ENREDO HAENDELIANO

“Clori, Tirsi e Fileno” de G.F.Haendel. Conjunto “Los Elementos”, Solistas: Ana Vieira Leite (S); Alicia Amo (S); Alberto Miguélez (T). Filarmónica de Bilbao 3-III-25. 

El conjunto denominado “Los Elementos” fundado por Alberto Miguélez nos dio a conocer la cantata cómica “Clori,Tirsi e Fileno” de Haendel. Se trata de la historia de una pastora enamorada de dos hombres que los acaba perdiendo por inconstancia. Gracias a su música tan expresiva que narra las emociones de los tres personajes, la representación pudo superar el contraste con alguna voz aún por madurar. Salvo la lucidez y sonoridad vocal de Alicia Amo encarnando a Tirsi, sus compañeros solistas adolecieron del requerido brillo vocal. La citada soprano burgalesa mostró además una gran limpieza al cantar con la agilidad precisa la complicada aria “Tra le fere, la fere piu cruda”. Su compañera Ana Vieira quien abordó el rol de Clori dispuso de los fragmentos bucólicos y de aire pastoril en los que pudo expresar con suavidad y dulzura su canto, pero no así en los momentos de pasión como en “Bárbaro tu non credi” un aria a la que le faltó fuerza. Acerca del tenor Alberto Miguélez le citaremos como creador del grupo más que como cantante. Su intervención como tenor nos dejó la duda de que encajara en esta tipología vocal al mostrarnos una voz con poca luz y de escaso volumen. El enredo semi cómico contó con diez músicos que interpretaron con gusto y exquisitez la música de Haendel si bien, algunas de las voces intervinientes todavía han de mejorar.


Melodías francesas

Recital de Canto. Solistas: Josep Ramon Olivé (Bar); Francisco Poyato (piano). Obras de L. Boulanger, R. Hahn; M. Ravel; D. de Severac; F. Poulenc. T. Arriaga 26-II-25.    

 Cerca de cumplirse los ciento cincuenta años del nacimiento de Maurice Ravel, el barítono barcelonés Josep Olivé y el pianista también catalán Francisco Poyato, ofrecieron algunas composiciones suyas, así como de algunos de sus contemporáneos. Los autores que figuraron en el programa, aunque compartieron vivencias, mostraron estilos diferentes que se iniciaron desde la profundidad y tristeza de Lili Boulanger, hasta el lenguaje musical más moderno de Francis Poulenc. La voz lírica del barítono Olivé repasó en un claro y expresivo francés melodías del músico y cantante vasco-venezolano Reynaldo Hahn, con cómoda emisión vocal mientras el pianista Poyato acompañaba las tres canciones con aroma de bolero y que llevaban nombre femenino. Las que este binomio artístico interpretó de Ravel, se inspiraban en Don Quijote y ya en la segunda parte, Ravel entretuvo la atención con cortas canciones que tuvieron un fondo de animales que cobraron vida propia. Tras el romántico tema concerniente a Deodat de Severac quien puso música al poema Les Hiboux (Los Búhos) de Charles Baudelaire, la velada terminó con canciones de Poulenc con letras basadas en poemas de Apollinaire con un lenguaje musical más moderno y sobre todo, con un sentimiento marcado por su experiencia vivida en la segunda guerra mundial. Un recital de canto elegante por parte del barítono y un acompañamiento limpio y preciso en comunión con la interpretación.


EXQUISITO ORATORIO

“Il Giardino si Rose” de Alessandro Scarlatti. “La Ritirata”. Solistas: Nuria Rial (S); Jone Martinez (S); Luciana Mancini (M); Víctor Sordo (T); Joao Fernándes  (B). Dirección Musical: Josetxu Obregón. Filarmónica Bilbao 24-II-25.  

