Conjunto «Kea ahots Taldea». Director: Enrique Azurza. Quincena Donostiarra 28-ViII-24
Muy difícil y muy selecto el concierto ofrecido por el grupo vocal Kea a cargo del maestro Enrique Azurza. Dieciocho voces «a capella» y a veces «a bocca chiusa» mostraron un programa con autores del siglo XX. Canciones llenas de melismas y susurros sonoros a media voz en las que la afinación y la correcta entonación fueron esenciales. Los filados y sostenidos, las variaciones melódicas y los ecos vocales conjuntados iban despejando la telaraña canora creada por McMillan, Whitacre, Sisask o compositores presentes como en el caso de Eugenia Luc y David Azurza. El maestro cantaba con el grupo mientras los dirigía y con el diapasón en la mano los propios cantantes comprobaban la precisa entonación. Cantar «a capella» requiere un oído fino y una gran sensibilidad musical pero no estaba de más la ayuda del diapasón para dar con el tono requerido. El grupo Kea se movió con absoluta solvencia en el canto allegro así como en el canto recitado y sostenido. Es una referencia muy válida en este tipo de música contemporánea.
«Le concert de L’Hostel Dieu».solistas: Heather Newhouse ( S); Reynier Guerrero (Violi); Aude Walker (violonchelo); Ulrik Larsen (tiorba); Franck Comte (clave y director). Quincena Donostiarra 26-VIII-24
Interesante el concierto ofrecido por este grupo de Lyon sacando a la luz composiciones femeninas del Barroco de los siglos XVII y XVIII. Una primera parte bucólica y una segunda más dramática conformaron un programa en el que destacaron las figuras de Barbara Strozzi y Elisabeth Jacques de la Guerre. En el florecimiento del ingenio femenino que transcurrió desde Italia a Francia, la única solista encargada de interpretar cada una de las obras fue la soprano Newkouse. Su penetrante voz como un afilado estilete no siempre casó con algunas obras. Por ejemplo, para ofrecer «Lamentos» como los de Barbara Strozzi o Antonia Bembo es preferible contar con una voz más corpórea y terciopelo para expresar el dolor en su justa medida. Sin duda la ligera voz de la soprano canadiense se adecuó mejor al canto alegre con el gran mérito de su capacidad de resistencia al abordar sola todo el programa. En la parte instrumental destacaríamos al violinista cubano Reyner Guerrero quien mostró su destreza al interpretar una hermosa y complicada sonata de Isabella Leonarda. Tal como ocurre en casi todos los conjuntos especialistas en un determinado género «Le Concert de L’Hostel Dieu» nos transmitió su entendimiento entre los cinco miembros con su director Franck Comte sentado al clave y con Aude Walker y Ulrik Larsen al violonchelo y a la tiorba respectivamente.
“Missa Solemnis” de L.V.Beethoven. Solistas: Chen Reiss (S); Victoria Karkacheva (M); Maximilian Schmitt (T); Hanno Muller (B); Orfeón Donostiarra. Euskadiko Orkwestra. Dirección Muiscal: Jeremie Rhorer. Quincena Donostiarra 23-VIII-24.
Entre las razones por las que la “Missa Solemnis” de Beethoven no se interpreta de manera asidua, podríamos citar la gran dificultad que tiene para un coro. Las exigencias tanto en su tesitura como en su diversidad temática requieren un conjunto sólido y avezado. Acompañada de una escritura musical sinfónica, el Orfeón Donostiarra evidenció una vez más la calidad vocal que atesora exhibiendo sonidos extremos y la versatilidad de una excelente agrupación. En el poderoso “Gloria” el Orfeón cautivó con su vibrante sonido a la vez que en el susurrante “Miserere” final, acallaba al respetable atraído por su delicadeza. Es justo resaltar la intervención del concertino en el “Benedictus” en el que los cuatro solistas y los pizzicati de las cuerdas de la orquesta crearon una auténtica atmósfera de paz. Destaquemos así mismo la complicada “fuga” del final, otra pieza a solventar por su dificultad y que el Orfeón superó con creces. En cuanto a los solistas vocales todos ellos aptos cantantes de cámara, se escuchó con mayor nitidez la del tenor Schmitt y también la de la mezzo Karkacheva, mientras que la ligereza fue la característica de la soprano Reiss y la ampulosidad la del bajo Muller. Acerca del maestro parisino Jeremie Rhorer diríamos que fue muy protagonista y gestualmente grandilocuente dirigiendo una obra de la que no todos los directores aceptan hacerse cargo por la extrema dificultad coral, aunque en esta ocasión el joven director francés contó con la inestimable colaboración de la Orquesta de Euskadi y del Orfeón Donostiarra.
