REFINAMIENTO MUSICAL

Quincena Donostiarra. English Baroque Soloist,Monteverdi Choir, Obras de Heinrich Schutz, Giacomo Carissimi, Domenico Scarlatti. Dirección: Eliot Gardiner. San Sebastian 2-VIII.                                      

La obra “Las Exequias musicales” de Heinrich Schutz abrió la Quincena con el especialista Eliot Gardiner al frente de su Monteverdi Choir. Tal vez resulte un tanto monótono y triste para el público en general, entrar musicalmente en un ambiente funerario, dado que la obra la compuso Schutz para el funeral de su mecenas y si, además, a continuación, se brinda la eclesiástica “Historia de Jephte”, a pesar del impecable coro y la mano maestra de Gardiner, resulta lógico que se espere con ansias al Stabat Mater final de Domenico Scarlatti. Adaptado por Gardiner a un coro en lugar de dos voces y basándose en cinco instrumentos (tiorba,arpa,viola di gamba,clave y contrabao) el texto litúrgico en el que se basó Scarlatti se nos mostró con un gran refinamiento y elegancia que únicamente un muy preparado conjunto puede ofrecer. Eliot Gardiner dispuso de un coro formado por diecinueve voces en el que cada voz pertenecía a un destacado solista y es difícil destacar a alguno de sus componentes porque a una voz de bello timbre y perfecto fraseo, seguía otro aún más brillante. Todos ellos siguieran con absoluta entrega las precisas órdenes del director y de ahí que la armonía fuera completa y unísono el sonido. Hasta el final del Stabat Mater las voces tanto en la interpretación de la obra de Schutz, como en la de Caríssimi, cantaron lamentando el dolor por una muerte y por otra parte el de María, la madre de Cristo de manera pausada. Al llegar al final “Amén” en ese Stabat Mater, la dificultad del rápido y largo canto fugado, demostró la destreza y conjunción del Monteverdi Choir. 

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BONITA SELECCIÓN ZARZUELERA

Recital de Zarzuela.Solistas: Vanessa Goikoetxea (S); Andeka Gorrotxategi (T); Itziar de Unda (S); Andrea Gimenez (S); Christofer Robertson (bar), Sociedad Coral de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección Musical: Iker Sánchez Silva. Teatro Arriaga 25-VI-22.       

 Cuando las arias y dúos de zarzuela van acompañados de una orquesta de calidad y un coro basado en un conjunto armonioso, se vislumbra otro mundo en el género chico. Por un lado, la música interpretada a cargo de una joven Sinfónica de Bilbao trasmitió la frescura y la autenticidad de un género generalmente no bien tratado y por ello bastante minusvalorado. Por otro lado, si el peso vocal de los números programados se escoró hacia la intervención del coro, la respuesta del conjunto de la Coral Bilbaína se hizo acreedora del total éxito y lógicamente los amantes de la zarzuela disfrutamos con el buen resultado. El maestro Iker Sánchez se entregó por completo en una dirección ardua por la variedad temática y una meticulosa lectura musical. La Coral por su parte, se valió sobre todo de una parte femenina de gran solvencia. Las piezas en las que intervino le exigieron tanto rapidez en el fraseo cantado, como poderío en los tutti. Se evidenció la gracia y satisfacción con la que cantaron la habanera y luego la samba de “Los Hijos del Capitán Grant”. Sus conversaciones musicales con los diferentes solistas estuvieron siempre bien acopladas y precisas. En el apartado de los solistas, lo mejor llegó de la mano de la soprano Vanessa Goikoetxea y del tenor Andeka Gorrotxategi, quienes interpretaron un magnífico dúo de la zarzuela “El Dúo de la Africana”.  La soprano se lució además con su penetrante timbre y una natural desinhibición en la famosa romanza “Ay Babilonio”. El tenor demostró en todo momento seguridad y confianza en su brillante voz. Intervinieron también las sopranos Itziar de Unda y Andrea Jiménez, distiguiéndose la primera en su versión de “La Tarántula” y la navarra por su gracejo en “Chateau Margaux” y ambas juntas en el bello dúo de “Los Diamantes de la Corona”. Cerró el capítulo solista el barítono Christofer Robertson cantando un complicado “Alirón” y más cómodo y apropiado como doctor en “La del Soto del Parral”. Una bonita velada ensalzando la zarzuela.