 Podríamos comenzar diciendo que Il Giardino di Rose se puede considerar como el oratorio más distinguido de Alessandro Scarlatti. Casi inédito en las salas de música, nos llegaba de la mano del fundador de “La Ritirata”, el bilbaíno Josetxu Obregón. El músico y además violonchelista del “bocho” fue el máximo responsable de que la obra discurriera por cauces de suma finura canora y de gran conjunción orquestal. En este sentido instrumental, calificaríamos de admirable la labor del violín concertino, quien junto a la viola y el contrabajo se distinguieron en los diferentes acompañamientos a las voces intervinientes. Recitativos introductores de arias y brillantes solos por parte de las cinco jóvenes y frescas voces interpretaron con elegancia y gran expresividad un sinfín de piezas. Así, pudimos disfrutar de la maravillosa aria cantada por la soprano Jone Martínez encarnando a la Esperanza “Mentr´io godo in placido oblio” (Mientras gozo en dulce olvido) tal vez el solo más bello del oratorio. La soprano de Sopela nos mostró sobremanera en esta sutil aria, la limpieza de su bello timbre y su buen gusto. La respuesta interpretativa vino a cargo de la también soprano Nuria Rial que en el rol de la Caridad cantó “La Bella Rondinella” con finura y suave línea de canto. El trío femenino se cerró con la mezzo Luciana Mancini (la Penitencia) la cual interpretó sus arias caracterizadas con un mayor dramatismo y severidad, lo cual no impidió que se distinguiera en su especie de lamento, “Staró nel mio boschetto” (Estaré en mi bosquecito) cantada a media voz y de manera íntima. Los recitativos narrativos corrieron a cargo de la cristalina voz del tenor Victor Sordo y la carismática participación del bajo Joao Fernandes contó con la originalidad de estar acompañado por las trompetas, abandonando los acostumbrados clavecín y fagot. Brillantez y conjunción fue lo que nos deparó la orquesta bajo la mano maestra de Josetxu Obregón quien nos regaló un exquisito y precioso oratorio.


FAVORITO MÁS QUE «LA FAVORITE»

“La Favorite” de G.Donizetti. Reparto: Silvia Tro Santafé (M); Ismael Jordi (T); Vladimir Stoyanov (Bar): Simón Orfila (B); Mikeldi Atxalandabaso (T); Alba Chantar (S); Orquesta Sinfónica de Euskadi. Coro de Ópera de Bilbao. Dirección musical: Dirección de escena: Valentina Carrasco. Dirección Musical: Ricardo Frizza. Bilbao 15-II-25.   

 En su versión integral y cantada en francés, nos ha llegado “La Favorite” bajo la dirección musical de Ricardo Frizza. El maestro italiano que la ha dirigido en Bérgamo de donde es el titular musical, ofreció en esta primera representación unos “tempi” muy adecuados a las voces y sobre todo, hizo que la Sinfónica de Euskadi guardara el respeto al verdadero estilo belcantista y estuviera ajustada en los magníficos concertantes. De ahí que la variada temática musical de los números que integran el supuesto balé resultara tan brillante. Decimos supuesto balé porque la regista Valentina Carrasco se sacó de la manga una propuesta muy feminista. Consistió en mostrarnos a muchas “favoritas” reales con la cruda realidad del paso del tiempo, reunidas en una especie de harén al que al final se unirá la mezzo. La idea de esa acertada visión feminista estuvo sin embargo sostenida bajo un prisma caricaturesco al ridiculizarlas con tutús y con desajustados movimientos. Es decir, no hubo balé y a cambio hubo tragicomedia.

En el ámbito vocal es justo destacar al tenor Ismael Jordi. Desde su primera cavatina “Un ange une femme” nos advirtió de su control vocal y de la destreza en el manejo de su ligera voz. Su clara emisión de voz y facilidad en atacar los agudos se unieron a un amplio legato al interpretar con exquisito gusto la famosa aria “Ange si pur” (spirto gentil en italiano). El tenor jerezano, además, fue el más inteligible al pronunciar un limpio francés. La mezzo Silvia Tró personificó una amante verosímil y vocalmente anduvo mucho más cómoda en el registro alto que en el grave al ser una mezzo lírica y no una dramática. Interpretó muy bien la primera parte de la ardua aria “O mon Fernand” pero evidenciamos sus limitaciones en la cabaletta que sigue al aria “Mon arret descend du ciel” en la que las notas graves se esfumaron con rapidez o fueron solapadas por la orquesta. En cuanto al barítono búlgaro Vladimir Stoyanov quien nos ha visitado ya en unas cuantas temporadas, una vez más habrá que decir que se trata de una voz no muy sonora, apta para dar con solvencia notas del registro alto como lo evidenció en “Oui seigneur la clemence est lassée”. Como buen profesional, estuvo siempre seguro y entregado al papel como actor. Siguiendo con el registro grave, citemos a Simón Orfila, en esta ocasión como bajo puro y no como un barítono-bajo cubriendo el papel autoritario y severo del padre Baltasar. Una autoridad que manifestó también en una voz oscura, algo estentórea y entubada, pero efectiva para el rol. En el papel de Don Gaspar escuchamos al tenor local Mikeldi Atxalandabaso muy participativo en la acción y mostrando una voz muy timbrada en sus participaciones, sobre todo en la mofa al nombramiento de marqués con la compañía del coro. Para finalizar citemos a la soprano Alba Chantar como una Inés desenvuelta y de brillante voz y luego al Coro de la Opera de Bilbao tanto a la elegancia de su sección femenina en el primer acto, como al conjunto en general en sus preciosas intervenciones.


