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Acerca de nino dentici

Nino Dentici es el crítico musical del diario “El Correo”. Especialista en canto, lleva más de treinta años ejerciendo como conferenciante, escritor y miembro de jurado en Concursos Nacionales e Internacionales de canto. Desde muy temprana edad desarrolló una extraordinaria afición a la lírica dedicándose de lleno a este apasionante arte.

REALISMO DRAMÁTICO EN LA FANCIULLA

 

“La Fanciulla del West” de G.Puccini. Reparto: Oksana Dyka (S); Marco Berti (T); Claudio Segura (Bar); Francisco Vas (T); Manel Esteve (Bar); Paolo Bataglia >(B); Manuel de Diego (T); José Manuel Diaz (Bar); Fernando Latorre (Bar); Cristiab Diaz (B); Itxaro Mentxaka (M); David Lagares (B): Coro de la Opera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección de Escena: Hugo de Ana. Dirección Musical: Josep Caballé. Bilbao 15-II-20

                        

El estreno en Bilbao de la coproducción de la ABAO con el teatro San Carlo de Nápoles, tuvo la fortuna de contar con un gran director de escena como es Hugo de Ana. El escenógrafo argentino ideó, con simplicidad y el realismo propio de mediados del XIX, la precariedad vivencial de los mineros norteamericanos que fueron a buscar oro al Oeste. Ello, unido al buen movimiento escénico del coro, siempre atento a la plasmación de esa realidad argumental y  luego a la entrega pasional de la soprano y del tenor en los momentos decisivos, hizo que la representación se desarrollara con verosimilitud. Por otro lado, el hermoso colorido de la partitura que nos recordaba continuamente a La Boheme, a Madame Butterfly o Turandot, tuvo la contrapartida de algunas libertades armónicas  y una notable intensidad dramática en la partida de póker.

El papel de la soprano Minnie requiere una soprano lírico-spinto que refleje el carácter de una mujer romántica, pero también muy apasionada y con temperamento.  De ahí  que lo deba encarnar una artista que domine el lirismo, pero sobre todo el dramatismo en el aspecto vocal. Las intervenciones de la soprano ucraniana Oksana Dyka contaron con la brillantez de una voz potente y un canto con repentinos y continuos ascensos a las notas agudas, las cuales resolvió con limpieza y sin duda, con el dramatismo requeridos. No obstante su voz no nos pareció redonda ya que no atesora un timbre demasiado atractivo, pero de una manera inteligente y con un gran corazón, la soprano difuminó su carente dulzura lineal con un canto pasional y poderoso. Se hizo totalmente dominadora de la escena y evidenció sin trabas su arrebatadora personalidad.

Por otro lado, acompañó a la soprano como principal partenaire, el tenor Marco Berti, quien hacía unos cuantos años no nos visitaba. El reluciente squillo en su voz, apareció generoso y pródigo en todo momento. Sus frases mostraron la pasión propia de un tenor dramático y  así lo manifestó en su racconto al confesar a Minnie que era un bandido, regalándonos un canto brillante en tesitura muy alta, no exenta de súbitos ataques extremos bien resueltos. Así mismo, cantó la única aria de la obra “Ch´ella mi creda libero e lontano” con solvencia, suma facilidad y expresividad.

Completó el trío protagonista, el barítono Claudio Segura en el papel de Sheriff. Su figura en su negro atavío llenó la escena y su voz sonó con grato color, sin embargo el papel requiere la voz de un barítono  más potente y de mayor amplitud.. Por ello, en la escena dramática cumbre de la ópera, o sea, en la escena del juego de póker, al barítono italiano  se le echara de menos la  potencia necesaria para  dar réplica a la de la soprano. Un amplio número de voces secundarias difuminadas en la algarabía y en la rapidez del movimiento escénico, completó el abanico artístico de una representación llevada a buen puerto por el maestro Josep Caballé al frente de una atenta y sensible Sinfónica de Euskadi.


