Nino Dentici es el crítico musical del diario “El Correo”. Especialista en canto, lleva más de treinta años ejerciendo como conferenciante, escritor y miembro de jurado en Concursos Nacionales e Internacionales de canto. Desde muy temprana edad desarrolló una extraordinaria afición a la lírica dedicándose de lleno a este apasionante arte.
Quincena Donostiarra, Recital de Canto, solistas: Raquel Andueza (S); Pablo Prieto (Violin); Manuel Vilas (Arpa); Jesús Fernández (Tiorba). San Sebastian 11-VIII-23
El conjunto bautizado como La Galanía, es uno de las formaciones preocupadas en la investigación, rescate e interpretación de la música barroca olvidada. Con la soprano Raquel Andueza cono fundadora y alma del conjunto, presentó un programa a base de composiciones de Mario Savioni, de Francesco Corbetta y un considerable número de canciones anónimas del XVII. Las obras de Savioni consistieron en recitativos con un innegable sello de dulzura doliente que la soprano los desarrolló con expresividad. A su vez las del también italiano Francesco Corbetta, un músico de Luis XIV de Francia, gozaron de un mayor acompañamiento de tiorba y violín. La voz de la soprano navarra fue suficiente como para un canto recitado sin notas extremas y apta para que corriera sin altibajos con una línea de canto bien matizada. Tras una breve interpretación de una canción del francés Lully, su arte se decantó con mayor brillantez a una de las canciones anónimas del final del recital titulado “Dóve corri mio core” en la que explayó su sensibilidad e intencionalidad. Acompañada de Jesús Fernández, cofundador del conjunto, a la tiorba, y puntualmente al violín de Pablo Prieto y el arpa de Manuel Vilas, el recial discurrió en la placidez de una música amorosa a veces doliente y el broce de una tarantela del XVII como propina.
“Orgía”- Opera en estreno de Héctor Parra. Reparto: Ausrine Studyke (S); Leigh Melrose (Bar): Jone Martínez (S). Conjunto Ensemble Intercontemporain; Dirección de Escena: Calixto Bieito. Dirección Musical: Pierre Bleuse. Teatro Arriaga 22-VI-23.
El estreno de “Orgía” basada en la obra de Pasolini de mil novecientos sesenta y ocho, la podríamos calificar como una “ópera teatral”. El común denominador de la obra radica en la declamación más que en el canto melódico y en la expresividad teatral más que en la dulzura lineal canora. Si a ello añadimos la buena dosis de histrionismo ordenado por Calixto Bieito en la gran labor profesional de los tres cantantes, el resultado desemboca en una especie de serialismo en el que se establece un orden no sólo para las diferentes alturas tonales, sino para la sucesión de las diferentes duraciones de las notas. De ahí los silencios que Héctor Parra aplica en bien de la tensión dramática en una composición musical que tiene cierta independencia con respeto al texto.
La orquesta Ensemble Intercontemporain parisino tradujo perfectamente los momentos de reposo musical con la intervención sobre todo del arpa y reflejando la gravedad y profundidad del drama con los acordes cortantes y bruscos de la percusión como si se tratara de finales de escena. Ciertamente impresionó la aparición del ahorcado nada más se abrió el sipario, quien, en su incomodidad nos relató los acontecimientos.
Sin apenas reposo en su labor, el barítono británico Leigh Melrose nos brindó un apasionante personaje, lleno de violencia y verosimilitud actoral. Enseñó una voz poderosa y extensa y nos llamó la atención la nobleza de su actuación general. La dirección escénica de Bieito se reflejó así mismo en la soprano Ausrin Studyke, artista cuya intervención ha solicitado ya en varias ocasiones en el Arriaga, así como fuera de Bilbao. La artista lituana cumplió como en ella es habitual y aunque su labor no llegó a la dimensión de su última visita en “Erwartung” de Schonberg, derrochó desinhibición y gran profesionalidad. La también soprano Jone Martínez, aunque con menor trascendencia con respecto a sus dos colegas, personificó sin rubor y gran naturalidad a la prostituta. Su voz ligera y pulcra se distinguió y contrarrestó las caudalosas del barítono y de la soprano. El estreno de “Orgía” nos resultó un “déjà vu” aunque también sea un tema atemporal, una denuncia social, la queja de un matrimonio de maltrato mutuo, hastiado en un círculo burgués cerrado, con la homosexualidad de fondo, el suicidio y una madre matando a sus hijos como una moderna Medea de Eurípides.