UNA VOZ EN LA BOS

Concierto de la BOS. Solista: Lauren Snouffer (S). Obras de Hans Abrahamsen y Gustav Mahler. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección: 13-II-25  

 El compositor danés Hans Abrahamsen con su obra “Let me tell you” que se ha presentado con la BOS, no cabe duda de que ha escrito todo un “tour de force” para soprano. Con el texto basado en una novela de Paul Griffiths a su vez inspirado en el personaje de Ofelia de la Hamlet de Shakespeare, la soprano Lauren Snouffer resolvió con corrección el escollo creado por el compositor danés. La singular obra exigió de la cantante una clara solvencia en la alta tesitura y que los cambios de tono y los saltos que se hallan en su exigente línea de canto guardara la firmeza y afinación requeridas. Tuvo que superar su elegíaca y melismática escritura con seguridad y realizar inesperados filados y ataques a los agudos de gran riesgo. La orquesta por otra parte sonó “dolcíssimo” a veces con colores sorprendentes y al final, la obra terminó con un “morendo” largo y sutil. Destacamos en la ligereza vocal de la soprano en ese último hálito “I will go out now” no exento de sobreagudos solitarios y suspirantes. En la segunda parte del concierto la artista norteamericana volvió a reaparecer para cantar el final de la cuarta sinfonía de Mahler en esta ocasión con un timbre más cálido y corpóreo y cerrar con éxito su actuación. La sinfónica bilbaína una vez más agradó en esta hermosa obra bajo la dirección de la maestra suiza Elena Schwartz


MAGISTERIO CANORO

Recital de Canto. Solistas: Konstantin Krimmel (Bar); Ammiel Bushakevitz (Piano). Obra: “Winterreise” de F.Schubert. Sdad. Filarmónica. Bilbao 12-II-25     

 A la hora de interpretar la preciosa obra schubertiana “Winterreise”, el barítono Krimmel utilizó todo lo que un maestro del canto necesita para su interpretación. Expresó la ambigüedad del amor y la muerte con una voz de limpia emisión lo que inevitablemente conduce a un fraseo exquisito e inteligible. Los lieder expresaban perfectamente las impresiones de las letras de sus poemas y en el solitario deambular del personaje que representaba, el control de la intensidad vocal y de su intencionalidad se hicieron muy emotivos. El barítono alemán enseñó una voz de la escasa tipología llamada “Martin”, la voz de aquel francés llamado Jean Blaise Martin, barítono de claro timbre parecido al de un tenor spinto. De ahí que dominara con maestría los ataques filados a media voz a la hora de describir momentos oníricos sin olvidarnos de sus aterciopeladas notas centrales. En el lied titulado “El Tilo”, así como en el siguiente denominado “Torrente” el monodrama de Schubert rayó la perfección en total simbiosis con la delicadeza del teclado a manos del israelita Ammiel Bushakevitz. Cantó sin mácula el dolor del amor perdido con absoluto control de la intensidad y su gran fiato y nos dejó evidente su magisterio canoro. Por otro lado, en pocas ocasiones hemos podido apreciar tanta sensibilidad en un pianista acompañante quien apenas miraba al cantante porque conocía cuándo respiraba este y qué lapso debía otorgar antes de posar de nuevo sus dedos en el teclado. Un hermoso recital.


