“Il Trittico” de G.Puccini. Reparto: Ángeles Blancas (S); Chiara Issoton (S); Karita Matilla (S); Carlos Alvares (Bar); Sofía Esparza (S); Itxaro Mentxaka (M); Naroa Inchausti (S); Jose Manuel Diaz (Bar); Fernando Latorre (Bar); Ainhoa Zubillaga (M); Ana Ibarra (S). Coro de la Opera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Navarra. Dirección de Escena: Paco Azorín. Dirección Musical: Pedro Halfter. Bilbao 23-XI-24.  

 Con buen criterio, la ópera bilbaína homenajeó a Puccini a una semana de su fallecimiento hace ya cien años. Lo llevó a cabo con el estreno al completo de las tres óperas englobadas en su “Trittico”. En la primera “Il Tabarro” con el fondo de un asesinato por los celos, la soprano Ángeles Blancas cuajó una actuación muy completa. No sólo enseñó poderío en su voz, sino que, sobre todo, culminó su trabajo con una entrega total en el aspecto teatral. Muy natural y desinhibida, se apoderó de la escena y en realidad fue eje del sórdido argumento basado en el Infierno dantesco. La voz acorde a esta obra verista vino de parte del tenor Marco Berti que como un spinto brilló en agudos bien sostenidos y secundando muy bien a la soprano en hacer verosímil el texto de la pasional obra. Del barítono Carlos Alvarez diremos que conserva el terciopelo de su voz, el bello color vocal que siempre le ha caracterizado, pero en esta ópera en concreto, le faltó fuerza, careció del volumen para acompañar sin desmerecimiento a la soprano. A la ira de su personaje le faltó pasión y la voz no le respondió en este final tan sentido. Unas cuantas notas sueltas altas no justifican su actuación como buena.

El melodrama religioso que siguió tras el primer descanso, o sea, “Suor Angelica”, vino a satisfacer las expectativas puestas en la presentación en Bilbao de la soprano Chiara Issoton.  La soprano enseñó una voz corpórea, rica en armónicos, con el volumen y el color de una soprano dramática. En la soledad de una escena en la que el sobrecogedor dolor de saber que su hijo ha muerto, el canto de la artista véneta causó sensación. Más aún, al verificar la credibilidad e intensidad de su entrega como actriz en su desesperación. Una nueva sorpresa admirativa nos llegó también con el dominio escénico, la serena elegancia en la intencionalidad y la grave dicción mostradas por la veterana gran soprano finlandesa Karita Matilla encarnando a la princesa, tía de la monja Suor Angelica. Erguida e inmóvil su claro fraseo fue una lección de inteligibilidad. Nos gustó también la sección femenina del coro de la Opera de Bilbao, conjuntada y con natural desenvolvimiento en escena.

La tercera ópera es la más especial de las tres ya que “Gianni Schicchi” se mueve entre la comedia y la farsa. En esta, Carlos Alvarez estuvo más entonado y su voz se adaptó mucho mejor al personaje de Gianni Schicchi. El malagueño se sintió mucho más cómodo y su fraseo nasal imitando a Buso Donati resultó sino hilarante, sí apropiado. Intervino en la obra la joven soprano Sofía Esparza encarnando a Lauretta la que debe cantar la famosa aria “O mio babbino caro”. La voz de la joven navarra sonó fresca y con muy bello color. Su versión resultó académica, sin filados ni otros matices y tuvo el apoyo del maestro Halfter al secundarla con pausas. Nos quedamos con su voz de futuro. La producción se limitó a unos módulos acristalados y filminas de fondo que en su practicidad servían tanto para el muelle parisino como para un convento. De nuevo aplaudimos la dirección del maestro Pedro Halfter dirigiendo en esta ocasión a la Sinfónica de Navarra, leyendo tres partituras que, aunque de Puccini, bien diferentes.

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VIRTUOSISMO VOCAL

Recital de Canto. Solistas: Lisette Oropesa (S); Alessandro Praticó (piano). Obras de Ravel, Massenet, Bizet, Verdi, Donizetti y Meyerbeer. Filarmónica. Bilbao 6-XI-24.  

