Tangos y Misa. Solistas: Naroa Inchausti (S); Coro San Juan Bautista y Quinteto de cuerdas “Alos Quartet” con Edgardo Otero (Bandoneón). Teatro Arriaga 15-V-25.

El bandoneón de Edgardo Otero comenzó a desvelar unos cuantos tangos llamados de vanguardia que se caracterizan por no ser tan bailables y se centran más bien en su escucha. Instantes antes de que la soprano Naroa Inchausti abordara la bella y conocida “Alfonsina y el mar” de Ariel Ramírez, el quinteto de cuerdas nos deparó “Adiós Nonino” que Piazzolla lo compuso al morir su padre. A continuación, se cerró la primera parte con “María de Buenos Aires”, una ópera-tango que compuso narrando la vida y muerte de la tal María. La voz de Naroa Inchausti no acaba de casar con el estilo, ni su voz era la de una mezzo, más apropiada para las características y el estilo para cantar el tango. Fue al interpretar la Misa o Misatango de Martín Palmeri cuando la voz de la bilbaína se mostró limpia y brillante. En el “Qui Tollis” inicial, con el ritmo ralentizado, ahora su voz ya en su debida tesitura se mostró sin mácula, lo mismo que en el “Incarnatus” en el que volvió a centrar la atención del respetable. Ella fue la que marcó el comienzo del “Credo” acompañada del violonchelo y del contrabajo y luego la que en el “Sanctus”, con el piano a cargo de Itxaso Sainz de la Maza, sostenía dulcemente sus notas iniciales dando la pauta al coro. El coro San Juan Bautista bien preparado y dirigido por Basilio Astúlez respondió con el inevitable fondo de la música de ese nuevo tango, una misa que se nos hizo semi católica y novedosa. Las jóvenes voces que formaban la agrupación de Leioa lograron transmitir con su fraseo emotivo, la sensibilidad musical requerida.

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