MAJESTUOSO REQUIEM

“Requiem” de Mozart. Solistas: Anna Lena Elbert (S); Olivia Vermeulen (M); Martin Mitterrutzner (T); Hanno Miller (B). Orfeón Donostiarra. Budapest Festival Orchestra. Dirección Musical: Ivan Fischer. Quincena Donosti 18-VIII-24.    

Desde que el maestro Ivan Fischer inició la Sinfonía “Praga” que antecedió al Requiem en este atractivo concierto mozartiano, ya pudimos percibir sus buenas dotes de dirección.  Al frente de la Festival Orchestra de Budapest dirigió con absoluta claridad gestual esta única gran obra sinfónica de Mozart carente del habitual minueto o scherzo y que se ciñe a tan solo tres movimientos. Tras una breve pausa, el programa continuó con el famoso “Requiem” en el que el multitudinario Orfeón Donostiarra en su primera intervención nos indicó la grandeza artística que iba a tener su participación. La obra contó con la soprano Anna Lena Elbert quien se distinguió por la limpieza en la emisión de su ligera voz y claridad en el fraseo del texto latino. De la mezzo Vermeulen destacaríamos la sonoridad de su voz, aunque de un extraño color. Nos gustó la participación del tenor Martin Mitterrutzner con su voz de agradable color y así mismo la del bajo Hanno Miller quizás un tanto estentórea. Sin duda el centro de la atención radicó en el orfeón que compaginó la brillantez y fuerza del “Kirie” y de “Rex Tremendae” con la delicadeza de las más de cien voces que se unieron con gran sensibilidad en la “Lacrimosa” o la agilidad mostrada en la complicada fuga final “Lux eterna”, una evidente muestra de la versatilidad y compenetración del conjunto donostiarra. El maestro Fischer se convirtió igualmente en un foco de atención gracias a sus ademanes buscando la concreción y el ajuste de su muy buena orquesta.


UNA ÓPERA RECORDATORIA

“Saturrarán”. Ópera de Juan Carlos Pérez. Libreto de Kirmen Uribe.Reparto: Elias Arranz (Bar); Andrea Jiménez (S); Marifé Nogales (M); José Manuel Díaz (Bar); Botond Odor (T); Itxaro Mentxaka (M); Aitor Garitano (T); Sociedad Coral de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección de Escena: Lucía Astigarraga. Dirección Musical: Jon Malaxetxeberría. Teatro Arriaga 2º-VI-24.

En el estreno de su composición, “Saturrarán”, Juan Carlos Pérez nos describe el sórdido y lúgubre mundo del que él mismo fue testigo con una evidente influencia musical de las ideas de la segunda escuela de Viena, sobre todo de Alban Berg y Anton Webern. El músico mutrikuarra evitó moverse en la melodía descriptiva y utilizó el recitado cantado en una obra de oscuro dramatismo.  La voz de los intérpretes apenas tiene relevancia en la obra porque forma parte de un conjunto y se la debe valorar como parte de ese conjunto argumental. El cantante está supeditado a la música en su declamado canto libre, pero carece de momentos de lucimiento vocal al no tener escritas arias ni concertantes y prevaleciendo el teatro. En la música de esta ópera se hizo también patente el maridaje entre la técnica dodecafónica y el estudiado sonido de percusión creado.

En realidad, el libreto firmado por Kirmen Uribe se adueñó de la obra, simplemente porque es lo que el público entendía y era lo que competía a la acción teatral. El poeta ondarrés ha querido que recordáramos a través de un libreto ambicioso y multitemático las vicisitudes sociales vividas hace medio siglo en nuestros pueblos. Ha confeccionado un libreto a modo de capítulos en el que se trataba tanto del desgraciado trajín con la droga y en consecuencia la mortal aparición del sida, como del mal visto lesbianismo y siempre bajo el común denominador de la pesca que tanto le preocupa al libretista.