         LA 70 TEMPORADA DE ÓPERA

En el ámbito operístico, se podrían resumir los comentarios acerca de una temporada teniendo en cuenta el resultado de cada título en concreto, o bien, basándose en los solistas que han actuado, en los directores invitados o en las producciones presentadas, Sin embargo, esta temporada 2021/2022, la que hace el número 70 en la existencia de la ABAO, llevará en adelante el marchamo de que ha servido como cierre del llamado “Il Tutto Verdi”.

El galardón a la representación más completa de esta temporada se lo otorgaríamos a “Los Cuentos de Hoffmann”, la ópera de Offenbach que la abrió. Lo habitual en esta ópera es que los diferentes papeles protagonistas de soprano sean interpretados por cantantes diferentes, ya que los roles de Olimpia, Antonia y Giulietta, así como el de Stella del final de obra, requieren voces diferentes. Sin embargo, el autor pretendía que fuera una única soprano la que cantara cada personaje. Esto último se consigue cuando una artista de unas capacidades vocales y técnica depurada acepta el desafío. La soprano Jessica Pratt lo aceptó y fue capaz de adaptarse sin escollo a los tres personajes. Un “Hat Trick” de mérito. Como también pretendía Offenbach, los cuatro villanos fueron perfectamente interpretados por el bajo Simón Orfila. El cantante menorquín personificó el mal con gran presencia escénica, con la gravedad requerida en lo vocal y se mostró absoluto dominador de las escenas en las que apareció.

“Cavalleria Rusticana” e “I Pagliaci” le siguieron en méritos. En la primera, se esperaba con expectación la presentación en Bilbao de la mezzo Ekaterina Semenchuk, unas expectativas hartamente cumplidas tras escucharla en el papel de Santuzza. La mezzo bielorrusa agradó sobremanera por su homogénea voz y potente voz. De Jorge de León hay que recordar la intensidad con la que cantó el aria del payaso “Recitar…Vesti la giubba”. Fue una hermosa guinda a la actuación de un tenor cuya voz se acopló perfectamente al verismo rural.

La tercera posición la ocuparía el segundo reparto de “Madama Butterfly” por el equilibrio vocal resultante La capacidad dramática de la pacense Carmen Solís fue evidente, una Butterfly íntima pero capaz de trasmitir la tragedia de su personaje. El tenor Javier Tomé derrochó seguridad. Cantó siempre valiente y sin temor a los agudos. Su broncínea y penetrante voz acompañó a una actuación escénica creíble dentro de la antipatía que suscita el personaje. Cerró su canto con el final “Addio fiorito asil” brillante, entregado.

La cuarta representación en el ranking clasificatorio podría ser el del otro programa doble como fueron “La Voix Humaine” y “Una Tragedia florentina”. La carencia de arias, dúos y coro en favor del monólogo en “La Voix Humaine” de Poulenc o el trato de las voces tan solo como instrumentos de conversación en “Una Tragedia Florentina” de Zemlinsky, requieren otros puntos de interés que sirvan de atractivo. En consecuencia, la atención se centró en el talento interpretativo de la actriz-cantante Nicole Beller Carbone.

“Alzira” ocupó la quinta plaza en el ranking. Dejando al margen la mediocre producción peruana, la interpretación vocal superó unas expectativas que en principio eran muy pobres. Se trata de una ópera con argumento inca que terminó siendo cantada por dos artistas españoles. Tanto la soprano Carmen Solís como el tenor Sergio Escobar cuajaron sendas actuaciones que valieron el beneplácito del público.

