“Tristán e Isolda” de R.Wagner. Reparto: Oksana Dyka (S); Gwyn Hughes Jones ()T); Egil Silins (Bar); Daniela Barcellona (M); Marko Mimika )(B); Orquesta Sinfónica de Bilbao, Dirección de escena: Allex Aguillera. Dirección Musical; Eric Nielsen. Bilbao 21-I-25.

Repuesta de su indisposición, la soprano Oksana Dyka volvía a la escena bilbaína tras su paso y presentación de hace ahora dos años. Ya entonces comentamos su potencia vocal, su voz penetrante y resistente, capaz de ahora abordar a Wagner. La ucraniana quien en esta ocasión encarnó a Isolda mostró una vez más una gran voz lírica, con notas centrales llenas, aunque sin cuidado en la intensidad. Desenvuelta y con autoridad en el papel, tuvimos que lamentar su empeño en cantar siempre a plena voz con lo que apenas nos esbozó frases delicadas. Sin embargo, esta versión de Isolda resultó veraz, con una mímica creíble y equidistante. El tenor Gwyn Hughes volvió a lucir sus nítidas dotes canoras, su elegancia y suavidad en la línea de canto, volviendo a sorprendernos su resistencia en tan arduo papel y sin mácula en el tercer acto. El barítono Egils Silins como Kurwenal cuajó una actuación superior al primer día y completó la labor de manera solvente con su atenorada voz tan sonora y potente. El bajo Marko Mimica sobresalió de nuevo en el soliloquio enseñando su voz oscura y de igual color. La mezzo Daniela Barcellona parece haber encontrado con Brangane un nuevo repertorio además del de Rossini, al mostrar una voz firme y segura en la alta tesitura. Nos satisface nombrar en este nuevo espacio, al barítono Carlos Daza como Melot y junto a él, las jóvenes y bonitas voces de los tenores vascos Josu Cabrero y de Gillen Mungía a quienes seguiremos de cerca. El maestro Eric Nielsen no cejó en dirigir a su orquesta con mano firme e hizo que la Sinfónica bilbaína nos pareciera perfecta por el empaste de las cuerdas y el temple de los metales, así como por su bello color tan lírico y onírico.

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