Bach Collegium Japan. Cantatas de J.S.Bach. Solistas: Benjamin Bruns (T); Carolyn Sampson (S); Christian Immler (B); Alexander Chance (Falsetist). Quincena Donostiarra 11-VIII-24
Los conjuntos especialistas en la música barroca o en interpretar a un número limitado de compositores se caracterizan en que los propios miembros que forman el conjunto suelen actuar también como solistas. Ello significa que la formación coral cuenta con voces interesantes para abordar las arias y dúos y que el grupo a su vez cuenta con voces solistas de una suficiente calidad como para lucirse en los solos. El conjunto japonés dirigido por Masaaki Suzuki mostró en las cuatro Cantatas que programó esa conjunción y armonía entre los instrumentos y las voces. Aunque hoy día veamos lejana la idea de conmover que tenía Bach con sus Cantatas, lo cierto es que tardaron un tiempo en ser reconocidas y editadas. En la orquesta japonesa valoraríamos la actuación del trompeta solista sin pistones, la de la solista de la flauta travesara de madera o los oboes en sus respectivas complicadas intervenciones. En el ámbito vocal destacaríamos al tenor alemán Benjamin Bruns cuya voz de agradable color y cierto virtuosismo recitó y cantó los textos bíblicos y otros luteranos con gran limpieza. El bajo Christian Immler intervino a continuación acompañado de la trompeta y expuso una voz de color casi baritonal, lo que diríamos que se la podría enmarcar en la tipología de bajo-barítono. El falsetista Alexander Chance se lució en sendos dúos con la soprano inglesa Carolyn Sampson, una artista de voz ligera que contribuyó más al reforzamiento coral que a su lucimiento como solista. Cuatro Cantatas en honor y alabanza a Jesús en boca de un conjunto compenetrado que compaginó su conjunción con la destreza de los instrumentos antiguos gracias a la veteranía y sabiduría del maestro Masaaki Suzuki.
“Carmen” de Bizet. Reparto: Rihab Chaieb (M); Dmyt ro Popov (T): Miren Urbieta (S); Simón Orfila (B_Bar); Marifé Nogales (M); Helena Orcoyen (S); J.Manuel Díaz (Bar); Juan Laborería (Bar); Mikel Zabala (Bar); Aitor Garotano (T); Easo Abesbatza. Euskadiko Orkestra.Dirección de Escena: Emilio López. >Dirección Musical: J.Miguel Pérez Sierra. Quincena Donostiarra 8-VIII-24
En la minimalista producción de la ópera bizetiana presentada en la Quincena, no había lugar para transmitirnos el color de la seguidilla o para los supuestos disfraces de bandoleros. Sin embargo, habría que aplaudir que unos cuantos palets sirvieran para crear una plaza de toros con una perspectiva interesante. La música del compositor francés que ni siquiera conocía la España andaluza, nos transmitió la esencia de lo hispano del siglo XIX, en esta ocasión gracias a la excelente dirección del maestro Pérez Sierra al frente de la Orquesta de Euskadi. La famosa “habanera” de la mezzo tunecina-canadiense nos pareció un tanto lírica en una voz a la que faltó gravedad y corporeidad. Su trabajo escénico se alejó de un elegante erotismo, pero en cambio, dejó constancia de su dominio escénico y su fuerte carácter en el dramático final de la obra. Su compañero, el tenor Dmytri Popov se mantuvo seguro de su voz en todo momento y con una técnica particular demostraba esa seguridad cada vez que abordaba las notas altas con su broncínea y martilleante voz. Podríamos decir que cumplió con su cometido