LA CANCIÓN DE LA TIERRA

 

“La Canción de la Tierra” de Gustav Mahlr, Solistas: Jennifer Jonston (M); Corby Welch (T), Oruesta Sinfónica de Euskadi. Placio Euskalduna 23-I-20-

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Unos días antes de que la Sinfónica de Euskadi presente el mismo programa en Paris, el Euskalduna ha acogido en su auditorio “La Canción de la Tierra” de Gustav Mahler con los mismos solistas, o sea, la mezzo Jennifer Johnston y el tenor Corby Welch. La obra de Mahler trata, como ya se conoce, de una serie de canciones que compuso al ciclo de la vida y a la muerte. Son seis movimientos cada uno de ellos con su propia denominación que a pesar del requerimiento de una nutrida orquesta, muchos de los fragmentos parecen de cámara y tan solo necesitan la compañía de unos pocos instrumentos. El ciclo lo comienza el tenor, en este caso el norteamericano Corby Welch, un artista de voz squillante, más bien un lírico-Spinto y no tanto heldentenor wagneriano. La canción del Solitario Otoño, la segunda del ciclo, contó con la voz de Jennifer Johnston, casi una soprano dramática en lugar de una mezzo y cuya voz cantó las ondulantes escalas que atesora este segundo movimiento. La calma expuesta en este movimiento por la mezzo, contrastaría con un Mahler que empleó motivos chinos en la composición del tercer movimiento titulado “La Juventud” a base de una orquestación en la que intervinieron el triángulo, platillos y piccolos para otorgarle ese aroma oriental. La dulzura lineal en la composición llegó al interpretar la mezzo inglesa “La Belleza” en la que comenzó a enseñar una voz amplia, corpórea incluso en tesitura alta y sobre todo de igual color. Un movimiento muy grave con acordes rotundos y que contó con la facilidad  y amplitud vocal de la intérprete. De ahí que nos inclinamos a pensar que se trata de una voz tendente hacia la tipología de soprano dramática. En el siguiente movimiento, el  del Borracho en Primavera, el tenor Welch nos proporcionó notas brillantes en medio de un canto cambiante, de repentinos  ataques a la tesitura alta con notas sueltas y el violín que imitaba a un pájaro acompañando al tenor. En  La Despedida, último movimiento, Mahler nos deparó en su ingente creatividad, un lamento de dolor con la voz de la mezzo relatando pausadamente el deseo de  tranquilidad eterna, La obra y el precioso movimiento se enriqueció con el doliente acompañar de flautas, el sepulcral silencio orquestal y cómo no  de la preciosista y elegíaca dirección del maestro Robert Treviño

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“EL HOLANDÉS ERRANTE”

 

“El Holandés Errante” de R.Wagner. Reparto: Bryn Terfel (Bar-B); Manuela Uhl (S); Wilhelm Schwinghammer (B); Kristian Benedikt (T); Itxaro Mentxaka (M); Roger Padullés (T); Coro de la Opera de Bilbao y Coro Easo Dirección de Escena: Guy Montavon.  Dirección Musical: Pedro Halfter. Palacio Euskalduna. Bilbao 18-I-19

10 cosas que debes saber sobre 'El holandés errante'

Hacía tiempo que no presenciábamos un título de Wagner. En este “El Holandés Errante” que se representa en el Euskalduna, se ha optado por la versión en tres actos que solía llevar a cabo el mismo Wagner, en contraposición de su segunda esposa Cósima, que a principios del siglo XX la solía reponer en un solo acto. Para ello, se nos ha ofrecido una producción del teatro alemán de Erfurt consistente en la oscuridad de una gran panza de  barco capaz de dar cabida en ella al barco errante. Una escalera en un lateral por la que subían, bajaban y cantaban colgados los solistas y una especie de portas cañoneras  que se abrían y cerraban cada vez que asomaban a cantar los coros, fueron lo que movió la escena. Mención especial en esta escenografía mereció la filmación al fondo de la enfurecida mar que situó la acción

