huella de su clase al  ejecutar maravillosamente el Poema Sinfónica que narra las vicisitudes del personaje folklórico alemán llamado Till Eulespiegel. Tal vez lo más acertado en lo que se ha presenciado  hasta ese momento en el Euskalduna sucedió en la interpretación de las Cuatro Últimas Canciones de Richard Strauss a cargo de la soprano alemana. Gracias a una voz de bello color, a su control y dominio vocal, a su perfecta programación respiratoria y a su elegancia en la media voz, su versión de los lieder fue perfecta.  Cantó acorde al estilo que se debe y si pareció que no poseía potencia, no era necesario porque la muerte cercana necesita de un canto sereno y tenue.

Se Inicia Musika-Música

MUSIKA—MÚSICA 2016. José Antonio López (bar) y Rubén Fdez.Aguirre (piano). “La Bella Molinera” de Franz Schubert. MUSIKA—MÚSICA: Olatz Saitua (s); Ainhoa Zubillaga (m); José Luis Estellés (clarinete) y Francisco Poyato (piano), Lieder de Mendelssohnn, Scubert, Wagner y Strauss.
De entre la variedad ofrecida en el maratón musical de estos días en el Palacio Euskalduna, nos acercamos al ciclo de lieder “La Bella Molinera” cuyas letras se basan en poemas de Willhem Muller. Poemas individuales narradoras de la naturaleza y luego de triste presagio en contraposición al primer gozo. Con un claro y bien pronunciado alemán, el barítono José Antonio López desgranó paulatinamente y en diferentes tiempos e intencionalidad,  la esencia de los lieder con gran arte. Su voz, recia y poderosa recorrió con fuerza y otras veces con la suavidad requerida los diferentes poemas  compuestos por  Schubert. Utilizó su voz convenientemente en limpio recitado así como en el legato y tras reflejar con mucho gusto la conversación entre el molinero y el arroyo, terminó con control y gran finura la canción de cuna. Un pequeño descanso sirvió para prepararnos e introducirnos en la sala donde la soprano Olatz Saitua y  la mezzo Ainhoa Zubillaga interpretarían  varios lieder. Un par de ellos de Mendelssohnn a dúo, con un resultado fino y armonioso. La soprano puso la alegría, la ligereza  en los lieder que interpretó gracias no sólo al carácter de la música, sino a una voz etérea, elegíaca y siempre musical. La mezzo Zubillaga se encargó de la profundidad con su pastosa y corpórea voz y supo explayar con buen control  y dramatismo sereno el presagio fúnebre de las piezas que le correspondiron. Rubén Aguirre y Francisco Poyato demostraron su valía al piano en acompañamientos precisos en los siempre complicados lieder.

BRILLANTE DRAMA LIRICO

“Manon Lescaut” de G.Puccini. Reparto: Ainhoa Arteta (s); Gregory Kunde (t); Manuel Lanza (bar); Stefano Palatchi (b);Marifé Nogales (m); Manuel de Diego (t).G.Etxabe (bar); David Aguado (b).Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección de Escena; Stephen Medcalf. Dirección Musical: Pedro Halfter. Palacio Euskalduna 20-II-16.
Empezaremos diciendo que, como siempre, la brillantez de una representación lírica no sólo depende de la interpretación vocal, sino también  de la correcta  lectura y ejecución musical. En una obra de Puccini, como en este caso, es esencial el diálogo de la orquesta con los cantantes. Factor determinante es también el nexo de unión de la música con un drama que se apoya continuamente en los leiv motiv,  lo que evidencia el apego del compositor al estilo wagneriano así como la complicación de la obra por su gran diversidad temática. El maestro Pedro Halfter conjugó perfectamente esa conversación de la orquesta  con los actores y siempre atento y apoyado por una Sinfónica de Euskadi flexible y ágil, se convirtió en la piedra filosofal de la ópera. En el ámbito canoro y cuando  el argumento relata pasión y acción teatral, la soprano Ainhoa Arteta complacerá sin duda. El personaje de Manon  requiere dimensiones teatrales de gran nivel dentro del llamado teatro musical  y la soprano guipuzcoana domina  ese apartado como gran actriz que es.  Además, a su personaje le otorgó un tinte de ternura superior a su fatalidad, con lo que provocará  especial empatía. Su voz pastosa y corpórea sonó pletórica de fuerza con un centro lleno y con unos graves sonoros. Tal vez debiera amortiguar la excesiva intensidad que proporciona en algunos momentos a su canto, con lo que en su balance artístico no figuraría nada negativo. El tenor Gregory Kunde volvió por sus fueros, es decir, al verismo, dentro de un repertorio en el que su voz se explaya a placer y puede reflejar su bello squillo en tesitura alta.  Dio justa réplica a la soprano en la pasión amorosa requerida gracias a ese canto dramático entrecortado y lleno de fuerza. El encargado de cubrir el rol de Lescaut, el hermano de Manon, correspondió a Manuel Lanza, un barítono que sigue mostrando una buena línea de canto y un bello color vocal, si bien pareció faltarle una pizca de volumen. El papel del viejo Geronte estuvo adjudicado al conocido bajo catalán Stefano Palatchi, correctamente caracterizado y tanto vocalmente como escénicamente ajustado. La escena que contó con la mezzo Marifé Nogales cantando el madrigal, resultó de gran finura y muy musical y es que la joven mezzo siempre hace alardes de gusto en su canto y entrega a su papel. Se movieron a sus anchas en escena tanto el tenor de Diego, como el bajo Aguado y en cuanto al coro, aunque el coro bilbaíno cantó en su nivel, no nos satisfizo ni la colocación marginal en escena ni el movimiento poco natural en la taberna  de Amiens. La escena tradujo amplitud y sencillez y hasta algún que otro efecto teatral interesante como el del barco que al final se dirige al desierto norteamericano, cuyo trayecto, como así mismo los desplazamientos a los lugares en los que transcurre la ópera, se apuntan con acierto en un gran mapa al fondo y alto del escenario.

De TENOR A TANGUISTA

Recital. José Manuel Zapata y Gardel- Claudio Constantini (bandoneón) y Juan Francisco Padilla (guitarra). Obras de Lepera y Gardel; De Curtis  y Piazzola. Teatro Arriaga.26-I-16.
Al tenor Zapata hace tiempo que le habíamos visto compaginar la lírica operística con otros eventos musicales , como fue cuando colaboró con el violinisita Malikian.  Ahora llegaba al Arriaga bilbaíno arropándose en el tango y acompañado del bandoneón de Constantini y la guitarra de Padilla. Aprovechando que se conmemoraban los ochenta años de la muerte de Carlos Gardel compareció para ofrecer una serie de tangos y alguna que otra napolitana por aquello de enseñar mejor su voz. En el campo de la música bonaerense cantó con claro fraseo y un bello color vocal, pero lejos del espíritu arrabalero y rasgado del estilo. No todas las notas sonaron afinadas y tal vez la falta de la antigua disciplina de ensayos y estudio que obligaba la lírica, hizo que le faltara algo de fiato  en sus finales y una mayor firmeza en la línea dubitativa de su canto. Fue a más cuando se adentró en las canciones napolitanas aunque les faltó expresividad, quedando su imagen a salvo por su cuerpo vocal redondo y cristalino. El que fuera un buen tenor rosiniano de voz fácil y ágil se manifestó en el Arriaga con una voz justa para lo que fue e inadecuada para cantar tangos que lleguen a conmover.