  Sonriente y rebosando simpatía, visitaba Bilbao por tercera vez la soprano Lisette Oropesa. Habíamos olvidado su primera aparición en aquella Falstaff de hace tres décadas, pero  conservábamos in mente su exitoso recital en tiempos de la pandemia. Con un programa cuya primera parte se basó en un inhabitual repertorio francés, la soprano cubano-norteamericana apenas llegó a encender el ánimo de los asistentes. En efecto, su voz de natural timbre ligero no resolvió con la gravedad requerida la “Chanson Andalouse” de Massenet al ser de escritura para una voz más corpórea y en cambio en “La Sevillana” de la ópera Don César de Bazán del mismo autor, la artista demostró la gracia y el arte que atesora. Nos gustó mucho el melismático bolero de Delibes en el que exhibió todo tipo de escalas, picados y sostenidos gorgoritos y una inmaculada afinación. En la segunda mitad, como belcantista de depurada técnica, la jovial soprano atrajo la atención con el aria de la ópera L´Elisir D´Amore de Donizetti y sobre todo, en la difícil canzonetta “La Primavera” de Mercadante. Sin duda, Lisette Oropesa se movió a sus anchas en las piezas más ligeras, en las que su voz se adentraba con absoluta seguridad en los filados etéreos y en el dominio del registro agudo. Un exquisito gusto y una elegante línea de canto acompañan a su voz que por su elaborada técnica se acerca al color de una soprano lírica y de ahí que amplíe con solvencia su repertorio de soprano ligera. Acompañada del pianista calabrés Alessandro Praticó mostró constantemente su afectividad personal hacia el pianista con quien le unió también el entendimiento y simbiosis musical.


MÚSICA SIN ENLATAR

“El Señor de los Anillos”. Reparto: Grace Davidson (S); Xabier Soto (Tiple); Sociedad Coral de Bilbao; Coro Euskaria; Coro Infantil; Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director Musical: Ben Phelps. Bilbao 31-X-24  

 En estos eventos, ahora de moda, en los que la música de una película se lleva a cabo en directo, el predominio orquestal supera a lo cinematográfico. La mirada se centra en el filme, pero la colaboración musical se hace mucho más protagonista. El discurrir del tiempo ha hecho que la música de Howard Shore corresponda a una grandiosa banda sonora y que no se eche de menos a conocidos compositores de bandas sonoras como Hans Zimmer o John Williams. La música de la segunda entrega de la trilogía del Señor de los Anillos está llena de leitmotiv y su música cambia desde el lirismo que desprende en pasajes de amor o de muerte, hasta el estruendo percusionistas de las batallas o situaciones épicas. La Sociedad Coral bilbaína y el Coro Euskeria apostados al fondo del escenario intervinieron susurrantes, pocas veces a plena voz, salvo el momento culminante de las batallas y lo llevaron a cabo con gran elegancia en su línea de suave canto. Intervino la soprano londinense Grace Davidson de la que únicamente podemos comentar su gusto en la delicadeza de sus intervenciones, pero no podemos comentar acerca de su voz al cantar con micrófono. A su lado y de manera segura y valiente cantó el joven tiple Xabier Soto muy aplaudido por el público que llenaba el Euskalduna. El joven director Ben Phelps dirigió a la Sinfónica de Bilbao con milimétrica precisión respecto a la acción de la película y conjugó bien la delicadeza con el estruendo sin decaimiento durante las tres horas que duró


«DON PASQUALE» LEJOS DE LO BUFO

“Don Pasquale” de G. Donizetti. Repato: Simún Orfila (B); María José Moreno (S); Damián del Castillo (Bar); De Muro (T); Coro de la Opera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Dirección de Escena:  Emiliano Suárez. Dirección Musical: Sesto Quatrini. Bilbao 19-X-24.

 El inicio de la temporada con la representación de la ópera bufa Don Pasquale de Donizetti se escoró hacia el canto serio más que a la comicidad y a la gracia inherentes a la obra. Resulta complicado actuar o cantar encorsetados tras la barra de una pizzería, aunque el regista Emiliano Suárez recurrió al centro giratorio para dar mayor agilidad a la acción teatral en general. Nos pareció demasiado inerme e inerte la escasa movilidad que proporcionó al bajo bufo al tenerle sentado en una silla gran parte de su presencia en escena porque se nos alejó de lo que era la “comedia del arte”. El bajo mallorquín no fue muy fiel a la comedia porque es un solvente cantante de ópera seria y le faltaron matices y elegancia a su canto con lo que hizo que echáramos de menos aquellos bajos bufos que nos visitaron hace años como Enzo Dara, Domenico Trimarchi o Enrico Fissore. A pesar de todo, salvó con pericia su aria “Ah un fuoco insólito” y si bien puede que no sea el intérprete idóneo para este rol, cargó en su personaje el peso de la obra y su labor en general fue encomiable. El personaje de Malatesta del barítono Damián del Castillo se nos hizo un tanto altisonante al interpretar su aria “Bella sicome un angelo” y nos defraudó su modo de cantar con una mano metida en el bolsillo en detrimento de una mímica adecuada.