Recital de Canto. “Carneriana”. Solistas: David Alegret (T); Rubén Fdz Aguirre (Piano). Teatro Arriaga 13-VI-23.
Entre las investigaciones musicales que desde hace ya tiempo está llevando a cabo el pianista Rubén Fernández acaba de mostrar en el foyer del teatro Arriaga una parte de la obra del poeta catalán Joseph Carner. La voz fina y de fácil recorrido del tenor David Alegret se encargó de cantar exquisitos poemas, muchos de ellos musicados por Eduard Toldrá. Con anterioridad, Alegret repasó canciones de Isaac Albéniz de tinte inequívocamente italiano, así como otras piezas de autores de finales del XIX. Muy apta para cámara, la voz ligera y de evidente técnica en el uso de la resonancia nasal del tenor catalán, fue declamando con limpieza y gran intencionalidad cada uno de los poemas catalanes con elegante media voz y delicados “pianíssimi”. Compositores como Montsalvatge, Serra y Pujol o de aquellos que realizaron versiones diferentes del poema “Canticel” con estreno absoluto de la versión ofrecida del joven Joan Magrané cerraron el ciclo. Un poema este que en su día también cantó Joan Manuel Serrat que comienza “Por una vela en el mar azul”…. La sala del teatro Arriaga lleva varios años ofreciendo rescates de compositores que sin las indagaciones del pianista Fernández Aguirre y la colaboración canora del invitado de turno no llegarían a un público interesado.
Con un negro vestido largo y descalza, como la diva que es en realidad en el ámbito del fado, apareció en escena. Su programa comenzó siendo un tanto heterodoxo, mezclando varios ritmos, usando el piano y buscando nuevas formas musicales. Utilizó el micrófono con una sonoridad elevada, pero no creemos que le hubiera hecho falta porque Dulce Pontes es poseedora de una voz potente y flexible, muy versátil y muy bien manejada. Tal vez buscara que la abarrotada sala apreciara bien sus finos filados y sus delicados “pianíssimi “con una mayor nitidez, porque el canto de la portuguesa abundó en rico cromatismo, saltos de tesitura y un fácil acceso al agudo, mostrando un evidente dominio vocal. No dio opción al lucimiento de su conjunto pues actuó sin descanso durante dos horas y en ese tiempo también bailó con elegancia. Inesperadamente, abordó versiones con arreglos muy personales de canciones muy conocidas como la famosa “Amapola”, dando a entender que es una artista heterogénea y que sus cualidades vocales y sentimiento, no la llevan solamente por la senda del fado. De ahí también, que ofreciera varias canciones de sonidos y ritmos de las ex colonias portuguesas. Dulce Pontes estaba anunciada en el mes de marzo, ahora, la ansiada espera no defraudó a la sala que la esperaba con expectación.
“Il Trovatore” de G.Verdi. Reparto: Anna Pirozzi (S); Ekaterina Semenchuk (M); Celso Albelo (T); Juan Jesús Rodríguez (Bar); Ricardo Fassi (Bar); Coro de la Opera de Bilbao y Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Dirección de Escena: Lorenzo Mariani. Dirección Musical: Francesco Ivan Ciampa. Bilbao 20-V-23.
Siempre hemos alabado la exquisita línea de canto, la facilidad y el gusto con que canta el tenor Celso Albelo. Lo hemos manifestado así al escucharle cantar L´Elisir D´Amore”, “Anna Bolena” o “I Puritani” entre otros títulos. El contrasentido surge cuando una voz lírica-ligera como la suya, ideal para cantar el papel de Nemorino del L¨Elisir D´Amore, afronta el repertorio de un papel propio de un tenor heroico o de fuerza como Manrico, que es lo requiere este apasionado y ardiente personaje verdiano. Se escuchó a un Manrico fuera de estrilo y carente de un color vocal dramático y apasionado.Se podría decir que Celso Albelo adaptó el personaje a su tipología vocal. De ahí que cantara con exceso de lirismo y a media voz su aria “Ah si ben mio” y a continuación sin rigor dramático la cabaletta “Di quella pira”.