incluyendo el “aria de la flor” sin hablar de la extraña calidad vocal y la emisión que atesora. Una vez más, la soprano Miren Urbieta logró el aplauso unánime al cantar sus dos arias con su bella y poderosa voz En el ámbito escénico, captó perfectamente la ingenuidad que caracteriza a una Micaela en busca de su paisano en un ambiente hostil.Simón Orfila quien encarnó al torero Escamillo nos demostró que era capaz de cantar un papel ideal para un barítono-bajo, siempre complicado para un artista que se ha lucido como un cantante bajo. A destacar el complicado cuarteto que interpretaron la soprano Helena Orcoyen, la mezzo Marifé Nogales, el barítono J.M.Díaz y el tenor Aitor Garitano con precisión y correcto encaje en un pasaje entrecortado y que requiere una cuidada atención. Tanto la soprano como la mezzo nos depararían más tarde un conjuntado pasaje de las cartas. El coro Easo ofreció por la parte femenina una actuación desinhibida en la pelea mantenida por las cigarreras, aunque en general, el conjunto al completo de mantuvo estático y demasiado agrupado en escena. Aplaudamos la dirección del maestro Pérez Sierra dejando a la Orquesta de Euskadi que sonara con brillantez y a la vez con delicadeza el bello intermezzo.
“Requiem” de Mozart. Solistas: Anna Lena Elbert (S); Olivia Vermeulen (M); Martin Mitterrutzner (T); Hanno Miller (B). Orfeón Donostiarra. Budapest Festival Orchestra. Dirección Musical: Ivan Fischer. Quincena Donosti 18-VIII-24.
Desde que el maestro Ivan Fischer inició la Sinfonía “Praga” que antecedió al Requiem en este atractivo concierto mozartiano, ya pudimos percibir sus buenas dotes de dirección. Al frente de la Festival Orchestra de Budapest dirigió con absoluta claridad gestual esta única gran obra sinfónica de Mozart carente del habitual minueto o scherzo y que se ciñe a tan solo tres movimientos. Tras una breve pausa, el programa continuó con el famoso “Requiem” en el que el multitudinario Orfeón Donostiarra en su primera intervención nos indicó la grandeza artística que iba a tener su participación. La obra contó con la soprano Anna Lena Elbert quien se distinguió por la limpieza en la emisión de su ligera voz y claridad en el fraseo del texto latino. De la mezzo Vermeulen destacaríamos la sonoridad de su voz, aunque de un extraño color. Nos gustó la participación del tenor Martin Mitterrutzner con su voz de agradable color y así mismo la del bajo Hanno Miller quizás un tanto estentórea. Sin duda el centro de la atención radicó en el orfeón que compaginó la brillantez y fuerza del “Kirie” y de “Rex Tremendae” con la delicadeza de las más de cien voces que se unieron con gran sensibilidad en la “Lacrimosa” o la agilidad mostrada en la complicada fuga final “Lux eterna”, una evidente muestra de la versatilidad y compenetración del conjunto donostiarra. El maestro Fischer se convirtió igualmente en un foco de atención gracias a sus ademanes buscando la concreción y el ajuste de su muy buena orquesta.
“Saturrarán”. Ópera de Juan Carlos Pérez. Libreto de Kirmen Uribe.Reparto: Elias Arranz (Bar); Andrea Jiménez (S); Marifé Nogales (M); José Manuel Díaz (Bar); Botond Odor (T); Itxaro Mentxaka (M); Aitor Garitano (T); Sociedad Coral de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección de Escena: Lucía Astigarraga. Dirección Musical: Jon Malaxetxeberría. Teatro Arriaga 2º-VI-24.
