MAGISTERIO CANORO

Recital de Canto. Solistas: Konstantin Krimmel (Bar); Ammiel Bushakevitz (Piano). Obra: “Winterreise” de F.Schubert. Sdad. Filarmónica. Bilbao 12-II-25     

 A la hora de interpretar la preciosa obra schubertiana “Winterreise”, el barítono Krimmel utilizó todo lo que un maestro del canto necesita para su interpretación. Expresó la ambigüedad del amor y la muerte con una voz de limpia emisión lo que inevitablemente conduce a un fraseo exquisito e inteligible. Los lieder expresaban perfectamente las impresiones de las letras de sus poemas y en el solitario deambular del personaje que representaba, el control de la intensidad vocal y de su intencionalidad se hicieron muy emotivos. El barítono alemán enseñó una voz de la escasa tipología llamada “Martin”, la voz de aquel francés llamado Jean Blaise Martin, barítono de claro timbre parecido al de un tenor spinto. De ahí que dominara con maestría los ataques filados a media voz a la hora de describir momentos oníricos sin olvidarnos de sus aterciopeladas notas centrales. En el lied titulado “El Tilo”, así como en el siguiente denominado “Torrente” el monodrama de Schubert rayó la perfección en total simbiosis con la delicadeza del teclado a manos del israelita Ammiel Bushakevitz. Cantó sin mácula el dolor del amor perdido con absoluto control de la intensidad y su gran fiato y nos dejó evidente su magisterio canoro. Por otro lado, en pocas ocasiones hemos podido apreciar tanta sensibilidad en un pianista acompañante quien apenas miraba al cantante porque conocía cuándo respiraba este y qué lapso debía otorgar antes de posar de nuevo sus dedos en el teclado. Un hermoso recital.


GALA POLIFÓNICA DE GEORGIA

Más de 30 artistas georgianos vestidos de negro con puñal al cinto, participaron en el espectáculo que programó la agencia de viajes Biblos al cumplir sus bodas de oro de vida. Canciones “a capella” por las que el histórico grupo Erisidoni nos relató la historia y las leyendas de Georgia y que constituyen patrimonio de la humanidad. Durante más de ciento treinta años el conjunto ha logrado sendos éxitos en cada una de sus participaciones, lo cual denota su alto grado de calidad y profesionalidad. La reciedumbre y virilidad del coro formado por hombres contrastó con la elegancia y gracilidad de los bailarines de ambos sexos que parecieron no tocar suelo. Algúna de las danzas masculinas nos fueron cercanas al balet clásico por su elegancia y próximas también a números circenses por la extrema agilidad y por su exhibición atlética. El conjunto alternó el canto bélico o el festivo de inusitada fuerza y absoluta conjunción con la interpretación susurrante de la canción “El Lago Duerme” en la que la delicada polifonía alcanzó un muy alto grado de afinación, además de mostrar un gran fiato con el que mantenían las voces muy bien sostenidas. En la canción “Chaguna” intervino la única mujer que cantó acompañada de su “Chonguri”, el instrumento georgiano medieval de cuerda. Gracias al esfuerzo de Biblos al traer a Bilbao a este afamado conjunto pudimos también escuchar de nuevo el hermoso poema de amor titulado “Suliko” en esta ocasión con la compañía de tres “Chonguris” y después la canción “ChaKrulo”, elegida por la NASA para su envío al espacio con el Voyager. No obstante, y a pesar de la calidad vivida, la emotividad y la empatía llegó cuando al final el conjunto cantó con brillantez y en correcto euskara un “Boga Boga” que puso en pie a todos.


TRISTAN CAMBIA DE ISOLDA

  “Tristán e Isolda” de R.Wagner. Reparto: Oksana Dyka (S); Gwyn Hughes Jones ()T); Egil Silins (Bar); Daniela Barcellona (M); Marko Mimika )(B); Orquesta Sinfónica de Bilbao, Dirección de escena: Allex Aguillera. Dirección Musical; Eric Nielsen. Bilbao 21-I-25.                      