En el capítulo vocal sobresalió la actuación de la soprano navarra Andrea Jiménez que encarnó al personaje de Ane con verosímil realismo y en ello tuvo mucho que ver la regista Lucía Astigarraga. Nos gustó el racconto de salida del barítono Elias Arranz y la voz recia y potente del también barítono José Manuel Díaz, aunque no su exagerada caracterización de armador-gángster. La mezzo Marifé Nogales no solo suele aportar su valía artística, sino la gracia como actriz desinhibida. Así mismo, el contar con la participación de Itxaro Mentxaka supone la seguridad en la interpretación y el apoyo en la escena para los demás. Los tenores Botond Odor y Aitor Garitano, si bien de diferentes timbres de voz, ambos aportaron frescura vocal y naturalidad escénica. Juan Carlos Pérez insertó también en su partitura un par de páginas corales a las que la Sociedad Coral de Bilbao se encargó de dar la profundidad y la gravedad requeridas. El director de orquesta Jon Malaxetxeberría dirigió el estreno atendiendo sobre todo al multi colorido instrumental de la Sinfónica de Bilbao y no tanto a las voces que previamente ya habían estudiado con creces sus respectivas partituras


CIERRE DE LOS LIEDER EN EL ARRIAGA

Recital de canto. Solista: Miren Urbieta (S); Rubén Fdez Aguirre (Piano). Obras de Iradier, Guridi y Garbizu. Teatro Arriaga 12-VI-24. 

 Con la participación de la soprano Miren Urbieta finalizaba la temporada de los lieder, que en este caso concreto se refería a la canción compuesta por tres músicos vascos. El alavés Sebastián Iradier aportó la pasión a la voz de la soprano, mientras que Jesús Guridi servía de fondo con las pinceladas al piano de Rubén Fdez.Aguirre y Tomás Garbizu nos recordaba las canciones populares guipuzcoanas. La poderosa voz de la soprano donostiarra se encontró demasiado cerca del espectador, se le acrecentaba su potencia y salvo que pudimos admirar sus hermosas notas centrales de oboe, tan llenas, concluiríamos diciendo que no es la voz adecuada para una sala tan limitada. En la primera parte programada, nos quedaríamos con su atractiva versión de La Paloma y con la anécdota de que Georges Bizet se basó en El Arreglito del alavés para plagiar la Habanera de su ópera Carmen. Si las canciones en francés no resultaron bien moduladas, las conocidas populares en euskera de Garbizu se distinguieron por su fluidez, afinación y sensibilidad. La soprano lo dijo todo con la voz, ya sea dándole una admirable intensidad a la nota o recogiéndola con unos filados certeros. Acompañada por Rubén Fdez.Aguire cerró un ciclo siempre de interés por querer rescatar unas veces a músicos olvidados y otras veces actualizarlos. El pianista vizcaíno, siempre protagonista, la acompañó con la sensibilidad que le caracteriza


UN RECITAL ENTRAÑABLE

Recital de Canto. Solistas: Marina Monzó (S); Ismael Jordi (T); Rubén Fdez. Aguirre (Piano). Obras de Turina, Rodrigo, Sorozábal, Guridi, Penella etc. Teatro Arriaga 2-VI-24.     

 En efecto, la velada resultó entrañable y de calidad porque la soprano Marina Monzó y el tenor Ismael Jordi se esforzaron en ofrecer con arte y buenas voces un bello recital en un día en el que el público al unísono felicitó al tenor en su cumpleaños. Dejando a un lado las romanzas de zarzuela, el tenor jerezano quiso abordar, antes de nada, composiciones del también andaluz Joaquín Turina. La afilada voz del tenor se movió con absoluta claridad en el fraseo, combinando el gusto que únicamente pertenece a un artista con la sensibilidad a flor de piel. Su canto de ondulante línea, capaz de recoger la nota y dejarla flotando en el aire, se convirtió en una exhibición técnica al interpretar la romanza “Yo no sé qué veo en Ana Mari” del Caserío de Guridi, que fue lo mejor de una sobresaliente la velada. A su lado, la soprano Marina Monzó con su voz de atractivo color y la potencia de una voz fresca y joven nos recordó su exitosa Musetta de pasados días. Su versatilidad se evidenció al cantar la romanza de La Tabernera del Puerto “En un país de fábula”, donde no encontró ningún escollo en su ligereza en contraste luego con una exuberante Cecilia Valdés de Gonzalo Roig, cantada con gracia e intencionalidad y una voz más llena. Escuchamos en el Arriaga a un binomio artístico que contactó con el público y lo  agradó sobremanera. No se olvide que la base y la ayuda musical a tan bello y variado canto, partió del piano siempre atento de Rubén Fdez.Aguirre                              