.Desde el punto de vista vocal, el reparto encabezado por el Barítono-Bajo galés Bryn Terfel fue un lujo. El artista tuvo la virtud de afilar su potente voz al abordar la alta tesitura y ofrecer también  un hermoso centro y aterciopeladas notas graves. Su voluminosa voz se unió a un fraseo correcto y a una gran intencionalidad  que le confirió el carisma y la caracterización que requiere el personaje con lo que su fantasmagoría se impuso en la sala. La Senta de la alemana Manuela Uhl destacó también sobremanera. En realidad fue una muy grata sorpresa por el gran volumen de su voz, emitida con naturalidad y facilidad. Aunque correteó por la escena, incluso en bicicleta, mereció la pena la tardanza en su aparición vocal porque ofreció una magnífica “Balada”.  Con un timbre a veces lírico y otras veces dramático enseñó perfectamente su amplitud y poderío vocal  y ello unido a su actuación escénica, la situó en el mismo peldaño que al holandés. Nos gustó mucho también el tenor Kristian Benedikt. Su voz no pareció voluminosa en comparación con los dos citados con anterioridad, sin embargo resultó de muy grato timbre, una voz mediterránea y no de heldentenor, por lo que nos gustaría escucharle en un título del campo verista. Cantó además con efusión y no exento de lirismo. El cuarteto principal se cerró con el Bajo Wilhem Schwinghamer  quien caracterizó al capitán Daland con una voz grave de  bello timbre. No nos pareció que  fuera  rotunda ni muy recia, pero sin duda, musical y de muy apreciado fraseo. Entre los segundos papeles, se percibió con claridad la fina voz del timonel personificado por el tenor catalán Roger Padullés y apareció asentada con modestia en lo alto de la escalera la mezzo Itxaro Mentxaka cerrando el círculo de los solistas.

En cuanto a los coros, la grandeza sonora del Coro de la Opera de Bilbao y del Coro Easo de Donosti se vió  mermada por su falta de presencia en escena, del contacto con el público y en consecuencia una grandeza limitada. El motivo fue que al cantar la brillante pieza de los marineros, una parte del coro estaba encerrado en las cañoneras y la otra parte situada  en el foso de la orquesta. Sin embargo, ningún inconveniente afectó a la magnífica dirección de Pedro Halfter, perfecto conocedor de la música de Wagner y de esta ópera en particular. Con la Sinfónica de Bilbao al completo y la excelente dirección, la música wagneriana sonó majestuosa y no faltó ni lirismo ni dramatismo en una música que dependerá de gustos personales, pero que atesora gran riqueza, fuerza y una variada temática musical. Desde la obertura pasando por el preludio del segundo acto y la armonía general de la obra, tuvieron en el maestro Halfter a una batuta exigente tanto para voces como para orquesta.


CON LAS PALMAS A CUESTAS

 

Alabama Gospel Choir.  Bryson Robinson : Director. Ashton Lauren y  Alleyne McQuay (piano) Palacio Euskalduna 3.I.20

                             

Pocas veces se ha presenciado en una sala un público tan animado y compenetrado con un grupo músico-coral. Lo cierto es que resultaba  automático y casi ineludible el acompañar con las palmas a los Alabama Gospel Choir.  El ritmo de sus canciones se hizo contagioso y la coreografía al cantar incitaba al movimiento y al acompañamiento. Alternaron los cánticos fuertes y en tesitura muy alta, con las suaves e incluso a capella y en el programa exhibido las diecisiete voces mostraron gran afinación y  naturalidad musical. La alternancia vino también entre ellos mismos ya que según la pieza a cantar, los solistas generalmente femeninos, se alternaban. Enfundados en enormes túnicas que cambiaban de color según la luz vertida, sus enormes corpachones no se movían más allá de un metro cuadrado, pero ese parco movimiento tan acompasado y  la compenetración unísona en dar las palmas y en el canto, invitaba a copiarles. La sala bailó con el director que no paró de hacerlo y cuando invitó al público que se les acompañara, casi todos los presentes  no pudieron resistir a la invitación y se contorsionaron como si estuvieran en una sala de baile. Los pioneros y más atrevidos, se vieron luego arropados por los demás, sobre todo cuando el Alabama Gospel Choir entonó sin descanso “Adiós al dolor y la pena, adiós” cantado por todos. La arrolladora energía vocal de sus miembros se vio, sin embargo, manchada por la utilización de micrófonos y ello fue una lástima porque  a las mujeres les sobraba potencia y extensión vocal y no hubiera hecho ninguna falta  aumentar su volumen ya de por sí poderoso. No extrañó el éxito popular  y resultó una sorpresa que un estilo espiritual que apela a lo religioso y a lo anímico tuviera el seguimiento  como para llenar una sala sin una tradición que lo justifique, a no ser la afición personal por un canto lleno de ritmo y alegre a pesar de los textos.


