De TENOR A TANGUISTA
Recital. José Manuel Zapata y Gardel- Claudio Constantini (bandoneón) y Juan Francisco Padilla (guitarra). Obras de Lepera y Gardel; De Curtis y Piazzola. Teatro Arriaga.26-I-16.
Al tenor Zapata hace tiempo que le habíamos visto compaginar la lírica operística con otros eventos musicales , como fue cuando colaboró con el violinisita Malikian. Ahora llegaba al Arriaga bilbaíno arropándose en el tango y acompañado del bandoneón de Constantini y la guitarra de Padilla. Aprovechando que se conmemoraban los ochenta años de la muerte de Carlos Gardel compareció para ofrecer una serie de tangos y alguna que otra napolitana por aquello de enseñar mejor su voz. En el campo de la música bonaerense cantó con claro fraseo y un bello color vocal, pero lejos del espíritu arrabalero y rasgado del estilo. No todas las notas sonaron afinadas y tal vez la falta de la antigua disciplina de ensayos y estudio que obligaba la lírica, hizo que le faltara algo de fiato en sus finales y una mayor firmeza en la línea dubitativa de su canto. Fue a más cuando se adentró en las canciones napolitanas aunque les faltó expresividad, quedando su imagen a salvo por su cuerpo vocal redondo y cristalino. El que fuera un buen tenor rosiniano de voz fácil y ágil se manifestó en el Arriaga con una voz justa para lo que fue e inadecuada para cantar tangos que lleguen a conmover.
EL DESPERTAR DE LA SONAMBULA EN BILBAO
La Sonambula de V.Bellini. Reparto: Jessica Pratt (s); Antonino Siragusa (t); Mirco Palazzi (bar); Elena Sánchez Pereg (s); Itxaro Mentxaka (m); José Manuel Diaz (bar); Alberto Nuñez (t); Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Bilbao.Director de Escena: Massimo Gasparón. Dirección Musical: José Miguel Pérez Sierra. Palacio Euskalduna.Bilbao 23-I-16.
Ah non credea mirarti es el inicio de la frase que canta en su aria final la soprano Amina dirigiéndose a la marchita flor que le ha regalado su amante, el tenor Elvino. Es la frase que está escrita en la tumba de Bellini en la catedral de Catania y fue la frase del comienzo de esa aria con la que Jessica Pratt se ha consagrado en Bilbao y ha conseguido que su flor marchita renaciera gracias a su delicado canto. La blanca luz que reflectaba el campo de abedules ubicados en el escenario, quedó supeditada a la superior brillante luz que la artista británica-australiana proyectó con su arte belcantista. A media voz, comedida en la intensidad, con unos ataques firmes y certeros a las notas complicadas, limpios picados y con una gran afinación en su voz de color tan agradable, la soprano se volcó en la citada aria final y más aún en la cabaletta Ah non giungeque le sigue y que también figura en la tumba del músico, para explayarse con su coloratura, su agilidad y la facilidad canora de una gran cantante. El rol de Elvino, tan difícil y selectivo por la alta tesitura de su canto encontró en el siciliano Antonino Siragusa a un intérprete que respondió con sus Do y Re agudos a los inverosímiles Fa agudos que había abordado la soprano. Su voz ligera y de acerado color, como una pluma que se mueve al ritmo aéreo, tendía hacia las alturas del pentagrama, incluso con cierta estridencia, pero la mencionada selección vocal que exige este papel siempre limitará en lo posible un comentario general negativo independientemente de la calidad vocal. En cuanto al papel del conde, encarnado por Mirco Palazzi, le hubiéramos preferido con más empaque o solemnidad. La joven figura de Mirco Palazzi se alejaba de la gravedad propia de la imagen de un bajo que ha de pasar por un señor maduro. Enseñó una voz de bello color y con terciopelo, sin llegar a transmitir a su muy bella aria Vi Ravvisso la suavidad y elegancia requeridas. No obstante y dada su juventud para la encarnación de este tipo de personajes, nos parece que en breve será un