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Otro divo canario tras los pasos del maestro Alfredo Kraus

Recital de Canto. Solistas: Patricia Cioffi (s); Celso Albelo (t). Orquesta Sinfónica de Navarra. Director: José Miguel Pérez Sierra. Palacio Euskalduna Bilbao 27-V-13

 

Ya va siendo hora que se diga que el tenor Celso Albelo se halla en la cúspide del canto. Lógicamente, con el paso del tiempo irá adquiriendo más cuerpo  y volumen vocal, pero ya se halla muy arriba, en el estrellato donde se ubican los divos. No solo es precioso el color de su voz, sino que resulta admirable el dominio  y control  con el que exhibe su canto y  tan exquisito su nítido fraseo. Es un artista porque se divierte con lo que hace, su técnica le permite lo mismo  apianar a media voz, que filar de manera imperceptible o  abordar con pasmosa seguridad y rotundidad los Re sobreagudos que nos deparó en su propina final “Vieni fra queste braccia” de la ópera “I Puritai” de Bellini. Cantar junto a él como sucedió con la soprano Patricia Cioffi, significa cantar con el hándicap de que te va a engullir. A pesar de que la soprano cantó con bella línea, elegancia y absoluta entrega, la brillante luz que desprende la voz del tenor opaca a quien esté a su lado. Es difícil encontrar en la lírica actual un cantante con una voz tan bella, que parezca emitir con tanta facilidad  y  que muestre tanto control en el canto. Los diletantes volvemos a tener en el tenor canario un cantante a quien idolatrar.


Triunfal ópera de Donizetti con Sondra Radvanovsky

“Maria Stuarda” de G.Donizetti. Reparto: Sondra Radvanovsky (s); Veronica Simeoni (m);Francesco Demuro (t); Mirco Palazzi (b); Anna Tobella (m); Alex Sanmartí (bar).Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Navarra. Dirección de Escena: Stefano Poda. Dirección Musical: Jose M.Perez Sierrra.Bilbao. Palacio Euskalduna 20-IV-13

 

Cuando en los dos planos superpuestos que dividían el escenario comparecieron las dos reinas a su cita, se produjo un llamativo  y largo silencio. A las órdenes del regista Stefano Poda la música se detuvo por completo, la soprano avanzó hacia la mezzo y se produjo el famoso insulto de la escocesa de una manera impactante. Fue la cresta de una producción de constante juego luminotécnico con predominio de la penumbra, de una escena de belleza estética oscura y muy móvil. Una voz acaparó la atención, la cálida y poderosa de la soprano Sondra Radvanovsky, dominadora de un rol difícil y constante. Si llamó la atención el volumen de su hermosa voz, no fue menos admirable su canto  controlado, su seguridad en el registro agudo y el dramatismo con el que completó el diseño de su personaje. El trabajo de la mezzo Veronica Simeoni fue también encomiable, pero tal vez por su peculiar color vocal o la carencia de peso en esa voz de mezzo muy lírica, su excelente trabajo se disipó ante la bravura y personalidad de la soprano. El tercero en la concordia, el tenor Francesco Demuro fue una sorpresa agradable ya que, a pesar de enseñar una voz de tenor de gracia próximo  al ligero, se erigió en un justo acreedor del aplauso. A pesar de enseñar una voz próximo al ligero, gustó mucho su atractivo color, su elegante canto y su facilidad en acceder al Do de pecho que ofreció con suma facilidad. El coro de Bilbao ya sea de pie o ya sea tumbado boca abajo cantó majestuoso y conjuntado y así lo demostró en la escena final de la plegaria. En la triunfal serata es justo aludir a la Sinfónica de Navarra  por su excelente trabajo bajo la batuta del maestro Pérez Sierra, un maestro  de gesto limpio y eficaz resultado

 