AL RESCATE DE LA ÓPERA VASCA

 

 

Concierto Lirico “Andekazaleak”. Solistas: Andeka Gorotxategi (T); Ana Otxoa (S). Obras de A.Echave,J. Guridi, J.M.Usandizaga,Fdez.Elezgaray, Ch Colin,J.A.Santisteban etc.  Sociedad Coral de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Euskalduna.Bilbao 30-XII-19

 

Ensayo del concierto ''Alere! Grandes éxitos de la ópera vasca”

 

En el anteúltimo día del año y paradógicamente,  presenciamos el primer concierto lírico de la Asociación musical “Andekazaleak”. Se trata de una agrupación de seguidores y amigos del tenor de Abadiño Andeka Gorotxategi con la ilusión y el ánimo de ofrecer en esta ocasión un programa de arias y romanzas de óperas vascas. Para ello, nada más acorde que contar con la Coral de Bilbao, la misma que  a principios del siglo XX  dio a conocer en escena la mayoría de las obras líricas vascas. Si fundamental es la presencia de la Coral, lo es también la Sinfónica de Bilbao, con la invitación al atril principal del maestro Oliver Díaz.

El tenor Andeka Gorrotxategi  hacía tiempo  que no visitaba nuestros teatros , debido a su fulgurante deambular por los teatros internacionales .No cabe duda de que mostró generosidad, pues interpretó no menos de  una docena de romanzas, pero la dadivosidad no radicó únicamente en el número de piezas cantadas, sino en la dificultad interpretativa de las mismas. Para un tenor lírico-spinto de emisión vocal de esfuerzo, resulta más complicado apianar o cantar a media voz. Por ese motivo su romanza “Alaré” de Mendi Mendiyan  resultó tan admirable ya que la cantó con exquisitez y dulce línea. En aquellas romanzas más pasionales o de fuerza, su acerado timbre, de notas tan “squillantes” se apoderó por completo del respetable.

El lirismo de las melodías que encerraba el programa en general, estuvo más acorde con la voz de la soprano Ana Otxoa. El dominio que mostró en la voz, la técnica con la que alternó el canto a media voz con la potencia, el susurro de sus pianíssimi y la dulce línea de canto exhibidos en el aria “Goizeko Eguzki Argia”de Mirentxu, confirmaron su calidad.

La Coral de Bilbao se convirtió en lujo, pues su trabajo consistió en acompañar a los solistas, salvo en  la ópera “Pudente”, considerada como la primera en euskera, en la que la sección femenina de la Coral, interpretó su deliciosa escritura, con acompañamiento del arpa, a media voz y con gran finura.

La Sinfónica de Bilbao respondió a las exigencias del maestro Oliver Díaz, participando en una velada que nos recordó la dulzura y el elegíaco lirismo que contienen las romanzas vascas  hoy en día un tanto olvidadas.


GRAN DISCIPLINA EN LOS COROS DE LYON

“Los Chicos del Coro”. Coro de la Basilica Saint Marc de Lyon. Director: Nicolas Porte. Palacio Euskalduna 28-XII-19.

DISCIPLINA CORAL

En su amplia gira por diferentes teatros, compareció en Bilbao el coro de los alumnos escolarizados en el colegio Saint Marc de Lyon. Les recordamos, cómo no, de la película que protagonizaron hace años y cuyo protagonista Jean Baptiste Maunier  sigue trabajando hoy día como actor. Los entonces denominados “Los Chicos del Coro”, comparecieron en el escenario del Euskalduna tan sólo con diecisiete jóvenes de los más de cincuenta que forman parte del grupo y aunque el coro sea mixto, el predominio de la voz femenina fue evidente.