bajo muy reclamado. El rol de Lisa correspondió a la valenciana Elena Sánchez Pereg, una cantante de voz ligera, compacta y muy audible. Una artista que lleva tiempo siendo figura estable de la opera de Dusseldorf y que pudo cumplir con su cometido a pesar del anuncio de un provisional acceso gripal. Por otro lado, en esta y otras óperas de Bellini, el coro es un factor canoro muy importante, incluso comparable a un personaje relevante de un solista. Baste decir que su relato fantasmagórico del cierre de la primera escena del primer acto y sus varias y finas intervenciones a lo largo de la ópera, gozaron del ideal belcantista tan impregnado en el conjunto. Partiquinos de garantía manifestaron su seguridad y naturalidad escénica como los casos de la mezzo Itxaro Mentxaka, el barítono José Manuel Díaz o el tenor Alberto Núñez quienes aportaron sus respectivas experiencias teatrales. Finalmente, habría que destacar la controlada batuta del maestro Perez Sierra, al frente de una BOS paciente y capaz de reflejar la delicadeza y la parsimonia rítmica de una partitura de Bel Canto en la que es preciso dejar cantar casi ad libitum al solista
La cantera vocal vasca
Concierto Homenaje a Alfredo Kraus. Solistas: Sopranos: Elena Barbé);Irantzu Bartolomé; Naroa Intxausti ; Maria Ogueta; Helena Orcoyen); Ana Otxoa; Marta Ubieta; Miren Ubieta. Mezzosopranos: Nuria Orbea; Marife Nogales;Inés Olabarría. Tenorrs : Xabier Anduaga; Beñat Egiarte; Andeka Gorrotcategi; Alberto Nuñez; Jose Luis Sola; Javier Tomé . Barítonos: Jose Manuel Diaz; Fernando Latorre; Cris Roberetson. Bajo: Mikel Zabala. Orfeón Donostiarra y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección Musical: Oliver Díaz. Teatro Arriaga 28-XII-15.
El evento organizado por la Asociación Musical Alfredo Kraus en este año que termina, cambió totalmente de rumbo al retomar su original sabor lírico y de atractivo homenaje. De ahí que lo primero que habría que destacar es el programa tan variado y tan bien confeccionado que se vivió en el Arriaga. Se logró el disfrute general y al mismo tiempo se presenció un magnífico desfile de solistas de la tierra quienes se manifestaron con el buen arte que atesoran. No diremos que estaban todos entre los veintitrés cantantes que presenciamos, pero se podría decir que no llegó a la media docena los artistas que faltaron al evento. Así mismo, resultó grato comprobar la entrega del director Oliver Díaz al frente de una Sinfónica bilbaína bien apañada a falta de alguno de sus titulares y más grato aún la conjunción, valentía, desinhibición y calidad vocal de muchos de los cantantes. Ciertamente hubo conjunción y alegría en la interpretación de West Side Story. Hubo comicidad en el dúo del Caserío cantado por Núñez y Otxoa y una musicalidad exquisita en Marta Ubieta y Marife Nogales al cantar el dúo de los Diamantes de la Corona de Barbieri. Nos pareció valiente y noble el ataque al agudo final del dúo que cierra el primer acto de La Boheme a cargo de María Ogueta y Javier Tomé. En el complicado sexteto de la ópera Lucía di Lamermoor hubo engrase y atención y la sutil y fina voz de Jose Luis Sola apuntaló con firmeza un buen cuarteto de Rigoletto. Al interpretar el duo de la ópera Carmen las voces corpóreas de Miren Ubieta y Andeka Gorrotxategi encandilaron al respetable, lo mismo que bien acompañado de la soprano Unda, el tenor vizcaíno cantó con solvencia el dúo del primer acto de Tosca. Hubo también voces jóvenes, de una cantera que promete y así escuchamos junto a artistas masculinos ya conocidos como J.M.Díaz o F.Latorre las desinhibidas de Anduaga y Egiarte y entre las féminas, al lado de Nuria Orbea,Naroa Intxausti, Marifé Nogales, Inés Olabarría y Helena Orcoyen, las menos conocidas de Barbé o Miren Ubieta Vega. En fin un acierto de festival con sabor lírico y de homenaje.