Por otro lado, es justo subrayar y alabar el canto afinado y fácil de la soprano María José Moreno. Su voz de agradable timbre la ayudó a superar la forzada coquetería contraria a su personalidad. Su aparición ataviada con ropa que contradecía lo que reza el texto causó hilaridad en el público. Consecuentemente su teatralidad resultó poco natural, aunque su canto siguió siendo bello y afinado. Diríamos que destacó más en lo vocal con su amplio caudal que en lo dramático. Cerró el cuarteto principal el tenor Francesco De Muro cuyas versiones de la serenata “Com´e gentil” y el aria “Cercheró lontana terra” precedida esta con gran limpieza por la trompeta, las cantó sin mácula y con destreza, la destreza que posee una voz muy ligera bien manejada. Dentro de todo el ámbito vocal, nos quedaríamos en méritos con el dúo del barítono y del bajo a modo de “stretta” de vertiginoso fraseo rápido y difícil silabeo que nos recordó a aquel que ofrecieron el bajo Chausson y el barítono Lanza y que ahora se ha querido imitar incluyendo el bis. Así mismo, destacaríamos el dúo de amor “Tornami a dir” entre soprano y tenor, un “nocturno” de delicada inspiración melódica. Finalmente, aplaudamos la presentación en Bilbao del maestro Sesto Quatrini, atento a la sinfónica de Euskadi y ordenando un largo silencio en la bofetada asestada por la soprano al bajo y que resultó tan realista. El maestro condujo a la orquesta con moderado volumen, lo cual benefició a todas las voces en general. En cuanto a la presencia insólita del actor Pedro Mari Sánchez no hacía tanta falta.


LITURGIA BARROCA PORTUGUESA

“Capella Sanctae Crucis”. Piezas del Renacimiento tardío y el Barroco temprano. Director: Tiago Simas. Colegiata de Cenarruza 14-XIX-24.   

 El inicio del festival musical anual en la Colegiata de Cenarruza presentó al grupo “Capella Sanctae Crucis” dirigida por el solista de corneta Tiago Simas. Un conjunto que toma su nombre de la Capilla del Monasterio de Santa Cruz de Coimbra de la que derivan los manuscritos musicales inéditos sobre los que se elabora el núcleo de la obra. Un interesante descubrimiento de los responsorios y lamentaciones litúrgicas que se ofrecían en la semana santa. Cantos polifónicos que surgieron de las creaciones de compositores como Manuel Cardoso y sobre todo Manuel Mendes quienes reflejaron la tradición musical monacal portuguesa. Cornetas, bajos y bajones, instrumentos todos de la época para recrear la música sacra acompañaron a cuatro solistas de exquisita afinación y gusto que se presentaron totalmente de negro y encapuchados en una curiosa puesta en escena. Cuatro jóvenes voces y otros cuatro instrumentistas que durante dos horas nos enriquecieron con una música poco conocida. Escuchamos en el silencio pétreo de la Colegiata la música producto de la investigación realizada por el grupo en torno a un patrimonio musical que contiene decenas de manuscritos. Un interesante comienzo del festival en el que se hace patente la labor de una competente organización.


CANTO DE ORFEBRERÍA

Conjunto «Kea ahots Taldea». Director: Enrique Azurza. Quincena Donostiarra 28-ViII-24

Muy difícil y muy selecto el concierto ofrecido por el grupo vocal Kea a cargo del maestro Enrique Azurza. Dieciocho voces «a capella» y a veces «a bocca chiusa» mostraron un programa con autores del siglo XX. Canciones llenas de melismas y susurros sonoros a media voz en las que la afinación y la correcta entonación fueron esenciales. Los filados y sostenidos, las variaciones melódicas y los ecos vocales conjuntados iban despejando la telaraña canora creada por McMillan, Whitacre, Sisask o compositores presentes como en el caso de Eugenia Luc y David Azurza. El maestro cantaba con el grupo mientras los dirigía y con el diapasón en la mano los propios cantantes comprobaban la precisa entonación. Cantar «a capella» requiere un oído fino y una gran sensibilidad musical pero no estaba de más la ayuda del diapasón para dar con el tono requerido. El grupo Kea se movió con absoluta solvencia en el canto allegro así como en el canto recitado y sostenido. Es una referencia muy válida en este tipo de música contemporánea.