En su habitual programa las piezas que suelen interpretar se basan en música sacra y hasta canto gregoriano, sin embargo, en el inexistente programa para información del público, las canciones interpretadas se fundaron en las más conocidas navideñas. Tampoco faltó la incursión en las sacras o eclesiásticas cantadas en latin, las de música de películas infantiles o la navideña española “El Tamborilero”. Casi todas las cantaron a tres voces y habría que destacar un par de detalles en su interpretación general. El primero hace referencia a la disciplina del conjunto, con una concentración ejemplar en las dos partes del programa, una actitud profesional en escena y  la memorización absoluta en todos sus miembros, de las muchas piezas cantadas. En segundo lugar, la musicalidad y empaste vocal que mostraron. Esto último tiene un gran mérito porque siempre hay un recambio generacional y cuando las voces cumplen una edad determinada salen del coro y son relevadas por nuevas voces.

Hubo también alguna que otra sorpresa en el programa que ofrecieron, porque pocas veces se ha escuchado el vals “Danubio Azul” cantado por coro o la barcarola de la ópera “Los Cuentos de Hoffman” que en lugar de un dúo entre soprano y mezzo, se nos ofreció coralmente. En fin, un conjunto preparado y formado por jóvenes que muchos de ellos no han cambiado aún la voz blanca y mantienen un programa con ese color y estilo angelical en la interpretación, fruto también de una sólida formación musical.

 


PRECARIEDAD ZARZUELERA

Zarzuela “La del Manojo de Rosas” de P.Sorozabal. Reparto: Hevila Cardeño (S); Antonio Torres (Bar); Lorenzo Moncloa (T); Angel Walter (T); Carlos Crooke (T); Raquel Cordero (S).Palacio Euslalduna 23-XII-19.

 

Siempre hemos escrito que una representación de Zarzuela requiere el estímulo de una producción de nivel para que no caiga en la mediocridad. Por ello, resulta difícil escapar de la medianía cuando aflora la precariedad y aunque logre salvarse algún que otro solista, el predominio de lo barato se hace evidente. Todo se multiplica cuando el respetable  no dispone de programa para saber el nombre del maestro que dirige y qué orquesta se ubica en el foso o desconoce los nombres de los intervinientes.

En el plano artístico, el texto de la obra, en la órbita del sainete, no fue inteligible recitado por todos y ocurrió lo mismo en el canto, poco modulado en algunos intervinientes. Dentro del ámbito musical, el reparto solista nos trasportó a los tiempos de la zarzuela en el teatro Barakaldo y salvo el barítono protagonista Antonio Torres, no faltaron los habituales en aquel teatro.

El mencionado barítono fue el que sostuvo la calidad canora de la obra cantando con una voz hermosa, segura y fácil en la tesitura alta.  Su fraseo fue el más claro y sumó afinación y musicalidad a su canto. En su partenaire, se notó el empeño mostrado por la soprano ligera Hevila Cardeño,  correcta sin más en su actuación general, lo mismo que el tenor Lorenzo Moncloa un tanto serio y formal a la hora de encarnar al aviador poco chulesco. El recitado demasiado acelerado de Angel Walter haciendo de Espasa le resto comicidad y no llegó a ser tan hiperbólico como debiera. En cambio su colega Carlos Crooke como Capó, estuvo en su línea cómica en un rol que ha cantado innumerables veces. Su compañera Raquel Cordero, que representó a Clarita, lo hizo mejor como actriz que como cantante.

Por otro lado digamos que no hace falta ahondar en la elementalidad coral, ni en  la figuración ridícula y sin sentido que se nos mostró. Nos quedamos con los pasodobles, los chotis y el moderno fox trot que compuso Pablo Sorozábal  a través de la desconocida orquesta y el ignorado director.