GALA POLIFÓNICA DE GEORGIA

Más de 30 artistas georgianos vestidos de negro con puñal al cinto, participaron en el espectáculo que programó la agencia de viajes Biblos al cumplir sus bodas de oro de vida. Canciones “a capella” por las que el histórico grupo Erisidoni nos relató la historia y las leyendas de Georgia y que constituyen patrimonio de la humanidad. Durante más de ciento treinta años el conjunto ha logrado sendos éxitos en cada una de sus participaciones, lo cual denota su alto grado de calidad y profesionalidad. La reciedumbre y virilidad del coro formado por hombres contrastó con la elegancia y gracilidad de los bailarines de ambos sexos que parecieron no tocar suelo. Algúna de las danzas masculinas nos fueron cercanas al balet clásico por su elegancia y próximas también a números circenses por la extrema agilidad y por su exhibición atlética. El conjunto alternó el canto bélico o el festivo de inusitada fuerza y absoluta conjunción con la interpretación susurrante de la canción “El Lago Duerme” en la que la delicada polifonía alcanzó un muy alto grado de afinación, además de mostrar un gran fiato con el que mantenían las voces muy bien sostenidas. En la canción “Chaguna” intervino la única mujer que cantó acompañada de su “Chonguri”, el instrumento georgiano medieval de cuerda. Gracias al esfuerzo de Biblos al traer a Bilbao a este afamado conjunto pudimos también escuchar de nuevo el hermoso poema de amor titulado “Suliko” en esta ocasión con la compañía de tres “Chonguris” y después la canción “ChaKrulo”, elegida por la NASA para su envío al espacio con el Voyager. No obstante, y a pesar de la calidad vivida, la emotividad y la empatía llegó cuando al final el conjunto cantó con brillantez y en correcto euskara un “Boga Boga” que puso en pie a todos.


TRISTAN CAMBIA DE ISOLDA

  “Tristán e Isolda” de R.Wagner. Reparto: Oksana Dyka (S); Gwyn Hughes Jones ()T); Egil Silins (Bar); Daniela Barcellona (M); Marko Mimika )(B); Orquesta Sinfónica de Bilbao, Dirección de escena: Allex Aguillera. Dirección Musical; Eric Nielsen. Bilbao 21-I-25.                      

 Repuesta de su indisposición, la soprano Oksana Dyka volvía a la escena bilbaína tras su paso y presentación de hace ahora dos años. Ya entonces comentamos su potencia vocal, su voz penetrante y resistente, capaz de ahora abordar a Wagner. La ucraniana quien en esta ocasión encarnó a Isolda mostró una vez más una gran voz lírica, con notas centrales llenas, aunque sin cuidado en la intensidad. Desenvuelta y con autoridad en el papel, tuvimos que lamentar su empeño en cantar siempre a plena voz con lo que apenas nos esbozó frases delicadas. Sin embargo, esta versión de Isolda resultó veraz, con una mímica creíble y equidistante. El tenor Gwyn Hughes volvió a lucir sus nítidas dotes canoras, su elegancia y suavidad en la línea de canto, volviendo a sorprendernos su resistencia en tan arduo papel y sin mácula en el tercer acto. El barítono Egils Silins como Kurwenal cuajó una actuación superior al primer día y completó la labor de manera solvente con su atenorada voz tan sonora y potente. El bajo Marko Mimica sobresalió de nuevo en el soliloquio enseñando su voz oscura y de igual color. La mezzo Daniela Barcellona parece haber encontrado con Brangane un nuevo repertorio además del de Rossini, al mostrar una voz firme y segura en la alta tesitura. Nos satisface nombrar en este nuevo espacio, al barítono Carlos Daza como Melot y junto a él, las jóvenes y bonitas voces de los tenores vascos Josu Cabrero y de Gillen Mungía a quienes seguiremos de cerca. El maestro Eric Nielsen no cejó en dirigir a su orquesta con mano firme e hizo que la Sinfónica bilbaína nos pareciera perfecta por el empaste de las cuerdas y el temple de los metales, así como por su bello color tan lírico y onírico.


TRISTÁN E ISOLDA

En términos wagnerianos, apreciar la calidad vocal no da un resultado justo ni equilibrado. En Wagner la voz es contrapuntística y el compositor la trata como un instrumento más de la orquesta. Aun así, los papeles de Tristán e Isolda, para tenor y soprano dramáticos, son extenuantes incluso dentro del mismo repertorio wagneriano. Su música se compone de un sin fin de melodías inconclusas, con modulaciones constantes y toda ella acompañada de una larga lista de leitmotivs que desembocan en la gran importancia de los que ocupan el foso. De ahí que empecemos a desgranar la representación desde el punto de vista musical.