EXQUISITO BARROCO INGLÉS

“King Arthur” de H.Purcell. Conjunto Vox Luminis. Narradora Miren Gaztañaga. Dirección Musical: Lionel Meunier. Teatro Arriaga 1-VI-24  

 Afortunadamente, nos estamos habituando cada vez más a escuchar conjuntos especializados en música barroca que se van acercando a la interpretación perfecta. El conjunto belga Vox Luminis es una de estas formaciones musicales y no solo por el color de época que logra con los oboes, flautas, tiorba, laúd y clave, sino por la excelencia de unas voces muy coordinadas y precisas en sus intervenciones tanto corales como de solistas. El ascenso cualitativo del conjunto se debe sobre todo a la dirección de Lionel Meunier, quien no estuvo al frente de la orquesta, sino que le vimos cantando como bajo a la vez que lucía su virtuosismo con el flautín. La lucha entre sajones y britones leída y recitada con inmaculado fraseo e intencionalidad por Miren Gaztañaga daba paso a la fuerza expresiva de Purcell que se manifestó, entre otros números, en el brillo de las trompetas llamando a la guerra o en el canto staccato del barítono en “Great Love, I know thee now» al que le seguirá el resto del conjunto con ese mismo marcado ritmo en “See, see we assemble”. No destacaríamos a ninguna voz en concreto, pero es justo señalar que todas ellas, unas más y otras menos, mostraron una gran sensibilidad artística y un canto con una afinación impecable amén de una gran profesionalidad. En todo caso, destacaríamos los dúos entre las dos sopranos pastoras y el del bajo que encarnaba a Pan con la soprano que intervenía como una Britania nereida. El coro se divirtió y se movió en escena formando diferentes grupos de voces según el número a cantar y si se divierten los actores en la escena, el público se divierte aún más.


BRILLANTE CIERRE LÍRICO

“La Boheme” de G.Puccini. Reparto: Miren Ubieta (S); Celso Albelo (T); Marina Monzó (S) Manel Esteve (Bar); Jos´de Manuel Díaz (Bar): David Lagares (B); Fernando Latorre (Bar); Aitor Garitano (T); Coro de la Opera de Bilbao y Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección de Escena Salvo Piro. Dirección Musical: Pedro Halffter. Bilbao 18-V-24.

 Lo más notorio de esta La Boheme de Puccini es que no echamos de menos a nadie. Resulta muy meritorio y a la vez justo destacar que, en adelante, la soprano Miren Ubieta será una referencia más a la hora de señalar a una gran Mimí. La soprano donostiarra actuó con la presencia escénica de una veterana, con la seguridad vocal de una consagrada artista poseedora de una voz torrencial, que fluye con facilidad y permanece inalterada en su naturalidad. Su aria “Mi chiamo Mimí” como réplica al aria del tenor, mostró un grato recogimiento intimista, limpio fraseo y un amplio fiato en un tempo lento concedido intencionadamente por el maestro Pedro Halffter. Nos presentó una Mimí sin artificios ni cursilerías, centrada en cantar unas veces con controlada intensidad y otras con delicada feminidad. El tempo que el maestro Halffter marcó a la soprano fue el que con anterioridad había señalado al tenor Celso Albelo cuando cantó su famosa aria “Che gélida manina”. La versión interpretada por el canario se nos hizo elegante, optó por una sedosa línea de canto y a media voz. Su fraseo fue muy claro y vocalmente se convirtió en un Rodolfo atractivo. Las dos voces protagonistas representaron con verosimilitud la escena y en la leal competencia vocal, ella se distinguió por su generosidad y honradez al acudir sola al Do en el dúo “o soave fanciulla”. Meritoria participación de Marina Monzó y relevante su interpretación del vals de Musetta que cantó con una voz limpia y clara, de una manera afinada y fácil. Además de su actuación canora, nos gustó la comedida teatralidad, sin exageraciones ni cursilería en la escena del café Momus. En la clásica y realista producción presentada, destacaríamos a José Manuel Diaz en el papel de Schaunard, quien estuvo cómodo en la escena y aunque con menor papel que Marcelo, participó muy activamente en el desarrollo de la acción y estuvo seguro en su canto. En cuanto al citado Marcelo, cubrió este personaje el barítono Manel Esteve. El artista catalán mostró un canto enfático, a veces un tanto forzado y su atenorada voz anduvo cómoda en la zona alta y menos en la grave, porque evidenció poseer un timbre claro. En cambio, a la voz grave y oscura del bajo David Lagares lo que le faltó fue un fraseo limpio y bien modulado. El coro de la Opera de Bilbao participó vivamente en la escena del café Momus, en la que hubo algarabía, disciplinados niños cantores, afinada fanfarria y la presencia vocal de Fernando Latorre y Aitor Garitano. Nos gustaron los silencios exigidos por el maestro Halffter, sobre todo al inicio del vals de Musetta ordenando a la orquesta una breve demora efectista. El director madrileño, ya es tiempo que va siendo sinónimo de garantía y máxime si a los pies del atril cuenta con la seguridad que proporciona la Sinfónica de Bilbao.


