REAPERTURA DEL TEATRO Arriaga

Recital de Canto. Intérpretes: Vanesa Goikoetxea (S); Mikeldi Atxalandabaso (T), Rubén Fernandez Aguirre (Piano). Obras de Guridi, Uandizaga, Sorozabal, Arrieta. Teatro Arriaga 23-VI-20.

La pandemia tan solo ha podido retrasar el renacimiento cultural, en este caso el Lírico. Volvió el canto como ave fénix  que desafía al mal que vino en forma de virus y no de fuego. Cierto es que el virus ha precarizado el momento y como prueba de ello  el limitado aforo ni siquiera dispuso de programa manual y un estricto e intimidatorio protocolo se erigió en protagonista colateral. En consecuencia no hubo ensordecedores aplausos, pero sí arropamiento a los artistas, sí tuvimos la satisfacción de escuchar con agrado  a dos conocidas voces de nuestro entorno, En realidad el innominado concierto podía haber llevado el título de “Opera y voces vascas”.

El programa centrado en compositores vascos, con la inclusión del riojano Arrieta, tuvo como bastiones vocales a la soprano Vanesa Goikoetxea y al tenor Mikeldi  Atxalandavaso. Cada uno de ellos se lució más en sus intervenciones en solitario, es decir, en las romanzas individuales más que en los dúos. Lo decimos porque los duetos amorosos tan frecuentes en la zarzuela, carecieron de teatro, de cercanía o muestras de amor como consecuencia del impedimento impuesto por el  coronavirus.

Vocalmente ambos artistas se preocuparon de lanzar al vuelo sus voces con potencia, sin apenas recogimiento o intencionalidad. De ahí que no tuvo nada que ver la calidad, el control y la delicadeza lineal con la que interpretó la soprano las romanzas  de Las Golondrinas o  Katiuska, con el estruendo mostrado en el dúo de Marina. Luego, Vanesa Goikoetxea se lució sobremanera al cantar con bellos filados y mucho gusto la “romanza de Aascensión” del Manojo de Rosas y una maravillosa versión, con la voz controlada casi a media voz de la romanza “Goizeko Eguzki argia” de Mirentxu en euskera. Un euskera que también el tenor Atxalandabaso brindó al interpretar  “Alare” del  Mendi Mendiyan con perfecto y claro fraseo, y refinado gusto, tras haber cantado con anterioridad la romanza de Joxe Mari del Caserío en la que el artista afloró sentimiento y recogimiento. El tenor se mostró en todo momento seguro y confiado en sus intervenciones con lo que los agudos tuvieron un sello brillante.

De nuevo felicitemos al pianista acompañante Ruben Fernadez Aguirre pero tan solo desde el punto de vista técnico y no tanto por la falta de respeto al contraponer su camisa de colorines a la corrección en el vestir de los dos cantantes.


ANDANZAS DE IPARRAGUIRRE

 

Festival Loraldia. “Iparraguirre”. Reparto: Joli Pascualena (cantante y actriz); Ainara Ortega (cantante y actriz); Ana Gabarain (cantante y actriz), Angel Unzu (Guitarra); Dirección Artística : Fernando Berrués. Teatro Arriaga 11-III-20.

                               Iparragirre, bihotzeko Jose Mari

Precioso espectáculo el ofrecido el pasado miércoles en el Teatro Arriaga. Con el único acompañamiento de la guitarra de Angel Unzu y tres cantantes- actrices, tuvo lugar un recuerdo al bardo en el doscientos aniversario de su nacimiento. Para ello, tanto la donostiarra Ane Gabarain, como las navarras Ainara Ortega y Joli Pascualena fueron encarnando a los personajes femeninos que rodearon en vida a Iparraguirre. A través de ellas que se pusieron en la piel de esposa, amante e hija, nos llegaron sus vivencias en textos escritos por Iñigo Legorburu, Aizea Goenaga y Arantza Iturbe.

El guitarrista Angel Unzu con gran sutileza y refinamiento no paró de tocar mientras las citadas cantantes y a la vez actrices, desarrollaban magistralmente su trabajo. Las canciones conocidas como “Ara nun diran” o Ume eder Bat” y demás que interpretaron, las escuchamos a un ritmo distinto al original y las bonitas melodías discurrieron a modo de rumbas, blues o incluso de tango.