En el estreno de su composición, “Saturrarán”, Juan Carlos Pérez nos describe el sórdido y lúgubre mundo del que él mismo fue testigo con una evidente influencia musical de las ideas de la segunda escuela de Viena, sobre todo de Alban Berg y Anton Webern. El músico mutrikuarra evitó moverse en la melodía descriptiva y utilizó el recitado cantado en una obra de oscuro dramatismo. La voz de los intérpretes apenas tiene relevancia en la obra porque forma parte de un conjunto y se la debe valorar como parte de ese conjunto argumental. El cantante está supeditado a la música en su declamado canto libre, pero carece de momentos de lucimiento vocal al no tener escritas arias ni concertantes y prevaleciendo el teatro. En la música de esta ópera se hizo también patente el maridaje entre la técnica dodecafónica y el estudiado sonido de percusión creado.
En realidad, el libreto firmado por Kirmen Uribe se adueñó de la obra, simplemente porque es lo que el público entendía y era lo que competía a la acción teatral. El poeta ondarrés ha querido que recordáramos a través de un libreto ambicioso y multitemático las vicisitudes sociales vividas hace medio siglo en nuestros pueblos. Ha confeccionado un libreto a modo de capítulos en el que se trataba tanto del desgraciado trajín con la droga y en consecuencia la mortal aparición del sida, como del mal visto lesbianismo y siempre bajo el común denominador de la pesca que tanto le preocupa al libretista.
En el capítulo vocal sobresalió la actuación de la soprano navarra Andrea Jiménez que encarnó al personaje de Ane con verosímil realismo y en ello tuvo mucho que ver la regista Lucía Astigarraga. Nos gustó el racconto de salida del barítono Elias Arranz y la voz recia y potente del también barítono José Manuel Díaz, aunque no su exagerada caracterización de armador-gángster. La mezzo Marifé Nogales no solo suele aportar su valía artística, sino la gracia como actriz desinhibida. Así mismo, el contar con la participación de Itxaro Mentxaka supone la seguridad en la interpretación y el apoyo en la escena para los demás. Los tenores Botond Odor y Aitor Garitano, si bien de diferentes timbres de voz, ambos aportaron frescura vocal y naturalidad escénica. Juan Carlos Pérez insertó también en su partitura un par de páginas corales a las que la Sociedad Coral de Bilbao se encargó de dar la profundidad y la gravedad requeridas. El director de orquesta Jon Malaxetxeberría dirigió el estreno atendiendo sobre todo al multi colorido instrumental de la Sinfónica de Bilbao y no tanto a las voces que previamente ya habían estudiado con creces sus respectivas partituras
Recital de canto. Solista: Miren Urbieta (S); Rubén Fdez Aguirre (Piano). Obras de Iradier, Guridi y Garbizu. Teatro Arriaga 12-VI-24.
Con la participación de la soprano Miren Urbieta finalizaba la temporada de los lieder, que en este caso concreto se refería a la canción compuesta por tres músicos vascos. El alavés Sebastián Iradier aportó la pasión a la voz de la soprano, mientras que Jesús Guridi servía de fondo con las pinceladas al piano de Rubén Fdez.Aguirre y Tomás Garbizu nos recordaba las canciones populares guipuzcoanas. La poderosa voz de la soprano donostiarra se encontró demasiado cerca del espectador, se le acrecentaba su potencia y salvo que pudimos admirar sus hermosas notas centrales de oboe, tan llenas, concluiríamos diciendo que no es la voz adecuada para una sala tan limitada. En la primera parte programada, nos quedaríamos con su atractiva versión de La Paloma y con la anécdota de que Georges Bizet se basó en El Arreglito del alavés para plagiar la Habanera de su ópera Carmen. Si las canciones en francés no resultaron bien moduladas, las conocidas populares en euskera de Garbizu se distinguieron por su fluidez, afinación y sensibilidad. La soprano lo dijo todo con la voz, ya sea dándole una admirable intensidad a la nota o recogiéndola con unos filados certeros. Acompañada por Rubén Fdez.Aguire cerró un ciclo siempre de interés por querer rescatar unas veces a músicos olvidados y otras veces actualizarlos. El pianista vizcaíno, siempre protagonista, la acompañó con la sensibilidad que le caracteriza
Recital de Canto. Solistas: Marina Monzó (S); Ismael Jordi (T); Rubén Fdez. Aguirre (Piano). Obras de Turina, Rodrigo, Sorozábal, Guridi, Penella etc. Teatro Arriaga 2-VI-24.