UNA GRAN DAMA DEL CANTO

Recital de Canto. Solista: Olga Peretyatko (S); Semion Skigin (Piano). Obras de Robert y Clara Schumann, Brahms y Paulina Viardot.  Filarmónica. Bilbao 8-V-24.   

 La soprano rusa Olga Peretyatko tenía previsto centrar su programa en dos insignes compositoras, la alemana Clara Schumann, la esposa de Robert y la española Paulina Viardot. A medida que nos relataba epistolarmente las vivencias de cada una de ellas, iba también abandonando el listado de los lieder del programa introduciendo algunas arias que por el arte y la calidad que exhibió, valieron todo el concierto. La voz de Peretyatko se mostró homogénea, con un color igual en sus registros, emitida con fluidez gracias a su excelente técnica y así el recital se convirtió en una exhibición. Con un dominio absoluto de la escena y con el público en sepulcral silencio, escuchamos una pieza que solamente una gran artista podría interpretar en la dimensión que ella lo hizo. Se trataba de la llamada “Solovei” en la que esta dama del canto explayó en lengua vernácula la coloratura, la potencia y la belleza de una voz lirico-ligera. Al tratar las composiciones de Viardot en la segunda parte del concierto, hizo un alto para exhibir en esta ocasión la agilidad necesaria para cantar a Rossini. Y así como la española interpretó en su día la Norma de Bellini, esta rusa siguiendo sus pasos, acometió en el recital el aria “Casta Diva” con los brazos abiertos, de factura muy refinada, elegante línea de canto y un amplísimo fiato que sirvió para que el público mostrara su total entrega. La voz le fluyó fácil a esta diva y esa facilidad influyó sobremanera en el fraseo de los lieder del matrimonio Schumann, en el canto a media voz y en logar una expresividad tan requerida en este género. Nos visitó una gran dama del canto que todavía no ha actuado en las óperas bilbaínas, entretanto, al menos, nos va dejando muestras de su arte.


BILBAINISMO MUSICAL

Concierto Lírico. Solistas: Masa Coral del Ensanche. Patricia Sésar (S); Los Chimberos.; Koldo Villar (Bar): Alberto Núñez (T): Banda Municipal de Bilbao. Dirección Musical: José R, Pascual Villaplana. Teatro Arriaga 5-V-24.   

 El concierto organizado por la Coral del Ensanche rezumó por todos los poros un auténtico bilbainismo musical. Con un gran lleno en el Arriaga, disfrutamos de piezas de zarzuela a través de la misma coral, interpretadas con absoluta compenetración y brillantez. La calidad actual de la coral, de la mano de Begoña Hernández, resultó muy evidente y el predomino femenino en su color, supuso un baluarte seguro. Los sones de la Banda Municipal alternaron con evocadoras piezas populares bilbaínas a cargo de los Chimberos, quienes a tres voces llamaron al sentimiento de los asistentes cuando cantaron “A mi Vizcaya”. Nos gustó también la solemnidad con la que cantaron “Txoria Txori” de Mikel Laboa y la elegancia con la que nos ofrecieron “Oi Ama Euskal herri” de Benito Lertxundi, acompañados de la coral a media voz. Nos gustó la versión ofrecida por las voces femeninas de la Masa del Ensanche al cantar el coro de las lagarteranas de manera unísona y con nítida distinción entre las voces de soprano y mezzo. Mención especial merece la soprano Patricia Sésar quien abordó romances de zarzuela con perfecta afinación y seguridad en los agudos. Sería aclamado el tenor Alberto Núñez al terminar la jota del Trust de los Tenorios y así mismo el barítono Koldo Villar, quien, además de cantar con gusto una romanza escrita para un bajo como es la habanera de la zarzuela Marina “Dichoso aquel”, fue también el arreglista de algunas de las piezas cantadas. El maestro Pascual Villaplana dirigió con eficacia y a la vez mimo a una excelente Banda Municipal sostén musical de una conmemoración exitosa.