 Repuesta de su indisposición, la soprano Oksana Dyka volvía a la escena bilbaína tras su paso y presentación de hace ahora dos años. Ya entonces comentamos su potencia vocal, su voz penetrante y resistente, capaz de ahora abordar a Wagner. La ucraniana quien en esta ocasión encarnó a Isolda mostró una vez más una gran voz lírica, con notas centrales llenas, aunque sin cuidado en la intensidad. Desenvuelta y con autoridad en el papel, tuvimos que lamentar su empeño en cantar siempre a plena voz con lo que apenas nos esbozó frases delicadas. Sin embargo, esta versión de Isolda resultó veraz, con una mímica creíble y equidistante. El tenor Gwyn Hughes volvió a lucir sus nítidas dotes canoras, su elegancia y suavidad en la línea de canto, volviendo a sorprendernos su resistencia en tan arduo papel y sin mácula en el tercer acto. El barítono Egils Silins como Kurwenal cuajó una actuación superior al primer día y completó la labor de manera solvente con su atenorada voz tan sonora y potente. El bajo Marko Mimica sobresalió de nuevo en el soliloquio enseñando su voz oscura y de igual color. La mezzo Daniela Barcellona parece haber encontrado con Brangane un nuevo repertorio además del de Rossini, al mostrar una voz firme y segura en la alta tesitura. Nos satisface nombrar en este nuevo espacio, al barítono Carlos Daza como Melot y junto a él, las jóvenes y bonitas voces de los tenores vascos Josu Cabrero y de Gillen Mungía a quienes seguiremos de cerca. El maestro Eric Nielsen no cejó en dirigir a su orquesta con mano firme e hizo que la Sinfónica bilbaína nos pareciera perfecta por el empaste de las cuerdas y el temple de los metales, así como por su bello color tan lírico y onírico.


TRISTÁN E ISOLDA

En términos wagnerianos, apreciar la calidad vocal no da un resultado justo ni equilibrado. En Wagner la voz es contrapuntística y el compositor la trata como un instrumento más de la orquesta. Aun así, los papeles de Tristán e Isolda, para tenor y soprano dramáticos, son extenuantes incluso dentro del mismo repertorio wagneriano. Su música se compone de un sin fin de melodías inconclusas, con modulaciones constantes y toda ella acompañada de una larga lista de leitmotivs que desembocan en la gran importancia de los que ocupan el foso. De ahí que empecemos a desgranar la representación desde el punto de vista musical.

En este punto, al frente de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, Nielsen ofreció una lectura refinada y detallada de la partitura. Si en el preludio pudimos apreciar la cargada atmósfera, ya en el segundo acto trasmitió con sensibilidad suma la prohibición amorosa de los protagonistas. Nielsen se mantuvo en todo momento centrado y por ello guardó el equilibrio necesario entre voces y orquesta. En el conjunto bilbaíno, lució el solista de corno inglés en el tercer acto con gran limpieza y musicalidad. En  otras ocasiones la orquesta apagaba las voces a pesar incluso de la casi estridencia de la soprano. El director, volcó su sensibilidad en el gran dúo del segundo acto y sobre todo en dotar al conjunto de una gran delicadeza sonora en el «Liebestod» final.

El tenor Gwyn Hughes fue sin duda el triunfador de la noche. El cantante galés se presentó en Bilbao con una voz de muy bello color, no era el del típico “Heldentenor”, pero nos agradó su igualdad, su fácil emisión y su presencia física. Sin duda nos gustaría escucharle en una ópera italiana. La sustituta soprano inglesa Rachel Nicholls encarnó a una Isolda muy entregada. Apostó por lo teatral habida cuenta de que su voz de emisión muy abierta, carente de un afilado timbre, se movía mejor en lo histriónico. La mezzo italiana Daniela Barcellona quien nos hizo disfrutar varias temporadas de la agilidad rossiniana, cuajó una correcta actuación interpretando a Brangane. Mantuvo en todo momento la firmeza de su voz en una alta tesitura. Nos gustó mucho el bajo Marko Mimika en su papel de rey, dejando constancia de una voz oscura y llena en su largo soliloquio. Finalmente referirnos vocalmente al barítono Egils Silins que hizo de Kurnewal mostrándonos una voz clara, algo engolada, con solvencia en las notas altas. 