Finalmente, no puede haber comentario alguno sobre la representación de “La Clemenza di Tito” de Mozart, porque no se puede comentar lo no presenciado. La ABAO inusitada y sorprendentemente, no facilitó un pase para la crítica escrita. Este único hecho teatral que privó de un comentario critico en la “premiere” a la prensa especializada. El “chocolate del loro” aplicado por la ABAO marginó al lector del periódico ya que no fue posible conocer la opinión critica de la representación mozartiana.


UN GRAN DIRECTOR Y UNA BUENA SOPRANO

“Madama Butterfly” de G.Puccini. Reparto: Maria Agresta (S); Sergio Escobar (T); Carmen Artaza (M); Damián del Castillo (Bar); Jorge Rodriguez (T); Marta Ubieta (S); José Manuel Diaz (Bar); Fernando Latorre (B). Coro de ls Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director de Escena: Stefano Monti. Dirección Musical: Henrik Nanasi. Bilbao 21-V-22                         

No es muy frecuente comprobar que un artista que se presenta por primera vez en un teatro satisfaga por completo tras su actuación. Nos referimos en primer lugar al joven maestro Henrik Nanasi, quien no solo nos ofreció los detalles del color orquestal tan bello en esta obra de Puccini, sino que es justo resaltar el mimo con el que dirigió a las voces en todo momento. En consecuencia, la orquesta bilbaína dejó su impronta de la calidad que atesora al captar y mostrar la variada, la fina y a la vez grave temática de la partitura. Entre los otros muchos detalles a destacar del director húngaro nos vienen a la memoria esos largos silencios en los momentos dramáticos que causaron un gran efecto teatral.

Como consecuencia también y fruto de esa precisa y brillante labor direccional, la soprano Maria Agresta, que también se presentaba, cuajó una actuación que, yendo de menos a más, finalizó como una auténtica heroína pucciniana. Para ello, le acompañó su corpórea voz, llena y poderosa en tesitura central, que es la requerida para este dramático papel. Desde el punto de vista teatral, impactó al dirigir a su reciente esposo la frase “Amame,mucho” con delicadeza y estuvo muy centrada en un papel que siempre acongoja y máxime cuando te vales de un niño en escena. Fue la que sobresalió en el famoso y largo dúo del primer acto, “Vieni la sera” ya que la voz del tenor Sergio Escobar dijo ¡basta¡ al estar en tensión y al no poder mantenerla con firmeza, dedicándose en adelante a acudir a un opaco semi recitado y huir del agudo del final del dúo. Su actuación no tuvo nada que ver con su anterior presencia en la verdiana Alzira.

El papel del cónsul norteamericano quedó desdibujado ya que la voz engolada y un tanto enfática del barítono Damián del Castillo no se nos hizo natural.  Tampoco ofreció el color vocal de una mezzo, ni la suficiente sonoridad, la voz de la donostiarra Carmen Artaza un tanto fuera de la caracterización de la japonesa Suzuki. En su favor, diremos que es una joven artista a la que aún le espera un largo recorrido. En cuanto al coro de la Opera de Bilbao cumplió con la siempre agradecida pieza entre bastidores del coro a “Bocca Chiusa”.

Finalmente, parece ser que al director de escena Stefano Monti no le interesa el amor o que lo entiende de otra manera. De hecho, en el hermoso dúo del primer acto no hubo ni siquiera un breve contacto físico entre los amantes haciéndonos recordar a algunas autoras románticas del pasado. Los artistas se mantuvieron distantes y fríos con lo que el tenor miraba más a la batuta que a ella. Eso sí distinguimos bien el uso pródigo de los abanicos y las sombrillas. 