Entre la ASTRACANADA Y EL CUPLÉ
“La Corte de Faraón” de Vicente Lleó. Reparto: Carmen Romeu (s); Itxaro Mentxaka (m); Manel Esteve (t); Néstor Losán (t); Asier Sanchez (bar); Enrique Viana (actor).Coro Rossini y Orquesta BIOS. Dirección Escena : Emilio Sagi. Dirección Musical: Carlos Aragón. Teatro Arriaga 11-XII-15
Una gran máscara de un Tutankamón que se transparentaba, ideada por Daniel Blanco, dejaba luego ver las cámaras doradas, el vestuario rutilante y los torsos desnudos de actores y figurantes en el imaginario mundo egipcio. En el trajín teatral impuesto por Emilio Sagi, no sólo a los solistas, sino a todo el que aparecía en la escena, se evidenció un trabajo que ante todo divirtió a ellos mismo antes que al público. En realidad no se trata de una zarzuela clásica en la que prima el canto, sino que predominan las situaciones acompañadas de un juego de palabras y ademanes a veces vulgares y siempre picantes o eróticos. Esta Corte de Faraón que se ha vuelto a presenciar en el Arriaga trascurridos ya tres años desde su presentación, cabalga de nuevo entre la astracanada y el cuplé en los que lo importante es divertirse y sonreir. De ahí que demos una importancia menor a la voz cantante que a la acción teatral en la que la experta mano de Sagi se hizo notar con claridad. La diversión en la escena se unió a la algarabía y es lo que en su día se conoció como “moda sicalítica” en el teatro español, muy de moda por su casticismo, erotismo controlado y muy cercano al teatro de variedades. De ahí que en el ámbito canoro, sin embargo señalemos la grata presencia de la soprano Romeu, citemos el perfecto trabajo de la mezzo Itxaro Mentxaka y del buen acompañamiento escénico tanto de Manel Esteve, como de Néstor Losán, Asier Sanchez y Alberto Nuñez. En sintonía el trabajo musical del maestro Carlos Aragón y cómplice total del intervencionismo exagerado de Enrique Viana en su papel de travesti aunque fuera del agrado del público pues nos introdujo con su sutil lenguaje y su comodidad escénica en el mundo de aquel popular Teatro Argentino.
ENTRETENIMIENTO LÍRICO
“Une Education Manqué” opereta de E.Chabrier, Reparto: Belén López de León (s); Ruth González (s); Elías Benito (bar); Emilio Sagi (Recitador); Rubén Fdez. Aguirre (piano). Teatro Arriaga 10-XII-15
La enhorabuena a Emilio Sagi y compañía por sacar a la luz una opereta de finales del XIX que se representa muy raras veces por no decir que alguna vez que otra vez. Diremos que, si bien en el folleto de mano no figuraba su autor, la ligera y bonita obra se debe al músico francés Emmanuel Chabrier. Como en toda opereta, la música es ligera y no faltaron ni valses ni duetos sobresalientes. La ejecución y el acompañamiento al piano fue responsabilidad de Rubén Fdez.Aguirre, habitual músico por su buen hacer cuando el instrumento es un teclado. No faltó tampoco la pincelada personal del propio Emilio Sagi, quien recitó con su acostumbrada gravedad meláncólica la letra y el sentir de los fragmentos musicales. En cuanto a la interpretación vocal, se personificó en tres jóvenes voces, es decir, dos sopranos y un barítono. Las féminas Belén López de León y la también soprano Ruth González derrocharon musicalidad y una entrega fruto de un buen trabajo previo. No se percibió un colorido vocal que las distinguiera, pues ambas entraban en el capítulo de sopranos lírico-ligeras. Fundamentalmente se distinguieron por el intento de representar sus papeles además de cantar y por la conjunción mostrada tal como se comprobó en el duetto “Faisons nous petits” con remate en tiempo de vals. Cerró el terceto solista el barítono Elías Benito al que se le percibió demasiado preocupado en cantar a voz plena, en detrimento de una línea de canto más cuidada. En fin, un canto elegante, entretenido y sobre todo, de total y curiosa novedad.