La producción diseñada por Allex Aguilera que nos viene desde Sevilla, es de gran parquedad en cuanto a escenografía y en cuanto a limitados movimientos enmarcados en una tarima central. Nos dio la impresión de que la soprano, sobre todo, pululaba a su aire con histriónicos gestos. Como viene siendo habitual en la actualidad, los inexistentes decorados se sustituyeron con imágenes alusivas proyectadas al fondo lo que denota demasiado la precariedad de la producción.


GALA POR LA PAZ

“Veinticinco aniversario”. Intérpretes: Asier Extendía (Actor) ; Sociedad Coral de Bilbao; Andrea Jiménez (S);; Maite Arruabarrena (M); Mikeldi Atxalandabaso (T); Fernando Latorre (Bar);.Dirección de Escena: Raúl Cancelo. Director Musical: Iker Sánchez Silva. Euskalduna 5-XII-24.         

 Pronunciar la palabra “Mastodonte” nos lleva a Asier Extendía y Enrico Barbaro como grupo musical que lucha contra pesados mastodontes como la ignorancia y los prejuicios. Ellos fueron los que abrieron la gala interpretando “Jonás” con la Orquesta Sinfónica de Bilbao y la Sociedad Coral de Bilbao, una obra en la que predomina la percusión además del desgarrado canto de Extendía. La Coral bilbaína vino a lucirse con la ópera “La Muerte de Klinghoffer, aquel ciudadano asesinado a tiros y arrojado por la borda desde el crucero Achille Lauro en 1985. El dolor inherente en la música de John Adams se tradujo en el canto a media voz, sutil y delicado de la Coral bilbaína, con el solitario acompañar del arpa y de los contrabajos con la precisa dirección del maestro Sánchez Silva. En la segunda parte de esta pieza, con una tesitura muy aguda, las sopranos mantuvieron con firmeza esa agudeza musical y firmaron una exitosa actuación. El dramatismo ambiental reinante se intensificó luego con el “Gernika” de Sorozábal. Un canto doliente y a la vez grandioso que el coro ofreció en todo su esplendor. En el órgano del Euskalduna también sonó Bach mientras varios grupos militares deambulaban por la sala hasta que de nuevo Extendía salió a bailar y girar sobre sí mismo vestido a modo de derviche turco. A continuación, la soprano Andrea Jiménez, la mezzo Maite Arruabarrena, el tenor Mikeldi Atxalandabaso y el barítono Fernando Latorre formaron el cuarteto requerido para solemnizar como se merecía la velada interpretando el cuarto movimiento de la Novena de Beethoven. Finalizó la gala con la joven Izaro cantando muy tenue e intimista  “Imagine” de los Beatles y la última presencia de Asier Etxeandía cantando a Milkel Laboa siendo protagonista absoluto de la escena por su desparpajo teatral y extravagancia incorporada.       


“Il Trittico” de G.Puccini. Reparto: Ángeles Blancas (S); Chiara Issoton (S); Karita Matilla (S); Carlos Alvares (Bar); Sofía Esparza (S); Itxaro Mentxaka (M); Naroa Inchausti (S); Jose Manuel Diaz (Bar); Fernando Latorre (Bar); Ainhoa Zubillaga (M); Ana Ibarra (S). Coro de la Opera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Navarra. Dirección de Escena: Paco Azorín. Dirección Musical: Pedro Halfter. Bilbao 23-XI-24.  