En este punto, al frente de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, Nielsen ofreció una lectura refinada y detallada de la partitura. Si en el preludio pudimos apreciar la cargada atmósfera, ya en el segundo acto trasmitió con sensibilidad suma la prohibición amorosa de los protagonistas. Nielsen se mantuvo en todo momento centrado y por ello guardó el equilibrio necesario entre voces y orquesta. En el conjunto bilbaíno, lució el solista de corno inglés en el tercer acto con gran limpieza y musicalidad. En  otras ocasiones la orquesta apagaba las voces a pesar incluso de la casi estridencia de la soprano. El director, volcó su sensibilidad en el gran dúo del segundo acto y sobre todo en dotar al conjunto de una gran delicadeza sonora en el «Liebestod» final.

El tenor Gwyn Hughes fue sin duda el triunfador de la noche. El cantante galés se presentó en Bilbao con una voz de muy bello color, no era el del típico “Heldentenor”, pero nos agradó su igualdad, su fácil emisión y su presencia física. Sin duda nos gustaría escucharle en una ópera italiana. La sustituta soprano inglesa Rachel Nicholls encarnó a una Isolda muy entregada. Apostó por lo teatral habida cuenta de que su voz de emisión muy abierta, carente de un afilado timbre, se movía mejor en lo histriónico. La mezzo italiana Daniela Barcellona quien nos hizo disfrutar varias temporadas de la agilidad rossiniana, cuajó una correcta actuación interpretando a Brangane. Mantuvo en todo momento la firmeza de su voz en una alta tesitura. Nos gustó mucho el bajo Marko Mimika en su papel de rey, dejando constancia de una voz oscura y llena en su largo soliloquio. Finalmente referirnos vocalmente al barítono Egils Silins que hizo de Kurnewal mostrándonos una voz clara, algo engolada, con solvencia en las notas altas. 

La producción diseñada por Allex Aguilera que nos viene desde Sevilla, es de gran parquedad en cuanto a escenografía y en cuanto a limitados movimientos enmarcados en una tarima central. Nos dio la impresión de que la soprano, sobre todo, pululaba a su aire con histriónicos gestos. Como viene siendo habitual en la actualidad, los inexistentes decorados se sustituyeron con imágenes alusivas proyectadas al fondo lo que denota demasiado la precariedad de la producción.


GALA POR LA PAZ

“Veinticinco aniversario”. Intérpretes: Asier Extendía (Actor) ; Sociedad Coral de Bilbao; Andrea Jiménez (S);; Maite Arruabarrena (M); Mikeldi Atxalandabaso (T); Fernando Latorre (Bar);.Dirección de Escena: Raúl Cancelo. Director Musical: Iker Sánchez Silva. Euskalduna 5-XII-24.         

 Pronunciar la palabra “Mastodonte” nos lleva a Asier Extendía y Enrico Barbaro como grupo musical que lucha contra pesados mastodontes como la ignorancia y los prejuicios. Ellos fueron los que abrieron la gala interpretando “Jonás” con la Orquesta Sinfónica de Bilbao y la Sociedad Coral de Bilbao, una obra en la que predomina la percusión además del desgarrado canto de Extendía. La Coral bilbaína vino a lucirse con la ópera “La Muerte de Klinghoffer, aquel ciudadano asesinado a tiros y arrojado por la borda desde el crucero Achille Lauro en 1985. El dolor inherente en la música de John Adams se tradujo en el canto a media voz, sutil y delicado de la Coral bilbaína, con el solitario acompañar del arpa y de los contrabajos con la precisa dirección del maestro Sánchez Silva. En la segunda parte de esta pieza, con una tesitura muy aguda, las sopranos mantuvieron con firmeza esa agudeza musical y firmaron una exitosa actuación. El dramatismo ambiental reinante se intensificó luego con el “Gernika” de Sorozábal. Un canto doliente y a la vez grandioso que el coro ofreció en todo su esplendor. En el órgano del Euskalduna también sonó Bach mientras varios grupos militares deambulaban por la sala hasta que de nuevo Extendía salió a bailar y girar sobre sí mismo vestido a modo de derviche turco. A continuación, la soprano Andrea Jiménez, la mezzo Maite Arruabarrena, el tenor Mikeldi Atxalandabaso y el barítono Fernando Latorre formaron el cuarteto requerido para solemnizar como se merecía la velada interpretando el cuarto movimiento de la Novena de Beethoven. Finalizó la gala con la joven Izaro cantando muy tenue e intimista  “Imagine” de los Beatles y la última presencia de Asier Etxeandía cantando a Milkel Laboa siendo protagonista absoluto de la escena por su desparpajo teatral y extravagancia incorporada.       


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