“Orgía”- Opera en estreno de Héctor Parra. Reparto: Ausrine Studyke (S); Leigh Melrose (Bar): Jone Martínez (S). Conjunto Ensemble Intercontemporain; Dirección de Escena: Calixto Bieito. Dirección Musical: Pierre Bleuse. Teatro Arriaga 22-VI-23.

El estreno de “Orgía” basada en la obra de Pasolini de mil novecientos sesenta y ocho, la podríamos calificar como una “ópera teatral”. El común denominador de la obra radica en la declamación más que en el canto melódico y en la expresividad teatral más que en la dulzura lineal canora. Si a ello añadimos la buena dosis de histrionismo ordenado por Calixto Bieito en la gran labor profesional de los tres cantantes, el resultado desemboca en una especie de serialismo en el que se establece un orden no sólo para las diferentes alturas tonales, sino para la sucesión de las diferentes duraciones de las notas. De ahí los silencios que Héctor Parra aplica en bien de la tensión dramática en una composición musical que tiene cierta independencia con respeto al texto.
La orquesta Ensemble Intercontemporain parisino tradujo perfectamente los momentos de reposo musical con la intervención sobre todo del arpa y reflejando la gravedad y profundidad del drama con los acordes cortantes y bruscos de la percusión como si se tratara de finales de escena. Ciertamente impresionó la aparición del ahorcado nada más se abrió el sipario, quien, en su incomodidad nos relató los acontecimientos.
Sin apenas reposo en su labor, el barítono británico Leigh Melrose nos brindó un apasionante personaje, lleno de violencia y verosimilitud actoral. Enseñó una voz poderosa y extensa y nos llamó la atención la nobleza de su actuación general. La dirección escénica de Bieito se reflejó así mismo en la soprano Ausrin Studyke, artista cuya intervención ha solicitado ya en varias ocasiones en el Arriaga, así como fuera de Bilbao. La artista lituana cumplió como en ella es habitual y aunque su labor no llegó a la dimensión de su última visita en “Erwartung” de Schonberg, derrochó desinhibición y gran profesionalidad. La también soprano Jone Martínez, aunque con menor trascendencia con respecto a sus dos colegas, personificó sin rubor y gran naturalidad a la prostituta. Su voz ligera y pulcra se distinguió y contrarrestó las caudalosas del barítono y de la soprano. El estreno de “Orgía” nos resultó un “déjà vu” aunque también sea un tema atemporal, una denuncia social, la queja de un matrimonio de maltrato mutuo, hastiado en un círculo burgués cerrado, con la homosexualidad de fondo, el suicidio y una madre matando a sus hijos como una moderna Medea de Eurípides.

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