 Con buen criterio, la ópera bilbaína homenajeó a Puccini a una semana de su fallecimiento hace ya cien años. Lo llevó a cabo con el estreno al completo de las tres óperas englobadas en su “Trittico”. En la primera “Il Tabarro” con el fondo de un asesinato por los celos, la soprano Ángeles Blancas cuajó una actuación muy completa. No sólo enseñó poderío en su voz, sino que, sobre todo, culminó su trabajo con una entrega total en el aspecto teatral. Muy natural y desinhibida, se apoderó de la escena y en realidad fue eje del sórdido argumento basado en el Infierno dantesco. La voz acorde a esta obra verista vino de parte del tenor Marco Berti que como un spinto brilló en agudos bien sostenidos y secundando muy bien a la soprano en hacer verosímil el texto de la pasional obra. Del barítono Carlos Alvarez diremos que conserva el terciopelo de su voz, el bello color vocal que siempre le ha caracterizado, pero en esta ópera en concreto, le faltó fuerza, careció del volumen para acompañar sin desmerecimiento a la soprano. A la ira de su personaje le faltó pasión y la voz no le respondió en este final tan sentido. Unas cuantas notas sueltas altas no justifican su actuación como buena.

El melodrama religioso que siguió tras el primer descanso, o sea, “Suor Angelica”, vino a satisfacer las expectativas puestas en la presentación en Bilbao de la soprano Chiara Issoton.  La soprano enseñó una voz corpórea, rica en armónicos, con el volumen y el color de una soprano dramática. En la soledad de una escena en la que el sobrecogedor dolor de saber que su hijo ha muerto, el canto de la artista véneta causó sensación. Más aún, al verificar la credibilidad e intensidad de su entrega como actriz en su desesperación. Una nueva sorpresa admirativa nos llegó también con el dominio escénico, la serena elegancia en la intencionalidad y la grave dicción mostradas por la veterana gran soprano finlandesa Karita Matilla encarnando a la princesa, tía de la monja Suor Angelica. Erguida e inmóvil su claro fraseo fue una lección de inteligibilidad. Nos gustó también la sección femenina del coro de la Opera de Bilbao, conjuntada y con natural desenvolvimiento en escena.

La tercera ópera es la más especial de las tres ya que “Gianni Schicchi” se mueve entre la comedia y la farsa. En esta, Carlos Alvarez estuvo más entonado y su voz se adaptó mucho mejor al personaje de Gianni Schicchi. El malagueño se sintió mucho más cómodo y su fraseo nasal imitando a Buso Donati resultó sino hilarante, sí apropiado. Intervino en la obra la joven soprano Sofía Esparza encarnando a Lauretta la que debe cantar la famosa aria “O mio babbino caro”. La voz de la joven navarra sonó fresca y con muy bello color. Su versión resultó académica, sin filados ni otros matices y tuvo el apoyo del maestro Halfter al secundarla con pausas. Nos quedamos con su voz de futuro. La producción se limitó a unos módulos acristalados y filminas de fondo que en su practicidad servían tanto para el muelle parisino como para un convento. De nuevo aplaudimos la dirección del maestro Pedro Halfter dirigiendo en esta ocasión a la Sinfónica de Navarra, leyendo tres partituras que, aunque de Puccini, bien diferentes.

Seguir leyendo

VIRTUOSISMO VOCAL

Recital de Canto. Solistas: Lisette Oropesa (S); Alessandro Praticó (piano). Obras de Ravel, Massenet, Bizet, Verdi, Donizetti y Meyerbeer. Filarmónica. Bilbao 6-XI-24.  

