Recital de Canto. Solista: Jessica Prat (S); Orquesta Sinfónica de Euskadi. Obras de Donizetti, Bellini,Thomas. Dirección Musical: Giacomo Sagripanti. Palacio Euskaduna. Bilbao 20_III-19
Los afortunados que presenciamos el recital de la soprano Jessica Prat en el Euskalduna tardaremos un tiempo en olvidar su arte. Es normal que triunfe allá donde cante, porque a su musicalidad, se le une una clara dicción y sobre todo la dulzura de su bellísimo timbre de voz. Nos recordaba a Mady Mesplé en la facilidad con que aborda los sobreagudos y a Edita Gruberova en la naturalidad de la coloratura y expresividad canora. No en vano, la soprano anglo-canadiense recibió en Verona hace poco el Oscar de la Lírica como la mejor soprano actual. Nos presentó un programa muy generoso, ni más ni menos que las escenas de lucimiento de las sopranos, como son las escenas de enajenación mental, las llamadas escenas de locura. Unas páginas del más puro romanticismo y belcantismo, en las que una intérprete ha de mostrar su capacidad en las agilidades, su técnica y dominio vocal, además de por supuesto, la dulzura y expresividad de su canto.
Al lado de las famosas escenas de “La Sonambula” y de “I Puritani”, ambas de Bellini y de la “Lucía di Lamermoor” de Donizetti, cantó las rarezas “Emilia di Liverpool” también de Donizetti y “Hamlet” del francés Ambroise Thomas. Ya desde el comienzo, los que en realidad nos íbamos enajenando con su canto éramos los espectadores. Pudimos escuchar tal derroche de elegancia, tal maestría y afinación en los filados, tan delicados e imperceptibles diminuendi, tan amplísimo fiato, tal facilidad en el ataque y sostenido de los sobreagudos que no la dejábamos seguir cantando las cabalettas. Esas cabalettas que siguen a las arias cuya continuidad se veía intrrumpida por el aplauso emocionado y la admiración que sentíamos. Su canto sin mácula no solo estuvo lejos de encontrar escollo alguno, sino que afectó a nuestra emotividad y nos hizo admirar su seguridad y dominio, nos hizo sentir privilegiados.
No sabríamos distinguir si nos gustó más la dulzura lineal y el recogimiento en “Ah non credea mirarti”, la frase del aria de la ópera “La Sonambula” que figura en la tumba de Bellini, o la complicada y difícil “Et Maintenant ecoutez ma chanson” de la ópera “Hamlet”. Sería difícil decantarse por la afinación y fiato exhibidos en “I Puritani” y no por la expresividad y el alarde de flexibilidad y dominio vocal en la “Lucia di Lamermoor” de Donizetti. El joven director Giacomo Sagripanti dirigió la Sinfónica de Euskadi con la atención que requiere una intérprete de tanta clase y apoyado por una compenetrada orquesta. En fin, una velada de gala.
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