COMPOSITORAS DEL BAROCO

«Le concert de L’Hostel Dieu».solistas: Heather Newhouse ( S); Reynier Guerrero (Violi); Aude Walker (violonchelo); Ulrik Larsen (tiorba); Franck Comte (clave y director). Quincena Donostiarra 26-VIII-24

Interesante el concierto ofrecido por este grupo de Lyon sacando a la luz composiciones femeninas del Barroco de los siglos XVII y XVIII. Una primera parte bucólica y una segunda más dramática conformaron un programa en el que destacaron las figuras de Barbara Strozzi y Elisabeth Jacques de la Guerre. En el florecimiento del ingenio femenino que transcurrió desde Italia a Francia, la única solista encargada de interpretar cada una de las obras fue la soprano Newkouse. Su penetrante voz como un afilado estilete  no siempre casó con algunas obras. Por ejemplo, para ofrecer  «Lamentos» como los de Barbara Strozzi o Antonia Bembo es preferible contar con una voz más corpórea y terciopelo para expresar el dolor en su justa medida. Sin duda la ligera voz de la soprano canadiense se adecuó mejor al canto alegre con el gran mérito de su capacidad de resistencia al abordar sola todo el programa. En la parte instrumental destacaríamos al violinista cubano Reyner Guerrero quien mostró su destreza al interpretar una hermosa y complicada sonata de Isabella Leonarda. Tal como ocurre en casi todos los conjuntos especialistas en un determinado género «Le Concert de L’Hostel Dieu»  nos transmitió su entendimiento entre los cinco miembros con su director Franck Comte sentado al clave y con Aude Walker y Ulrik Larsen al violonchelo y a la tiorba respectivamente.


Examen coral con Beethoven

“Missa Solemnis” de L.V.Beethoven. Solistas: Chen Reiss (S); Victoria Karkacheva (M); Maximilian Schmitt (T); Hanno Muller (B); Orfeón Donostiarra. Euskadiko Orkwestra. Dirección Muiscal: Jeremie Rhorer. Quincena Donostiarra 23-VIII-24.   

 Entre las razones por las que la “Missa Solemnis” de Beethoven no se interpreta de manera asidua, podríamos citar la gran dificultad que tiene para un coro. Las exigencias tanto en su tesitura como en su diversidad temática requieren un conjunto sólido y avezado. Acompañada de una escritura musical sinfónica, el Orfeón Donostiarra evidenció una vez más la calidad vocal que atesora exhibiendo sonidos extremos y la versatilidad de una excelente agrupación. En el poderoso “Gloria” el Orfeón cautivó con su vibrante sonido a la vez que en el susurrante “Miserere” final, acallaba al respetable atraído por su delicadeza. Es justo resaltar la intervención del concertino en el “Benedictus” en el que los cuatro solistas y los pizzicati de las cuerdas de la orquesta crearon una auténtica atmósfera de paz. Destaquemos así mismo la complicada “fuga” del final, otra pieza a solventar por su dificultad y que el Orfeón superó con creces. En cuanto a los solistas vocales todos ellos aptos cantantes de cámara, se escuchó con mayor nitidez la del tenor Schmitt y también la de la mezzo Karkacheva, mientras que la ligereza fue la característica de la soprano Reiss y la ampulosidad la del bajo Muller. Acerca del maestro parisino Jeremie Rhorer diríamos que fue muy protagonista y gestualmente grandilocuente dirigiendo una obra de la que no todos los directores aceptan hacerse cargo por la extrema dificultad coral, aunque en esta ocasión el joven director francés contó con la inestimable colaboración de la Orquesta de Euskadi y del Orfeón Donostiarra.