  Sonriente y rebosando simpatía, visitaba Bilbao por tercera vez la soprano Lisette Oropesa. Habíamos olvidado su primera aparición en aquella Falstaff de hace tres décadas, pero  conservábamos in mente su exitoso recital en tiempos de la pandemia. Con un programa cuya primera parte se basó en un inhabitual repertorio francés, la soprano cubano-norteamericana apenas llegó a encender el ánimo de los asistentes. En efecto, su voz de natural timbre ligero no resolvió con la gravedad requerida la “Chanson Andalouse” de Massenet al ser de escritura para una voz más corpórea y en cambio en “La Sevillana” de la ópera Don César de Bazán del mismo autor, la artista demostró la gracia y el arte que atesora. Nos gustó mucho el melismático bolero de Delibes en el que exhibió todo tipo de escalas, picados y sostenidos gorgoritos y una inmaculada afinación. En la segunda mitad, como belcantista de depurada técnica, la jovial soprano atrajo la atención con el aria de la ópera L´Elisir D´Amore de Donizetti y sobre todo, en la difícil canzonetta “La Primavera” de Mercadante. Sin duda, Lisette Oropesa se movió a sus anchas en las piezas más ligeras, en las que su voz se adentraba con absoluta seguridad en los filados etéreos y en el dominio del registro agudo. Un exquisito gusto y una elegante línea de canto acompañan a su voz que por su elaborada técnica se acerca al color de una soprano lírica y de ahí que amplíe con solvencia su repertorio de soprano ligera. Acompañada del pianista calabrés Alessandro Praticó mostró constantemente su afectividad personal hacia el pianista con quien le unió también el entendimiento y simbiosis musical.


MÚSICA SIN ENLATAR

“El Señor de los Anillos”. Reparto: Grace Davidson (S); Xabier Soto (Tiple); Sociedad Coral de Bilbao; Coro Euskaria; Coro Infantil; Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director Musical: Ben Phelps. Bilbao 31-X-24  

 En estos eventos, ahora de moda, en los que la música de una película se lleva a cabo en directo, el predominio orquestal supera a lo cinematográfico. La mirada se centra en el filme, pero la colaboración musical se hace mucho más protagonista. El discurrir del tiempo ha hecho que la música de Howard Shore corresponda a una grandiosa banda sonora y que no se eche de menos a conocidos compositores de bandas sonoras como Hans Zimmer o John Williams. La música de la segunda entrega de la trilogía del Señor de los Anillos está llena de leitmotiv y su música cambia desde el lirismo que desprende en pasajes de amor o de muerte, hasta el estruendo percusionistas de las batallas o situaciones épicas. La Sociedad Coral bilbaína y el Coro Euskeria apostados al fondo del escenario intervinieron susurrantes, pocas veces a plena voz, salvo el momento culminante de las batallas y lo llevaron a cabo con gran elegancia en su línea de suave canto. Intervino la soprano londinense Grace Davidson de la que únicamente podemos comentar su gusto en la delicadeza de sus intervenciones, pero no podemos comentar acerca de su voz al cantar con micrófono. A su lado y de manera segura y valiente cantó el joven tiple Xabier Soto muy aplaudido por el público que llenaba el Euskalduna. El joven director Ben Phelps dirigió a la Sinfónica de Bilbao con milimétrica precisión respecto a la acción de la película y conjugó bien la delicadeza con el estruendo sin decaimiento durante las tres horas que duró


«DON PASQUALE» LEJOS DE LO BUFO

“Don Pasquale” de G. Donizetti. Repato: Simún Orfila (B); María José Moreno (S); Damián del Castillo (Bar); De Muro (T); Coro de la Opera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección de Escena:  Emiliano Suárez. Dirección Musical: Sesto Quatrini. Bilbao 19-X-24.