RUMBO AL DIVISMO del tenor Celso Albelo

Recital de Canto. Solista: Celso Albelo (t);y Virginia Wagner   (S); Juan Francisco Parra (piano). Obras de Donizetti, Verdi, Massenet, Chapí, Penella,Sorozabal etc. Teatro Gayarre Pamplona 28-II-13
El tenor canario Celso Albelo está logrando con sobrados méritos y a marchas forzadas encaramarse en lo alto de la cima del canto. Se podría debatir sobre el volumen y la potencia de su voz, pero la belleza de su color vocal, la delicadeza de su canto o la técnica que posee no admiten discusión. Es tal el dominio  y control con el que se exhibe, tan atractiva su  exquisita sensibilidad  y  tan llamativo el fino arte con el que se explaya al cantar, que le  sitúan en lo más alto del canto. Es un artista porque se divierte con lo que hace, porque juega con su voz como desea, porque le da lo mismo  apianar a media voz, que filar de manera imperceptible o que abordar con seguridad y rotundidad un precioso y preciso Do de pecho. Cantar junto a él como sucedió con la soprano Virginia Wagner, significa cantar con el hándicap de hacerlo  a sabiendas que un maremoto te va a engullir. El maremoto lleno de arte, con el peso que supone ser comparado con el maestro y paisano Kraus, tiene también nombre canario, Celso Albelo.

GRANDIOSIDAD VOCAL

“Les Vepres Siciliennes” de G.Verdi. Reparto:Lianna Haroutourian (s); Gregory Kunde (y); Vladimir Stoyanov (Bar); Dimitri Ulyanov (b);Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Euskadi. Director de Escena Davide Livermore. Director <Muiscal: John Mauceri.Palacio Euskalduna 16-II-13

En esta ópera de Verdi, contamos con tres de las voces más sobresalientes que han aparecido ante nosotros desde hace tiempo y además un polémico montaje. A la representación el aficionado debería asistir ante todo para escuchar la voz del tenor Gregory Kunde, el norteamericano que pasó por el Coliseo Albia casi inadvertido en el año mil novecientos noventa y siete. De aquel tenor ligero-lírico queda el recuerdo, pues ahora se le aprecia el timbre de voz de gran tenor lírico, con un timbre bellísimo en las notas altas, absoluta facilidad y  una seguridad aplastante en ese registro alto. No terminan ahí sus atributos ya que Kunde es un gran actor que muestra aplomo y saber estar en escena. La verdad es que resultó una delicia escucharle cantar y consideramos un gran acierto su nueva presencia en Bilbao.

A su zaga, con gran figura escénica y una voz rotunda y hermosa  hay que situar al bajo Dimitri Ulyanov. Hacía tiempo también que no escuchábamos una voz tan notable en la cuerda de bajo. La voz del ruso sonó envuelta en terciopelo, mórbida, oscura y con gran volumen.

Cerró el trío estelar la soprano armenia Lianna Hroutourian, la cual  enseñó una voz admirable en potencia y volumen. Además, gustó su canto al que acompañó de un gesto a la antigua, con la cabeza hacia atrás y el pie izquierdo adelantado y gustó aún más la delicadeza de su línea de canto que fue tan bella.

En un escalón más bajo, pero sin restarle méritos, se situó el barítono Vladimir Stoyanov. Lo situamos en una grada inferior no porque no cantara bien, sino porque su atenorada voz no atesora la calidad y hermosura de las otras tres mencionadas. Al principio, nos dio la impresión  de que al coro no le hacía gracia cantar en francés, sin embargo mejoró mucho a medida que avanzaba la obra y terminó por moverse muy bien en escena y cantar como acostumbra.

El maestro John Mauceri, demostró veteranía y sin demasiados gestos llevó la obra a buen término. No así el director de escena, de quien únicamente comentaremos que en arte, en música particularmente, no es conveniente herir sentimientos de parte del público, ni ser protagonista de algo que ya existe por mucho que intente imitar el pensamiento del autor.