CANTATAS DE BACH

Bach Collegium Japan. Cantatas de J.S.Bach. Solistas: Benjamin Bruns (T); Carolyn Sampson (S); Christian Immler (B); Alexander Chance (Falsetist). Quincena Donostiarra 11-VIII-24  

Los conjuntos especialistas en la música barroca o en interpretar a un número limitado de compositores se caracterizan en que los propios miembros que forman el conjunto suelen actuar también como solistas. Ello significa que la formación coral cuenta con voces interesantes para abordar las arias y dúos y que el grupo a su vez cuenta con voces solistas de una suficiente calidad como para lucirse en los solos. El conjunto japonés dirigido por Masaaki Suzuki mostró en las cuatro Cantatas que programó esa conjunción y armonía entre los instrumentos y las voces. Aunque hoy día veamos lejana la idea de conmover que tenía Bach con sus Cantatas, lo cierto es que tardaron un tiempo en ser reconocidas y editadas. En la orquesta japonesa valoraríamos la actuación del trompeta solista sin pistones, la de la solista de la flauta travesara de madera o los oboes en sus respectivas complicadas intervenciones. En el ámbito vocal destacaríamos al tenor alemán Benjamin Bruns cuya voz de agradable color y cierto virtuosismo recitó y cantó los textos bíblicos y otros luteranos con gran limpieza. El bajo Christian Immler intervino a continuación acompañado de la trompeta y expuso una voz de color casi baritonal, lo que diríamos que se la podría enmarcar en la tipología de bajo-barítono. El falsetista Alexander Chance se lució en sendos dúos con la soprano inglesa Carolyn Sampson, una artista de voz ligera que contribuyó más al reforzamiento coral que a su lucimiento como solista. Cuatro Cantatas en honor y alabanza a Jesús en boca de un conjunto compenetrado que compaginó su conjunción con la destreza de los instrumentos antiguos gracias a la veteranía y sabiduría del maestro Masaaki Suzuki.


CARMEN SIN FARALAES

“Carmen” de Bizet. Reparto: Rihab  Chaieb (M); Dmyt ro Popov (T): Miren Urbieta (S); Simón Orfila (B_Bar); Marifé Nogales (M); Helena Orcoyen (S); J.Manuel Díaz (Bar); Juan Laborería (Bar); Mikel Zabala (Bar); Aitor Garotano (T); Easo Abesbatza. Euskadiko Orkestra.Dirección de Escena: Emilio López. >Dirección Musical: J.Miguel Pérez Sierra. Quincena Donostiarra 8-VIII-24

En la minimalista producción de la ópera bizetiana presentada en la Quincena, no había lugar para transmitirnos el color de la seguidilla o para los supuestos disfraces de bandoleros. Sin embargo, habría que aplaudir que unos cuantos palets sirvieran para crear una plaza de toros con una perspectiva interesante. La música del compositor francés que ni siquiera conocía la España andaluza, nos transmitió la esencia de lo hispano del siglo XIX, en esta ocasión gracias a la excelente dirección del maestro Pérez Sierra al frente de la Orquesta de Euskadi. La famosa “habanera” de la mezzo tunecina-canadiense nos pareció un tanto lírica en una voz a la que faltó gravedad y corporeidad. Su trabajo escénico se alejó de un elegante erotismo, pero en cambio, dejó constancia de su dominio escénico y su fuerte carácter en el dramático final de la obra. Su compañero, el tenor Dmytri Popov se mantuvo seguro de su voz en todo momento y con una técnica particular demostraba esa seguridad cada vez que abordaba las notas altas con su broncínea y martilleante voz. Podríamos decir que cumplió con su cometido incluyendo el “aria de la flor” sin hablar de la extraña calidad vocal y la emisión que atesora. Una vez más, la soprano Miren Urbieta logró el aplauso unánime al cantar sus dos arias con su bella y poderosa voz En el ámbito escénico, captó perfectamente la ingenuidad que caracteriza a una Micaela en busca de su paisano en un ambiente hostil.Simón Orfila quien encarnó al torero Escamillo nos demostró que era capaz de cantar un papel ideal para un barítono-bajo, siempre complicado para un artista que se ha lucido como un cantante bajo. A destacar el complicado cuarteto que interpretaron la soprano Helena Orcoyen, la mezzo Marifé Nogales, el barítono J.M.Díaz y el tenor Aitor Garitano con precisión y correcto encaje en un pasaje entrecortado y que requiere una cuidada atención. Tanto la soprano como la mezzo nos depararían más tarde un conjuntado pasaje de las cartas. El coro Easo ofreció por la parte femenina una actuación desinhibida en la pelea mantenida por las cigarreras, aunque en general, el conjunto al completo de mantuvo estático y demasiado agrupado en escena. Aplaudamos la dirección del maestro Pérez Sierra dejando a la Orquesta de Euskadi que sonara con brillantez y a la vez con delicadeza el bello intermezzo.


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