Opera de titiriteros
“Las Golondrinas” de J.M.Usandizaga. Reparto: Elisa Di Pietro (s); Judith Martinez (s); Alberto Arrabal (bar); Mikel Zabala (b); Xabier Anduaga (t); Gonzalo Manglano (t).Orfeón Donostiarra y Orquesta Sinfónica de Musikene. Director Musical: Jesús Echeverría. Teatro Arriaga 30-XI-15
Está bien que se representen óperas en versión concierto. No siempre hay producciones disponibles que hagan viable su escenificación o se cuente con el soporte económico suficiente como para crear unos decorados ex professo. Además en la lírica bastan la música y la voz para emitir el necesario juicio y se aprecie la obra. Esta de Usandizaga con argumento de ambulantes titiriteros, posee una gran plenitud orquestal y una variedad temática musical sin menoscabo del fondo de tragicomedia. La eficaz dirección del maestro Jesús Echeverría evidenció que conocía muy bien la partitura y al mismo tiempo la joven orquesta de Musikene mostró también el trabajo previo de su preparación. Salvo el primer acto en el que los jóvenes instrumentistas parecían amilanados y la ejecución sin relevante sonoridad, en el segundo y tercer acto la juventud mostró su valía. No así en lo que respecta al capítulo vocal, pues entre los solistas no apreciamos ningún valor a tener en cuenta. Tal vez habría que destacar a la soprano que cantó el papel de Cecilia, llamada Judith Martínez, la cual enseñó una voz potente y de mucho más cuerpo que la de su compañera Elia di Pietro cuya voz de tiple no convenció. El barítono Alberto Arrabal cuando parecía hundido y con la voz cansada y muy justa en la zona alta cantada, revivió en la segunda mitad y pudo con su parte, sin más. Referente al tenor Anduaga, a pesar de lo poco que interviene el personaje encarnado, dejó sin embargo atisbos de luz en su voz de bello color y del bajo Mikel Zabala poco se puede comentar dado que canta dos frases. La aportación del Orfeón Donostiarra aunque no estuvo al completo fue demasiado pues lo que canta no es proporcional ni a la fama ni a la dificultad de lo cantado, salvo que se hubiera querido adornar la obra en bien de la gira que tenía ya prevista la ópera de Usandizaga.
La Coral y su cita anual con la Zarzuela
Bohemios. De Amadeo Vives. Reparto: Marta Ubieta (s); Alberto Núñez (t); Jesús M. Zaballa (bar). Masa Coral del Ensanche y Orquesta Sinfónica Lanayru. Dirección Musical: José Luis Eguiluz. Teatro Campos. Bilbao 27-XI-15.
FIELES A LA CITA ZARZUELERA
Nino Dentici
Como en años anteriores, la organización de la Coral del Ensanche acudió al teatro Campos para ofrecer su título anual de zarzuela. De la mano del maestro Eguiluz, habitual invitado de la citada Coral, escuchamos una interpretación musical de la obra muy aceptable, al menos se percibió valentía en los componentes de la misma y cuyos instrumentos sonaron con firmeza. Por otro lado, gracias a las intervenciones de la soprano Marta Ubieta y del tenor Alberto Núñez, la parte cantada respondió a las expectativas. La soprano demostró una vez más la afinación y dominio de la partitura cuando aborda cualquier papel. El tenor respondió con su canto de cuidada línea y claro fraseo. Ambos soportaron el peso de la obra ya que el tercero en discordia, el barítono Zaballa gustó más como actor que como cantante. La interpretación canora tanto de Ubieta como de Núñez hizo que ni la precariedad e incomodidad escénica, ni la insuficiencia dramática de algunos personajes que pulularon por la escena impidieran que la obra alcanzara el escalón de la dignidad.
La corala Coral del Ensanche y su anual zarzuela
Bohemios. De Amadeo Vives. Reparto: Marta Ubieta (s); Alberto Núñez (t); Jesús M. Zaballa (bar). Masa Coral del Ensanche y Orquesta Sinfónica Lanayru. Dirección Musical: José Luis Eguiluz. Teatro Campos. Bilbao 27-XI-15.
Como en años anteriores, la organización de la Coral del Ensanche acudió al teatro Campos para ofrecer su título anual de zarzuela. De la mano del maestro Eguiluz, habitual invitado de la citada Coral, escuchamos una interpretación musical de la obra muy aceptable, al menos se percibió valentía en los componentes de la misma y cuyos instrumentos sonaron con firmeza. Por otro lado, gracias a las intervenciones de la soprano Marta Ubieta y del tenor Alberto Núñez, la parte cantada respondió a las expectativas. La soprano demostró una vez más la afinación y dominio de la partitura cuando aborda cualquier papel. El tenor respondió con su canto de cuidada línea y claro fraseo. Ambos soportaron el peso de la obra ya que el tercero en discordia, el barítono Zaballa gustó más como actor que como cantante. La interpretación canora tanto de Ubieta como de Núñez hizo que ni la precariedad e incomodidad escénica, ni la insuficiencia dramática de algunos personajes que pulularon por la escena impidieran que la obra alcanzara el escalón de la dignidad.