Por el contrario, la mezzo Ekaterina Semenchuk y la soprano Anna Pirozzi se erigieron en las grandes verdianas triunfadoras. La mezzo rusa, ella sola, acaparó la escena cada vez que aparecía, sobre todo al interpretar “Stridi la vampa” con su extensa y andrógina voz. En pocas mezzosopranos hemos escuchado notas centrales tan hermosas y notas abismales tan graves. La soprano italiana a su vez, enseñando la potencia de su voz, la seguridad de su canto, aquella facilidad en acceder a las notas altas como ya apreciamos cuando cantó en su día Cavalleria Rusticana. Subrayemos la calidad y buena línea con la que interpretó el aria D´Amor sull´ali rose”, la expresión del consuelo que manda al trovador en el último acto.
El tercer elemento en la buena representación resultante corrió por cuenta del barítono Juan Jesús Rodríguez al que tanto se le ha aplaudido en Bilbao. Su encarnación del conde se nos hizo seria y verosímil y gozamos de su canto siempre de mérito gracias a la igualdad cromática de su aterciopelada voz y adecuado gesto. Lo recordamos sobre todo en la versión de “Il Ballen del suo sorriso” que cantó de forma muy sostenida y con gran fiato. El cuarto protagonista en cuanto a mérito resultó el Coro de la Opera de Bilbao. No solo el conjunto estuvo brillante en el “coro de los herreros”, sino que engrandeció con su presencia varias escenas junto al barítono y la mezzo y se convirtió por conjunción y por su bello colorido global en auténtico protagonista. Cumplió el barítono Ricardo Fassi, entregado a su papel.
Fue un lujo contar con el maestro Ivan Ciampa en la dirección ya que estuvo atento a los cantantes, a los que dejó cantar a sus anchas y se mostró muy enérgico y ordenante con la Sinfónica de Bilbao. Una escueta y hasta pobre producción enmarcó la ópera de Verdi, en la que un trajín de mesas y taburetes sin fin iba y venía por el escenario y en la que un parco vestuario negro se emparentó con la negrura de la escena, mientras que al fondo, unas abstractas proyecciones pretendían adornarla.
Recital de Canto. Solista: Ermonella Jaho (S); y Rubén Fdez Aguirre (piano). Obras de Bellini, Donizetti, Verdi, Gounod, Massenet, Teatro Arriaga 27.IV-23.
Hay sopranos que, teniendo una voz de timbre redondo, bello y atractivo, no dicen mucho. Hay otras en cambio que, no siendo voces tan sumamente bellas, poseen una gran personalidad y una tan depurada técnica vocal, que las hacen casi únicas. En este segundo ejemplo catalogaríamos a la albanesa Ermonella Jaho quien además de la destreza en el manejo de su voz y su impresionante fiato para sostenerla, añadió a todas sus aptitudes artísticas una gran capacidad teatral. Encontrar a cantantes que unan afinación y gusto, expresividad y musicalidad, con una mímica sentida, teatralmente creíble, es cosa de pocas privilegiadas como es Ermonella Jaho. La artista nos cautivó desde el inicio por su pasión y por la comodidad mostrada al plasmar el dramatismo que encierra el “Lamento per la Morte de Bellini”, aria compuesta por Donizetti, para el gran siciliano. Nos sedujo también por la intensidad con la que interpretó el aria “Io son l´umile ancella” de Adriana Lecouvreur de Francesco Cilea, nos emocionó así mismo por la apacible elegancia en su cuidada línea de canto al interpretar “Adieu, notre petite table” de la Manon de Massenet y más aún, por la fuerza e intencionalidad con la que interpretó el aria de Sapho del mismo Massenet. Ha pasado ya más de una década desde que llegó, aún desconocida, a cantar “La Traviata” en Bilbao. Ahora, con una voz madura y extraordinariamente controlada, se nos brinda en bandeja de plata una futura participación suya en nuestra ciudad. Sería lamentable no contar de nuevo con el concurso de una diva tan completa. Al piano, acompañando el fino y controlado canto de la soprano, se sentó Rubén Fdez Aguirre, paciente, elegante, con el teclado respirando con ella al unísono y que en solitario deleitó al auditorio con “La Marcha fúnebre de una Marioneta” de Gounod.