EL IMÁN DE ORLINSKI

Recital de Canto. Solistas:Jakub Jozsef Orlinski (Falsetista); Michal Biel (piano); Obras de Fux,Purcell, Czyz, Karlowicz y Haendel. Teatro Arriaga 6-V-22

    

Jakub Josef Orlinsky es un joven falsetista de risueña imagen y dominio de la escena. Hasta parecía emocionarse y sorprenderse con los aplausos que un entregado público le tributaba. A pesar de la limpieza de su emisión y la excelente musicalidad, nos pareció que a su buena técnica le faltaba, por ejemplo, soldar con más naturalidad los diferentes registros vocales. Su programa nos ayudó a conocer a compositores como Mieczislaw Karlowicz y Henrik Czyz, dos músicos polacos, el primero de fines del XIX y el segundo del XX a quienes cantó en tesitura central, con un claro fraseo y una gran afinación. Canciones sencillas y breves llenas de lirismo poético en las que mostró gran expresividad, pero la centralidad que encerraba alguna de ellas, como la titulada “Lágrima” de Karlowicz, denotó cierta ausencia de colocación correcta de la voz acudiendo a la media voz natural como mal menor. Con Purcell y Haendel, alternó su poderosa voz central en el canto pausado, con una agilidad bien resuelta y el público no paró de aplaudir ningún instante, ni siquiera cuando cantaba varias canciones de grupo de un mismo autor que suelen requerir silencio entre una y otra, llegando a las palmas incluso antes de que terminara de cantar. Con la compañía al teclado de su compatriota el maravilloso pianista Michal Biel, tan delicado y preciso, el paso de Orlinski por Bilbao dejó huella.


VEHEMENCIA PASIONAL

“Sigfrido” de R.Wagner. Acto III. Solisyas: Rachel Nicholls (S); Okka von der Damerau (M); Clay Hilley (T); Simon Bailey (Bar). Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección Musical: Erik Nielsen. Palacio Euskalduna.5-V-22  

El acto III de la ópera “Sigfrido” de Wagner que ofreció la Sinfónica bilbaína en pleno, contó con unas voces de especialistas en el género. Nada más comenzar la conversación entre Wotan y Erda, nos llamó la atención el bello color vocal de Okka von der Damerau más cercano al de soprano que al de una mezzo y su canto fácil y natural. A su vez, la voz del barítono Simon Bailey a quien escucharíamos ampliamente en adelante, nos pareció un tanto lirico como para acometer adecuadamente un papel que requiere mayor gravedad. La aparición del personaje de Sigfrido encarnado por el tenor Clay Hilley rayó en lo impactante ya que su voz resonó como una resistente y poderosa trompeta. Además, su brillantez vocal atravesaba con facilidad la partitura. No flaqueó en el interminable idilio con Brunilda e incluso nos introdujo en la escena del descubrimiento de ella con acertada mímica gestual. Un excelente heldentenore que se atrevió incluso a realizar filados con gran control. En la vehemencia pasional, ajena al gran lirismo orquestal, intervino también Rachel Nicholls, una soprano dramática de poderosa voz, resistente también y provista de la calidez de una mezzo. En cuanto a la labor del maestro Nielsen al mando de la Sinfónica de Bilbao diríamos que este atendió exclusivamente al conjunto orquestal y apenas miró a los solistas sabedor de la seguridad y musicalidad de los cuatro que tenía a su espalda. Nos pareció un tanto elevado el sonido musical que permitió y en consecuencia las voces tenían que superar a esa gran orquesta. De ahí que el lirismo inherente al idilio final nos pareciera demasiado vehemente y pasional.