A Roberto Devereux le faltó el lirismo elegíaco
“Roberto Devereux” de G.Donizetti. Reparto: Gragory Kunde (t); Anna Pirozzi (s); Silvia Tro (s); Alessandro Luongo (bar); Eduardo Ituarte (t); Javier Galán (bar);Gexan Etxabe (bar). Coro de la Opera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Euskadi, Director de Escena: Mario Pontiggia.Director Musical: Josep Caballé Domenech. Palacio Euskalduna.Bilbao 21-XI-15.
EN DONIZETTI FALTÓ EL BELCANTISMO
Nino Dentici
Es muy raro y difícil que una voz que cante el rol de Canio en I Pagliacci de Leoncavallo y cuya actuación fue un hito en Bilbao, interprete con el lirismo y el romanticismo necesarios este otro papel de Roberto Devereux de Donizetti. A pesar de lo atractivo de Gregory Kunde en cuanto su voz se sitúa desde el registro central hacia arriba, son evidentes las oquedades, las afecciones y la falta de luz en su voz en cuanto se sitúa en la parte central-baja, con la consiguiente pérdida de sutileza y el elegíaco canto requerido. No se trata de que cante mal, ni mucho menos, sino que nos pareció una voz inadecuada para este papel. Algo parecido ocurrió con la soprano Anna Pirozzi, una cantante que luce su voz en el repertorio verista y que en esta obra tuvo que acomodarse a un papel de una soprano con la voz más lírica que la de ella. La napolitana se mostró muy expresiva y contundente, con un canto académico pero sin alardes ornamentales y muchas veces muy justa de voz en la zona alta de la tesitura, precisamente porque se trata de una cantante que interpreta papeles muy fuertes como la Abigail de Nabucco o Lady Macbeth. Por el contrario, la elección del barítono Alessandro Luongo para cubrir el papel del duque de Nottingham careció de calor por demasiado ligera. La voz del barítono italiano se mostró demasiado atenorada y si bien es cierto que se trata de un papel para un barítono lírico y no dramático, la hermosura musical que comprende su parte cantada no caló en el auditorio por esa falta de calor y de mayor cuerpo vocal. Impresionó mucho más la actuación de la soprano Silvia Tro que cantó con una voz potente y limpia, con un centro lleno y muy audible. Sin embargo y a pesar de lo dicho con anterioridad, hubo algo más capaz de inclinar la balanza hacia lo elogiable y fue la buena interpretación musical de la que gozó la obra. En efecto, bajo la dirección del maestro Josep Caballé, la Sinfónica de Euskadi supo extraer la elegante belleza de la partitura, sobre todo en esos momentos elegíacos de tiernas arias, de los dúos y los inspirados tercetos que caracterizan la maestría musical melódica donizetiana Los coros de la ABAO no tuvieron la importancia adjudicada en la anterior ópera y los partiquinos Ituarte, Galán y Etxabe cumplieron con sus respectivos cometidos. La producción que venía de Las Palmas resultó amplia, no muy rica e incluso a veces extravagante como se pudo comprobar en las primeras escenas en las que tenía retazos mudéjares en una corte inglesa vestida ad hoc. Siempre agradan los decorados que ilustran la época y esto es importante.
AL RESCATE DEL BARROCO MUSICAL
La Galanía y Raquel Andueza (s). Obras del Barroco español. Teatro Arriaga 16-XI-15
Seguidillas, zarabandas y jácaras sirvieron para que la soprano Raquel Andueza y el grupo musical La Galanía mostraran la delicadeza y el sosiego melódico que desprende la música española del XVII. Canciones que requieren del buen fraseo, que exigen de un recitado claro como el escollo más importante en su interpretación. En este apartado la voz de la artista navarra resultó impecable en la elegancia del recitar y atractiva en el bien decir. Ya se ha dicho en otras ocasiones anteriores que la voz de Raquel Andueza es limitada en amplitud, pero la soprano es lo suficientemente inteligente como para desprender su arte declamatorio y envolver al auditorio en la atmósfera tranquila de un estilo en la que reina a placer. Mención aparte merece también el conjunto La Galanía compuesto por cinco excelentes músicos que supieron no sólo acompaña con destrezar a la voz, sino deleitarnos con pasacalles y marionas exponentes de aquella música popular reinante en la España del siglo XVII. En fin que las letras a veces satíricas y otras veces poéticas de Cervantes, Quevedo, Calderón o Lope hallaron la pulcritud y la finura en el recitar de la afinada voz de la solista y en la musicalidad y en el saber reflejar esa música por parte del conjunto.