Recital de Canto. Solistas: Vanessa Goikoetxea (S); Rubén Fdz. Aguirre (Piano); Carlos Imaz (Recitador). Obras de Andrés Isasi y Carlos Imaz. Teatro Arriaga 18-IV-23.
Entre los méritos del pianista acompañante de tantas aristas, Rubén Fernández Aguirre, además de su saber hacer al teclado, está el de investigar y rescatar partituras semi perdidas. Como él mismo confesó, le obsesionaba el dar a conocer los catorce lieder del bilbaíno Andrés Isasi. Con la compañía de Carlos Imaz en labores de recitador y de la soprano Vanessa Goikoetxea, la música de Isasi sustentada con los versos del poeta Heinrich Heine nos deparó un muy agradable ambiente romántico. Los lieder desarrollados por la soprano atesoraron una gran pulcritud y limpieza en su fraseo y su poderosa y caudalosa voz expresó los sentimientos del compositor al dedicar los poemas a una dulce muchacha. Con la alternancia del recitado a cargo de Imaz, la soprano fue desgranando las partituras tal vez con acentuaciones un tanto exageradas en algunas notas y con la voz un tanto tensa, salvo la sutileza con la que interpretó los lieder “Es war ein alter König” y “Gott weiss für wen es schlägt”. Con la voz contenida y en su justa intensidad, en estos dos lieder afloró una fina y cuidada línea de canto que nos resultó de emocionante intimidad. En la parte final de la velada, Carlos Imaz, ahora como músico, mostró en absoluto estreno, cuatro canciones con letra de Matías González, que Vanessa Goikoetxea cantó con total entrega y seguridad, mientras Rubén Fernández nos deleitaba con el rico acompañamiento que poseen.
“Tutto Verdi”.Recital de Canto. Solistas: Fan Zhou (S); Alessia Panza (S); Davide Tuscano (T); Gabriel Alonso (Bar): Francesco Izzo (Piano). Teatro Arriaga 17-IV-23.
La actuación del barítono Leo Nucci puso en pie al auditorio del Arriaga en el reparto de premios internacional como cierre del “Tutto Verdi”. Causó sensación que, a sus ochenta y un años, este barítono tantas veces aplaudido en Bilbao, mostrara con meridiana claridad y depurada técnica sus aptitudes todavía incólumes. Su interpretación del “Cortiggiani vil raza dannata” del Rigoletto verdiano hubiera bastado por sí sola para justificar la asistencia. Su expresiva mímica, la concentración en el personaje y su voz aún fresca, bien sostenida y de firme agudo sorprendió tan agradablemente que fuimos incapaces de pensar en su edad. Con anterioridad, cuatro jóvenes valores mostraron sus aptitudes vocales. La soprano Fan Zhou inició el programa compuesto de arias y dúos de Verdi con una aria de la ópera I Masnadieri, Desde el primer momento percibimos su voz ligera, fresca y de fácil emisión. Cuando abordó la escena de la muerte de Violeta en “La Traviata”, sin embargo, dejó claro que carecía aún del peso vocal y de la pasión que requiere esa escena final tan dramática. En segundo lugar, el barítono Juan Jesús Rodríguez, obsequió al auditorio con un aria de Ernani en la que volvió a mostrar su arte gracias a su aterciopelada y firme voz. El joven tenor Davide Tuscano gustó por el bello color de su timbre y el gusto con el que cantó su correspondiente aria y cabaletta de la ópera “I Lombardi”. Le siguió la soprano Alessia Panza, una artista de voz ya madura, contratable en cualquier teatro y que tras mostrar su hermosa voz en el dúo de Ernani junto al barítono Gabriel Alonso, paradójicamente ya no cantó más. Cerró la velada el barítono ferrolano Gabriel Alonso, muy justo e inseguro al cantar Stiffelio. Imitando a Juan Jesús Rodriguez, la también premiada Daniella Barcellona interpretó un aria de Il Trovatore con la calidad vocal y la intencionalidad de una gran artista muy bien acompañada por Francesco Izzo al piano
“Cain Overo il Primo Omicidio” de A.Scarlatti. Reparto: Christian Borrelli (Falsetista); Sonia de Munck (S); Josu Cabrero (T); Lucía Cahiuela (M); Ferrán Albrich. Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Dirección Escénica: Tatiana Gurbaca. Dirección Musical: Carlos Mena. Teatro Arriaga 15-IV-23.