GRANDIOSA RESURRECCIÓN

Como grandiosa calificaríamos la versión ofrecida por Euskadiko Orkestra y el Orfeón Donostiarra de la Segunda de Mahler, bajo la batuta del maestro Robert Treviño. El director norteamericano no solo se atuvo a la delicadeza inherente del andante moderato con su pegadizo minueto, sino que el esplendor del último clímax final, con el impactante sonido general de la ‘Resurrección’, cerró una ejecución magistral. Naturalmente, contó también con un gran coro, en esta ocasión con el Orfeón Donostiarra, que ya desde el murmullo susurrante del pianísimo inicial resultó de muy gran efecto y testimonió su arte canoro. Luego, el conjunto acentuó la palabra con firmeza y acompañó finamente la intervención de la mezzo Justina Gringyte, quien, con su voz llena de armónicos, atacó con sentimiento «O Röschen rot! (Oh, ¡rosita roja!) del ‘Urlicht’ en el cuarto movimiento. Su compañera, la soprano Sarah Fox, gustó también porque cantó con una intensidad controlada, sin exageración, a media voz y poniendo énfasis en el texto. El maestro Treviño, a pesar de tener la partitura en el atril, apenas la miró y se centró con gran entrega gestual en dirigir a una multitudinaria orquesta y a un numeroso orfeón para deleite de los asistentes ofreciendo una grandiosa versión de una magna obra.


ERWARTUNG( LA ESPERA)

“Erwartung” de A. Schonberg. Solistas: Ausrine Stundyte (S); Andrej Hovrin (Piano). Dirección de Escena: Calixto Bieito. Teatro Arriaga 29-IV-22 

Con la misma perspectiva y los mismos elementos, se ha repuesto en el Arriaga la obra Erwartung de Schonberg que ya se representó en el mes de junio pasado. De manera que, con la única compañía del piano, colocado en medio de la butaca de patio del teatro, la soprano lituana Ausrine Stundyte volvió a cuajar un excelente trabajo artístico. Valió la pena tanto su actuación teatral deambulando por las butacas en la búsqueda de su amado, como su “recitar cantando” lleno de expresividad. El mérito de su desafío como actriz al estar rodeada por las atentas miradas de los asistentes, se equiparó con su “canto di sbalzo” tan cambiante, lleno de fuerza dramática y entrega. También resultó admirable la concentración en su personaje, sin darle descanso y siendo escrupulosa en sus movimientos en relación con el texto. Todo ello, en bien de un recitado claro y creíble. El teclado del piano a cargo de Andrej Hovrin mantuvo perfectamente el sentido de la narración y a pesar de su atonalidad musical, el buen hacer del pianista nos mantuvo inmersos en el angustioso monólogo de la soprano. La artista mostró de nuevo la corporeidad de su timbre de voz, emitida con dureza, pero a la vez poderosa en bien de un resultado de efecto dramático. En cuanto a la idea de Calixto Bieito nos atrajo el juego de luces que creó y el amplio espacio ideado para lucimiento de la soprano. En cambio, no nos sedujo su siempre utilizado muestrario de sangre, ni su visión tétrica en la búsqueda del erotismo. No hubo variación con respecto a la anterior representación y con ello volvieron a renovarse los méritos de la cantante-actriz lituana. Tras este Erwartung (La Espera) Schonbergiana y en este mismo estrilo operístico, quizás Bieito nos depare “El Angel de Fuego” de Prokofiev que esta misma soprano, tan querida por él, cantó en el Real madrileño.


SUPERANDO EXPECTATIVAS

Alzira” de G.Verdi. Reparto: Carmen Solís (S); Sergio Escobar (T); Juan Jesús Rodríguez (Bar); David Lagares (B); J.M.Ramón (Bar); V.Esteve (T); Maria Zapata (M); Gerardo Lopez. Coro de la Opera xde Bilbao y Bilbao Sinfonietta. Dirección de escena: Jean Pierre Gamarra, Dirección Musical: Daniel Oren. Bilbao 23-IV-22.     

Con la ópera Alzira finaliza el difícil camino de tener que encontrar obligatoriamente a los intérpretes que estuvieran dispuestos a cantar esas obras poco representadas de Verdi. Termina el tener que despertar del letargo alguna que otra escenografía que dormía en rincones olvidados de algunos teatros. Se culmina la obsesión de realizar un esfuerzo cuyo valor se ha centrado en la curiosidad de representar algunas óperas poco habituales. Afortunadamente la representación de Alzira ha servido como broche que ha superado las expectativas despertadas exceptuando su pobre y simple producción.

El primero en superar los temores del estreno fue el maestro Daniel Oren, a quien recordamos por su buena labor en noviembre del año pasado al dirigir la Cavalleria de Mascagni. En esta nueva presencia al frente de la Bilbao Sinfonietta, sus enérgicos gestos y su mando para conducir a buen puerto la bravura musical de esta ópera, han sido evidentes. Recordemos sobre todo los espléndidos concertantes logrados. A continuación, destacaríamos al barítono Juan Jesús Rodríguez de quien siempre hemos admirado la seguridad y la belleza del color de su timbre de voz, aunque nos pareció que va perdiendo el poderío de hace pocos años. Aún así su canto es siempre convincente y su voz, aunque se haya atenorado, sigue siendo extensa. Nos quedaremos con su final, esa muerte perdonando a su enemigo de tanto efecto y tan hermosa en su gravedad musical, en la que Verdi se basará luego para crear la no menos preciosa muerte de Ricardo en Un Ballo in Maschera.

Por otro lado, la asunción del rol de Alzira por parte de la soprano Carmen Solís consistió en uno de los determinantes para que la ópera discurriera por cauces de buen nivel, porque, además de centrarse en un complicado papel en pocos días, la artista extremeña exhibió momentos de grandeza en el canto spianato, un canto lleno de serenidad.

Acerca del tenor Sergio Escobar habría que decir algo parecido, ya que solventó sin mácula un papel difícil que está lleno de “tour de force”. Las exigencias de Verdi para el papel de Zamoro, las resolvió con una voz de auténtico tenor spinto, esas voces que escasean y requieren gran control en su emisión.

En la pobre escenografía, el coro de la Opera de Bilbao, tantas veces protagonista, se limitó a veces a ser espectador en su estatismo general y su canto homogéneo y ajustado se vio deslucido por ese estatismo insípido en las diferentes estampas presentadas a modo de una ópera semi escenificada. Finalmente, tras cambios y rehúses, se cierra el ciclo “Tutto Verdi” con esta Alzira que ha salvado los peores auspicios.


CONJUNTO PRECISO Y ELEGANTE

Recital del conjunto Vox Luminis-Café Zimmermann y Orquesta Café Zimmermann. Obra: La Pasión según S.Juan de J.S.Bach. Sala Scdad Filamónica.Bilbao 8-IV-22

Además de la preciosa ejecución de la Pasión según San Juan de Bach, otro mérito del conjunto dirigido por Celine Frisch y Pablo Valetti radica en la selección vocal del coro por parte de Lionel Meunier. Cada uno de sus miembros coralistas, aunque no figuren como solistas en los carteles de los teatros, tampoco son los elementos vocales anónimos que suelen llenar los conjuntos. La interpretación de la obra de Bach contó con voces tan diferentes y de tan variado color de timbre, que cada uno de ellos, en su papel más o menos importante, dejaron una grata impronta de buen gusto, afinación y sentida expresividad. Si hemos de destacar la calidad vocal de entre ellos, sin la debida concreción de sus nombres, apuntaríamos, al tenor que hizo de Pedro enseñando una buena voz lírica. Le seguiría en méritos cualitativos el también tenor que encarnó a un seguidor de Jesús y finalmente vaya nuestro recuerdo hacia el muy ligero tenor que cantó la muerte de Jesús con tanto sentimiento, así como la expresividad con la que cantó la soprano del final con su timbrada voz.  La orquesta que reflejó tan bello color en el teclado, violonchelo, viola de gamba y archilaúd incluso paró unos instantes tras la intervención de Pilatos, para su mejor afinación, muestra evidente de la calidad y preocupación interpretativa del conjunto. Vivimos una interpretación canora elegante y una ejecución musical precisa y unísona en lo vocal. La elegancia coral y al mismo tiempo su cohesión vino de un grupo de apenas dieciocho voces acompasadas y ensambladas. La precisión y el estilo nos llegó de parte de un conjunto musical muy experimentado en el barroco.