En efecto, la velada resultó entrañable y de calidad porque la soprano Marina Monzó y el tenor Ismael Jordi se esforzaron en ofrecer con arte y buenas voces un bello recital en un día en el que el público al unísono felicitó al tenor en su cumpleaños. Dejando a un lado las romanzas de zarzuela, el tenor jerezano quiso abordar, antes de nada, composiciones del también andaluz Joaquín Turina. La afilada voz del tenor se movió con absoluta claridad en el fraseo, combinando el gusto que únicamente pertenece a un artista con la sensibilidad a flor de piel. Su canto de ondulante línea, capaz de recoger la nota y dejarla flotando en el aire, se convirtió en una exhibición técnica al interpretar la romanza “Yo no sé qué veo en Ana Mari” del Caserío de Guridi, que fue lo mejor de una sobresaliente la velada. A su lado, la soprano Marina Monzó con su voz de atractivo color y la potencia de una voz fresca y joven nos recordó su exitosa Musetta de pasados días. Su versatilidad se evidenció al cantar la romanza de La Tabernera del Puerto “En un país de fábula”, donde no encontró ningún escollo en su ligereza en contraste luego con una exuberante Cecilia Valdés de Gonzalo Roig, cantada con gracia e intencionalidad y una voz más llena. Escuchamos en el Arriaga a un binomio artístico que contactó con el público y lo agradó sobremanera. No se olvide que la base y la ayuda musical a tan bello y variado canto, partió del piano siempre atento de Rubén Fdez.Aguirre
“King Arthur” de H.Purcell. Conjunto Vox Luminis. Narradora Miren Gaztañaga. Dirección Musical: Lionel Meunier. Teatro Arriaga 1-VI-24
Afortunadamente, nos estamos habituando cada vez más a escuchar conjuntos especializados en música barroca que se van acercando a la interpretación perfecta. El conjunto belga Vox Luminis es una de estas formaciones musicales y no solo por el color de época que logra con los oboes, flautas, tiorba, laúd y clave, sino por la excelencia de unas voces muy coordinadas y precisas en sus intervenciones tanto corales como de solistas. El ascenso cualitativo del conjunto se debe sobre todo a la dirección de Lionel Meunier, quien no estuvo al frente de la orquesta, sino que le vimos cantando como bajo a la vez que lucía su virtuosismo con el flautín. La lucha entre sajones y britones leída y recitada con inmaculado fraseo e intencionalidad por Miren Gaztañaga daba paso a la fuerza expresiva de Purcell que se manifestó, entre otros números, en el brillo de las trompetas llamando a la guerra o en el canto staccato del barítono en “Great Love, I know thee now» al que le seguirá el resto del conjunto con ese mismo marcado ritmo en “See, see we assemble”. No destacaríamos a ninguna voz en concreto, pero es justo señalar que todas ellas, unas más y otras menos, mostraron una gran sensibilidad artística y un canto con una afinación impecable amén de una gran profesionalidad. En todo caso, destacaríamos los dúos entre las dos sopranos pastoras y el del bajo que encarnaba a Pan con la soprano que intervenía como una Britania nereida. El coro se divirtió y se movió en escena formando diferentes grupos de voces según el número a cantar y si se divierten los actores en la escena, el público se divierte aún más.