 El inicio de la temporada con la representación de la ópera bufa Don Pasquale de Donizetti se escoró hacia el canto serio más que a la comicidad y a la gracia inherentes a la obra. Resulta complicado actuar o cantar encorsetados tras la barra de una pizzería, aunque el regista Emiliano Suárez recurrió al centro giratorio para dar mayor agilidad a la acción teatral en general. Nos pareció demasiado inerme e inerte la escasa movilidad que proporcionó al bajo bufo al tenerle sentado en una silla gran parte de su presencia en escena porque se nos alejó de lo que era la “comedia del arte”. El bajo mallorquín no fue muy fiel a la comedia porque es un solvente cantante de ópera seria y le faltaron matices y elegancia a su canto con lo que hizo que echáramos de menos aquellos bajos bufos que nos visitaron hace años como Enzo Dara, Domenico Trimarchi o Enrico Fissore. A pesar de todo, salvó con pericia su aria “Ah un fuoco insólito” y si bien puede que no sea el intérprete idóneo para este rol, cargó en su personaje el peso de la obra y su labor en general fue encomiable. El personaje de Malatesta del barítono Damián del Castillo se nos hizo un tanto altisonante al interpretar su aria “Bella sicome un angelo” y nos defraudó su modo de cantar con una mano metida en el bolsillo en detrimento de una mímica adecuada.

Por otro lado, es justo subrayar y alabar el canto afinado y fácil de la soprano María José Moreno. Su voz de agradable timbre la ayudó a superar la forzada coquetería contraria a su personalidad. Su aparición ataviada con ropa que contradecía lo que reza el texto causó hilaridad en el público. Consecuentemente su teatralidad resultó poco natural, aunque su canto siguió siendo bello y afinado. Diríamos que destacó más en lo vocal con su amplio caudal que en lo dramático. Cerró el cuarteto principal el tenor Francesco De Muro cuyas versiones de la serenata “Com´e gentil” y el aria “Cercheró lontana terra” precedida esta con gran limpieza por la trompeta, las cantó sin mácula y con destreza, la destreza que posee una voz muy ligera bien manejada. Dentro de todo el ámbito vocal, nos quedaríamos en méritos con el dúo del barítono y del bajo a modo de “stretta” de vertiginoso fraseo rápido y difícil silabeo que nos recordó a aquel que ofrecieron el bajo Chausson y el barítono Lanza y que ahora se ha querido imitar incluyendo el bis. Así mismo, destacaríamos el dúo de amor “Tornami a dir” entre soprano y tenor, un “nocturno” de delicada inspiración melódica. Finalmente, aplaudamos la presentación en Bilbao del maestro Sesto Quatrini, atento a la sinfónica de Euskadi y ordenando un largo silencio en la bofetada asestada por la soprano al bajo y que resultó tan realista. El maestro condujo a la orquesta con moderado volumen, lo cual benefició a todas las voces en general. En cuanto a la presencia insólita del actor Pedro Mari Sánchez no hacía tanta falta.


LITURGIA BARROCA PORTUGUESA

“Capella Sanctae Crucis”. Piezas del Renacimiento tardío y el Barroco temprano. Director: Tiago Simas. Colegiata de Cenarruza 14-XIX-24.   

 El inicio del festival musical anual en la Colegiata de Cenarruza presentó al grupo “Capella Sanctae Crucis” dirigida por el solista de corneta Tiago Simas. Un conjunto que toma su nombre de la Capilla del Monasterio de Santa Cruz de Coimbra de la que derivan los manuscritos musicales inéditos sobre los que se elabora el núcleo de la obra. Un interesante descubrimiento de los responsorios y lamentaciones litúrgicas que se ofrecían en la semana santa. Cantos polifónicos que surgieron de las creaciones de compositores como Manuel Cardoso y sobre todo Manuel Mendes quienes reflejaron la tradición musical monacal portuguesa. Cornetas, bajos y bajones, instrumentos todos de la época para recrear la música sacra acompañaron a cuatro solistas de exquisita afinación y gusto que se presentaron totalmente de negro y encapuchados en una curiosa puesta en escena. Cuatro jóvenes voces y otros cuatro instrumentistas que durante dos horas nos enriquecieron con una música poco conocida. Escuchamos en el silencio pétreo de la Colegiata la música producto de la investigación realizada por el grupo en torno a un patrimonio musical que contiene decenas de manuscritos. Un interesante comienzo del festival en el que se hace patente la labor de una competente organización.


Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar