Werther de Jules Massenet. Reparto: Celso Albelo(T); Annalisa Stroppa (M); Lucía Iglesias (S); Àngel Ódena (Bar.) Enric Martínez-Castignani (B); Josu Cabrero (T); José Manuel Díaz (Bar); Orquesta Sinfónica de Bilbao. Coro de niños Leioa Kantika Korala. Dirección de escena: Rosetta Cucchi. Dirección Musical: Carlo Montanaro. Bilbao 17-I-26.

Ante todo, y como explicación del título, diremos que Werther es una ópera que exige control del legato, elegancia y dominio de la intensidad vocal, con lo que, un exceso en el volumen de la voz en cualquier cantante o la falta de sutileza en la línea de canto no guarda las exigencias del repertorio romántico francés. En este sentido, el artista que reflejó esa elegancia y un claro fraseo, así como una cuidada pronunciación fue Celso Albelo. El tenor canario respondió en solitario con su buena técnica a la desesperación del personaje que interpretaba cantando siempre con intención y proporcionando un correcto dramatismo a la acción. En el momento cumbre de la obra como es su aria “Pourquoi me reveiller”, su encomiable versión, muy académica, reveló cierta premura en el tiempo, a la vez que sobrada potencia en los agudos. Su labor en general fue de gran nivel tanto canora como pasional, siendo en todo momento el seguro eje en el que se movió el resto.
La mezzo Annalisa Stroppa, a su vez, ofreció pocos matices a su personaje de Charlotte. Su voz, un tanto engolada, resultó mucho más apropiada al llegar al dúo final con Werther en su casa y cuando, doliente, le reveló con dramático y patético gesto su amor en ese último instante. Se podría decir de ella que gustó más como actriz que como cantante. Su marido en la obra, el barítono Ángel Ödena, interpretó su papel de Albert de manera recia, contundente, pero con respecto al estilo francés, notamos cierta falta de modulación vocal y quizá finura musical. La escasa luz positiva, inherente a la obra, nos vino de la voz ligera y cristalina de Lucía Iglesias con su música alegre e infantil. La soprano gallega aportó esa luminosidad cantando e interpretando su parte con mucha naturalidad.
De igual manera, la escena también se iluminó con el picnic campestre propuesto por la regidora Rosetta Cucchi vistiendo de inmaculado blanco a las participantes segundas voces y al coro infantil de Leioa tan musical y obediente en su colaboración. De la regidora italiana nos gustó la idea de que se actualizara el tiempo cuando Werther se levantaba de su butaca, pero no tanto la limitación escénica impuesta en forma de casetas. Esto motivó que para desarrollar el primer acto hubiera demasiada aglomeración y excesiva sencillez modular en el resto. La dirección del maestro Carlo Montanaro fue la de un experto operístico. Nos agradó sobremanera al observar tras el interludio su exquisita atención a los dos protagonistas que finalizaban la ópera. Con convincente ademán, mientras que con la batuta ordenaba a la orquesta bilbaína, con su mano izquierda marcaba el tempo y las pausas a los artistas en absoluta entente.

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