Uno de los efectos llamativos en la interpretación del oratorio de Scarlatti “Il Primo Omicidio” fue sin duda la seguridad y conjunción mostrada por las voces. Carlos Mena en su labor direccional situado de espaldas a los intérpretes y con la orquesta en el escenario, no tuvo necesidad de mirar a los cantantes, lo que define la confianza en un trabajo anterior bien hecho. El discurso dramático inherente en la obra se contrapone con una acción teatral moderna ideada por Tatiana Gurbaca, en la que se atisbaron pinceladas sensuales y la hemoglobina vertida a raudales al estilo Bieito.
El falsetista Christian Borrelli quien encarnó el rol de Caín, fue el protagonista. La voz de este falsetista, gallego de origen, no se puede decir que nos pareciera potente ni con la calidad de su colega Carlos Mena, que también cantó, pero cierto es que su canto deparó expresividad y sentimiento, así como una buena actuación teatral. Lo demostró cuando intervino al cantar el aria “Miei Genitori Adio”.
El personaje de Eva en la voz de la soprano Sonia de Munck resultó muy adecuado. La soprano madrileña exhibió una gran musicalidad y sobre todo una expresividad acorde a su sensibilidad y exquisita línea de canto. En su aria “Caro Sposo prole amata” del inicio, ya vislumbramos lo que sería luego “Sommo dio nel mio peccato” cantada aún mejor y más efectista. El tenor Josu Cabrero fue el que asumió el papel de Adán a través de una voz lírica de bello color. Nos gustó su intervención al entonar su aria “Piú dei doni il cor devoto” a tono con su completa actuación escénica. La madrileña Lucía Cahiuela, (Abel), una mezzo con color de soprano, nos pareció algo altisonante en su canto, sin demasiado control en la intensidad si bien su trabajo en la escena valió el “placet” general.
Cerró el capítulo canoro el barítono Ferrán quien con una voz aterciopelada encarnó al diablo. Junto a la finalidad del entretenimiento en esta propuesta escénica de un oratorio, destacamos la fina y rigurosa lectura que hizo la Bilbao Orkestra gracias al saber de Carlos Mena.
Recital “Voces Suaves”. Música sacra de Heinrich Schultz y contemporáneos. Iglesia de la Encarnación. Bilbao 2-IV-23.
Voces Suaves, es un conjunto vocal que interpreta música renacentista y barroca con voces solistas y que tiene su sede en Basilea. En el concierto correspondiente a la BAS, se presentó con seis voces acompañadas de un órgano y tiorba para el “acompañamiento secco de bajo continuo” en las obras programadas de Heinrich Schutz, Hermann Schein y Samuel Scheidt, un acompañamiento parco y propio del tiempo. El conjunto suizo se caracterizó por una interpretación de cálido sonido y una conjunción tan autónoma que careció de un concreto director. No fueron voces a destacar porque no llamaron la atención ni en poderío ni en alta calidad, pero su profesionalidad hizo que nos conmoviera la expresividad mostrada en temas de muerte y consuelo. A falta de una dirección, les bastaba una mirada entre ellos para su armonización y a pesar de la minúscula compañía instrumental, el canto en general fué afinado. Vocalmente destacaron las dos sopranos (Cristina Boner y Cornelia Fahrion) quienes en su alemán vernáculo dominaron también el canto melismático. El mérito de este tipo de jóvenes conjuntos cuyo repertorio va desde madrigales al barroco, pasando por oratorios y misas, lo encontramos en que sacan a la luz a compositores, muchos de ellos olvidados, y obras históricas que tardan en ser representadas. De ahí que, aunque estas obras sacras fueran de parecido estilo, nos resultó de interés escuchar el motete “Israelsbrunnlein” de Hermann Schein o el “Musikalische Exequiem” escrita para los servicios funerarios de Enrique II de Gera (Turingia) apodado “El Póstumo”.