UN RECITAL INTERLOCUTADO

Recital de Canto. Solistas: Juan Jesús Rodríguez (Bar); Graciela Moncloa (S); Manuel Burgueras (Piano); Maite Marín (Narración). Palacio Euskalduna 20-IV.24

El programa presentado el sábado en el Euskalduna no solo consistió en canto, sino que medió una insistente interlocución. No es que la intervención de Maite Marín no gustara, todo lo contrario, porque se mostró simpática y natural, sino que a muchos de los asistentes nos pareció inadecuado y simple tanta interrupción de lo que esencial, es decir, el canto. Los solistas, el barítono Juan Jesús Rodríguez y la soprano Graciela Moncloa, se tuvieron que atener a las conversaciones propuestas por la narradora Maitre Marín, en un intento de cumplir con un guion oral que tuvo hasta tintes moralistas y paternalistas. Fue en el ámbito canoro donde ambos reflejaron su arte. El barítono onubense, por ejemplo, ofreció de salida una hermosa versión del “prólogo” de I Pagliacci, interpretado con una voz potente y amplia. Con las interrupciones citadas, apareció a continuación en escena Graciela Moncloa para ofrecernos una sola estrofa del aria “O Mio Babbino Caro” pucciniana sin la idoneidad que mostraría luego en “Sola Perduta e Abbandonata” de Manon Lescaut que la cantó con su corpórea voz y con el dramatismo requerido. El maestro Manuel Burgueras al piano, vino a advertirnos con la ejecución de una pieza de Turina, que nos adentrábamos en la segunda parte dedicada a la zarzuela. En este género brillaron los dos por igual y se mostraron cómodos y muy compenetrados al interpretar conocidos dúos de La Revoltosa o La del Manojo de Rosas. Un recital que incluyó también la intervención del público.


EN BUSCA DE UNA MUJER

“Die Ersten Menschen” de Rudi Stephan. Reparto: Annette Dasch (S); Daniel Schmutzhard (Bar): Simon Neal (Bar); John Daszak (T); Euskadiko Orquesta. Durección Escénica: Calixto Bieito. Asistente Dirección: Roberto Baltar. Dirección Musical: Robert Treviño. Teatro Arriaga 18-IV-24.                                           

Proveniente de Ámsterdam, Calixto Bieito nos presentó en el teatro Arriaga a los cuatro primeros personajes humanos, según la narración bíblica de la creación del Génesis, aunque con un libreto de Otto Borngraber muy lejos del texto bíblico. En el formato presentado, la primera originalidad presenciada fue que el director Robert Treviño no dirigió las voces y se atuvo únicamente a la dirección musical de la orquesta de Euskadi, situada en la parte posterior del escenario y separada con una traslúcida cortina. La segunda propuesta y fundamental, consistió en la presencia delante de los solistas de Roberto Baltar, encargado de dirigir las voces solistas. Sin embargo, el mérito de la representación no se hallaba en la interpretación vocal, sino en el surrealismo teatral. Los distintos puntos de vista sobre la vida de Cain, lleno de deseos sexuales y de Abel que vive según sus creencias religiosas, se mostraron de manera explícita e histriónica en escena. Vocalmente al tenor John Daszak se le vio apurado en solventar la alta tesitura de su parte. Al barítono Daniel Schmutzhard que encarnó a Caín le aplaudimos mucho más como actor que como cantante de meritoria voz. Al matar a su hermano Abel por celos, tanto Adán como Eva comprenden lo que le espera a la humanidad. La soprano Annette Dasch se distinguió por su desinhibida y excelente actuación de gran actriz, mientras que Simon Neal que interpretó a Adán, sobresalió entre sus compañeros por su recia y poderosa voz. La dirección escénica de Calixto Bieito reflejó su teatro, ese que combina la crudeza existencial con el arte. El maestro Robert Treviño dirigió esta obra escénica musicalmente basada en fuentes expresionistas y post wagnerianas con una lectura clara y en absoluta simbiosis con la dirección vocal de Roberto Baltar.


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