Distinguiríamos a las tres intervinientes en su faceta de actrices, bien por su naturalidad en escena o  bien por la palabra siempre limpia y fluida en sus inmaculados recitados en euskera. Eso no quiere decir que no gustaran en el ámbito del canto, siempre afinadas y con exquisito gusto y musicalidad, pero el hecho de servirse de altavoces resta en toda valoración.

Un aplauso para Fernando Berrués, el director y coordinador de un espectáculo elegante en su sencillez y atractivo en su concepción. Una distinción así mismo para Joli Pascualena, quien además de su participación como actriz, intervino también  en la dirección y adaptación musical. Al finalizar disfrutamos con un “Gernikako Arbola” cantado a vivo y marcial ritmo  y coreado con las palmas de los asistentes contagiados por el  nuevo y ágil ritmo.


INÉDITAS AUTORAS VASCO-NAVARRAS

 

Inéditas

Llegaba al teatro Arriaga lo que la Fundación March rescató del olvido hace unos meses, la música compuesta por autoras vasco-navarras. Con el impulso de la pianista Susana García Salazar y la colaboración de la soprano Eugenia Boix, de la chelista Teresa Valente y de la actriz Charo Martinez de Urízar, escuchamos una serie de canciones de cuatro mujeres compositoras que carecieron del reconocimiento debido en vida.

Una de ellas, Emma Chacón, estudió con Granados antes de trasladarse a vivir a Bilbao y entre las  composiciones que figuraban en el programa, destacamos el bello Nocturno escrito para cello y piano, con una sentida y  delicada interpretación por parte de la pianista García Salazar y la chellista Teresa Valente.

Otra de las “Inéditas” presentadas fue la navarra Emilia de Zubeldia, quien se formó en la Schola Cantorum de Paris y se marchó luego a vivir a México. Resultó interesante que la actriz Charo Martínez de Urizar se nos apareciera en un palco dando voz a este personaje para darnos a conocer sus cuitas y preocupaciones en cartas dirigidas al padre Donostia.

La aportación compositiva de Zubeldia tuvo el común denominador de la brevedad y de la sencillez de las canciones.  De la argentina, de procedencia vasca  Ana Idiartborde nos gustó el que aportara al programa dulces canciones a capella. Finalmente de la zuberotarra Julie Carricaburu escuchamos los maravillosos cantos escritos en vasco suletino. De todas ellas, es decir de las obras de las cuatro compositoras, la voz comunicante vino por parte de la soprano Eugenia Boix. La soprano montisonense, (Monzón-Huesca) enseñó una voz de precioso color. Una voz cristalina y luminosa dando además la sensación de un perfecto dominio técnico. Cantó a capella de manera inmaculada alguna de las canciones exhibidas  y las que interpretó en euskera  no las hubiera cantado mejor ni una soprano que fuera suletina.

En fin, una  buena muestra de las más de setenta compositoras que habría que rescatar, empezando por las contemporáneas como Maria Luisa Ozaita recientemente fallecida, la algorteña  Isabel Urrutia o la vitoriana  Zuriñe Gerenabarrena, por no citar a anteriores como Maria Antonia de Mazarredo o Epifanía de Argaiz y Munibe.


HOMENAJE A LA “PROFESORA”

 

Musika-Música. Solista: Miren Urbieta (S);  Roger Padullés (T). Rubén Fernández Aguirre (piano). Obras de Fauré, Familia Boulanger, Piazzola,Gershwin, Bernstein. Palacio Euskalduna 8-III-20-

©MichalNovak

La profesora en cuestión, es Nadia Boulanger, nieta, hija y hermana de compositores y una de las pedagogas musicales más importantes de la historia. En torno a ella giró el programa en el que el pianista Rubén Fernández acompañó a los cantantes Miren Urbieta y Roger Padullés. La soprano guipuzcoana comenzó cantando “Bonjour mon coeur” con gran expresividad y claro fraseo.  Ambas características, son dos de las  virtudes que ofrece el canto de Miren Urbieta y al ir ambas en comunión es lógico que con la modulación vocal, venga la requerida expresión. Entre las otras virtudes que demostraría luego  la soprano, ya conocíamos la belleza de su timbre de voz, su volumen y sonoridad y sobre todo, su perfecta proyección, con lo que en su canto  no hay una sola nota sin brillo. Llevamos tiempo afirmando que la voz de Miren Urbieta se halla en la cima del estrellato de los cantantes vascos. Respecto al programa, contuvo canciones de juventud de Nadia Boulanger que también compartió el tenor Roger Padullés.

Respecto al tenor catalán, podríamos decir que es un artista de cámara, un intérprete de lieder, pues enseñó una voz aunque audible, no voluminosa ni potente.  Nos dio la impresión de que su canto adquiría un color nasal,  por su método un tanto extraño de proyectar la voz, pues emitía sin apenas apertura bucal. Mostró mucho gusto y ciertamente sus intervenciones fueron muy correctas, sobre todo al interpretar “Cantique”, una hermosa plegaria a la Virgen, cantada por él con gran sentimiento a media voz ,aunque pecara de acudir al falsete. A continuación, el programa discurrió con canciones de algunos compositores que fueron alumnos de Nadia Boulanger o estudiaron con ella. Fue el caso de  Astor Piazzola y su composición “Yo soy María” cantada con gracia por Miren Urbieta. Estuvo también representado George Gershwin  con una pieza interpretada con elegancia y finura en inglés por Padullés.

Para finalizar,ambos artistas hasta semi escenificaron el “Tonight” de West Side Story, recorriendo el tenor la sala desde atrás para  encontrarse con la soprano y sentarse delante del piano. Un piano cuyas teclas sonaron obedientes al buen acompañamiento y destreza de Rubén Fernández Aguirre.


LA ALEGRE OPERETA

 

Musika-Música. “Les Musiciens du Louvre”. Solistas: Aude Extremo (S); y Julien Dran (T). Obras de Jacques Offenbch. Palacio Euskalduna 7-III-20.

                                        Musika musica

Tras la trepidante obertura de “Orfeo en los Infiernos”, ejecutada con tal brío y tanta brillantez por el conjunto Les Musiciens du Louvre,   nos fue fácil adivinar que íbamos a ser afortunados los presentes en el  concierto. Tan buena orquesta, no podía  sino augurar una velada agradable, con músicos y voces de gran nivel. Así fue, y como muestra de ello la excelente interpretación a cargo de Julien Dran de la leyenda de Kleinzach , por la que Hoffmann, el protagonista de la ópera “Los Cuentos de Hoffmann”,  divierte con humorísticas rimas a sus camaradas.

La voz del tenor ligero bordelés  sonó limpia en una excelente versión, en la que nos gustó sobremanera su muy atractivo color tímbrico y su buena proyección. Su segunda intervención vino a constatar su dominio en el fraseo, con el rapidísimo “rondó del brasileño” de la ópereta “La Vie Parisien”. Acompañó al tenor, la también artista bordelesa Aude Extremo, una mezzo de voz cálida y sensual. Nos encantó su “Invocación a Venus” de la opereta “La Belle Helene” cantada con gran musicalidad e incluso movimiento escénico. Terminó su actuación con la interpretación de la “complainte” (especie de lamento) de “La Perichole” en la que Micaela Villegas, llamada La Perichole , amante del virrey de Perú (Aude Extremo) y su  verdadero amor, Piquillo, (Julien Dran) cantan a dúo.

Por otra parte, el hecho de que ambos sean cantantes habituales de la Opera de la Bastille parisina, quedó patente también en su sincronía vocal al cantar en dúo esta citada pieza. Fue un concierto alegre, de frenético ritmo orquestal y maestría en la ejecución de la jovial y vivaz música de Offenbach. Su director Pierre Dumoussaud  venía a Bilbao al frente de una orquesta fundada por Marc Minkowski y naturalmente se notó. No por ello se debe dar un único mérito a la famosa orquesta, ya que Dumoussaud fue el vencedor del Primer Concurso  de Talentos directores de orquesta en 2014 y también vencedor del primer premio de directores de ópera en 2017. Excelente  velada por la que nos alejamos un tanto del más puro romanticismo melancólico para introducirnos en la alegre opereta de Offenbach.


ROMANTICISMO VOCAL FRANCÉS

 

Musika-Música-Solistas: Ainhoa Zubillaga (M); Francisco Poyato (piano). >Obras de Fauré, Duparc, Chausson, Hnn y Debussy. Bibao 6-III-20

                             

En un programa en el que, salvo el impresionista Debussy, las canciones se centraban en el más puro romanticismo, la voz de la soprano tenía ciertas dificultades en ser bien emitida. Ella misma nos había anunciado su estado aún convaleciente tras sufrir un proceso gripal.  A pesar de ello y gracias a su arte, pudo expresar la profundidad que contenían unas canciones a modo de lieder, es decir, canciones de claro y sentido recitado. Sin embargo, ese canto  recitado, calmo y bien fraseado, se topaba con la dificultad de una correcta emisión a media voz. Únicamente en aquellas piezas  en las que se requería volumen o sea, mayor exigencia vocal, la mezzo lograba emitir las notas con plenitud.

A pesar de la profesionalidad de Ainhoa Zubillaga en esta ocasión estuvo lejos de mostrar su  cálida voz, una voz aterciopelada, llena en los graves y  con el preciso brillo en todas las notas. Además, no se tomó ningún respiro y cantó sin pausa hasta el final, lo que suponemos le supuso un cansancio que hizo que finalmente la voz le hiciera un guiño, rápidamente corregido por la artista. El acompañante al piano Francisco Poyato, la llevó entre sedas, con la elegancia requerida en este tipo de canto, luciéndose incluso en el cromatismo impresionista de Debussy con ágil teclado y limpia digitación.  A Ainhoa Zubillaga la recordaremos como una artista a la que admiramos en su actuación en el foyer del Teatro Arriaga y en la Cantata Alexander Nevsky en el Auditorio del Euskalduna el año pasado.

 

 

 

 

 

 


POULENC ABRE EL MARATÓN MUSIKA-MÚSICA

 

 

 

 

Musika-Musica. “ Gloria” de F.Poulenc. Solista : Vanessa Goikoetxea (S): Sociedad Coral de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director: Erik Nielsen. Palacio Euskalduna 5-III-20

                                              MUSIKA- MÚSICA

Con fanfarria por parte de la Sinfónica de Bilbao y con el coro de la Sociedad Coral en forma declamatoria se abrió la popular  y pródiga cita musical Musika-Música en el Euskalduna. Era el primer movimiento del  “Gloria”  del francés Poulenc  de marcada alabanza y sincronía en las voces del coro. El segundo movimiento no parecía religioso dado su carácter alegre, de corta duración como los demás movimientos que componen la obra, hasta que en el tercero nos encontramos con el dramatismo a cargo de la soprano Vanessa Goikoetxea.

La cantante vasca-norteamericana completó en general una labor encomiable. Con su timbre vocal tendente todavía hacia la tipología ligera, nos mostró un “Domine Deus” elegíaco, de afinado y delicado canto a media voz, que incluso debido a esa sutileza incurrió en el falsetone. Tras la grave respuesta del coro, ágil unas veces y contundente  otras,  a esa efectista  intervención etérea de la soprano, la sinfónica bilbaína nos introdujo en una música misteriosa en el quinto movimiento. En plena competencia de la sección femenina con la masculina de la coral al abordar el final de obra, llegó la calma total a modo de eco en pianísimo con el Amén. Volvió el tema de la fanfarria antes de que el maestro Erik Nielsen quedara inmóvil, batuta en mano tras el último “Amén” lento y hermoso.

Después, ya en la segunda parte, llegaría la excelente intervención de los fagots y la percusión al interpretar la orquesta “La Consagración de la Primavera “de Stravinsky. Una obra para la orquesta con un  colorido de raro lenguaje tonal, un tanto disonante y sobre todo de gran ritmo. El maestro Eriksen atendió a ese ritmo irregular  y de constantes cambios melódicos con gran atención en su dirección y obediencia por parte de los músicos, además por supuesto de la destreza del primer fagot y de la apoteosis de los seis percusionistas. Como siempre ha ocurrido, un aforo lleno respondió a este primer concierto que daba inicio al popularmente llamado “maratón” musical que este año se dirige a la capital francesa  y a los músicos que pasaron por ella.

 


LIEDER DE LA ESCUELA VIENESA

 

 

Recital de Canto. Solistas: Manuel Gómez Ruiz (T); David García (Narrador); Rubén Fernández Aguirre (Piano). Obras de Haydn  y Beethoven. Foyer teatro Arriaga 17-II-20.

                      

Aprovechando la efeméride de los doscientos cincuenta años del nacimiento de Beethoven hemos asistido en el foyer del Teatro Arriaga a una serie de lieder compuestos tanto por él como por su maestro Haydn. Siguiendo con la tradición, se recurrió a la compañía de un narrador que recitara el texto de los lieder, para que luego un intérprete los cantara. La expresiva y correcta declamación corrió por cuenta de David García, quien lo llevó a cabo sin mácula alguna en el fraseo, sin demasiado énfasis en lo poético y  más importante aún, sin cursilería. La voz la puso el tenor Manuel Gómez con lieder de Haydn, algunas de cuyas letras llevaban la firma de Hunter   A la poetisa Anne Hunter, se la recuerda principalmente por escribir los textos de al menos nueve de las catorce canciones de Joseph Haydn en inglés. El tenor las cantó de manera espléndida, lo mismo que su versión de “She never Told” con letra de Shakespeare, que la frevistió revistió con la pátina de una delicada media voz.  En el bloque dedicado a Beethoven “An die ferne Geliebte”, (“A la amada lejana”)  único ciclo de canciones que compuso el genio de Bonn, el tenor canario fraseó en todas ellas en perfecto alemán y pudo enseñarnos algo más el cromatismo de su voz al darle mayor intensidad. Las seis canciones  que componen este último ciclo, fueron también más propicias para el teclado de Rubén Fernández Aguirre, quien explayó no sólo su limpieza al piano, sino el arte de saber acompañar.


REALISMO DRAMÁTICO EN LA FANCIULLA

 

“La Fanciulla del West” de G.Puccini. Reparto: Oksana Dyka (S); Marco Berti (T); Claudio Segura (Bar); Francisco Vas (T); Manel Esteve (Bar); Paolo Bataglia >(B); Manuel de Diego (T); José Manuel Diaz (Bar); Fernando Latorre (Bar); Cristiab Diaz (B); Itxaro Mentxaka (M); David Lagares (B): Coro de la Opera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección de Escena: Hugo de Ana. Dirección Musical: Josep Caballé. Bilbao 15-II-20

                        

El estreno en Bilbao de la coproducción de la ABAO con el teatro San Carlo de Nápoles, tuvo la fortuna de contar con un gran director de escena como es Hugo de Ana. El escenógrafo argentino ideó, con simplicidad y el realismo propio de mediados del XIX, la precariedad vivencial de los mineros norteamericanos que fueron a buscar oro al Oeste. Ello, unido al buen movimiento escénico del coro, siempre atento a la plasmación de esa realidad argumental y  luego a la entrega pasional de la soprano y del tenor en los momentos decisivos, hizo que la representación se desarrollara con verosimilitud. Por otro lado, el hermoso colorido de la partitura que nos recordaba continuamente a La Boheme, a Madame Butterfly o Turandot, tuvo la contrapartida de algunas libertades armónicas  y una notable intensidad dramática en la partida de póker.

El papel de la soprano Minnie requiere una soprano lírico-spinto que refleje el carácter de una mujer romántica, pero también muy apasionada y con temperamento.  De ahí  que lo deba encarnar una artista que domine el lirismo, pero sobre todo el dramatismo en el aspecto vocal. Las intervenciones de la soprano ucraniana Oksana Dyka contaron con la brillantez de una voz potente y un canto con repentinos y continuos ascensos a las notas agudas, las cuales resolvió con limpieza y sin duda, con el dramatismo requeridos. No obstante su voz no nos pareció redonda ya que no atesora un timbre demasiado atractivo, pero de una manera inteligente y con un gran corazón, la soprano difuminó su carente dulzura lineal con un canto pasional y poderoso. Se hizo totalmente dominadora de la escena y evidenció sin trabas su arrebatadora personalidad.

Por otro lado, acompañó a la soprano como principal partenaire, el tenor Marco Berti, quien hacía unos cuantos años no nos visitaba. El reluciente squillo en su voz, apareció generoso y pródigo en todo momento. Sus frases mostraron la pasión propia de un tenor dramático y  así lo manifestó en su racconto al confesar a Minnie que era un bandido, regalándonos un canto brillante en tesitura muy alta, no exenta de súbitos ataques extremos bien resueltos. Así mismo, cantó la única aria de la obra “Ch´ella mi creda libero e lontano” con solvencia, suma facilidad y expresividad.

Completó el trío protagonista, el barítono Claudio Segura en el papel de Sheriff. Su figura en su negro atavío llenó la escena y su voz sonó con grato color, sin embargo el papel requiere la voz de un barítono  más potente y de mayor amplitud.. Por ello, en la escena dramática cumbre de la ópera, o sea, en la escena del juego de póker, al barítono italiano  se le echara de menos la  potencia necesaria para  dar réplica a la de la soprano. Un amplio número de voces secundarias difuminadas en la algarabía y en la rapidez del movimiento escénico, completó el abanico artístico de una representación llevada a buen puerto por el maestro Josep Caballé al frente de una atenta y sensible Sinfónica de Euskadi.


LA CANCIÓN DE LA TIERRA

 

“La Canción de la Tierra” de Gustav Mahlr, Solistas: Jennifer Jonston (M); Corby Welch (T), Oruesta Sinfónica de Euskadi. Placio Euskalduna 23-I-20-

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Unos días antes de que la Sinfónica de Euskadi presente el mismo programa en Paris, el Euskalduna ha acogido en su auditorio “La Canción de la Tierra” de Gustav Mahler con los mismos solistas, o sea, la mezzo Jennifer Johnston y el tenor Corby Welch. La obra de Mahler trata, como ya se conoce, de una serie de canciones que compuso al ciclo de la vida y a la muerte. Son seis movimientos cada uno de ellos con su propia denominación que a pesar del requerimiento de una nutrida orquesta, muchos de los fragmentos parecen de cámara y tan solo necesitan la compañía de unos pocos instrumentos. El ciclo lo comienza el tenor, en este caso el norteamericano Corby Welch, un artista de voz squillante, más bien un lírico-Spinto y no tanto heldentenor wagneriano. La canción del Solitario Otoño, la segunda del ciclo, contó con la voz de Jennifer Johnston, casi una soprano dramática en lugar de una mezzo y cuya voz cantó las ondulantes escalas que atesora este segundo movimiento. La calma expuesta en este movimiento por la mezzo, contrastaría con un Mahler que empleó motivos chinos en la composición del tercer movimiento titulado “La Juventud” a base de una orquestación en la que intervinieron el triángulo, platillos y piccolos para otorgarle ese aroma oriental. La dulzura lineal en la composición llegó al interpretar la mezzo inglesa “La Belleza” en la que comenzó a enseñar una voz amplia, corpórea incluso en tesitura alta y sobre todo de igual color. Un movimiento muy grave con acordes rotundos y que contó con la facilidad  y amplitud vocal de la intérprete. De ahí que nos inclinamos a pensar que se trata de una voz tendente hacia la tipología de soprano dramática. En el siguiente movimiento, el  del Borracho en Primavera, el tenor Welch nos proporcionó notas brillantes en medio de un canto cambiante, de repentinos  ataques a la tesitura alta con notas sueltas y el violín que imitaba a un pájaro acompañando al tenor. En  La Despedida, último movimiento, Mahler nos deparó en su ingente creatividad, un lamento de dolor con la voz de la mezzo relatando pausadamente el deseo de  tranquilidad eterna, La obra y el precioso movimiento se enriqueció con el doliente acompañar de flautas, el sepulcral silencio orquestal y cómo no  de la preciosista y elegíaca dirección del maestro Robert Treviño

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